España
Milei deja Madrid sin fotos con Feijóo, Abascal ni Felipe VI en España
Milei cerró su visita a Madrid sin reunirse con Feijóo, Abascal ni Felipe VI, mientras Ayuso fue su principal respaldo político durante la gira
Imagen: Gage Skidmore / CC BY-SA 2.0.
Resumen
- Milei dejó Madrid sin reunirse con Feijóo, Abascal ni Felipe VI
- Ayuso fue la única dirigente española de primer nivel que lo recibió
- Los ataques a Sánchez dominaron una visita con pocas fotos políticas
Javier Milei terminó su visita a Madrid con bastante menos fotografía política de la que suele acompañar sus desembarcos españoles. El presidente argentino no se reunió con Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal ni Felipe VI. La única dirigente española de primer nivel que lo recibió institucionalmente fue Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, en un encuentro celebrado el 21 de octubre y confirmado pocas horas antes.
Eso no significa, conviene precisar, que todos cerraran la puerta de golpe. Abascal estaba haciendo campaña fuera de Madrid y habló con Milei por videollamada; Feijóo tenía un acto político en Sevilla y ni siquiera figuraba en la agenda presidencial argentina; la Casa del Rey, por su parte, recordó a Buenos Aires que una audiencia con Felipe VI debe ir acompañada, conforme a la práctica habitual, de un encuentro con el presidente del Gobierno. Milei mantiene una ruptura política abierta con Pedro Sánchez, y ahí empieza buena parte del problema.
El resultado, sin embargo, fue poco habitual para alguien que ha convertido sus viajes internacionales también en escenarios de batalla ideológica. En su séptima visita a España desde que llegó a la Casa Rosada, Milei tuvo actos académicos y políticos, se reunió con representantes de Vox y desplegó un durísimo discurso contra Sánchez, pero se marchó sin una reunión con los líderes nacionales de PP y Vox y sin audiencia con el jefe del Estado.
Una visita con mucho ruido y pocas fotos de primer nivel
La política tiene esas pequeñas unidades de medida que no aparecen en los tratados de ciencia política. Una de ellas es la foto. Quién recibe a quién, dónde, cuánto dura el encuentro y cuántas cámaras esperan en la puerta cuentan casi tanto como el comunicado posterior. En Madrid, esta vez, la escenografía política habló bastante.
Las imágenes relevantes fueron escasas. Ayuso fue la excepción. La presidenta madrileña recibió a Milei en las instalaciones del Canal de Isabel II y mantuvo con él una reunión de casi dos horas. Hablaron de la situación política española y argentina, de las clases medias, de Ceuta y de otros asuntos de interés para ambos gobiernos. Milei invitó a Ayuso a Argentina y ella le pidió que acuda a la próxima Cumbre Iberoamericana en Madrid.
La escena contrastó con visitas anteriores. En junio de 2024, Ayuso concedió a Milei la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid en la Real Casa de Correos, con una puesta en escena de mucho mayor voltaje político. Esta vez hubo abrazo, regalos y fotografías oficiales, pero no comparecencia conjunta ante los periodistas.
No fue una ruptura, ni mucho menos. Ayuso publicó después un mensaje especialmente cálido y sostuvo que Madrid seguirá siendo una casa amiga para Milei. La relación entre ambos dirigentes continúa intacta. Lo novedoso estaba alrededor: mientras Sol abría la puerta, las principales figuras nacionales de la derecha española permanecían lejos de la fotografía.
Abascal estuvo lejos, pero no rompió con Milei
La ausencia más llamativa fue la de Santiago Abascal. Milei y el líder de Vox han cultivado durante años una relación política y personal muy estrecha, con encuentros en España y Argentina y una notable coincidencia ideológica.
Esta vez no coincidieron físicamente. Vox explicó que Abascal mantenía su agenda electoral en Galicia y Asturias y había comunicado esa circunstancia al presidente argentino antes del viaje. El dirigente español presentó la ausencia como una cuestión de campaña, no como un distanciamiento político, y siguió describiendo a Milei como un aliado.
Milei sí mantuvo un encuentro con el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, y con Jorge Martín Frías, director de la Fundación Disenso, vinculada al partido. Es decir, Vox no desapareció de su agenda. Lo que desapareció fue la fotografía de máximo nivel con Abascal.
La videollamada que salvó la escenografía
Hubo, eso sí, una videollamada. Milei habló con Abascal y ambos se esforzaron en dejar claro que la amistad política sobrevivía perfectamente a la distancia física. Entre bromas y ataques a la izquierda, Abascal explicó que estaba recorriendo España en campaña y que le habría gustado encontrarse personalmente con el mandatario argentino.
La secuencia permitió a ambas partes negar cualquier fractura, aunque no cambia el dato político: Abascal priorizó su campaña española y Milei terminó la jornada sin la imagen conjunta que en otros viajes habría resultado casi automática.
Feijóo también quedó fuera de la fotografía
Alberto Núñez Feijóo tampoco estuvo en la agenda. El líder del PP participó ese día en un acto en Sevilla centrado en vivienda y no mantuvo ningún encuentro con Milei. En plena precampaña de las generales del 29 de noviembre, Génova trató de mantener la visita del presidente argentino a cierta distancia del discurso nacional del PP.
Hay una razón política bastante visible. Milei llegó a Madrid reivindicando la motosierra sobre el gasto público, asegurando que los impuestos constituyen un robo y presentando su modelo argentino como ejemplo para combatir lo que denomina decadencia occidental. Son mensajes compatibles con una parte del electorado conservador, pero bastante más incómodos cuando una campaña española gira alrededor de pensiones, servicios públicos, vivienda y protección social.
La dirección del PP respaldó institucionalmente que Ayuso se reuniera con el jefe del Estado argentino, recordando los profundos vínculos entre España y Argentina. Otra cosa era colocar a Feijóo delante de las cámaras con Milei pocas semanas antes de las urnas. Ahí la fraternidad ideológica perdió, de repente, algo de fotogenia.
Zarzuela puso un límite protocolario
El episodio de Felipe VI merece una precisión especial. La Casa Real no rechazó una petición formal de visita de Estado. El Gobierno argentino había trasladado de manera informal el interés de Milei por reunirse con el rey, como había ocurrido en viajes anteriores, pero la audiencia no llegó a celebrarse.
La posición de Zarzuela fue clara: la práctica institucional española establece que un encuentro con el jefe del Estado debe estar acompañado de otro con el jefe del Gobierno. Milei mantiene una relación cordial con Felipe VI, pero se niega a reunirse con Pedro Sánchez. El encaje institucional, por tanto, resulta complicado incluso antes de abrir la agenda.
Milei atribuyó públicamente la falta de encuentro con el monarca a una cuestión de agendas. Zarzuela añadió el matiz protocolario. No es exactamente una puerta cerrada en las narices, pero tampoco la audiencia con Felipe VI que buscaba la Presidencia argentina.
Milei convirtió Madrid en otra batalla contra Sánchez
Donde no hubo ninguna contención fue en el discurso. Durante el desayuno organizado por Nueva Economía Fórum, Milei llamó a Pedro Sánchez “impresentable dictador”, lo acusó de corrupción y cargó con especial dureza contra el Gobierno español.
El Ministerio de Asuntos Exteriores reaccionó con una condena poco habitual por su tono. Consideró indigno que un jefe de Estado extranjero utilizara una visita a España para fomentar la polarización y rechazó tanto los insultos dirigidos a Sánchez como las expresiones que interpretó como una escalada de la confrontación política.
El choque terminó absorbiendo buena parte de la visita. Milei había venido también a hablar de economía y a defender su gestión argentina ante empresarios e inversores, pero sus ataques al Gobierno español dominaron la conversación pública. La paradoja es apreciable: mientras buscaba reforzar a sus aliados ideológicos españoles, terminó ofreciendo al PSOE munición para vincular a PP y Vox con su política de recortes.
En la Universidad Rey Juan Carlos, donde Milei participó en un acto vinculado a la Escuela Austríaca de Economía, también hubo protestas de estudiantes y trabajadores. Su presencia en una universidad pública provocó críticas entre sectores académicos que cuestionan precisamente su discurso contra el peso del Estado y la educación pública.
Ayuso quedó como la gran anfitriona de Milei
La fotografía final permite pocas dudas. Ayuso fue quien sostuvo públicamente el puente político con Milei. No solo recibió al presidente argentino: le entregó una edición del Quijote impresa en Madrid en 1819, una escultura artesanal vinculada a las siete estrellas de la bandera madrileña y un libro sobre la influencia española en Estados Unidos.
Fue también la dirigente que asumió sin complejos la cercanía. Mientras Feijóo construía su jornada electoral lejos de Madrid y Abascal recorría el norte de España, la presidenta autonómica mantuvo casi dos horas de conversación con Milei y defendió el vínculo entre Madrid y Argentina.
Hay afinidad ideológica, pero también una relación política construida durante años. Ayuso recibió a Milei en 2024, volvió a verlo posteriormente en Madrid y fue recibida por él en la Casa Rosada en enero de 2026. La relación entre ambos no apareció, precisamente, con esta visita.
Lo peculiar fue el contexto. La confirmación llegó a última hora de la mañana, cuando desde Argentina el encuentro llevaba tiempo incluido en la agenda. Esa prudencia previa mostró que incluso para quienes simpatizan con Milei la visita llegaba en un momento electoral delicado.
Una gira que retrató los límites de la afinidad ideológica
Milei no quedó políticamente solo en Madrid. Esa sería una exageración fácil y poco precisa: tuvo a Ayuso, dirigentes de Vox, la Fundación Disenso, economistas afines y espacios desde los que defender su programa. Pero tampoco consiguió convertir la visita en una exhibición de apoyo de la derecha española.
Feijóo no estuvo, Abascal no estuvo físicamente y Felipe VI tampoco. La fotografía institucional de mayor peso fue la de Ayuso. No se anunciaron grandes acuerdos bilaterales y el debate público quedó dominado por los insultos a Sánchez, la respuesta del Gobierno y la incomodidad electoral que el visitante provocó incluso entre quienes comparten parte de su diagnóstico político.
La escena resume bastante bien la política contemporánea. A distancia, las afinidades ideológicas son fáciles; delante de una cámara, a pocas semanas de unas elecciones, cada abrazo pesa unos cuantos gramos más. Milei llegó dispuesto a dar la batalla cultural y la dio. Las fotos, en cambio, fueron bastante más difíciles de conseguir.
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