España
Mariló Montero augura tensión en las calles durante la campaña del 29N
Mariló Montero prevé una campaña marcada por la tensión social antes del 29N, con vivienda, huelga general y polarización en el centro político.
Foto: Ministerio de la Presidencia. Gobierno de España, Attribution.
Resumen
- Mariló Montero prevé tensión social antes de las elecciones del 29N
- Vivienda y huelga general alimentan un clima político ya muy polarizado
- Su pronóstico sobre Sánchez es una valoración política, no un hecho probado
Mariló Montero ha irrumpido en la precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre con una advertencia contundente. La periodista considera que Pedro Sánchez tratará de llevar la tensión política a las calles durante las próximas semanas y que utilizará el temor a una posible mayoría de PP y Vox para movilizar al electorado de izquierdas.
La afirmación la hizo durante su intervención en Espejo Público, después de que Susanna Griso le preguntara por el adelanto electoral. “Sánchez va a generar mucha tensión en las calles”, sostuvo Montero, que vinculó esa estrategia a una campaña basada, a su juicio, en presentar la alternativa de Gobierno como una amenaza. Se trata, conviene subrayarlo, de una interpretación política de la periodista, no de un hecho acreditado ni de una estrategia reconocida por el PSOE.
Mariló Montero anticipa una campaña marcada por la polarización
Las palabras de Montero llegan apenas dos días después de que Sánchez anunciara la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales para el domingo 29 de noviembre de 2026. El decreto de convocatoria fija además la campaña electoral entre el 13 y el 27 de noviembre. La precampaña, sin embargo, arrancó bastante antes de que lo diga el calendario. Y con el volumen alto.
Montero sostiene que el presidente intentará explotar precisamente esa fractura política. Según su análisis, al PSOE le interesa dibujar una elección entre dos bloques muy definidos y concentrar el voto situado a su izquierda, una lectura que también aparece en el debate sobre el efecto que el adelanto electoral puede tener sobre Sumar y Podemos.
La periodista fue todavía más lejos al explicar su preocupación por el clima político. Contó que había presenciado enfrentamientos entre familiares por cuestiones partidistas y defendió bajar el tono frente a una dinámica que, en su opinión, podría terminar trasladando el enfrentamiento institucional a la convivencia cotidiana.
Ahí está, precisamente, el elemento que ha hecho circular con fuerza sus palabras: no pronostica solo una campaña dura —algo casi rutinario en unas generales—, sino una creciente tensión social fuera del Parlamento.
La vivienda ya estaba en la calle antes de las elecciones
El contexto importa. España llega a esta convocatoria electoral después de varios días especialmente convulsos alrededor de la vivienda. El Congreso rechazó el 2 de octubre dos decretos impulsados por el Ejecutivo: el primero cayó por 178 votos frente a 172 y el segundo, por 184 frente a 166. PP, Vox y Junts fueron decisivos en el rechazo.
Sánchez convirtió ese fracaso parlamentario en uno de los argumentos centrales para adelantar los comicios. El presidente ha defendido que, si el Parlamento no permite sacar adelante medidas sobre uno de los principales problemas sociales del país, corresponde a los ciudadanos elegir una nueva Cámara. El Gobierno aprobó después otras medidas de vivienda, ya con las Cortes disueltas.
Y aquí aparece el terreno sobre el que Montero construye su diagnóstico. Las movilizaciones por el precio de la vivienda no nacieron con la convocatoria electoral. Venían de antes, con protestas, acampadas y presión de colectivos de inquilinos. Es una diferencia relevante porque atribuir la conflictividad social directamente a Sánchez sería ir más allá de los hechos disponibles.
UGT y CCOO preparan una huelga general por vivienda y salarios
A esa atmósfera se suma una decisión de considerable peso político. UGT y CCOO han acordado promover una huelga general de 24 horas durante este otoño, aunque la fecha definitiva debe concretarse y coordinarse con organizaciones sociales y movimientos vinculados a la vivienda.
Los sindicatos justifican la movilización por la dificultad de pagar la vivienda con los salarios actuales y por el rechazo parlamentario de las medidas planteadas. Es decir, presentan el paro como una reivindicación laboral y social, no como una iniciativa electoral al servicio del Gobierno.
Que esa huelga pueda producirse durante una campaña electoral extraordinariamente polarizada es otra cuestión. Ahí comienza la batalla por el relato: quién protesta, contra quién protesta y quién obtiene rédito político de la protesta. Nada nuevo bajo el sol español, aunque esta vez la vivienda aporta un combustible especialmente sensible porque atraviesa ideologías, edades y clases sociales.
La crítica de Montero a Sánchez va mucho más allá del 29N
Las declaraciones tampoco son un episodio aislado. Mariló Montero mantiene desde hace tiempo una posición muy crítica con el presidente del Gobierno. Pocos días antes de la convocatoria electoral publicó una columna construida alrededor de la derrota parlamentaria del Ejecutivo y de su dependencia de los votos de sus antiguos socios de investidura. Su diagnóstico político sobre Sánchez, por tanto, venía de antes del adelanto electoral.
En Espejo Público endureció esa valoración. Acusó al electorado socialista de perdonar a Sánchez cuestiones que ella considera inaceptables y mencionó expresamente otros episodios que han ocupado el debate televisivo y político durante las últimas semanas.
Son afirmaciones políticas de Montero y como tales deben leerse. No describen un consenso sobre la situación española ni permiten concluir que los votantes socialistas actúen de la manera que ella sostiene. Sí revelan, en cambio, hasta qué punto el adelanto electoral ha convertido en material de campaña asuntos que hace apenas unos días se discutían desde claves diferentes.
Sánchez también plantea el 29N como una elección entre modelos
El propio presidente ha contribuido a dibujar una contienda de bloques. Al anunciar las elecciones, Sánchez habló de un escenario internacional marcado por grandes transformaciones y peligros, defendió el balance de sus gobiernos desde 2018 y presentó los comicios como una decisión sobre qué futuro quiere España.
También cargó contra una oposición a la que responsabiliza del bloqueo parlamentario. Tras la caída de los decretos de vivienda, el presidente insistió en que el rechazo del Congreso justificaba devolver la decisión a los ciudadanos.
Eso no demuestra la tesis de Montero de que el presidente vaya a promover tensión en las calles. Sí anticipa una campaña frontal, probablemente construida alrededor de una disyuntiva reconocible: continuidad del bloque progresista frente a una posible mayoría alternativa encabezada por PP y Vox.
La aritmética también empuja en esa dirección. La izquierda llega al 29N fragmentada y el PSOE necesita recuperar voto propio, atraer electores de sus socios y evitar que el desgaste acumulado termine traducido en abstención. La derecha, mientras tanto, necesita convertir su ventaja potencial en una mayoría parlamentaria suficiente. Entre medias queda un país donde el precio de la vivienda es capaz de sacar gente a la calle sin necesidad de que ningún estratega electoral pulse un botón.
Una campaña que empezó antes de que lo diga el calendario
Las palabras de Mariló Montero han encontrado eco porque aterrizan en un momento político reconocible: elecciones anticipadas, protestas por la vivienda, una huelga general en preparación y bloques obligados a movilizar voto.
Su pronóstico sobre una escalada deliberada de la tensión por parte de Sánchez pertenece al terreno de la opinión. Los hechos comprobables son otros: las elecciones serán el 29 de noviembre, la campaña oficial comenzará el 13, las movilizaciones por la vivienda preceden al adelanto electoral y UGT y CCOO preparan un paro general cuyos motivos declarados son salariales y habitacionales.
A partir de ahí empieza la política. Y también su ruido. Durante las próximas semanas, cada protesta, cada decreto y probablemente cada bronca parlamentaria será observada bajo la misma lupa electoral. El 29N ya condiciona el debate público, aunque las papeletas todavía estén lejos de las urnas.
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