España
Karima Benyaich y Feijóo se ven en Palacio en plena tensión con Rabat
Karima Benyaich y Feijóo hablaron en la recepción del 12 de octubre, con Ceuta y la tensión entre España y Marruecos como telón de fondo político.
Por Pedro J Pacheco - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Benyaich y Feijóo hablaron en la recepción del 12 de octubre
- Ceuta y las críticas del PP a Rabat marcaron el encuentro
- La visita de los Reyes elevó el simbolismo diplomático del gesto
La recepción del 12 de octubre en el Palacio Real dejó una de esas escenas breves que, en diplomacia, pesan bastante más que su duración. Karima Benyaich, embajadora de Marruecos en España, se acercó a saludar a Alberto Núñez Feijóo durante el acto presidido por Felipe VI y la reina Letizia, en un momento especialmente delicado de las relaciones entre Madrid y Rabat.
El encuentro se produjo tras semanas de fuertes críticas del líder del PP a Marruecos por la crisis registrada en Ceuta y apenas horas antes de la visita prevista de los Reyes a la ciudad autónoma. No hubo una reunión formal ni un comunicado conjunto. Fue un contacto corto, dentro de una recepción con más de un millar de invitados, pero políticamente cargado: Benyaich y Feijóo volvían a hablar cara a cara cuando el tono entre el PP y Rabat se ha endurecido notablemente.
El encuentro de Karima Benyaich y Feijóo en el Palacio Real
La embajadora marroquí participó en la tradicional recepción organizada con motivo de la Fiesta Nacional, una cita en la que se mezclan autoridades del Estado, responsables políticos, representantes sociales y el cuerpo diplomático acreditado en España. Benyaich, vestida con un caftán verde marroquí, estuvo entre los primeros diplomáticos en saludar a la Familia Real.
Durante el acto se acercó también a Feijóo. El contenido exacto de esa conversación no ha sido comunicado oficialmente, un matiz importante porque en los corrillos de Palacio una frase puede engordar con notable facilidad antes incluso de llegar a la puerta. Las informaciones publicadas coinciden, sin embargo, en que el dirigente popular mantuvo ante Benyaich su posición crítica respecto a Marruecos y defendió que había actuado conforme a su responsabilidad política.
La escena adquirió relevancia porque no se produce en un vacío protocolario. Feijóo lleva semanas cuestionando con dureza la actuación marroquí durante la última crisis fronteriza de Ceuta y reclamando al Gobierno español una respuesta más firme ante Rabat.
Ceuta está detrás de la tensión con Marruecos
El origen inmediato del choque se encuentra en la entrada masiva registrada en Ceuta el 30 de julio y en las posteriores informaciones sobre la actuación en la frontera. Un informe policial conocido semanas después apuntó a la presencia y actuación de agentes marroquíes durante aquellos acontecimientos, lo que abrió una fuerte polémica política en España.
Feijóo exigió entonces explicaciones a Rabat y reclamó que el Gobierno utilizara los canales diplomáticos para determinar qué había ocurrido. El presidente del PP fue todavía más lejos al acusar al Ejecutivo de Pedro Sánchez de mantener una posición excesivamente complaciente con Marruecos.
Ese endurecimiento rompía con una realidad bastante menos estridente: durante años, el PP había cultivado con Rabat una relación pragmática. Marruecos no es para España un vecino cualquiera. Migración, seguridad, comercio, pesca, lucha antiterrorista y control fronterizo obligan a los gobiernos de ambos países a entenderse incluso cuando las relaciones se atascan. Y se atascan con cierta regularidad.
Quién es Karima Benyaich y por qué tiene tanto peso
El repentino interés por el nombre de Karima Benyaich tiene explicación. No se trata solo de la embajadora marroquí en Madrid, sino de una diplomática situada desde hace años en uno de los puestos más sensibles de la política exterior de Mohamed VI.
Nacida en Tetuán en 1961, Benyaich mantiene una estrecha relación histórica con la Casa Real marroquí. Su padre, Fadel Benyaich, fue médico del rey Hassan II y murió durante el intento de golpe de Estado de Sjirat de 1971. Tras aquella tragedia, la familia quedó vinculada al entorno del Palacio Real y Karima creció cerca de quien acabaría convirtiéndose en Mohamed VI.
Su madre era española, de Granada, y la diplomática conoce profundamente la realidad política y cultural española. Antes de llegar a Madrid ejerció durante una década como embajadora de Marruecos en Portugal. En 2018 fue destinada a España, sustituyendo precisamente a su hermano Fadel Benyaich al frente de la representación diplomática marroquí.
No es un currículum decorativo. En una relación bilateral donde cualquier palabra sobre Ceuta, Melilla o el Sáhara Occidental puede desencadenar una tormenta, Benyaich funciona como una interlocutora de máxima confianza de Rabat.
Una embajadora que ya estuvo en el centro de otra crisis
Su nombre ya había ocupado titulares durante la crisis diplomática de 2021. Aquella vez, España permitió la entrada en el país del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, para recibir tratamiento médico. Marruecos reaccionó con enorme dureza y la relación bilateral entró en barrena.
Benyaich fue convocada entonces por el Gobierno español después de la llegada a Ceuta de miles de personas desde territorio marroquí. Poco después, Rabat la llamó a consultas y la embajadora permaneció fuera de España durante meses, uno de los episodios más delicados de la relación entre ambos países en los últimos años.
Regresó a Madrid en marzo de 2022, cuando España y Marruecos comenzaron a reconstruir la relación tras el cambio de posición del Gobierno de Pedro Sánchez respecto al Sáhara Occidental. Aquella reconciliación inauguró una etapa de cooperación mucho más estrecha. La política exterior, sin embargo, tiene poca memoria sentimental.
La visita de los Reyes a Ceuta aumenta el valor del gesto
El contacto entre Benyaich y Feijóo se produjo con otro elemento de fondo especialmente sensible: la visita de Felipe VI y la reina Letizia a Ceuta y Melilla, prevista inmediatamente después de los actos de la Fiesta Nacional.
Ceuta y Melilla son territorio español, pero Marruecos mantiene históricamente reivindicaciones sobre ambas ciudades. Cualquier visita del jefe del Estado adquiere, por eso, una dimensión que desborda lo estrictamente institucional. No hace falta desplegar grandes discursos. A veces basta una agenda oficial y una bandera.
La última visita de un monarca español a Ceuta y Melilla se remontaba a 2007, cuando Juan Carlos I y la reina Sofía viajaron a ambas ciudades y Rabat reaccionó llamando temporalmente a consultas a su embajador. La memoria diplomática de aquel episodio sigue formando parte inevitable del contexto.
La presencia de Benyaich en la recepción de Madrid, siguiendo el protocolo habitual del cuerpo diplomático, muestra al mismo tiempo que los canales entre España y Marruecos permanecen abiertos. Tensión no significa ruptura. Precisamente ahí reside buena parte del trabajo de una embajada.
Feijóo busca firmeza sin romper el puente con Rabat
Para el líder del PP, la conversación plantea un equilibrio incómodo pero inevitable. Feijóo quiere proyectar una posición más firme frente a Marruecos, especialmente en cuestiones de soberanía y control fronterizo, pero un eventual Gobierno español tendría que trabajar con Rabat desde el primer día.
La geografía tiene esas malas costumbres: no cambia porque cambie el inquilino de La Moncloa. Marruecos seguirá siendo un socio decisivo para España en materias que van desde la inmigración hasta la seguridad, y ninguna mayoría parlamentaria modifica esa realidad.
El PP ha defendido tradicionalmente una relación estable con Marruecos, aunque acompañada de una política más clara sobre Ceuta y Melilla. La crisis del verano ha endurecido el discurso y ha convertido a Benyaich en una figura central del pulso, tanto por su condición de embajadora como por su cercanía al monarca marroquí.
Por eso el saludo de Palacio fue mucho más interesante que buena parte de los corrillos habituales del 12 de octubre. No significó una reconciliación ni una negociación. Tampoco una ruptura. Fue el reconocimiento de algo mucho más básico: Madrid y Rabat pueden discrepar con enorme dureza, pero necesitan seguir hablando.
Un saludo breve en el momento menos inocente
Karima Benyaich salió de la recepción del Palacio Real convertida, una vez más, en uno de los nombres propios de la relación entre España y Marruecos. Su encuentro con Feijóo fue corto y sin grandes gestos, pero llegó después de semanas de acusaciones por Ceuta y en vísperas de una visita real cargada de simbolismo.
En diplomacia, el silencio también habla. Benyaich acudió, saludó y conversó con el líder de la oposición mientras las discrepancias entre ambos lados del Estrecho siguen encima de la mesa. No resolvió nada. Pero recordó algo que Madrid y Rabat conocen desde hace décadas: pueden enfadarse, elevar el tono e incluso retirar embajadores durante un tiempo; el mapa, entretanto, permanece exactamente en el mismo sitio.
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