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EEUU acelera el F-47 de sexta generación ante los dos cazas de China
EEUU desarrolla el F-47 para sustituir al F-22 mientras China prueba dos cazas avanzados y acelera la carrera global por la superioridad aérea.
Por U.S. Air Force - U.S. Air Force, Dominio público, Wikimedia Commons
Resumen
- El F-47 aún no se ha mostrado: Boeing prepara su primer vuelo para 2028
- China ya prueba dos diseños de nueva generación conocidos como J-36 y J-50
- EEUU apuesta por alcance, sigilo y drones para recuperar ventaja aérea
Estados Unidos pisa el acelerador con el F-47, su futuro caza de sexta generación, pero conviene separar la chapa del avión de la niebla publicitaria que rodea a casi todos los grandes programas militares. El aparato definitivo todavía no ha sido mostrado públicamente ni ha realizado su primer vuelo conocido. Lo que Washington ha presentado es el programa, sus objetivos y varias recreaciones oficiales, mientras Boeing fabrica los primeros aviones destinados al desarrollo y las pruebas. El calendario de la Fuerza Aérea estadounidense sitúa el primer vuelo del F-47 en 2028.
Al otro lado del Pacífico, la fotografía es bastante distinta. China lleva desde diciembre de 2024 probando en vuelo dos diseños de nueva generación, conocidos fuera de los canales oficiales como J-36 y J-50. No son simples maquetas de salón: ambos han sido fotografiados y grabados en el aire, aunque Pekín mantiene bajo llave buena parte de sus características y ni siquiera ha confirmado formalmente algunas de las denominaciones utilizadas en Occidente.
La carrera, por tanto, existe, pero no admite todavía un podio sencillo. China posee una ventaja visible en vuelos de prototipos; Estados Unidos sostiene que detrás del F-47 hay años de ensayos secretos, centenares de horas con aviones experimentales y una plataforma más madura de lo que deja entrever su discreta colección de dibujos digitales. Saber quién va realmente delante resulta bastante más complicado que contar fotografías.
El F-47 ya se está construyendo, aunque todavía no lo hemos visto
La Fuerza Aérea estadounidense adjudicó a Boeing en marzo de 2025 el contrato para desarrollar el avión tripulado del programa Next Generation Air Dominance, NGAD, destinado a tomar el relevo del F-22 Raptor como punta de lanza de la superioridad aérea estadounidense. Donald Trump anunció entonces también su nombre: F-47.
Aquello no significaba que el proyecto empezara desde una hoja en blanco. DARPA ha reconocido que Boeing y Lockheed Martin desarrollaron previamente aviones experimentales para reducir riesgos tecnológicos dentro de NGAD. Esos X-planes volaron por primera vez en 2019 y 2022 y acumularon varios cientos de horas de pruebas. No eran el F-47 de producción, pero sirvieron para comprobar tecnologías y conceptos que alimentan el programa actual.
Boeing comenzó después a fabricar los primeros aparatos de desarrollo. Durante 2026, responsables de la Fuerza Aérea han asegurado que el programa mantiene el objetivo de efectuar su primer vuelo en 2028, mientras avanzan la infraestructura de pruebas y la preparación de la futura línea de producción. El plan contempla que los primeros ejemplares operativos lleguen a las unidades durante los primeros años de la década de 2030.
No es precisamente un proyecto mantenido con calderilla. La petición presupuestaria estadounidense para el ejercicio fiscal de 2027 supera los 5.000 millones de dólares en investigación, desarrollo y ensayos del F-47, con un gasto proyectado todavía mayor en 2028. También se han previsto nuevas instalaciones en la base aérea de Nellis, Nevada, donde deberá realizarse parte de la evaluación operativa.
Qué sabemos realmente del nuevo caza estadounidense
El secreto sigue cubriendo casi todo lo interesante: dimensiones, sensores concretos, carga de armamento, firma radar, arquitectura electrónica o rendimiento de los motores. Incluso las imágenes difundidas por la Fuerza Aérea son representaciones artísticas, no fotografías del diseño definitivo.
Hay, sin embargo, algunas cifras oficiales. La Fuerza Aérea ha situado el radio de combate previsto del F-47 por encima de las 1.000 millas náuticas, alrededor de 1.850 kilómetros, y su velocidad máxima por encima de Mach 2. También ha hablado de una futura flota de más de 185 unidades, una cifra llamativamente cercana a la del inventario de F-22 que deberá sustituir.
El dato de la autonomía importa más de lo que parece. Las distancias del Indo-Pacífico son enormes y las grandes bases estadounidenses podrían quedar amenazadas por misiles chinos en caso de conflicto. Un caza capaz de penetrar más profundamente sin depender constantemente de aviones cisterna amplía el terreno de juego y reduce una vulnerabilidad que Washington lleva años intentando resolver.
El F-47 no está pensado para combatir solo
Ahí aparece uno de los rasgos que verdaderamente diferencia esta generación. El F-47 será el centro de una red de aviones, sensores y drones de combate, no únicamente un caza más rápido o más furtivo.
La Fuerza Aérea desarrolla en paralelo los Collaborative Combat Aircraft, conocidos como CCA: aparatos no tripulados concebidos para acompañar a cazas tripulados y asumir tareas de reconocimiento, guerra electrónica, protección o ataque. La idea es que una formación pueda repartir sensores y armas entre varias plataformas, incluso enviando los vehículos no tripulados a posiciones donde arriesgar un piloto resultaría demasiado caro.
Eso explica por qué hablar de sexta generación únicamente en términos de velocidad resulta algo anticuado. El salto buscado está en la furtividad, el alcance, la conectividad y el procesamiento de datos, además del trabajo coordinado con sistemas autónomos. El avión sigue importando, claro. Pero cada vez importa más lo que ve, con quién comparte esa información y qué otras máquinas puede enviar delante.
China ya tiene dos diseños distintos volando
China sorprendió a los observadores militares el 26 de diciembre de 2024, cuando comenzaron a circular imágenes de dos aeronaves desconocidas realizando vuelos de prueba prácticamente al mismo tiempo. Desde entonces se las conoce habitualmente como J-36, atribuida a Chengdu Aircraft Corporation, y J-50 o J-XDS, relacionada con Shenyang Aircraft Corporation. Las denominaciones continúan teniendo un componente extraoficial.
El J-36 es el más llamativo. Se trata de una aeronave grande, sin estabilizadores verticales y con una configuración de tres motores poco habitual. Las sucesivas imágenes aparecidas durante 2025 y 2026 han mostrado cambios en tomas de aire, escapes, tren de aterrizaje y otras zonas del aparato. Analistas especializados consideran que se han observado varias células diferentes; algunas estimaciones hablan incluso de un posible quinto prototipo, aunque Pekín no ha confirmado esa cifra.
Su tamaño ha alimentado la hipótesis de un avión con mucha autonomía, espacio interno para combustible y armamento y una fuerte capacidad para operar a grandes distancias. Nada de eso permite, por ahora, asignarle una misión definitiva. Podría ocupar un territorio a medio camino entre el tradicional caza de superioridad aérea y una plataforma de ataque y control de largo alcance.
El segundo diseño, denominado provisionalmente J-50 o J-XDS, es más pequeño y emplea dos motores. También prescinde de las tradicionales colas verticales y ha continuado apareciendo en vuelos de prueba durante 2026. Su posible utilización naval ha generado especulaciones por la experiencia de Shenyang en cazas embarcados, aunque no existen pruebas públicas suficientes para considerar confirmado ese papel.
Tener prototipos volando no significa haber ganado la carrera
La imagen favorece a China porque sus aviones están ahí: pasan sobre una pista, giran, aterrizan, vuelven a aparecer meses después con modificaciones. El F-47 estadounidense continúa oculto. Pero de ahí a concluir que Pekín dispone ya de un caza de sexta generación terminado hay un trecho considerable.
Un prototipo puede volar años antes de que estén maduros su radar, motores, armamento, sensores, programas informáticos o sistemas de guerra electrónica. En un avión de combate moderno, buena parte de lo verdaderamente difícil no se ve desde una cámara junto a un aeropuerto.
Washington juega, además, con una carta difícil de medir desde fuera. Los demostradores experimentales que precedieron al F-47 acumularon cientos de horas de vuelo antes incluso de que se anunciara públicamente el programa. La Fuerza Aérea afirma que esa experiencia permitió entrar en la fase actual con un grado de madurez poco habitual. China aplica su propio secretismo. El resultado es una carrera en la que ambos competidores enseñan únicamente las cartas que les interesa enseñar.
Sí existe una diferencia objetiva: los dos programas chinos de nueva generación llevan casi dos años siendo observados en pruebas de vuelo públicas, mientras el primer F-47 propiamente dicho está previsto para 2028. Eso proporciona a Pekín experiencia temprana con sus configuraciones actuales. No demuestra por sí solo cuál tendrá mejores prestaciones ni cuál estará preparado antes para combatir.
La batalla del futuro se libra también en las fábricas
Hay otra carrera menos fotogénica. Boeing está ampliando sus instalaciones del área de San Luis para afrontar sus nuevos programas de combate, mientras Estados Unidos invierte miles de millones en ensayos, hangares, motores, sistemas digitales y capacidad industrial.
La compañía ha reforzado todavía más su posición tras ser elegida también en septiembre de 2026 para desarrollar el F/A-XX de la Marina estadounidense, otro avión de nueva generación que deberá reemplazar a los F/A-18 Super Hornet. Boeing se encuentra así ante el desafío poco habitual de sacar adelante simultáneamente los dos grandes cazas estadounidenses del futuro.
China plantea el problema desde otra escala industrial. Chengdu y Shenyang mantienen líneas activas de cazas modernos mientras prueban sus nuevos diseños, y el país ha acelerado durante años su capacidad para producir células, motores, radares y armamento. El combate industrial —cuántos aviones pueden fabricarse, mantenerse y reponerse— vuelve a pesar casi tanto como la ficha técnica. Una verdad muy del siglo XX que el siglo XXI ha recuperado sin demasiada ceremonia.
2028 será el primer examen público del F-47
El calendario coloca 2028 como el próximo gran punto de referencia. Si Boeing y la Fuerza Aérea cumplen lo anunciado, será entonces cuando el primer F-47 de desarrollo tenga que demostrar en el aire que detrás de las recreaciones existe un programa capaz de avanzar al ritmo prometido. Los primeros aparatos operativos llegarían después, previsiblemente a comienzos de la década de 2030.
China llegará a ese momento con varios años de experiencia acumulada en las pruebas de sus dos familias de aeronaves de nueva generación. Estados Unidos llegará con la experiencia previa de sus demostradores secretos, una inversión gigantesca y un ecosistema NGAD concebido desde el principio para combinar el F-47 con drones de combate y una extensa red de sensores.
Por eso la fotografía actual resulta tan sugerente como incompleta. China enseña dos aviones volando. Estados Unidos enseña poco y promete mucho. Entre ambas imágenes hay miles de millones de dólares, tecnología clasificada y una competición que determinará buena parte del equilibrio aéreo de las próximas décadas. El verdadero F-47 aún permanece detrás de la cortina. Cuando la levante, habrá algo bastante más importante que comprobar que su silueta.
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