Economía
Ford Almussafes cumple 50 años con Geely y cinco modelos desde 2028
Ford Almussafes celebra medio siglo con la alianza con Geely, cinco modelos previstos y una nueva etapa industrial que arrancará desde 2028.

Resumen
- Ford Almussafes cumple 50 años y abre una nueva etapa junto a Geely
- La planta valenciana prevé fabricar cinco modelos de dos marcas
- Los nuevos vehículos empezarán a transformar la fábrica desde 2028
Ford llega al 50.º aniversario de su fábrica de Almussafes, en Valencia, con algo bastante más importante que una celebración de calendario: un nuevo mapa industrial. La alianza con la china Geely prepara la planta para fabricar vehículos de las dos compañías y devuelve carga de trabajo a unas instalaciones que han atravesado uno de los periodos más delicados de su historia.
El cambio empezará a verse de verdad a partir de 2028. A la producción actual del Kuga se incorporarán un nuevo Ford de la familia Bronco, un crossover multienergía de la marca estadounidense y dos SUV eléctricos de Geely. En total, cinco modelos de dos fabricantes saldrán de Almussafes, una combinación difícil de imaginar hace apenas unos años, cuando la gran pregunta en la planta valenciana era cuánto trabajo quedaría, no cuánto podría llegar.
De aquel primer Fiesta a una fábrica compartida con Geely
El contraste cabe casi entero en dos coches. El 18 de octubre de 1976 salió de Almussafes el primer Ford Fiesta fabricado en la factoría valenciana. Pequeño, sencillo, pensado para una Europa todavía marcada por la crisis energética de los setenta. Cincuenta años después, la planta se prepara para ensamblar vehículos eléctricos, híbridos y modelos con distintas posibilidades de propulsión dentro de una fábrica que será compartida industrialmente por dos grandes grupos automovilísticos.
La inauguración oficial llegó pocos días después de aquel primer Fiesta, el 25 de octubre de 1976. Con el tiempo pasarían por sus líneas nombres que forman parte de la memoria automovilística española: Fiesta, Escort, Orion, Ka, Mondeo, Focus, Galaxy, S-Max, C-Max, Transit Connect o Kuga, entre otros.
No fue solo una fábrica de coches. Almussafes creó alrededor de sí una enorme red de proveedores, logística, ingeniería y empleo que terminó convirtiendo el sur del área metropolitana de Valencia en uno de los grandes polos de la automoción española. En sus años de mayor intensidad llegó a trabajar simultáneamente con varios modelos y a acercarse a las 400.000 unidades anuales.
Ese paisaje cambió con rapidez. La caída de determinados segmentos, la retirada progresiva de modelos y la transformación del mercado europeo fueron vaciando la gama hasta dejar, desde 2024, al Kuga como único vehículo producido en la factoría. Y ahí está precisamente el tamaño del giro.
Ford y Geely cambian el futuro industrial de Almussafes
Ford y Geely anunciaron un acuerdo para constituir una empresa conjunta enfocada al mercado europeo. El planteamiento previsto deja a Ford con el 66 % de la nueva sociedad y a Geely Auto con el 34 %, aunque la operación debe completar las correspondientes autorizaciones regulatorias.
La previsión es que la sociedad comience a operar durante la primera mitad de 2027. Su objetivo parece sencillo sobre el papel y bastante menos sencillo dentro de una industria sometida a una guerra feroz de costes: compartir capacidad productiva, aprovechar mejor la planta valenciana y repartir parte de los costes industriales y de desarrollo.
Hay una explicación económica detrás de todo esto. Las fábricas europeas necesitan volumen de producción. Una cadena de montaje infrautilizada es una máquina carísima esperando pedidos; tener una planta capaz de producir cientos de miles de vehículos y trabajar muy por debajo de ese techo castiga cualquier balance.
Almussafes dispone de una capacidad potencial cercana a 500.000 vehículos anuales, según las estimaciones manejadas por Ford. Juntar la producción de dos fabricantes permite acercarse de nuevo a una utilización mucho más razonable de esas instalaciones.
Geely obtiene, por su parte, una puerta industrial directa a Europa. No tendrá que limitarse a desembarcar coches fabricados a miles de kilómetros: podrá producir modelos eléctricos en Valencia para clientes europeos. Ford consigue volumen, un socio tecnológico e industrial y más margen para competir en costes. Una boda de conveniencia, sí. Como tantas en la industria, puede resultar bastante resistente.
Cinco modelos convierten 2028 en el año decisivo
La fotografía futura de Almussafes será radicalmente diferente de la actual. El Kuga seguirá fabricándose y funcionará como puente entre la etapa que termina y la nueva generación de productos que debe devolver variedad y volumen a las líneas valencianas.
El nuevo Bronco y un crossover multienergía de Ford
Uno de los proyectos más relevantes será un nuevo integrante de la familia Ford Bronco, concebido como un SUV compacto y robusto adaptado al mercado europeo. Su producción está prevista desde 2028 y supondrá una nueva referencia para una planta que durante los últimos años ha dependido prácticamente de un solo modelo.
No será el único Ford nuevo. Almussafes también fabricará un crossover multienergía, diseñado por Ford y codesarrollado con Geely. El término multienergía importa: frente a la apuesta exclusivamente eléctrica que parecía inevitable hace unos años, los fabricantes están recuperando flexibilidad para ofrecer diferentes sistemas de propulsión según evolucione el mercado.
Europa acelera la electrificación, pero muchos compradores avanzan a otro ritmo. Entre la normativa, el precio de los vehículos, la infraestructura de recarga y las preferencias de los conductores se ha abierto una distancia apreciable. Las marcas han tomado nota y ajustan sus planes industriales con más cautela que hace apenas tres o cuatro años.
Dos SUV eléctricos de Geely fabricados en Valencia
La otra gran novedad será visible incluso sobre el capó. Dos SUV eléctricos llevarán la marca Geely y serán producidos en Almussafes para el mercado europeo, incorporando a la fábrica valenciana a la estrategia de expansión industrial del grupo chino.
No se trata simplemente de que Ford utilice componentes o tecnología china. La factoría valenciana pasará a fabricar directamente coches de otra marca dentro del esquema de la nueva empresa conjunta, algo que cambia de manera profunda el modelo tradicional con el que ha funcionado Almussafes durante medio siglo.
Los fabricantes chinos ya no observan Europa únicamente como un destino al que exportar vehículos terminados. Cada vez importa más producir dentro del propio mercado europeo, especialmente ante las barreras comerciales, los costes logísticos y las exigencias regulatorias. Almussafes se coloca justo en medio de ese movimiento.
El empleo respira, pero antes queda un complicado 2027
La nueva carga industrial mejora las perspectivas de una plantilla que ha vivido demasiados años pendiente de expedientes de regulación, calendarios reducidos y anuncios sobre el siguiente modelo. La fábrica cuenta actualmente con alrededor de 4.142 trabajadores, muy lejos de los aproximadamente 12.000 empleados que llegó a reunir en otras etapas de su historia.
Una parte de esa diferencia se explica por automatización y externalización de servicios, pero los últimos ejercicios también han dejado ajustes directamente ligados a la caída de producción. La llegada de cuatro nuevos vehículos junto al Kuga abre la posibilidad de recuperar actividad industrial cuando las líneas eleven el ritmo.
Eso no convierte 2027 en un paseo. Antes de que empiece la nueva producción habrá un periodo valle con poca carga de trabajo. Durante esa transición, la factoría tendrá que preparar instalaciones, procesos y líneas para unos lanzamientos que llegarán después.
La paradoja es curiosa: Almussafes sabe bastante mejor hacia dónde va, pero todavía debe atravesar meses en los que seguirá produciendo muy por debajo de lo que puede producir. El horizonte es más despejado; el camino inmediato, no tanto.
Una fábrica valenciana en la nueva batalla del automóvil
Lo que está ocurriendo en Almussafes va más allá de Ford. Resume bastante bien el vuelco que vive toda la automoción europea. Durante décadas, los fabricantes occidentales acudían a China buscando costes bajos, proveedores o acceso a un mercado gigantesco. Ahora son las compañías chinas las que llegan a Europa con baterías, plataformas eléctricas, software, capital y capacidad tecnológica.
Geely tampoco es un recién llegado. El grupo ha construido durante años una importante presencia internacional y su relación con Ford tiene incluso un precedente conocido: en 2010 compró Volvo Cars a la multinacional estadounidense.
La diferencia es que esta vez no hay una venta de una marca. Hay una fábrica que se comparte. Ford conserva el control mayoritario de la sociedad prevista y Almussafes seguirá produciendo vehículos del óvalo, pero el esquema rompe con la vieja idea de una factoría dedicada exclusivamente a un fabricante.
Volumen, costes y tecnología pesan cada vez más que las fronteras corporativas tradicionales. Y en una industria donde cada nueva plataforma exige inversiones enormes, compartir fábrica empieza a parecer menos una rareza y más una señal de hacia dónde se mueve el negocio.
Cincuenta años después, Almussafes vuelve a jugarse el futuro
Cuando aquel primer Fiesta abandonó la línea de montaje en octubre de 1976 nadie hablaba de baterías, software, coches conectados o fabricantes chinos disputando el mercado europeo. Medio siglo después, esas palabras deciden dónde se construye un automóvil y, sobre todo, dónde dejará de construirse.
Ford Almussafes llega a sus 50 años después de sobrevivir a una etapa especialmente áspera. Ha perdido modelos, producción y plantilla; durante meses ha trabajado con una gama reducida a un solo vehículo. Pero entra en su siguiente década con algo que últimamente escaseaba: productos adjudicados y un horizonte industrial concreto.
Desde 2028, el Kuga tendrá compañía. Llegarán el Bronco, el nuevo crossover de Ford y los dos SUV eléctricos de Geely. Cinco modelos, dos marcas y una planta que tendrá que demostrar otra vez una habilidad que lleva practicando desde 1976: cambiar mientras la cadena sigue moviéndose.

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