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Tres años del 7-O: qué sabemos realmente del ataque de Hamás a Israel
El 7 de octubre dejó unos 1.200 muertos y 251 secuestrados. Tres años después, las investigaciones separan los hechos probados de los rumores.
Foto: Oleg Yunakov, CC BY-SA 4.0.
Resumen
- Hamás mató a unas 1.200 personas y secuestró a 251 el 7 de octubre de 2023
- Las investigaciones confirman graves crímenes y desmontan relatos virales
- Israel sufrió un fallo histórico de inteligencia y defensa en la frontera
Tres años después del ataque del 7 de octubre de 2023, el núcleo de lo ocurrido está mucho más claro que durante aquellas primeras horas, cuando las cifras cambiaban, circulaban vídeos sin contexto y las redes sociales mezclaban información, propaganda y rumores a una velocidad brutal. Hamás y otros grupos armados palestinos lanzaron un ataque coordinado desde Gaza contra el sur de Israel, asesinaron a alrededor de 1.200 personas y se llevaron a 251 como rehenes. Civiles fueron atacados en sus casas, carreteras y celebraciones; también fueron asaltadas instalaciones militares. Fue el día más mortífero de la historia de Israel y el mayor fracaso de seguridad sufrido por el país.
También conocemos mejor los matices. Se han documentado crímenes de guerra, asesinatos deliberados, secuestros y violencia sexual cometidos por miembros de los grupos atacantes; al mismo tiempo, algunas de las afirmaciones más estremecedoras difundidas inmediatamente después nunca fueron demostradas en los términos en que circularon. Y las investigaciones han confirmado otra realidad incómoda: hubo israelíes que murieron por fuego de las propias fuerzas israelíes durante el caos. Nada de ello permite sostener, sin embargo, que Israel causara la mayoría de las aproximadamente 1.200 muertes, una tesis para la que no existe respaldo probatorio.
Unos 1.200 muertos y 251 secuestrados: las cifras del 7-O
La cifra que se utiliza actualmente ronda los 1.200 muertos. No es exactamente la misma que apareció durante los primeros días. Israel habló inicialmente de unas 1.400 víctimas, pero rebajó después el balance a medida que avanzó la identificación forense y se comprobó que algunos restos atribuidos inicialmente a víctimas israelíes pertenecían a atacantes palestinos.
Uno de los recuentos detallados elaborados tras el ataque situó entonces el balance en 1.139 fallecidos: 695 civiles israelíes, 373 miembros de las fuerzas de seguridad y 71 extranjeros. Las clasificaciones posteriores cambiaron algunos registros, de ahí que las informaciones actuales empleen normalmente la fórmula de “alrededor de 1.200”. No es una diferencia que altere la dimensión de lo ocurrido, pero sí explica por qué todavía aparecen números distintos en informaciones publicadas en fechas diferentes.
Entre los lugares más castigados estuvieron los kibutz cercanos a Gaza, como Beeri, Kfar Aza y Nir Oz, varias carreteras del sur y el festival de música Nova, celebrado cerca de Reim. Alrededor de 350 personas fueron asesinadas en el festival. Centenares de jóvenes intentaron escapar en coche o a pie mientras hombres armados disparaban en los accesos, las carreteras y los refugios.
Otros fueron capturados. 251 personas fueron llevadas hacia Gaza, entre ellas civiles, militares, ancianos y niños. Algunas murieron durante el cautiverio; otras fueron liberadas mediante acuerdos, intercambios o rescates militares. La cuestión de los rehenes acabó convirtiéndose durante años en una de las heridas políticas y sociales más profundas abiertas por el 7-O dentro de Israel.
Cómo consiguió Hamás atravesar una de las fronteras más vigiladas
El ataque comenzó alrededor de las 6.30 de la mañana del sábado 7 de octubre de 2023, coincidiendo con el final de la festividad judía de Sucot y Simjat Torá. Una fuerte andanada de cohetes funcionó como pantalla mientras grupos armados destruían o atravesaban la barrera que separaba Gaza de Israel. Llegaron en camionetas y motocicletas; otros emplearon parapentes motorizados y hubo intentos de penetración por mar.
No fue una pequeña incursión que inesperadamente se descontroló. Las investigaciones posteriores describen una operación preparada y coordinada, ejecutada simultáneamente contra bases militares, puestos fronterizos, carreteras y poblaciones civiles. La barrera fue abierta en numerosos puntos y un elevado número de atacantes consiguió entrar en territorio israelí durante las sucesivas oleadas. Los asesinatos de civiles y la captura de rehenes ocuparon un lugar central en el ataque.
Aquí aparece una de las grandes certezas que han dejado las investigaciones: Israel estaba extraordinariamente mal preparado para una operación de aquella escala.
Las investigaciones internas israelíes admitieron después que el Ejército había fracasado en su misión de proteger a la población. Durante años se había asentado la idea de que Hamás estaba disuadido, interesado en gobernar Gaza y en preservar determinadas ventajas económicas antes que en provocar una guerra abierta. Aquella hipótesis terminó convertida casi en dogma. Y los dogmas, cuando se sientan delante de una pantalla de inteligencia, resultan especialmente peligrosos.
La tecnología vio mucho, pero entendió demasiado poco
Israel confiaba en una frontera repleta de sensores, cámaras, vigilancia electrónica y sistemas de reacción rápida. Hamás atacó precisamente esa arquitectura: puestos de observación, comunicaciones y posiciones militares quedaron inutilizados o desbordados mientras numerosas unidades israelíes tardaban horas en comprender la dimensión de lo que estaba ocurriendo.
El problema no fue únicamente que faltara una alerta correcta durante aquella madrugada. Las investigaciones militares apuntaron a una subestimación prolongada de las capacidades y las intenciones de Hamás, acompañada por una confianza excesiva en la tecnología y por una estructura de fuerzas insuficiente ante un ataque simultáneo de semejante tamaño. En comunidades cercanas a Gaza, pequeños equipos locales de seguridad y vecinos armados tuvieron que contener a los atacantes prácticamente solos durante horas.
La cuestión política continúa siendo bastante más áspera. Las investigaciones militares examinaron principalmente el funcionamiento del aparato de defensa, pero las exigencias de una investigación estatal independiente han seguido atravesando la política israelí y afectando directamente al Gobierno de Benjamin Netanyahu. Tres años después, la discusión sobre quién permitió que ocurriera semejante desastre sigue lejos de estar enterrada.
Qué atrocidades están probadas y cuáles fueron exageradas
Con el paso del tiempo ha quedado suficientemente documentado que miembros de Hamás y de otros grupos armados mataron deliberadamente a civiles, ejecutaron a personas capturadas, incendiaron viviendas, tomaron rehenes y cometieron otros abusos graves. Distintas investigaciones internacionales han considerado determinados actos crímenes de guerra y han situado los asesinatos de civiles y la toma de rehenes entre los hechos más graves ocurridos aquel día.
La violencia sexual merece una precisión especial porque alrededor de ella se libró otra batalla, la de la propaganda. Las investigaciones encontraron motivos razonables para considerar que hubo violaciones y agresiones sexuales en varios lugares relacionados con el ataque, entre ellos el recinto del festival Nova y sus alrededores. También surgieron pruebas y testimonios sobre violencia sexual sufrida por algunos rehenes durante el cautiverio.
Eso no significa que todas las historias difundidas en octubre de 2023 fueran ciertas. Algunas denuncias ampliamente compartidas no pudieron ser corroboradas y las propias investigaciones reconocieron las enormes dificultades forenses existentes. Tampoco se ha demostrado que los combatientes hubieran recibido una orden específica de cometer violencia sexual. Una cosa es acreditar que hubo delitos sexuales; otra, convertir cualquier relato surgido durante aquellas horas en un hecho probado.
El ejemplo más conocido es la historia de los “40 bebés decapitados”. Nunca se acreditó que cuarenta bebés hubieran sido decapitados. La expresión nació de una mezcla de testimonios y primeras informaciones desde las zonas atacadas y acabó circulando por medio mundo como un dato confirmado. No lo era. Sí está documentado que niños, incluidos bebés, fueron asesinados durante los ataques. Rectificar aquella afirmación no convierte en ficticios los asesinatos realmente cometidos; simplemente devuelve cada cosa a su sitio, que para eso están los hechos.
El fuego israelí también mató a civiles durante el ataque
Otro elemento que se conoce mejor tres años después es el denominado fuego amigo. La magnitud y rapidez de la infiltración produjo escenas caóticas: atacantes y rehenes viajaban en algunos casos en los mismos vehículos, mientras unidades israelíes intentaban impedir que alcanzaran Gaza.
Las propias investigaciones israelíes concluyeron que Efrat Katz, secuestrada en Nir Oz, probablemente murió cuando un helicóptero israelí abrió fuego contra un vehículo en el que viajaban atacantes y rehenes. Según aquella investigación, la tripulación no podía distinguir a los cautivos con los sistemas de observación disponibles.
También fueron investigados distintos episodios en los que las fuerzas israelíes abrieron fuego durante situaciones con rehenes, incluidos los hechos ocurridos en Beeri. Uno de los casos más controvertidos fue el disparo de un tanque contra una vivienda donde atacantes mantenían cautivos a civiles. La discusión se relacionó además con los principios de la llamada Directiva Aníbal, concebida históricamente para evitar capturas de militares israelíes.
Estos hechos son relevantes y durante demasiado tiempo estuvieron enterrados bajo el ruido político. Pero tampoco sostienen la afirmación, difundida en algunos círculos, de que el Ejército israelí mató a la mayoría de las víctimas del 7-O. Los testimonios, las grabaciones realizadas por los propios atacantes y una enorme cantidad de pruebas audiovisuales documentan asesinatos masivos perpetrados por los grupos palestinos. Hubo fuego amigo. Hubo decisiones israelíes con consecuencias mortales. No existe evidencia que permita convertir esos episodios en la explicación general de la matanza.
Del ataque del 7-O a una guerra que devastó Gaza
El ataque del 7 de octubre abrió una guerra cuyas consecuencias superaron con enorme diferencia las fronteras de aquellas comunidades israelíes. Israel respondió con una campaña militar sobre Gaza que dejó decenas de miles de palestinos muertos, además de una destrucción gigantesca, desplazamientos masivos y una crisis humanitaria de dimensiones históricas.
Los balances palestinos sobre las víctimas han sido utilizados ampliamente por organismos internacionales, aunque durante buena parte de la guerra no separaron de forma sistemática entre civiles y combatientes. Distintos estudios han advertido, además, de que el número real de fallecidos puede superar los registros directamente identificados, especialmente por las personas desaparecidas bajo los escombros y las muertes indirectamente vinculadas al conflicto.
Los acuerdos de alto el fuego y los sucesivos intercambios permitieron avanzar en la devolución de rehenes israelíes, restos de cautivos y prisioneros palestinos. Pero el conflicto no quedó realmente solucionado. Gaza quedó devastada, Hamás conservó capacidad política y militar durante distintas fases de la guerra y la cuestión de quién debe gobernar el territorio siguió sin una respuesta estable.
Dos realidades caben en la misma página, aunque la política insista a menudo en obligarnos a escoger una. El 7 de octubre fue una matanza real de civiles y una operación de secuestro masivo, acompañada de graves crímenes. La devastación posterior de Gaza y las acusaciones de violaciones del derecho internacional contra Israel también forman parte de la historia abierta por aquella mañana. Una tragedia no sirve como goma de borrar para la otra.
Lo que el 7 de octubre dejó definitivamente al descubierto
A tres años de distancia, probablemente la imagen más engañosa de aquel 7 de octubre sea la de una frontera inexpugnable sorprendida por un puñado de hombres armados. Fue algo bastante más serio. Hamás preparó un ataque complejo, encontró una estructura israelí convencida de que podía contenerlo mediante tecnología y disuasión, desbordó las defensas fronterizas y consiguió mantener durante horas a comunidades enteras prácticamente aisladas.
Los hechos centrales ya no dependen de los vídeos virales de aquella mañana. Alrededor de 1.200 personas murieron y 251 fueron secuestradas; hubo asesinatos deliberados de civiles, violencia sexual, toma de rehenes y otros crímenes graves. También hubo errores israelíes de dimensiones históricas, víctimas de fuego propio y relatos iniciales que se demostraron exagerados o falsos. Tres años de investigaciones no han borrado la atrocidad. Han hecho algo más útil: separar lo demostrado del ruido.
Y queda una paradoja difícil de esquivar. El paso de los años no ha cerrado políticamente el 7-O. Israel sigue discutiendo quién permitió que ocurriera, Gaza continúa marcada por una devastación extraordinaria y Oriente Próximo salió de aquella mañana convertido en una región todavía más inestable. El ataque terminó en cuestión de días; sus consecuencias siguen abiertas tres años después.
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