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Mayor Oreja sostiene que ETA «es presente y futuro» y acusa a Sánchez

El exministro Jaime Mayor Oreja rechaza que ETA haya quedado atrás y vincula su proyecto político con EH Bildu y los apoyos a Pedro Sánchez.

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Mayor Oreja en su estudio

Foto: 123madrid, CC0.

Resumen

  • Mayor Oreja afirma que ETA sigue viva como proyecto político y social
  • ETA abandonó las armas en 2011 y anunció su disolución en 2018
  • EH Bildu apoyó la investidura de Pedro Sánchez junto a otras fuerzas

Jaime Mayor Oreja ha vuelto a colocar a ETA en el centro del debate político con una afirmación de alto voltaje. El exministro del Interior sostiene que la organización terrorista no pertenece únicamente al pasado, porque, a su juicio, continúa existiendo como proyecto político, social y cultural. Su tesis va más allá: considera falsa la idea de que ETA fue derrotada y acusa a los gobiernos socialistas de haber pactado con su entorno político hasta convertirlo en una pieza relevante de la mayoría que sostiene a Pedro Sánchez.

La afirmación exige una precisión importante. ETA dejó definitivamente la actividad armada en 2011 y anunció su disolución en 2018. No existe actualmente como organización terrorista operativa. Mayor Oreja emplea el nombre de ETA en un sentido político mucho más amplio y equipara su proyecto histórico con la actual izquierda abertzale representada por EH Bildu. Esa identificación es su interpretación política, no la situación jurídica de ambas organizaciones.

Mayor Oreja rechaza que ETA haya quedado atrás

El antiguo ministro del Interior ha expuesto esta interpretación coincidiendo con la presentación en Burgos de Una verdad incómoda. Testimonio de una época: contra el silencio y la mentira, el libro en el que repasa medio siglo de política española y buena parte de una trayectoria personal inevitablemente atravesada por el terrorismo de ETA.

Su planteamiento es rotundo: «ETA no es algo del pasado, es del presente y del futuro». Desde ahí construye una lectura del final del terrorismo muy diferente de la asumida institucionalmente durante los últimos años. Para Mayor Oreja, la organización fue algo más que una estructura clandestina armada: habría formado parte de un proyecto político y social cuya continuidad, sostiene, debe buscarse en el presente.

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Mayor Oreja considera que una de las grandes falsedades instaladas en España consiste, precisamente, en afirmar que ETA fue derrotada. En su opinión, lo ocurrido posteriormente debería interpretarse como una transformación del proyecto: desapareció el terrorismo como instrumento, pero no aquello que considera su objetivo político de fondo.

Es una tesis que lleva tiempo defendiendo. El exministro ya había afirmado que, para él, «ETA es presente, no es pasado», hasta el punto de negar una separación sustancial entre la antigua organización terrorista y Bildu. Su razonamiento parte de una concepción amplia de ETA, entendida no solo como la estructura que asesinaba, secuestraba y extorsionaba, sino como un movimiento político y cultural con aspiraciones soberanistas.

La acusación contra Sánchez y el papel de EH Bildu

El segundo eje de sus declaraciones mira directamente hacia la Moncloa. Mayor Oreja sostiene que se ha pactado con ETA, a la que describe como convertida en uno de los apoyos fundamentales del Gobierno de Pedro Sánchez. Esa es, de nuevo, la interpretación política del exministro.

Aquí las palabras importan, y mucho. El Gobierno no ha pactado institucionalmente con ETA, organización disuelta en 2018. Sí ha negociado y alcanzado acuerdos parlamentarios con EH Bildu, la coalición soberanista vasca, y sus diputados votaron a favor de la investidura de Sánchez en noviembre de 2023.

Aquella investidura salió adelante por 179 votos frente a 171. En la mayoría participaron PSOE, Sumar, ERC, Junts, EH Bildu, PNV, BNG y Coalición Canaria. Es decir, los votos de Bildu formaron parte de una mayoría compuesta por varias fuerzas; definir a la coalición como el «sostén principal» del Ejecutivo constituye una valoración política de Mayor Oreja, no una descripción literal de la aritmética parlamentaria.

La diferencia puede parecer semántica, pero no lo es. Una cosa es analizar la influencia parlamentaria de EH Bildu y otra identificar jurídicamente a esa formación con ETA. El exministro hace esa conexión porque su diagnóstico parte de la continuidad del proyecto político pese a la desaparición de la estructura terrorista.

De la violencia a la representación institucional

Ese es, en realidad, el corazón del debate abierto por sus declaraciones. ETA asesinó durante décadas tratando de imponer mediante el terror objetivos políticos que no conseguía por procedimientos democráticos. El Estado respondió con policía, justicia, cooperación internacional y aislamiento político. La organización fue perdiendo capacidad operativa hasta anunciar el 20 de octubre de 2011 el cese definitivo de la actividad armada; en 2018 comunicó su disolución.

La interpretación institucional predominante considera ese proceso una derrota de ETA por el Estado de derecho, fruto de la acción policial y judicial, la presión política, la cooperación internacional y el creciente rechazo social. Mayor Oreja discute precisamente esa palabra: «derrota».

Para él, si una parte del espacio político procedente de la izquierda abertzale ha conseguido representación, influencia y capacidad para negociar con gobiernos, entonces el final policial de ETA no equivale a la desaparición de su proyecto. Ahí está la frontera entre hecho e interpretación. El terrorismo terminó; la disputa política sobre lo que quedó después continúa.

Una visión que Mayor Oreja lleva años defendiendo

Las declaraciones de Burgos no son una ocurrencia improvisada. Forman parte de una lectura que Mayor Oreja ha mantenido con notable continuidad desde su etapa en primera línea política. Ya durante los últimos años de actividad de ETA rechazaba algunas de las interpretaciones optimistas sobre los procesos de diálogo y defendía que la organización utilizaba las treguas como instrumento estratégico.

Con el paso del tiempo, su discurso ha ensanchado el foco. No habla únicamente de terrorismo. Presenta lo ocurrido desde comienzos de siglo como parte de un proceso político más amplio, marcado, según su tesis, por los acuerdos entre socialistas, nacionalistas y fuerzas independentistas.

Esa visión ocupa un lugar central en Una verdad incómoda, presentado este 7 de octubre de 2026 en Burgos. El acto figura en la programación del Círculo de la Unión de Burgos para este miércoles.

Mayor Oreja preside además la Fundación NEOS, organización vinculada al humanismo cristiano y que ha situado cuestiones como la unidad de España, la memoria del terrorismo, la familia o el debate cultural entre sus principales campos de actividad.

ETA, Bildu y una discusión donde las palabras pesan

La controversia alrededor de estas declaraciones no se limita al pasado. Toca una de las cicatrices políticas más sensibles de España: qué relación debe establecerse entre la memoria de ETA y la normalización institucional de la izquierda abertzale.

Para Mayor Oreja, separar completamente ambas realidades supone borrar una continuidad histórica y política. Para quienes rechazan esa lectura, identificar a una coalición legal con una organización terrorista ya desaparecida confunde planos diferentes y convierte una genealogía política discutible en una equivalencia absoluta.

Entre ambos extremos aparece una cuestión más incómoda. El abandono de las armas no hace desaparecer de golpe décadas de historia, víctimas, responsabilidades y discursos. Tampoco permite ignorar que la política democrática funciona con partidos legales, votos y representación parlamentaria. Las dos realidades conviven, a veces con enorme fricción.

La memoria tampoco se disuelve por decreto

Ese choque explica por qué ETA continúa apareciendo en la política española tantos años después de su último atentado. No porque haya regresado como organización terrorista —no lo ha hecho—, sino porque permanece abierta la batalla sobre cómo interpretar su derrota, qué herencia política dejó y hasta dónde debe alcanzar la memoria de las víctimas.

Mayor Oreja ha elegido la formulación más contundente posible: ETA, afirma, pertenece al presente y también al futuro. El dato histórico marca otra frontera: la organización abandonó definitivamente las armas en 2011 y se disolvió en 2018.

Lo que sigue vivo es la discusión sobre su legado, y esa discusión ha entrado de lleno en el Congreso desde que EH Bildu adquirió un peso parlamentario capaz de participar en mayorías estatales.

El verdadero choque está en cómo se cuenta el final de ETA

La última intervención de Mayor Oreja devuelve, por tanto, una vieja discusión al primer plano. Nadie puede borrar que ETA dejó de matar, fue desmantelada y terminó disolviéndose. Tampoco puede borrarse que durante décadas intentó imponer objetivos políticos mediante el asesinato y el miedo.

La controversia empieza después. Para el exministro, el proyecto sobrevivió a las pistolas y encontró una nueva vía en la política institucional; de ahí su acusación contra Sánchez y su negativa a hablar de una derrota completa. Para sus adversarios, esa lectura convierte interesadamente a EH Bildu en sinónimo de ETA y borra la diferencia esencial entre terrorismo y actividad política legal.

Veinticinco años después de que Mayor Oreja estuviera al frente de Interior, la disputa ya no gira alrededor de comandos, zulos o treguas. Gira alrededor de votos, pactos, memoria y palabras. Pero precisamente por eso sigue siendo áspera: España cerró el tiempo de las armas; el relato sobre cómo terminó todavía está en disputa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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