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El mapa de EE. UU. que reúne 10.429 muertes por disparos policiales
Entre 2015 y 2024, 10.429 personas murieron por disparos policiales en EE. UU.; el mapa revela dónde la tasa fue más alta y qué patrones se repiten.
Resumen
- Entre 2015 y 2024, 10.429 personas murieron por disparos policiales
- Nuevo México registra la tasa anual más alta respecto a su población
- El mapa revela grandes diferencias territoriales y una persistente brecha racial
Un nuevo mapa de Estados Unidos pone geografía a una cifra difícil de digerir: 10.429 personas murieron abatidas a tiros por policías en servicio entre 2015 y 2024. La visualización permite observar no solo dónde se concentraron los casos, sino también cuánto cambia la incidencia cuando se corrige por población, una fotografía bastante distinta de la que ofrecen los números absolutos.
El registro comprende una década completa y arroja una media ligeramente superior a 1.000 muertes anuales. No incluye cualquier fallecimiento relacionado con las fuerzas de seguridad: cuenta exclusivamente aquellos casos en los que un agente de servicio disparó y mató a un civil. Quedan fuera, por ejemplo, las muertes bajo custodia causadas por otros medios, los disparos realizados por policías fuera de servicio y los fallecimientos en los que el arma policial no fue la causa de la muerte.
El mapa cambia cuando se mira la población y no solo el total
California aparece como el estado con el mayor número absoluto de víctimas durante el periodo analizado, con 1.405 muertes, seguida de Texas, con 1.010, y Florida, con 672. Es lógico hasta cierto punto: son estados enormes y muy poblados. El dibujo cambia de manera considerable cuando se calcula la tasa anual por cada 100.000 habitantes.
Ahí emerge Nuevo México con claridad. Registró 219 muertes en diez años, unas 21,9 al año, pero su tasa alcanza 1,03 fallecidos por cada 100.000 habitantes y año, la más alta del conjunto recogido en el mapa. Alaska ocupa el segundo lugar, con 0,92; después aparecen Oklahoma, con 0,66; Colorado, con 0,65, y Arizona, con 0,64.
Son diferencias importantes. Nueva York, pese a sumar 199 muertes durante la década, presenta una tasa de 0,10. Massachusetts y Connecticut se quedan en 0,09 y Rhode Island, con ocho fallecidos en todo el periodo, marca 0,07, el dato más bajo del mapa. Dicho de otro modo: vivir en un estado muy poblado aumenta naturalmente el número bruto de casos, pero no explica por sí mismo la frecuencia estadística de estos episodios respecto a la población.
El oeste y el suroeste destacan con especial intensidad
La distribución territorial deja una concentración llamativa en varios estados del oeste y el suroeste estadounidense. Arizona contabilizó 461 muertes, Colorado 375 y Nuevo México 219. Montana y Wyoming, con poblaciones mucho menores, también aparecen relativamente arriba cuando el dato se ajusta al número de habitantes.
Ese ajuste es esencial. California registra muchas más muertes en términos absolutos que varios estados pequeños, pero su tasa anual queda en 0,36 por cada 100.000 habitantes, aproximadamente un tercio de la de Nuevo México. Texas, con más de un millar de fallecidos, se sitúa en 0,34. El mapa evita así una trampa estadística habitual: confundir dónde ocurren más casos con dónde suceden con mayor frecuencia respecto a la población.
Diez años de datos nacidos después de Ferguson
La base de datos comenzó a elaborarse en 2015, pocos meses después de que la muerte de Michael Brown en Ferguson, Misuri, colocara el uso de la fuerza policial en el centro del debate estadounidense. Hasta entonces, conocer con exactitud cuántas personas morían por disparos policiales era extraordinariamente complicado. Y, en cierta medida, sigue siéndolo.
El proyecto fue recopilando información procedente de noticias locales, páginas de departamentos policiales, redes sociales, registros públicos y bases independientes. Cada episodio incorporaba variables como edad, raza, circunstancias del encuentro, presencia de armas o posibles crisis de salud mental. Con el tiempo se añadió también una identificación más sistemática de los cuerpos policiales implicados.
El problema de fondo era bastante prosaico para una cuestión tan grave: Estados Unidos no disponía de un recuento federal completo. Los datos comunicados a las autoridades federales habían infravalorado durante años el número real de tiroteos mortales, en buena medida porque la participación de numerosos departamentos policiales era incompleta o voluntaria.
La brecha racial sigue apareciendo en los datos
Las cifras muestran también una disparidad racial persistente. Aproximadamente la mitad de las personas abatidas eran blancas, pero los estadounidenses negros murieron a una tasa más de dos veces superior a la de los blancos, pese a representar una proporción muy inferior de la población del país. Los estadounidenses hispanos también aparecen sobrerrepresentados respecto a su peso demográfico.
El dato exige cierta cautela: una tasa demográfica por sí sola no explica por qué ocurrió cada intervención ni permite reconstruir sus circunstancias. Pero tampoco puede despacharse como una anécdota estadística. Cuando una diferencia aparece una y otra vez durante miles de casos y una década entera, forma parte del fenómeno que se intenta medir.
Hay otro patrón aún más marcado. Más del 95 % de las víctimas eran hombres, y más de la mitad tenían entre 20 y 40 años. El perfil agregado, por supuesto, no describe cada caso individual; sirve para entender qué colectivos aparecen con mayor frecuencia en este tipo de episodios.
Lo que las 10.429 muertes no cuentan
La cifra es enorme, pero no equivale al total de personas que murieron durante encuentros con la policía estadounidense entre 2015 y 2024. Ese matiz importa bastante. El registro se limita a muertes provocadas directamente por disparos de agentes de servicio. Una persona fallecida después de recibir una descarga eléctrica, durante una inmovilización o bajo custodia no aparece necesariamente dentro de estas 10.429.
Por eso tampoco resulta correcto utilizar el mapa como un recuento completo de la violencia policial en Estados Unidos. Es algo más concreto: un mapa de la violencia policial letal mediante armas de fuego. Esa definición estrecha tiene una ventaja metodológica. Permite comparar durante diez años episodios relativamente homogéneos sin mezclar causas de muerte muy distintas.
También explica por qué otras bases de datos pueden ofrecer cifras mayores para un mismo año. No necesariamente se contradicen; sencillamente pueden estar contando fenómenos distintos bajo criterios diferentes.
Un registro que termina en 2024
La serie utilizada para elaborar el mapa termina el 31 de diciembre de 2024. Los casos de la década analizada forman así un periodo cerrado para esta visualización, aunque determinados registros pueden revisarse cuando aparece nueva información o se corrigen datos anteriores.
Eso permite observar 2015-2024 como una década completa. Y no fue una década tranquila. El balance supera las diez mil personas y mantiene durante años una frecuencia cercana o superior al millar de víctimas anuales. Incluso con cambios políticos, protestas multitudinarias, cámaras corporales, nuevas normas locales y una atención pública mucho mayor, los tiroteos mortales continuaron formando parte del paisaje estadounidense.
Una década convertida en geografía
Lo más revelador del mapa quizá no sea el tamaño de los puntos ni el contraste entre estados. Es la persistencia. 10.429 nombres, distribuidos por ciudades, condados y carreteras de prácticamente todo el país, dibujan algo que una cifra nacional tiende a esconder: miles de episodios separados, ocurridos durante diez años y bajo circunstancias muy diferentes.
La estadística permite comparar Nuevo México con Nueva York, California con Alaska o Texas con Rhode Island. Pero también deja una evidencia menos cómoda. Estados Unidos pasó buena parte de la década discutiendo sobre policía, armas, raza, seguridad y rendición de cuentas mientras seguía acumulando aproximadamente un millar de muertes por disparos policiales cada año.
El mapa no resuelve ese debate. Hace algo bastante más elemental: permite verlo.
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