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Cultura

Muere Sanjulián a los 85 años, maestro español de Vampirella y Conan

Sanjulián, autor de portadas míticas de Vampirella, Creepy y Conan, muere a los 85 años tras una carrera clave en la ilustración fantástica.

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Muere Sanjulián a los 85 años

Fuente de la imagen: Hey Kids Comics Wiki

Resumen

  • El ilustrador Sanjulián ha muerto a los 85 años
  • Fue autor de portadas míticas de Vampirella, Creepy y Conan
  • Su obra llevó la fantasía española a editoriales y colecciones de todo el mundo

Manuel Pérez-Sanjulián Clemente, Sanjulián, uno de los grandes nombres españoles de la ilustración fantástica, ha muerto a los 85 años. El artista barcelonés falleció el miércoles 14 de octubre, según comunicó David García Sariñena, amigo suyo y director del documental Sanjulián: el poder de la ilustración, citando a la familia. La información difundida sobre su fallecimiento no ha detallado la causa.

Su nombre quizá no resultara tan familiar para el gran público como los personajes que pasaron por sus pinceles, pero su obra llevaba décadas instalada en el imaginario de millones de lectores. Vampirella, Creepy, Eerie y Conan el Bárbaro, monstruos clásicos, guerreros, vampiros y mundos imposibles: Sanjulián convirtió la portada en algo más que un envoltorio. En muchas ocasiones era la razón por la que uno se acercaba al quiosco, cogía la revista y ya no la soltaba.

El español que conquistó las portadas de Estados Unidos

Nacido en Barcelona en 1941, Sanjulián llegó a la ilustración profesional por un camino que casi termina en alta mar. Durante su juventud había pensado seguir la tradición familiar y convertirse en marino mercante. El dibujo, en principio, era otra cosa. Una afición. Los encargos fueron torciendo aquel rumbo y terminó incorporándose a Selecciones Ilustradas, la histórica agencia dirigida por Josep Toutain que funcionó como pasaporte internacional para toda una generación de artistas españoles.

Primero hubo historietas, encargos publicitarios, trabajos para publicaciones escandinavas, westerns, detectives y cómic bélico destinado al mercado británico. Después apareció aquello para lo que parecía especialmente dotado: condensar una historia completa en una sola imagen. Un rostro, una espada, una criatura entre sombras; detrás, un mundo entero.

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Y llegó Estados Unidos. A comienzos de los años setenta, cuando abrirse camino en Nueva York desde la España de entonces no consistía precisamente en mandar un archivo y esperar respuesta, Sanjulián entró en el mercado editorial estadounidense. Empezó a trabajar para Warren Publishing, una de las casas esenciales del cómic de terror de la época, y sus pinturas aparecieron en cabeceras como Creepy, Eerie y, sobre todo, Vampirella.

Vampirella convirtió sus portadas en objetos de culto

La asociación entre Sanjulián y Vampirella terminó siendo especialmente poderosa. La vampiresa creada para Warren vivía entre el erotismo pulp, el terror gótico y la fantasía; un territorio hecho casi a medida para la pintura del español. Sus composiciones tenían músculo y teatralidad, pero también una cualidad extraña, casi táctil: metal que parecía pesar, piel iluminada por velas, niebla, piedra húmeda, sangre, terciopelo.

No era dibujo rápido ni una estética concebida para desaparecer después de un vistazo. Sanjulián trabajaba con procedimientos clásicos, preparando sus obras a lápiz o carboncillo y desarrollándolas después con óleo, una técnica que mantuvo incluso cuando la industria abrazó definitivamente las herramientas digitales. Todavía con más de 80 años seguía pintando y aceptando encargos.

Ahí está parte de su singularidad. Mientras la tecnología hacía cada vez más veloz la producción de imágenes, él seguía frente a superficies grandes, pinceles en mano. Viejo método, resultado nada viejo. Sus ilustraciones conservaban esa textura física que permite imaginar el tiempo invertido en cada sombra, cada brillo metálico, cada gesto.

De Conan a Star Wars: una carrera mucho mayor que el cómic

Reducir a Sanjulián a Vampirella sería cómodo y bastante injusto. Su producción se extendió a las cubiertas de novelas, la publicidad, el western, la ciencia ficción, el cine y la espada y brujería, género en el que dejó algunas de sus imágenes más reconocibles.

Sus ilustraciones para libros de Conan el Bárbaro multiplicaron su presencia internacional. Guerreros descomunales, ruinas, hechiceros, criaturas y mujeres envueltas en una iluminación casi cinematográfica componían un universo que dialogaba inevitablemente con Frank Frazetta, otro gigante del género, pero sin confundirse con él. Sanjulián poseía una precisión de retratista y una querencia por la composición espectacular que hacían reconocible su trabajo.

El cine, de hecho, estuvo siempre muy cerca. Realizó carteles e ilustraciones cinematográficas y su obra despertó la admiración de cineastas como George Lucas y Peter Jackson. Su pincel también pasó por universos como Star Wars y El Señor de los Anillos, mientras algunas de sus pinturas fueron incorporándose a importantes colecciones internacionales.

Cuando una portada tenía que vender un mundo entero

Hay algo en la obra de Sanjulián que pertenece a una época muy concreta de la cultura popular. Antes del tráiler vertical, el algoritmo y las campañas capaces de perseguir al espectador hasta dentro de la tostadora, una imagen tenía que hacer mucho trabajo por sí sola. Una buena portada debía detener al lector ante un quiosco abarrotado. Un cartel tenía apenas unos segundos para insinuar aventura, sexo, peligro o misterio.

Sanjulián dominaba ese golpe visual sin convertirlo en una imagen vacía. Sus cuadros prometían historias. A veces, incluso prometían una historia más fascinante que la que esperaba dentro. El espectador podía imaginar qué había sucedido cinco minutos antes de aquella escena y, quizá más importante, qué desastre estaba a punto de ocurrir cinco minutos después.

Por eso muchas de aquellas cubiertas sobrevivieron a las propias publicaciones. Dejaron de ser publicidad y se convirtieron en piezas de coleccionismo. En los últimos años sus originales seguían despertando interés entre aficionados de distintos países y Sanjulián continuaba trabajando para clientes particulares y proyectos vinculados a la ilustración fantástica.

Un reconocimiento internacional mayor que el recibido en España

La carrera de Sanjulián arrastra también una historia bastante española: la del creador que resulta enorme fuera antes de ser plenamente reconocido dentro. En Estados Unidos su nombre llevaba décadas asociado a la edad dorada de la ilustración fantástica; en España, durante mucho tiempo, su prestigio permaneció bastante más concentrado entre aficionados al cómic, profesionales y coleccionistas.

No es exactamente una rareza nacional, aunque aquí practicamos el género con notable constancia. Exportar talento primero y descubrir después que era nuestro tiene algo de tradición administrativa. Sanjulián, mientras tanto, construyó una carrera en la que el reconocimiento extranjero no fue una anécdota, sino parte central de su trayectoria.

Expuso en la Society of Illustrators de Nueva York, trabajó para editoriales internacionales y vio cómo varias generaciones redescubrían unas imágenes creadas originalmente para revistas, novelas o campañas comerciales. La frontera entre ilustración popular y arte, tan rígida durante años, fue deshaciéndose mientras su obra envejecía justo al contrario que muchas modas: ganando presencia.

Residió durante años en Sitges, ciudad íntimamente ligada al cine fantástico, y también dejó allí su huella con trabajos relacionados con su festival. Su muerte se ha conocido precisamente durante las fechas del certamen, una coincidencia cargada de una melancolía difícil de pasar por alto.

El gran libro de Sanjulián llegó al final de su vida

En 2025, apenas un año antes de su muerte, se publicó Sanjulián. La fantasía ilustrada, un extenso volumen dedicado a recorrer su trayectoria. Con más de 500 páginas y centenares de ilustraciones, la obra atraviesa sus primeros trabajos, las cubiertas de libros, los monstruos, el cine, la espada y brujería y, naturalmente, Vampirella.

No era una recopilación póstuma organizada cuando el artista ya no podía intervenir en ella. Sanjulián participó en la selección del material y abrió sus archivos personales, de donde salieron trabajos poco vistos e incluso inéditos. El libro apareció cuando todavía seguía dibujando y pintando, con esa rara mezcla de artesano antiguo y profesional acostumbrado a trabajar para una industria internacional.

Su vida también había quedado registrada unos años antes en Sanjulián: el poder de la ilustración, documental estrenado en 2021 y dirigido por David García Sariñena, precisamente la persona que ha comunicado la noticia de su fallecimiento. La película recorría su trayectoria a través del propio artista y de quienes compartieron con él décadas de oficio.

Quedan las portadas que no permitían pasar de largo

Sanjulián murió a los 85 años después de más de seis décadas dibujando mundos que nunca existieron y consiguiendo, paradójicamente, que parecieran bastante reales. Esa era su trampa favorita. Podía pintar a un bárbaro frente a una criatura imposible, una vampiresa entre calaveras o una galaxia remota y dotarlo todo de peso, temperatura, carne y sombra.

Fue ilustrador comercial, sí, y conviene no disfrazarlo de otra cosa para ennoblecerlo. Precisamente ahí reside parte de su grandeza. Convirtió encargos comerciales en imágenes memorables, trabajos destinados a vender revistas o novelas que terminaron colgados en paredes, recopilados en grandes ediciones y buscados por coleccionistas.

Se marcha, además, uno de los últimos representantes de una manera física de hacer ilustración: boceto, carboncillo, pincel, óleo, horas y una superficie que había que manchar de verdad. Sin botón para deshacer. Cada corrección exigía oficio; cada luz tenía que convivir con la pintura que había debajo.

Las revistas desaparecieron de muchos quioscos, algunas editoriales cerraron y buena parte de aquella cultura gráfica pertenece ya a otro siglo. Las imágenes, en cambio, siguen ahí. Vampirella continúa mirando desde la portada, Conan todavía levanta la espada y los monstruos de Sanjulián conservan esa oscuridad espesa, casi de cine viejo. El artista ha muerto; su mundo fantástico permanece.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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