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Greta Thunberg se suma a la protesta estudiantil francesa en París
Greta Thunberg apoya las protestas estudiantiles francesas, marcadas por bloqueos de institutos, falta de profesores y miles de detenciones.

Por Kushal Das - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Greta Thunberg se suma a la protesta estudiantil francesa en Saint-Denis
- Unos 200 institutos siguen bloqueados en la quinta gran jornada de protestas
- El conflicto mezcla carencias educativas, detenciones y tensión con la policía
Greta Thunberg se ha sumado este martes 13 de octubre a las protestas estudiantiles que sacuden Francia. La activista sueca acudió por la mañana al instituto Paul-Éluard de Saint-Denis, uno de los epicentros de la movilización, y anunció su intención de participar en la manifestación convocada por la tarde en París. Su presencia da una proyección internacional inesperada a un movimiento nacido en las aulas y alimentado por problemas bastante menos vistosos: profesores que no llegan, edificios deteriorados, clases saturadas y la sensación de que una parte de la juventud francesa paga la factura del ajuste presupuestario.
Thunberg, de 23 años, se presentó ante los estudiantes en plena quinta gran jornada de movilizaciones. A las puertas del centro de Saint-Denis expresó su respaldo a los jóvenes franceses y criticó la falta de inversión en educación. También cargó contra la actuación policial durante las protestas. Mientras tanto, la principal marcha de París está convocada a las 14.00 horas, con salida desde la plaza de Italia y llegada a Los Inválidos, en una zona próxima a la sede del Gobierno y al Ministerio de Educación.
Greta Thunberg llega a uno de los focos de la protesta
El escenario elegido no es casual. El instituto Paul-Éluard de Saint-Denis, al norte de París, se ha convertido durante las últimas semanas en una especie de termómetro del descontento estudiantil. Bloqueos, concentraciones y enfrentamientos con la policía han colocado al centro bajo los focos mientras profesores y alumnos denuncian carencias materiales y reclaman una respuesta política que vaya más allá de controlar los accesos a los institutos.
La víspera de esta nueva jornada, una decena de profesores y trabajadores del Paul-Éluard llegó a ocupar el establecimiento para respaldar las reivindicaciones de sus alumnos. Entre sus demandas figuraban también garantías para evitar sanciones contra estudiantes movilizados y la continuidad de determinados contratos laborales. Las clases habían regresado parcialmente, pero la asistencia seguía lejos de la normalidad.
Ahí apareció Thunberg. La imagen tiene fuerza, claro: una de las activistas jóvenes más reconocibles del planeta delante de las verjas de un instituto de la periferia parisina. Pero detrás de la fotografía existe un conflicto mucho más pedestre. Dinero, profesores, mantenimiento y oportunidades educativas. La política, a veces, empieza por una ventana que no cierra o por una baja docente que nadie sustituye.
La sueca aseguró sentirse especialmente impresionada por unos estudiantes que, a su juicio, intentan recuperar capacidad de decisión sobre su propio futuro. También sostuvo que la falta de inversión educativa transmite a los jóvenes la sensación de no ser una prioridad. Los representantes estudiantiles, por su parte, han intentado evitar que la llegada de una figura internacional eclipse el movimiento: celebran los apoyos, pero insisten en que las reivindicaciones pertenecen al alumnado francés.
Qué reclaman los estudiantes franceses
Las protestas comenzaron a extenderse desde mediados de septiembre y tienen un origen bastante concreto. Los alumnos denuncian la falta de profesores sustitutos, el mal estado de numerosos centros, aulas demasiado cargadas y unas condiciones de estudio que consideran incompatibles con el discurso oficial sobre la igualdad educativa.
En Île-de-France, algunas denuncias describen ventanas inutilizadas, temperaturas muy elevadas dentro de las aulas, aseos deteriorados y espacios insuficientes para estudiar. En otros centros, las quejas giran alrededor de los recursos disponibles para las clases. El malestar ha terminado mezclando reivindicaciones estrictamente escolares con un debate mucho más amplio sobre cuánto invierte Francia en sus servicios públicos y quién soporta los recortes cuando las cuentas nacionales se estrechan.
De las aulas a Parcoursup
También aparece recurrentemente Parcoursup, la plataforma utilizada para gestionar buena parte del acceso a la enseñanza superior francesa. Sectores del movimiento consideran que el sistema genera desigualdades entre estudiantes y reclaman cambios profundos o directamente su supresión.
Hay otras reivindicaciones, y no todas encajan con idéntica facilidad bajo un mismo paraguas. Esa amplitud ha generado un movimiento heterogéneo, donde conviven reclamaciones sobre educación, gasto público y cuestiones políticas de carácter más general. Reducirlo todo a una única causa sería cómodo. También falso.
Lo que sí funciona como denominador común es la percepción de que las condiciones materiales de la educación pública necesitan más recursos. La protesta surgió ahí y es ahí donde el Gobierno intenta responder.
El Gobierno francés intenta contener el malestar
El Ejecutivo de Sébastien Lecornu ha empezado a mover ficha. El ministro de Educación, Édouard Geffray, anunció la incorporación de 3.000 docentes para cubrir ausencias en los establecimientos con mayores dificultades, mientras el Gobierno ha abierto varios frentes de trabajo relacionados con el funcionamiento de las clases, las instalaciones, los horarios y el acceso a la universidad. Lecornu ha prometido nuevas decisiones antes de que termine octubre.
El primer ministro ha reconocido incluso que la angustia juvenil no surge de la nada, un matiz nada menor después de jornadas en las que el debate público había quedado contaminado por incendios, altercados y choques con las fuerzas de seguridad. El problema para el Ejecutivo es que los sindicatos estudiantiles consideran insuficientes las medidas anunciadas y quieren una intervención mucho más ambiciosa sobre la educación pública.
Este martes, Geffray cifró en unos 200 los institutos bloqueados en Francia y sostuvo que la movilización está perdiendo intensidad. Los números parecen darle parcialmente la razón: la protesta nacional del 8 de octubre reunió a unas 71.500 personas según el Ministerio del Interior, frente a alrededor de 256.000 dos días antes. Las organizaciones convocantes buscan precisamente que este denominado “Acto V” vuelva a llenar las calles antes de las vacaciones escolares de Todos los Santos.
Miles de detenidos y una tensión que pesa sobre el movimiento
La movilización tampoco puede entenderse sin mirar hacia las comisarías. Hasta el 9 de octubre, el Ministerio de Justicia francés contabilizaba casi 6.900 detenciones relacionadas con las protestas; aproximadamente el 86 % correspondían a menores de edad. Más de 2.300 personas habían sido objeto de actuaciones judiciales. Son cifras extraordinariamente elevadas para una protesta nacida en los institutos.
Las jornadas más tensas han incluido incendios, lanzamiento de objetos, gases lacrimógenos y enfrentamientos entre grupos de manifestantes y antidisturbios. Esa violencia ha abierto otro frente político. El Gobierno acusa a determinados sectores de haber desbordado las protestas legítimas; estudiantes y organizaciones sociales denuncian, en cambio, una respuesta policial excesiva.
Thunberg tomó partido con claridad al llegar a Saint-Denis y criticó la actuación de la policía contra los jóvenes movilizados. La cuestión es especialmente delicada porque la gran mayoría de los protagonistas son adolescentes, muchos de ellos menores. Una manifestación educativa convertida en una sucesión de cargas y arrestos no es precisamente la postal republicana que ningún Gobierno desea colgar en su despacho.
Una protesta que afronta sus días decisivos
La llegada de Greta Thunberg puede devolver atención internacional a unas protestas que comenzaban a perder músculo en las calles. Pero el futuro del movimiento dependerá bastante menos de un nombre famoso que de la capacidad de estudiantes y Ejecutivo para mover sus respectivas posiciones.
El Gobierno ha empezado a responder y promete nuevas medidas. Los alumnos creen que todavía son insuficientes. Entre ambos queda un paisaje incómodo: centros deteriorados, falta de personal, miles de detenciones y una generación que exige ser escuchada antes de que llegue el siguiente presupuesto, la siguiente reforma y, como suele ocurrir, alguien vuelva a explicar a los jóvenes que todo se está haciendo pensando precisamente en ellos.
Este martes París vuelve a medir esa distancia. Desde Saint-Denis hasta la plaza de Italia, con Greta Thunberg entre quienes apoyan la movilización, la protesta estudiantil francesa entra en una fase delicada: menos multitudinaria que días atrás, quizá, pero todavía lo bastante viva como para obligar al Gobierno a mirar hacia las aulas.

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