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Magrudis llega a juicio por el mayor brote de listeriosis en España

El macrojuicio de Magrudis reconstruirá el brote de listeriosis de 2019, con cuatro muertos, siete abortos y cerca de 240 personas afectadas.

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el brote de listeriosis

Por Elizabeth White / Centers for Disease Control and Prevention (CDC), Dominio público, Wikimedia Commons

Resumen

  • El macrojuicio de Magrudis comenzará el 16 de octubre en Sevilla
  • El brote de listeriosis dejó cuatro muertos y siete abortos
  • La Fiscalía pide hasta once años y medio de cárcel para dos acusados

Siete años después de una de las mayores crisis de seguridad alimentaria vividas en España, el caso Magrudis llega por fin a juicio. La Audiencia Provincial de Sevilla prevé iniciar este viernes, 16 de octubre, el macroproceso por el brote de listeriosis asociado en 2019 a la carne mechada de la marca La Mechá: cuatro fallecimientos, siete abortos y alrededor de 240 personas afectadas.

Será un juicio enorme incluso para los estándares de una causa que lleva años acumulando declaraciones, peritajes y acusaciones. El tribunal tendrá que determinar las responsabilidades penales y civiles por una contaminación con Listeria monocytogenes que desbordó durante semanas la sanidad andaluza, obligó a retirar productos y convirtió el nombre de una pequeña empresa cárnica sevillana en sinónimo de una crisis sanitaria nacional.

Un macrojuicio siete años después del brote de La Mechá

El procedimiento comenzará con un calendario especialmente denso. La planificación inicial contemplaba 43 sesiones hasta enero de 2027, aunque la complejidad de la causa ha obligado a ordenar las comparecencias por fases. La primera, entre octubre y finales de noviembre, reserva 23 jornadas para testigos y peritos; después llegará el turno de las víctimas y del resto de declaraciones. Entre acusados, perjudicados, especialistas y testigos, el proceso movilizará a centenares de personas.

La dimensión judicial tiene una explicación sencilla: detrás de las cifras hay historias clínicas, hospitalizaciones, abortos y secuelas, además de familias que llevan desde el verano de 2019 esperando una resolución.

Siete años son muchos años. En un calendario judicial quizá parezcan una sucesión de autos, recursos, informes y diligencias. Para quien perdió a un familiar o atravesó un aborto después de contraer la infección, el tiempo tiene otra medida.

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En el banquillo figuran miembros de la familia vinculada a la gestión de Magrudis S.L., junto con un arquitecto técnico y una veterinaria municipal. La Fiscalía reclama las penas más elevadas para José Antonio Marín Ponce, considerado administrador de hecho de la empresa, y su hijo Sandro José Marín Rodríguez: hasta once años y medio de prisión. Para Encarnación Rodríguez Jiménez y Mario Marín Rodríguez solicita diez años.

Qué se juzga exactamente en el caso Magrudis

El núcleo penal del procedimiento va bastante más allá de determinar que hubo alimentos contaminados. Eso quedó fuera de discusión hace mucho. Lo que debe resolver ahora la Audiencia es quién conocía los riesgos, qué medidas se adoptaron o dejaron de adoptarse y qué responsabilidad corresponde a cada acusado.

La Fiscalía aprecia, entre otros tipos penales, un presunto delito continuado contra la salud pública, en relación con cuatro delitos de homicidio por imprudencia grave, siete delitos de lesiones al feto y centenares de delitos de lesiones. La acusación incluye también cuestiones ajenas al brote propiamente dicho, como una presunta falsedad documental y una defraudación de fluido eléctrico.

Las peticiones de cárcel son, conviene subrayarlo, solicitudes de las acusaciones y no condenas. Será el tribunal quien valore las pruebas, las declaraciones y los informes acumulados durante años antes de dictar sentencia.

Uno de los puntos especialmente delicados afecta a la inspectora veterinaria municipal. La Fiscalía no formuló acusación contra ella al no apreciar la imprudencia grave necesaria para exigir responsabilidad penal, pero otras acusaciones mantienen una posición distinta. Su situación puede tener, además, consecuencias económicas porque el Ayuntamiento de Sevilla aparece en el procedimiento como posible responsable civil subsidiario.

Las indemnizaciones también estarán en el centro del juicio

La causa no se limita a las penas de prisión. Hay millones de euros en juego para responder por fallecimientos, abortos, lesiones y secuelas sufridas por quienes resultaron perjudicados.

Las dificultades económicas de Magrudis y de sus responsables convierten en especialmente relevante el papel de las aseguradoras y de las administraciones personadas. Una aseguradora del Ayuntamiento, AIG, planteó la consignación de un millón de euros para afrontar posibles indemnizaciones en caso de que el Consistorio resulte finalmente responsable civil subsidiario. Durante la instrucción también se articularon otras garantías económicas.

Aquí aparece una de las partes menos visibles de cualquier gran proceso penal. Una sentencia puede fijar responsabilidades con precisión quirúrgica sobre el papel; cobrar una indemnización completa es otra historia.

La carne mechada que desencadenó una alerta nacional

Hay que volver al verano de 2019. Los casos comenzaron a multiplicarse en Andalucía y pronto apareció un denominador común: el consumo de carne mechada La Mechá, fabricada por Magrudis en Sevilla.

El 15 de agosto se activó la alerta sanitaria. La contaminación estaba asociada a Listeria monocytogenes, una bacteria capaz de sobrevivir en condiciones que frenan a otros microorganismos y especialmente peligrosa para embarazadas, personas mayores e inmunodeprimidas. En los casos graves puede provocar septicemia, meningitis y complicaciones durante el embarazo, incluidos abortos y muerte fetal.

La alerta creció muy deprisa. Productos retirados, inspecciones, análisis, hospitales recibiendo pacientes y una pregunta cada vez más incómoda sobre lo ocurrido dentro de la fábrica.

La investigación posterior de la Guardia Civil sostuvo que responsables de la compañía habían tenido conocimiento de positivos por listeria meses antes de que estallara públicamente la crisis. Los investigadores situaron antecedentes a finales de 2018, mientras que otro análisis comunicado a la empresa detectó contaminación en febrero de 2019. La valoración judicial de ese material será una de las piezas relevantes del proceso.

Los controles sanitarios, bajo el microscopio

El caso tampoco termina en la puerta de la fábrica. Durante la instrucción se examinaron los sistemas de autocontrol de Magrudis, las inspecciones municipales y la actuación de las distintas administraciones.

Una empresa alimentaria no funciona con un inspector sentado permanentemente junto a cada máquina. El sistema descansa también sobre el autocontrol sanitario del fabricante, la trazabilidad, la limpieza de instalaciones, la conservación correcta del producto y la obligación de reaccionar ante cualquier análisis microbiológico anómalo.

Ahí está precisamente una de las grandes cuestiones del caso: no únicamente cómo apareció la bacteria, algo que puede suceder dentro de la industria alimentaria, sino qué ocurrió después de que existieran indicios de contaminación.

La diferencia no es menor. Un positivo microbiológico es un riesgo que debe gestionarse; ignorarlo, ocultarlo o responder de forma insuficiente puede transformar un problema localizado en algo mucho más grave. En Magrudis acabó convirtiéndose en una alerta sanitaria de alcance nacional.

Cuatro muertos, siete abortos y una cifra que no cuenta todo

Los sucesivos documentos administrativos y judiciales han manejado cifras ligeramente distintas sobre el número total de perjudicados, según el momento y el criterio utilizado para incorporarlos a la causa, pero el balance asociado al macrojuicio es rotundo: cuatro fallecimientos, siete abortos y alrededor de 240 afectados.

El dato explica la extraordinaria dimensión del proceso, pero también la simplifica. Una intoxicación alimentaria suele asociarse en el imaginario colectivo a unas horas de malestar, fiebre o problemas digestivos. La listeriosis invasiva juega en otra liga.

Durante aquel brote hubo embarazadas ingresadas, pacientes vulnerables y cuadros clínicos graves. Precisamente por eso el episodio de Magrudis quedó grabado como el mayor brote de listeriosis registrado en España y uno de los grandes escándalos recientes relacionados con la seguridad alimentaria.

También modificó la percepción pública de algo que normalmente permanece fuera de la vista. Detrás de un envase colocado tranquilamente en el frigorífico existe una cadena de controles, análisis, trazabilidad e inspecciones. Cuando varias piezas fallan al mismo tiempo, lo cotidiano puede convertirse en una emergencia sanitaria.

El juicio que deberá repartir responsabilidades

El 16 de octubre no comenzará simplemente la revisión de una intoxicación ocurrida hace siete años. La Audiencia de Sevilla tendrá que reconstruir qué sabía cada acusado, cuándo lo sabía y qué hizo con esa información, además de determinar si hubo fallos penalmente relevantes en la producción, el autocontrol y la supervisión administrativa.

Habrá centenares de declaraciones y una montaña de documentación técnica. También posiciones enfrentadas: acusaciones que reclaman penas importantes, defensas que discutirán responsabilidades y una compleja batalla sobre quién debe asumir las indemnizaciones.

La sentencia tardará. El tamaño del proceso prácticamente lo garantiza. Pero el macrojuicio pone al menos una fecha al examen definitivo de un episodio que dejó algo bastante más serio que una mala partida de carne mechada: cuatro vidas perdidas, siete embarazos interrumpidos y cientos de afectados.

En seguridad alimentaria, el sistema está diseñado para que los errores sean detectados antes de llegar al plato. En Magrudis ocurrió exactamente lo que esos controles deberían impedir. El tribunal tendrá ahora que decidir por qué ocurrió y quién debe responder por uno de los episodios sanitarios más graves de los últimos años en España.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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