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Nord Stream: Alemania juzga a un exoficial ucraniano por el sabotaje

Alemania abre el primer juicio por el sabotaje del Nord Stream. Un exoficial ucraniano está acusado de participar en la operación submarina.

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Alemania juzga a un ucraniano

Resumen

  • Alemania abre el primer juicio por el sabotaje del Nord Stream
  • Un exoficial ucraniano está acusado de coordinar la operación submarina
  • El proceso examina la autoría y la posible cadena de mando del ataque

Alemania ha abierto este miércoles en Hamburgo el primer juicio por el sabotaje de los gasoductos Nord Stream, cuatro años después de las explosiones submarinas que dañaron tres de las cuatro conducciones entre Rusia y Alemania. En el banquillo está Serhii K., un antiguo oficial ucraniano de 50 años al que la Fiscalía acusa de haber desempeñado un papel central en la operación.

El proceso va bastante más allá de averiguar quién colocó explosivos bajo el mar Báltico. La justicia alemana deberá decidir también si el ataque contra Nord Stream 1 y Nord Stream 2 puede constituir un crimen de guerra contra una infraestructura civil, una cuestión con consecuencias jurídicas y políticas delicadas para Ucrania, uno de los principales aliados de Berlín desde la invasión rusa. El acusado niega haber participado y Kiev también rechaza cualquier implicación estatal.

Alemania lleva por primera vez el sabotaje del Nord Stream ante un tribunal

El juicio se celebra ante el Tribunal Superior Regional Hanseático de Hamburgo. El tribunal consideró en septiembre que existían indicios suficientes para abrir procedimiento contra Serhii K. por presunta participación en un ataque contra bienes civiles, provocar una explosión, destruir infraestructuras y alterar servicios públicos.

Es la primera vez desde las explosiones del 26 de septiembre de 2022 que una persona se sienta ante un tribunal por el caso. Hasta ahora, el Nord Stream había vivido entre investigaciones policiales, filtraciones de inteligencia, hipótesis cruzadas y acusaciones diplomáticas. Mucho ruido —literalmente bajo el agua— y ninguna vista pública en la que las pruebas pudieran ser discutidas ante jueces.

La acusación alemana sostiene que Serhii K. coordinó un grupo formado por especialistas capaces de ejecutar una compleja operación submarina. Según los investigadores, participaron buzos, un experto en explosivos y personal encargado de navegar hasta la zona elegida.

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Un velero, identidades falsas y explosivos bajo el Báltico

La reconstrucción de la Fiscalía sitúa al grupo a bordo de un velero alquilado en Alemania, después de utilizar documentación falsa para contratar la embarcación. La expedición habría partido desde la costa alemana y navegado hacia las proximidades de la isla danesa de Bornholm.

Allí, a decenas de metros de profundidad, los saboteadores habrían colocado varias cargas explosivas con temporizadores sobre las tuberías. Los investigadores alemanes atribuyen al acusado la preparación y coordinación del operativo. Las explosiones terminaron rompiendo tres de las cuatro conducciones submarinas de Nord Stream 1 y Nord Stream 2.

El escenario parecía sacado de una novela de espionaje de la Guerra Fría, aunque con teléfonos móviles, ADN y embarcaciones de alquiler. Los investigadores siguieron precisamente ese tipo de rastros: movimientos del barco, documentación y vestigios técnicos relacionados con el material utilizado en la operación.

Qué ocurrió realmente con Nord Stream en septiembre de 2022

Los primeros indicios del ataque aparecieron el 26 de septiembre de 2022. Los sistemas sísmicos registraron varias explosiones en el Báltico y poco después comenzaron a observarse enormes columnas de gas emergiendo en la superficie del mar cerca de Bornholm.

Nord Stream 1 había sido durante años una de las grandes arterias energéticas entre Rusia y Alemania. Antes de la guerra, Berlín recibía mediante esta ruta una parte muy relevante de su gas ruso. Nord Stream 2, construido para duplicar aproximadamente aquella capacidad, estaba terminado pero nunca llegó a entrar en funcionamiento: Alemania paralizó su certificación poco antes de la invasión rusa de Ucrania.

Hay un matiz importante. Cuando se produjeron las explosiones, Rusia ya había interrumpido el suministro a través de Nord Stream 1 semanas antes. El sabotaje, por tanto, no apagó de golpe un flujo de gas que siguiera funcionando con normalidad; destruyó físicamente una infraestructura estratégica que había simbolizado durante años la estrecha relación energética entre Moscú y Berlín.

El golpe fue económico, estratégico y simbólico. Europa acababa de descubrir de la manera menos elegante posible cuánto había dependido del gas ruso: una tubería en el fondo del Báltico se convirtió de pronto en una pieza más de la guerra.

La Fiscalía apunta a una operación vinculada al Estado ucraniano

El asunto más sensible del proceso aparece aquí. Los fiscales alemanes sostienen que la operación habría sido organizada en beneficio de entidades estatales ucranianas no identificadas, con el objetivo de cortar una fuente de ingresos energéticos de Rusia y dificultar que Moscú utilizara esas ganancias para financiar su ofensiva militar.

Eso no significa que un tribunal haya establecido que el Gobierno ucraniano ordenó el ataque. No lo ha hecho. Es la hipótesis de la acusación que deberá ser probada durante el juicio. Y esa diferencia, aparentemente jurídica y pequeña, es enorme.

Kiev ha negado reiteradamente haber organizado el sabotaje. Serhii K. también rechaza haber participado. El proceso deberá determinar primero la responsabilidad individual del acusado antes de permitir conclusiones más amplias sobre una eventual cadena de mando.

Por qué se habla de un posible crimen de guerra

El gran debate jurídico no será únicamente quién hizo estallar las tuberías, sino qué naturaleza tenía Nord Stream en plena guerra.

La acusación alemana parte de que se trataba de infraestructura civil. Desde esa perspectiva, atacarla deliberadamente podría encajar en la prohibición de dirigir operaciones militares contra objetivos civiles y convertirse en un crimen de guerra.

La defensa dispone, sin embargo, de una línea argumental evidente: sostener que Nord Stream tenía relevancia estratégica para el esfuerzo bélico ruso porque el comercio energético aportaba ingresos al Estado ruso. Ahí comienza el terreno resbaladizo. Una instalación con valor económico para un país en guerra no se convierte automáticamente en objetivo militar; el derecho internacional exige criterios bastante más estrictos.

La decisión que adopte Hamburgo podría acabar siendo observada mucho más allá del Báltico. Las infraestructuras energéticas se han convertido en objetivos recurrentes durante la guerra: Rusia ataca instalaciones eléctricas ucranianas y Ucrania golpea refinerías y otros activos energéticos rusos. La frontera jurídica entre infraestructura civil y objetivo militar tiene, por tanto, consecuencias que desbordan este proceso.

Un juicio incómodo para Alemania y Ucrania

Para Berlín el caso contiene una contradicción difícil de disimular. Alemania es uno de los principales apoyos europeos de Ucrania, pero su propia Fiscalía sostiene que militares ucranianos podrían haber participado en la destrucción de una infraestructura esencial para la economía alemana.

El Gobierno alemán ha evitado convertir esa investigación judicial en una ruptura política con Kiev. La separación entre Ejecutivo y tribunales permite mantener ambos planos: apoyo militar y económico a Ucrania por un lado; investigación del sabotaje por otro.

Rusia, mientras tanto, lleva años utilizando Nord Stream como arma diplomática. Moscú negó desde el principio haber destruido los gasoductos y ha acusado en distintos momentos a países occidentales de estar detrás del ataque, acusaciones que estos han rechazado. Ahora reclama que el proceso alemán identifique tanto a los ejecutores como a quienes dieron las órdenes.

La situación tiene una ironía difícil de ignorar. Una infraestructura que durante años dividió a Europa por su dependencia de Moscú sigue provocando conflictos políticos incluso después de quedar inutilizada.

Las pruebas que pueden decidir el caso Nord Stream

El tribunal ha programado 16 jornadas de vista hasta el 17 de diciembre y prevé continuar con nuevas sesiones durante enero y febrero de 2027. No será, por tanto, un proceso rápido.

La atención estará puesta en la conexión entre Serhii K., el velero utilizado por el grupo, los documentos empleados para alquilarlo y las pruebas técnicas recuperadas durante una investigación que se extiende por varios países europeos.

El acusado fue detenido en Italia en 2025 y posteriormente entregado a Alemania. Otro sospechoso, considerado por los investigadores uno de los posibles buzos de la operación, también ha sido localizado mientras Alemania intenta llevar ante sus tribunales al resto de presuntos participantes.

La Fiscalía tendrá que demostrar algo más difícil que reconstruir una travesía marítima: que el hombre sentado en el banquillo conocía, dirigía o ejecutaba el plan en los términos descritos por la acusación. Y, después, habrá que resolver el problema jurídico todavía mayor: si destruir Nord Stream durante una guerra fue sabotaje contra una infraestructura civil o una acción contra un objetivo militar.

Cuatro años después, el misterio entra en una sala de justicia

Durante mucho tiempo, el sabotaje del Nord Stream fue una especie de agujero negro europeo. Había tuberías destruidas, toneladas de gas escapando hacia la superficie y suficientes teorías para llenar varias cancillerías, pero ningún acusado ante un juez.

Desde este 14 de octubre la situación es distinta. Alemania ha llevado el caso a juicio y la investigación deberá soportar algo que las filtraciones y los informes secretos no tienen: contradicción pública, abogados, testigos y valoración judicial.

Serhii K. sigue siendo inocente mientras no exista una condena. Ucrania niega haber ordenado el ataque. La Fiscalía alemana sostiene una versión mucho más comprometida. Entre ambas posiciones se abre un proceso que puede esclarecer uno de los mayores sabotajes sufridos por Europa en décadas y determinar hasta dónde pudo llegar la cadena de órdenes detrás de la destrucción del Nord Stream.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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