Naturaleza
Incendios forestales en Perú: cuatro regiones siguen con focos activos
Perú mantiene incendios activos en Ayacucho, Moquegua, Puno y Cusco, mientras el viento complica la extinción y aumenta el riesgo de nuevos focos.
Resumen
- Hay incendios activos en Ayacucho, Moquegua, Puno y Cusco
- El viento de la tarde puede reavivar focos que parecían controlados
- Una alerta de riesgo extremo afecta a nueve regiones hasta el 16 de octubre
Los incendios forestales en Perú continúan activos este 12 de octubre en al menos cuatro regiones del país: Ayacucho, Moquegua, Puno y Cusco. Los equipos de emergencia mantienen las labores de control y extinción mientras el viento de las tardes complica el trabajo y puede reavivar zonas que parecían dominadas. Áncash y Arequipa, por el contrario, han logrado extinguir varios de sus últimos focos.
El último balance conocido sitúa incendios activos en Chaviña, San Cristóbal y Lampa, con daños sobre la cobertura natural pero sin nuevas afectaciones a la vida o la salud comunicadas en esos puntos. Cusco sigue concentrando buena parte del esfuerzo de respuesta y ha requerido apoyo aéreo de las Fuerzas Armadas. El problema, además, está lejos de quedar reducido al fuego visible: las condiciones meteorológicas continúan siendo especialmente favorables para que aparezcan nuevos focos o vuelvan a prender los existentes.
Ayacucho, Moquegua, Puno y Cusco mantienen incendios activos
El Instituto Nacional de Defensa Civil, a través del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN), mantiene bajo vigilancia los incendios que continúan abiertos en distintas zonas de la sierra peruana. Son terrenos donde combatir las llamas suele implicar pendientes pronunciadas, vegetación seca y accesos difíciles; un incendio que sobre un mapa parece cercano puede exigir horas para que una brigada alcance el frente.
En Ayacucho, las tareas se concentran en Chaviña. En Moquegua permanece activo el fuego en San Cristóbal, mientras que en Puno continúa la emergencia en Lampa. Personal municipal, agentes de la Policía Nacional, plataformas de Defensa Civil y vecinos de las comunidades participan en las labores sobre el terreno. Paralelamente, las autoridades elaboran las evaluaciones de daños y necesidades para medir el impacto real una vez sea posible acceder con seguridad a todas las zonas afectadas.
Cusco presenta una situación especialmente delicada. Durante los últimos días se han atendido incendios en distintos puntos de la región y el Ministerio de Defensa ha movilizado medios aéreos para apoyar a los equipos que combaten las llamas desde tierra. El fuego ha afectado durante este episodio áreas de Calca, Limatambo, Inkahuasi y Maranura, entre otros sectores.
No es un episodio aislado. Un balance difundido durante la primera semana de octubre atribuía a los incendios forestales seis fallecidos, cinco en Cusco y uno en Puno. Solo Cusco acumulaba entonces más de 16.000 hectáreas afectadas durante 2026, además de daños sobre pastos, cultivos, viviendas e incluso ganado en algunas zonas altoandinas.
El viento de la tarde vuelve a encender zonas ya atacadas
Uno de los mayores obstáculos está llegando cada tarde. Las ráfagas de viento cambian de dirección y velocidad, alimentan las llamas y pueden llevar brasas hacia áreas todavía secas. Un frente que durante la mañana parece contenido puede volver a crecer unas horas después. El incendio, por decirlo sin maquillaje, no respeta el horario administrativo.
Las operaciones aéreas también se ven limitadas precisamente cuando empeora el viento. Las condiciones de la tarde pueden impedir determinadas descargas y, al mismo tiempo, favorecer que las llamas recuperen intensidad en sectores que habían sido atacados durante las horas anteriores. Es uno de los puntos más delicados de la emergencia: combatir el fuego mientras el propio tiempo cambia las reglas.
La combinación es especialmente adversa: vegetación seca, temperaturas elevadas, baja humedad y viento. No basta, por tanto, con apagar las llamas visibles. También hay que vigilar puntos calientes, bordes aparentemente extinguidos y áreas donde las brasas pueden permanecer ocultas antes de volver a prender.
Una alerta meteorológica que se prolonga hasta el 16 de octubre
El riesgo no termina con los incendios que ya están sobre el terreno. El aviso de condiciones atmosféricas para incendios forestales mantiene un escenario de nivel rojo entre el 11 y el 16 de octubre en áreas de la sierra y la selva, especialmente en el sur del país.
Las regiones comprendidas son Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Ica, Moquegua, Puno y Tacna. La previsión apunta a ausencia de precipitaciones, descenso de la humedad, temperaturas diurnas elevadas, mayor radiación ultravioleta y ráfagas de viento por la tarde. Es, prácticamente, el cóctel que menos interesa cuando el monte está seco.
Este escenario significa que una región puede haber extinguido un incendio y seguir estando expuesta a otro pocas horas o días después. Extinguido no equivale a riesgo terminado. Esa diferencia resulta fundamental para interpretar los partes que van actualizando las autoridades.
Áncash y Arequipa consiguen apagar varios focos
La evolución es más favorable en otros puntos. Los incendios forestales registrados en Parobamba y Matacoto, en Áncash, y Puyca, en Arequipa, fueron declarados extinguidos después de la intervención de personal municipal, habitantes de las zonas afectadas y unas condiciones meteorológicas más propicias.
En Áncash, el incendio iniciado en el sector Pampay, en Sihuas, había quedado controlado y había destruido aproximadamente 25 hectáreas de cobertura natural. La diferencia entre controlado y extinguido importa: en el primer caso, la propagación ha podido frenarse, pero continúa siendo necesaria la vigilancia hasta descartar que queden puntos capaces de reactivar el incendio.
Es precisamente lo que está ocurriendo en algunas zonas del país. El viento puede convertir una línea de terreno quemado en un nuevo frente si quedan brasas y combustible vegetal suficiente alrededor. Una aparente calma puede durar poco.
Aviones y helicópteros refuerzan la lucha contra el fuego
La magnitud de algunos incendios ha obligado a incorporar medios aéreos. En Cusco, la Fuerza Aérea del Perú realizó vuelos de reconocimiento con un Beechcraft King Air 360C antes de desplegar un C-27J Spartan equipado para apoyar la extinción.
Entre los recursos movilizados figura el denominado sistema Guardián, formado por depósitos de unos 1.000 litros de agua que pueden ser lanzados desde la aeronave sobre las áreas incendiadas. También se prevé el empleo de helicópteros MI-17 con helibalde, capaces de cargar y descargar agua directamente sobre los frentes más difíciles.
El trabajo desde el aire no sustituye a las brigadas. Las descargas reducen la intensidad de las llamas y permiten que bomberos y equipos terrestres puedan aproximarse con mayor seguridad. Es allí, a ras de suelo, donde se remata buena parte del trabajo: cortar la progresión del fuego, enfriar puntos calientes y evitar rebrotes.
Comuneros y equipos locales siguen siendo decisivos
Buena parte de esa primera respuesta continúa recayendo en bomberos, autoridades locales, policías, militares, serenazgo y pobladores de las comunidades rurales. En numerosas áreas andinas son precisamente quienes viven cerca del monte los primeros en detectar una columna de humo y quienes conocen los caminos, quebradas y accesos que no siempre aparecen con claridad en un mapa.
El riesgo para ellos es considerable. Un cambio de viento puede desplazar el frente rápidamente y dejar sin salida a quienes intentan combatirlo con herramientas manuales. Las autoridades peruanas insisten por ello en evitar que personas sin preparación intenten apagar incendios de cierta magnitud por su cuenta y en comunicar cuanto antes cualquier nuevo foco.
Perú encara varios días todavía muy delicados
La fotografía del 12 de octubre muestra avances, pero no permite hablar todavía de una emergencia superada. Cuatro regiones mantienen incendios activos, Cusco necesita apoyo aéreo y buena parte del sur peruano permanecerá bajo condiciones atmosféricas muy favorables para la propagación del fuego durante los próximos días.
Áncash y Arequipa ofrecen la otra cara, con focos apagados o controlados, aunque la vigilancia continúa siendo necesaria. Todo dependerá mucho del viento, de la aparición de nuevos puntos de ignición y de la capacidad de las brigadas para aprovechar las horas en las que operar resulta menos peligroso.
El calendario tampoco ayuda: la alerta por condiciones favorables a incendios se extiende hasta el 16 de octubre en nueve regiones. Sobre un paisaje castigado por semanas de sequedad y calor, una chispa puede bastar. Y cuando llega la tarde y sopla el viento, lo que parecía una pequeña columna de humo puede cambiar de escala con una rapidez brutal.
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