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EEUU y Rusia negocian reactivar Nord Stream y devolver gas a Europa
EEUU y Rusia estudian reactivar Nord Stream con inversión estadounidense, pese al rechazo alemán y las sanciones que siguen bloqueando el proyecto.
EEUU y Rusia negocian reactivar Nord Stream y devolver gas a Europa
Resumen
- EEUU y Rusia estudian reactivar Nord Stream con capital estadounidense
- Alemania rechaza volver al gas ruso y mantiene su oposición al proyecto
- Las sanciones y la guerra hacen improbable una reapertura a medio plazo
Estados Unidos y Rusia han abierto conversaciones sobre una operación que, hace no tanto, habría parecido políticamente imposible: incorporar a un inversor estadounidense a Nord Stream y preparar el terreno para que el gas ruso vuelva a circular hacia Alemania una vez terminada la guerra de Ucrania. Las negociaciones han involucrado a Jared Kushner, enviado especial estadounidense y yerno del presidente Donald Trump, y a Kirill Dmitriev, uno de los hombres de confianza de Vladímir Putin.
No existe todavía un acuerdo y, de hecho, los obstáculos son enormes. Nord Stream está sujeto a sanciones estadounidenses y europeas, Alemania rechaza su reapertura y cualquier regreso del gas ruso chocaría frontalmente con la política energética que Europa ha construido desde la invasión de Ucrania. La importancia de las conversaciones está en otra parte: Washington y Moscú están explorando negocios energéticos como una pieza de una eventual arquitectura de paz.
Un inversor estadounidense en el corazón de Nord Stream
Las conversaciones examinadas por responsables rusos y estadounidenses contemplan la posibilidad de que capital de Estados Unidos entre en la estructura empresarial de los gasoductos Nord Stream. Antes de febrero de 2022, aquellas tuberías bajo el Báltico simbolizaban la profunda relación energética entre Alemania y Rusia.
Alemania obtenía entonces más de la mitad de su gas de Rusia, y Nord Stream era una de las arterias de ese sistema. Después llegó la invasión de Ucrania, Moscú redujo los suministros y, en septiembre de 2022, varias explosiones submarinas dañaron las conducciones. Desde entonces el proyecto ha quedado atrapado entre tuberías inutilizadas, sanciones, investigaciones y una ruptura política que parecía definitiva.
La propuesta estadounidense introduce una variable peculiar: que una futura recuperación del negocio ruso-europeo no se produzca exactamente como antes, sino con intereses económicos de Estados Unidos dentro de la operación.
Kushner y Dmitriev se han reunido recientemente en Moscú y Nueva York. El regreso de Nord Stream continúa sobre la mesa, aunque la Casa Blanca sostiene que no ha habido conversaciones recientes específicamente dedicadas al gasoducto.
Washington añade una condición bastante reveladora. Cualquier operación tendría que negociarse con organismos estadounidenses, entre ellos la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos, DFC por sus siglas en inglés, y el Departamento del Tesoro, y debería beneficiar a empresas y contribuyentes estadounidenses.
No sería, pues, una simple reconciliación energética entre Berlín y Moscú. Estados Unidos aspira a sentarse también en la mesa si el negocio llega a materializarse.
La energía aparece dentro de las conversaciones de paz
Detrás del movimiento está una idea que Kushner ha defendido durante sus gestiones sobre Ucrania: utilizar los negocios como incentivo para estabilizar las relaciones internacionales. Tras sus contactos diplomáticos ha hablado de acuerdos de prosperidad capaces de proporcionar a los dirigentes implicados beneficios económicos asociados a la paz.
La lógica es sencilla sobre el papel. Si Rusia, Estados Unidos y Europa tienen intereses económicos compartidos, aumentarían también los costes de regresar al enfrentamiento. El problema, claro, es que la guerra rara vez cabe limpiamente dentro de una hoja de cálculo.
Europa lleva cuatro años intentando reducir precisamente la dependencia energética de Moscú. Reabrir Nord Stream significaría recuperar, aunque fuese bajo una estructura empresarial distinta, una relación que buena parte de las capitales europeas considera estratégicamente peligrosa.
Para el Kremlin, en cambio, recuperar el mercado europeo del gas tendría un valor económico y político considerable. Rusia volvería a acceder a uno de sus antiguos grandes clientes y demostraría que el aislamiento energético impuesto después de 2022 puede revertirse.
Alemania no quiere volver al viejo modelo
El Gobierno alemán mantiene una posición claramente contraria. Berlín recuerda que el gas ruso y Nord Stream están afectados por sanciones y que el país ha desarrollado fuentes alternativas de suministro. La reapertura necesitaría autorización alemana, una autorización que el Ejecutivo no desea conceder en las actuales circunstancias.
La cuestión energética tampoco puede separarse de la seguridad. Alemania se ha convertido en uno de los principales apoyos militares europeos de Ucrania y acusa a Moscú de desarrollar una campaña de acciones híbridas contra intereses alemanes.
Volver a comprar grandes cantidades de energía rusa mientras Berlín gasta miles de millones en reforzar su defensa frente a Rusia produciría una paradoja difícil de vender políticamente: financiar por una puerta al país frente al que Alemania intenta protegerse por la otra.
Michael Kellner, diputado alemán y antiguo responsable de política energética, ha resumido esa inquietud describiendo el eventual acuerdo como un negocio en el que estadounidenses y rusos compartirían los beneficios mientras Europa asumiría buena parte del coste estratégico.
La AfD sí apuesta por recuperar el gas ruso
La fractura, sin embargo, también recorre la propia política alemana. Alternativa para Alemania, AfD, defiende la reconstrucción de las relaciones energéticas con Moscú y quiere recuperar las importaciones de gas ruso.
Kirill Dmitriev tiene previsto mantener conversaciones con la dirección de la formación para tratar precisamente esa posibilidad. El gas vuelve así al centro de un debate político que Alemania creía, quizá demasiado pronto, haber dejado atrás.
Aquí Nord Stream deja de ser únicamente una tubería. Se convierte otra vez en una línea divisoria dentro de Alemania: precio de la energía frente a seguridad, pragmatismo económico frente a dependencia estratégica, ruptura con Rusia frente a normalización.
Las sanciones hacen inviable una reapertura inmediata
Incluso si Washington, Moscú y algún inversor privado alcanzasen un entendimiento, quedaría por resolver el obstáculo jurídico. Las sanciones actuales impiden reactivar Nord Stream en las condiciones planteadas.
Trump podría flexibilizar determinadas restricciones estadounidenses. La parte europea es bastante más compleja: Alemania mantiene su oposición y países como Polonia y los bálticos consideran que recuperar las conexiones energéticas con Moscú pondría nuevamente a Europa en una posición vulnerable.
Un responsable estadounidense admite, además, que debido a la acumulación de obstáculos una operación de este tipo parece improbable a medio plazo.
Las elecciones legislativas estadounidenses previstas para noviembre añaden otro ingrediente. Una victoria demócrata que modificase el equilibrio del Congreso podría dificultar al presidente Trump cualquier intento de suavizar las sanciones sobre el proyecto.
La propiedad del gasoducto tampoco facilita las cosas
Nord Stream tampoco tiene una estructura empresarial sencilla. Gazprom, el gigante energético controlado por el Estado ruso, posee el 51% de la compañía, mientras dos entidades alemanas acumulan otro 31%. El resto se encuentra en manos de compañías francesa y neerlandesa.
Los accionistas alemanes pretenden conservar sus participaciones para mantener capacidad de influencia en caso de que Gazprom terminase vendiendo su posición.
Ahí podría aparecer el inversor estadounidense del que se está hablando. Una eventual entrada de capital de Estados Unidos alteraría no solo la propiedad del proyecto, sino también su significado político. El Nord Stream construido como puente económico entre Rusia y Alemania podría reaparecer convertido en un negocio triangular entre Moscú, Washington y Europa.
Lukoil demuestra que las conversaciones van más allá del gas
Nord Stream no es el único activo energético ruso que aparece en estas negociaciones. Kushner y el enviado estadounidense Steve Witkoff también han tratado con Dmitriev una eventual venta de activos internacionales de Lukoil, entre ellos refinerías y estaciones de servicio.
Una de las fórmulas estudiadas contempla que un consorcio en el que participarían la DFC estadounidense e inversores de Qatar y Emiratos Árabes Unidos adquiera esos negocios, mientras Washington levanta determinadas sanciones.
La Casa Blanca sostiene que Witkoff y Kushner han trabajado con la DFC para negociar un pago inicial considerable y una participación estadounidense en los beneficios.
La secuencia dibuja algo más amplio que una negociación sobre un gasoducto. Energía, sanciones y diplomacia están empezando a mezclarse en las conversaciones entre Washington y Moscú. Donde durante años solo hubo castigo económico, comienzan a discutirse también posibles negocios para una etapa posterior al conflicto.
Europa teme pagar el precio político de la operación
Para Polonia y los países bálticos, la posibilidad de recuperar Nord Stream toca una fibra especialmente sensible. Estos Estados llevan años defendiendo que la dependencia europea del gas ruso no fue únicamente un error comercial, sino un riesgo de seguridad que permitió a Moscú ganar influencia sobre sus vecinos.
Varsovia sigue las conversaciones y mantiene una oposición firme a la reapertura. La memoria de la dependencia energética pesa especialmente en una región que lleva décadas advirtiendo sobre el uso político de los hidrocarburos rusos.
También existe desconfianza entre los servicios de inteligencia europeos. Responsables de varias agencias han advertido previamente de que Rusia podría utilizar el diálogo con Estados Unidos no solo para negociar sobre Ucrania, sino para recuperar relaciones económicas y aliviar el aislamiento occidental.
Desde esta perspectiva, un Nord Stream con capital estadounidense no resolvería el problema. Simplemente cambiaría algunos nombres en el accionariado.
Para sus partidarios, en cambio, la entrada de inversores de Estados Unidos podría funcionar precisamente como garantía: Washington tendría un interés directo dentro de la infraestructura y el negocio quedaría sometido a una estructura internacional distinta de la existente antes de 2022.
Dos interpretaciones del mismo tubo. Literalmente.
Nord Stream vuelve al tablero antes de que termine la guerra
Por ahora no hay acuerdo, calendario ni autorización para que el gas ruso regrese a Alemania. Nord Stream continúa bloqueado por sanciones, daños físicos, oposición política y una guerra que todavía no ha terminado. Pensar en una reapertura inmediata sería adelantarse bastante a los acontecimientos.
Pero las conversaciones revelan algo que sí está ocurriendo: Washington y Moscú empiezan a discutir no solo cómo detener el conflicto, sino qué negocios podrían existir después.
Y ahí aparece de nuevo la energía, como tantas veces en la historia europea. El gas que durante décadas acercó a Alemania y Rusia terminó convertido en símbolo de dependencia y ruptura. Cuatro años después de la invasión de Ucrania, Nord Stream reaparece inesperadamente en las negociaciones, esta vez con Estados Unidos intentando ocupar un asiento económico entre Moscú y Europa.
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