Cultura
Muere Ryu Murakami, autor de ‘Azul casi transparente’, a los 74 años
Ryu Murakami, autor de Azul casi transparente, ha muerto a los 74 años. Su obra retrató el lado más oscuro, violento y contradictorio de Japón.
Imagen: Joi Ito / CC BY 2.0.
Resumen
- Ryu Murakami murió el 17 de octubre en su domicilio, a los 74 años
- La muerte del autor de Azul casi transparente se conoció seis días después
- Su obra retrató el lado más violento, incómodo y marginal del Japón moderno
El escritor japonés Ryu Murakami ha muerto a los 74 años, una pérdida que deja a la literatura contemporánea sin una de sus voces más incómodas, provocadoras y difíciles de domesticar. El autor de Azul casi transparente y Sopa de miso falleció el pasado 17 de octubre en su domicilio, aunque la noticia no se hizo pública hasta este viernes 23, cuando su editorial comunicó oficialmente el fallecimiento. La causa de la muerte no ha sido difundida.
El funeral se celebró de forma privada, únicamente con familiares cercanos. Murakami deja una obra atravesada por la violencia, el sexo, las drogas y la alienación juvenil, pero también por la economía, el poder y las contradicciones de una sociedad japonesa que durante décadas proyectó al exterior una imagen de orden, disciplina y prosperidad. Él prefirió levantar la alfombra. Debajo había bastante más que contar.
Ryu Murakami murió el 17 de octubre y la noticia se conoció después
La muerte se produjo el sábado 17 de octubre y permaneció durante varios días en el ámbito familiar. La editorial comunicó posteriormente el fallecimiento y destacó la importancia de un autor que mantuvo durante medio siglo una conexión particular con los lectores más jóvenes. La familia optó por una despedida discreta y, por el momento, no se ha comunicado públicamente la causa.
Nacido en Sasebo, en la prefectura de Nagasaki, en 1952, Murakami creció en un Japón todavía condicionado por la posguerra y entró en la edad adulta justo cuando el país aceleraba hacia la prosperidad económica. Ese paisaje, brillante en los escaparates y bastante más turbio en algunas vidas privadas, acabaría convertido en combustible literario.
Sus novelas rara vez se interesaron por el Japón perfectamente ordenado de oficinas, trenes puntuales y crecimiento industrial. En su lugar aparecieron jóvenes desorientados, habitaciones asfixiantes, prostitución, drogas y violencia; personajes que buscan una salida mientras el mundo que los rodea parece haberles entregado las instrucciones equivocadas.
‘Azul casi transparente’, el debut que sacudió la literatura japonesa
Murakami irrumpió en las letras japonesas sin demasiadas ceremonias. En 1976, con apenas 24 años, publicó Azul casi transparente, una novela breve centrada en un grupo de jóvenes que vive cerca de una base militar estadounidense entre drogas, sexo, música y una sensación de vacío casi física.
El libro obtuvo el Premio Gunzo para nuevos escritores y, ese mismo año, el prestigioso Premio Akutagawa, uno de los grandes reconocimientos literarios de Japón. El éxito comercial fue inmediato: la novela llegó a vender alrededor de un millón y medio de ejemplares en apenas seis meses. No era precisamente literatura para tranquilizar a padres, profesores o guardianes de las buenas costumbres.
Una literatura que no apartaba la mirada
La crudeza no era un simple recurso para provocar. Murakami utilizaba esos ambientes extremos para hablar de algo más amplio: la pérdida de referentes, la influencia estadounidense y la frustración juvenil dentro de un país que avanzaba económicamente a una velocidad extraordinaria, aunque no todos sus ciudadanos supieran muy bien hacia dónde.
La línea quedó marcada desde el principio. En 1980 apareció Los chicos de las taquillas, la historia de dos niños abandonados al nacer en consignas de estaciones y criados después en circunstancias radicalmente distintas. La novela recibió el Premio Noma para nuevos escritores y confirmó que detrás del ruido inicial había algo bastante más sólido: una voz literaria propia.
De ‘Sopa de miso’ a ‘Audition’: el Japón bajo las luces de neón
Con los años, Murakami amplió su territorio sin perder aquella mirada casi clínica hacia las zonas incómodas de la sociedad. Piercing, 69, Audition o Sopa de miso forman parte de una bibliografía extensa donde conviven el thriller psicológico, la sátira, el sexo, la violencia y una crítica constante a la vida contemporánea.
Sopa de miso, publicada originalmente en 1997, sigue a un joven japonés que trabaja como guía para extranjeros por la vida nocturna de Tokio y recibe como cliente a un estadounidense inquietante. Lo que comienza entre clubes, neones y calles de Kabukicho acaba internándose en un territorio mucho más oscuro. La obra obtuvo ese mismo año el Premio Yomiuri de Literatura.
Murakami entendía bien la potencia cinematográfica de las imágenes. Trabajó también como director y guionista, y varias de sus historias dieron el salto al cine. Audition se convirtió en 1999, bajo la dirección de Takashi Miike, en una de las películas japonesas de terror psicológico más reconocibles fuera del país. Su universo sobrevivía perfectamente al cambio de formato: de la página a una sala oscura, apenas perdía temperatura.
Mucho más que provocación, sexo y violencia
Reducir a Ryu Murakami al escritor de los excesos sería cómodo, pero bastante pobre. Su obra exploró también la corrupción, el consumismo, la familia, la identidad y la precariedad emocional de quienes crecieron dentro de una sociedad aparentemente ordenada y terminaron descubriendo que el orden no siempre significa bienestar.
En Ai to Gensō no Fascism, publicada en 1987, imaginó incluso el ascenso de un movimiento político dispuesto a reorganizar Japón mediante un proyecto autoritario. Vista desde décadas después, aquella combinación de miedo colectivo, frustración social y desconfianza institucional resulta menos extravagante de lo que pudo parecer en el momento de su publicación.
También sabía cambiar de registro. En 2003 publicó 13-sai no Hello Work, un libro dirigido a adolescentes para acercarlos al mundo de las profesiones y el empleo que se convirtió igualmente en un fenómeno editorial. Dos años más tarde apareció Hantō wo Deyo, una ambiciosa ficción sobre una invasión de Japón desde la península coreana. Murakami podía pasar de un barrio rojo de Tokio a discutir sobre trabajo, economía o geopolítica sin perder su voz.
Ryu Murakami no era Haruki Murakami
La aclaración ha acompañado durante años cualquier conversación internacional sobre su obra: Ryu Murakami y Haruki Murakami no eran familiares. Compartían apellido, generación y un peso enorme dentro de la literatura japonesa contemporánea, pero sus universos siguieron caminos muy diferentes.
Mientras Haruki construyó buena parte de su literatura alrededor de la soledad, los recuerdos, lo onírico y las grietas por las que lo extraño entra en la vida cotidiana, Ryu prefería algo mucho más físico: cuerpos, dinero, drogas, deseo y marginación. Uno abría una puerta secreta detrás de una pared; el otro te empujaba a la calle a las tres de la madrugada.
Durante una época fueron conocidos en Japón como los “dos Murakami”, una etiqueta casi inevitable cuando ambos terminaron convertidos en nombres fundamentales de las letras del país durante los años ochenta. Ryu, sin embargo, levantó una identidad literaria suficientemente reconocible como para que la comparación terminara resultando secundaria.
Un escritor que también llevó la economía a la televisión
Su presencia pública desbordó la novela. Durante aproximadamente dos décadas participó en Cambrian Palace, un conocido programa japonés de entrevistas centrado en empresas y economía, donde conversaba con directivos y figuras relevantes de la industria.
No era un giro tan extraño como podía parecer. Murakami llevaba toda su carrera observando qué hacen el dinero, el poder y las estructuras económicas con las personas. La televisión simplemente cambió el escenario: del personaje de ficción al ejecutivo sentado delante de una cámara.
Tras conocerse su fallecimiento, distintas voces de la cultura japonesa recordaron precisamente esa capacidad para retratar las luces y sombras de la sociedad, las inquietudes de varias generaciones y las transformaciones de un país que cambió de manera vertiginosa durante su vida. Su influencia tampoco quedó encerrada en el circuito literario: cine, televisión y debate social formaron parte del mismo recorrido.
El escritor que prefirió enseñar las grietas
Ryu Murakami empezó escribiendo sobre jóvenes perdidos alrededor de una base estadounidense y terminó convertido en uno de los autores necesarios para entender la literatura japonesa de las últimas décadas. Entre medias hubo novelas, películas, premios y polémicas, pero también adolescentes buscando trabajo, empresarios frente a una cámara y personajes caminando por un Japón que nunca resultaba tan impecable como parecía desde fuera.
Murió a los 74 años, medio siglo después de aquel debut que escandalizó y fascinó a Japón prácticamente al mismo tiempo. Azul casi transparente contenía ya buena parte de lo que vendría después: la cámara pegada a los personajes, la incomodidad, el exceso y cierta belleza enterrada en lugares que, a primera vista, tenían muy poco de bellos.
Esa quizá fue su rareza más duradera. Ryu Murakami no protegía al lector de la realidad. Prefería quitarle el envoltorio y dejarla encima de la mesa, áspera, contradictoria y muchas veces desagradable. Precisamente por eso sus libros siguen teniendo algo que decir.
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