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Japón sopesa submarinos de propulsión nuclear con Takaichi al frente

Takaichi abre en Japón el debate sobre submarinos de propulsión nuclear, una opción estratégica con fuertes obstáculos legales, políticos y técnicos.

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submarinos de propulsión nuclear

Por Christy Hagen, U.S. Navy, Dominio público, Wikimedia Commons

Resumen

  • Takaichi abre la puerta a estudiar submarinos de propulsión nuclear
  • Tokio busca reforzar vigilancia y autonomía militar en el Pacífico
  • La ley japonesa y el pacifismo siguen siendo obstáculos decisivos

Japón ha dado un paso que hace apenas unos años habría parecido políticamente casi impronunciable. La primera ministra, Sanae Takaichi, ha afirmado que su Gobierno estudiará «seriamente» la posibilidad de incorporar submarinos de propulsión nuclear a las Fuerzas de Autodefensa, en plena revisión de la estrategia de seguridad del país y ante el crecimiento de la actividad militar en el Pacífico.

La declaración no supone que Tokio haya decidido comprar o construir estos buques. Pero sí cambia el tono. A comienzos de octubre Takaichi insistía en que no había nada decidido; esta vez habló de analizar la posibilidad de manera «concreta y realista» y calificó de urgente reforzar las capacidades japonesas de vigilancia e inteligencia en el Pacífico. Ahí está la noticia: Japón ha pasado de esquivar la opción a colocarla abiertamente sobre la mesa.

Japón empieza a considerar una transformación de su flota submarina

La discusión forma parte de la revisión de los tres grandes documentos que organizan la política de seguridad japonesa: la Estrategia de Seguridad Nacional, la Estrategia de Defensa Nacional y el programa de desarrollo de capacidades militares. El Gobierno pretende completar esa revisión antes de terminar 2026 y estudia incluir formalmente una investigación sobre la posible adquisición de submarinos nucleares.

No es un asunto menor. La Fuerza Marítima de Autodefensa ha construido durante décadas una de las flotas submarinas convencionales más sofisticadas del mundo. Sus actuales unidades de la clase Taigei utilizan propulsión diésel-eléctrica y tecnologías avanzadas destinadas a mejorar la discreción acústica, la detección y la permanencia bajo el agua. El presupuesto japonés de 2026 contempla, de hecho, otros 120.800 millones de yenes para construir un nuevo submarino convencional.

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La propulsión nuclear cambiaría la escala de las operaciones. Un submarino con reactor puede permanecer sumergido durante periodos mucho más largos y mantener velocidades elevadas sin depender de recargar baterías mediante motores diésel. Para un país rodeado por miles de kilómetros de océano, desde Hokkaido hasta las islas del sudoeste, la diferencia operativa es considerable.

Más autonomía para vigilar un Pacífico cada vez más disputado

El argumento que gana fuerza en Tokio tiene mucho que ver con China. La estrategia de defensa japonesa considera la expansión militar china uno de los principales desafíos para la seguridad del país y sigue con atención el aumento de las operaciones de la Armada de Pekín más allá de la llamada primera cadena de islas, hacia aguas abiertas del Pacífico.

Las autoridades japonesas observan especialmente el incremento de las operaciones de portaaviones y buques chinos alrededor de Okinawa y en las rutas que comunican el mar de China Oriental con el Pacífico. Tokio registró hasta mayo de 2026 trece despliegues del portaaviones Liaoning hacia el Pacífico y nueve del Shandong desde que comenzó a operar allí en 2023. La tercera unidad china, el Fujian, entró en servicio en 2025. El mapa marítimo regional se mueve deprisa.

Takaichi sostiene que las actuales Fuerzas de Autodefensa tienen capacidades limitadas para mantener durante largos periodos tareas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento en zonas alejadas del archipiélago. Un submarino nuclear permitiría patrullas más prolongadas y desplazamientos rápidos entre áreas operativas sin las mismas restricciones energéticas de un submarino convencional.

Propulsión nuclear no significa llevar armas nucleares

Aquí aparece una distinción esencial. Un submarino de propulsión nuclear no es necesariamente un submarino armado con bombas atómicas. La expresión hace referencia a la fuente de energía que impulsa el barco: el reactor produce la energía necesaria para moverlo y alimentar sus sistemas, mientras el armamento puede seguir siendo completamente convencional.

Países como Estados Unidos, Reino Unido o Francia operan submarinos nucleares con distintas funciones, mientras Australia prevé adquirir submarinos de propulsión nuclear pero sin armamento atómico. Esa separación técnica importa especialmente en Japón, único país que sufrió ataques nucleares en guerra y donde cualquier debate que contenga la palabra «nuclear» toca una fibra histórica especialmente sensible.

Los llamados tres principios no nucleares japoneses establecen que el país no poseerá, fabricará ni permitirá la entrada de armas nucleares en su territorio. Un submarino impulsado por energía nuclear no vulneraría automáticamente esos principios porque estos se refieren a armas. Tampoco el Tratado de No Proliferación Nuclear prohíbe por sí mismo disponer de submarinos de propulsión nuclear. El problema jurídico aparece por otra puerta.

La ley japonesa sigue siendo el gran obstáculo

La Ley Básica de Energía Atómica establece que la investigación, el desarrollo y la utilización de energía nuclear deben limitarse a fines pacíficos. Esa fórmula ha condicionado durante décadas la interpretación oficial japonesa sobre el empleo de reactores nucleares en barcos militares.

Gobiernos anteriores entendieron que utilizar un reactor para propulsar un submarino de las Fuerzas de Autodefensa no encajaba en el marco existente mientras el uso de energía nuclear para la navegación marítima no estuviera generalizado. Esa doctrina, formulada ya en los años sesenta, ha reaparecido repetidamente en los debates parlamentarios japoneses.

Ahí está uno de los grandes nudos que Takaichi tendrá que deshacer si pretende avanzar realmente. No bastaría con encargar un submarino. Tokio tendría que fijar una interpretación jurídica nueva, modificar legislación o construir una arquitectura normativa capaz de separar claramente la propulsión militar nuclear de la utilización bélica de las armas atómicas.

Y después estaría la política. Hiroshima y Nagasaki no son piezas de museo en la sociedad japonesa; forman parte de la identidad política de la posguerra. El pacifismo constitucional, aunque reinterpretado durante décadas, conserva un enorme peso simbólico y convierte cualquier giro nuclear en una discusión mucho más delicada que una simple decisión tecnológica.

De los Taigei a los submarinos nucleares hay un salto industrial enorme

Japón posee una industria naval de primer nivel y décadas de experiencia tanto en tecnología nuclear civil como en construcción de submarinos. Eso no significa que pueda colocar un reactor naval dentro de un casco y salir al Pacífico al día siguiente. Ni mucho menos. El salto tecnológico y operativo sería enorme.

Los submarinos nucleares requieren reactores compactos específicos, sistemas de seguridad propios, personal especializado, instalaciones para mantenimiento y manipulación de combustible, nuevas infraestructuras portuarias y procedimientos de emergencia completamente distintos. El Ministerio de Defensa tendría que crear una cadena tecnológica y operativa que Japón no posee actualmente para uso militar.

El precio también sería otra liga. Los submarinos convencionales japoneses cuestan ya alrededor de 120.000 millones de yenes por unidad en los programas recientes, mientras los buques de propulsión nuclear pueden multiplicar ese coste y arrastran gastos de mantenimiento e infraestructura durante décadas.

Tampoco todo son ventajas. Los submarinos convencionales japoneses, especialmente los equipados con baterías de ion-litio, ofrecen una notable discreción para operar cerca de costas y estrechos. La discusión no consiste simplemente en sustituir un motor «viejo» por otro «mejor». Se trata de decidir qué misiones quiere realizar Japón dentro de veinte o treinta años.

Australia y Corea del Sur también están en el radar de Tokio

Takaichi señaló que Japón tendrá en cuenta la evolución de países socios como Australia y Corea del Sur. Australia ya ha elegido la propulsión nuclear dentro del acuerdo AUKUS con Estados Unidos y Reino Unido, convirtiéndose en la referencia regional más evidente para Tokio.

El debate japonés lleva, en realidad, más de un año madurando. El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, había evitado excluir la tecnología nuclear cuando se le preguntó por los futuros sistemas de propulsión submarina y durante 2026 reiteró que todas las alternativas debían permanecer abiertas. El Partido de la Innovación de Japón, socio del gobernante Partido Liberal Democrático, ha presionado incluso para estudiar una introducción rápida de estos buques. La novedad es que la idea ya no vive únicamente en informes de expertos o propuestas de partido: la primera ministra la ha asumido públicamente como una posibilidad que merece un estudio serio.

Japón cruza una frontera política, aunque todavía no tecnológica

No hay contrato, astillero elegido ni calendario para un submarino nuclear japonés. Tampoco está resuelta la cuestión legal. Presentar la declaración de Takaichi como una decisión definitiva sería adelantarse varios capítulos. Tokio ha abierto el debate; todavía no ha decidido cómo terminarlo.

Pero tampoco sería razonable reducirla a una frase más dentro del habitual lenguaje defensivo de Tokio. Durante décadas Japón construyó su política militar alrededor de límites muy precisos: defensa estrictamente necesaria, rechazo de las armas nucleares y una separación casi quirúrgica entre tecnología atómica y fuerzas armadas. La posibilidad de colocar un reactor nuclear dentro de un submarino japonés obliga a revisar parte de ese edificio.

El cambio, de momento, es político y estratégico. Y precisamente por eso resulta significativo. Japón mira un Pacífico donde China amplía su presencia naval, Corea del Norte mantiene su programa nuclear y Rusia refuerza su cooperación militar con Pekín y Pyongyang. Ante ese paisaje, Takaichi quiere discutir capacidades que antes estaban prácticamente fuera del vocabulario oficial.

El submarino todavía no existe. El tabú nuclear japonés, en cambio, ha empezado a resquebrajarse.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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