España
Ceuta despliega a la Policía en Los Rosales, el Tarajal y barriadas
La Policía amplía el operativo en Ceuta a Los Rosales y el Tarajal, con traslados al CATE y una nueva fase centrada en las barriadas periféricas.
Imagen: Mario Sánchez Bueno / CC BY-SA 2.0.
Resumen
- La Policía actúa en Los Rosales y el Tarajal con cerca de cien agentes
- Los migrantes localizados son trasladados al CATE para su identificación
- Ceuta entra en una fase centrada en barriadas tras vaciar grandes campamentos
La Policía Nacional ha desplegado este domingo un amplio dispositivo en Los Rosales, Poblado Regulares y el Tarajal, en Ceuta, para localizar y trasladar a las personas migrantes que todavía permanecían durmiendo en las calles, en asentamientos improvisados o en las inmediaciones del polígono fronterizo. La operación comenzó a primera hora de la mañana con cerca de un centenar de agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y se trasladó después hacia las naves del Tarajal.
Las personas localizadas son conducidas en autobús al Centro de Atención Temporal para Extranjeros (CATE), donde se procede a su identificación y se estudia su situación administrativa. Desde allí pueden ser derivadas a recursos temporales de acogida, entre ellos Loma Colmenar, o acogerse al retorno voluntario a Marruecos. El operativo supone un cambio de escenario: después de actuar sobre los grandes campamentos de las playas, la Policía entra de lleno en las barriadas donde se habían refugiado numerosos migrantes tras los desalojos anteriores.
Un centenar de agentes entra en Los Rosales al amanecer
El despliegue comenzó alrededor de las 7.00 horas en Los Rosales, donde participaron aproximadamente cien agentes de la UIP. También intervinieron otras unidades policiales y la Policía Local asumió labores relacionadas con el tráfico. Parte de la avenida Claudio Vázquez quedó cerrada a la circulación para facilitar la actuación de los efectivos.
Los agentes fueron localizando a grupos de migrantes y concentrándolos antes de su traslado. Según las primeras informaciones conocidas, salieron cuatro autobuses de la barriada con destino al CATE, aunque ninguno completó las aproximadamente 60 plazas disponibles. La intervención en esta primera zona transcurrió sin incidentes relevantes y terminó hacia las nueve de la mañana.
No es un detalle menor. Los Rosales llevaba semanas apareciendo entre las zonas señaladas por la Delegación del Gobierno debido a la presencia de personas que habían abandonado otros asentamientos. Tras los desalojos de Benítez, El Trampolín y El Guano, parte de quienes no querían regresar a Marruecos se desplazó hacia barrios periféricos, viviendas precarias, descampados y otros puntos menos visibles de la ciudad. El mapa de la crisis había cambiado: menos grandes campamentos a la vista, más dispersión por las barriadas.
El operativo se traslada después al Tarajal
Finalizada la primera intervención, el dispositivo se desplazó hacia el polígono industrial del Tarajal, donde desde primeras horas había presencia policial. Allí la situación fue más tensa y algunos migrantes intentaron marcharse al advertir la llegada de los agentes.
El Tarajal era el gran punto pendiente. En los últimos días había crecido allí un entramado de chabolas y refugios improvisados en el que convivían hombres, mujeres, niños y familias con bebés. La acumulación de residuos, las condiciones de salubridad y diversos episodios de peleas e incendios habían elevado la preocupación tanto de las autoridades como de los residentes de las barriadas próximas.
La Policía había anunciado de antemano que terminaría actuando. No fue, por tanto, un movimiento improvisado de domingo por la mañana. El delegado del Gobierno en Ceuta, David de la Encina, había situado el Tarajal como una intervención prioritaria dentro de la primera fase del dispositivo y había anticipado una segunda etapa centrada específicamente en Los Rosales, El Príncipe y otros barrios de la periferia.
Qué ocurre con los migrantes trasladados al CATE
El procedimiento aplicado reproduce el utilizado durante las operaciones anteriores. Las personas localizadas son trasladadas al CATE del Tarajal para ser identificadas y para determinar su situación. Quienes permanecen en España pueden pasar a alguno de los recursos de acogida habilitados mientras se tramita el expediente correspondiente; quienes lo deciden pueden regresar voluntariamente a Marruecos.
La identificación administrativa es precisamente uno de los elementos que explican por qué algunas personas tratan de evitar estos dispositivos. Una vez registrada su identidad se abre la vía correspondiente —protección internacional, devolución u otras circunstancias según cada expediente— y deja de existir ese limbo práctico que durante semanas permitió a numerosas personas permanecer dispersas por Ceuta sin haber completado el proceso de filiación.
El Gobierno asegura que existen plazas suficientes para los adultos que sean derivados a los dispositivos temporales, aunque la situación es más delicada en el caso de los menores, cuya tutela y acogida requieren recursos específicos. Días antes del operativo, la Delegación del Gobierno ya había reconocido que la capacidad disponible para menores era más limitada.
Aquí conviene no confundir conceptos. Desalojar un asentamiento no equivale automáticamente a una expulsión de todas las personas que estaban en él. Una cosa es retirar una ocupación de la vía pública y trasladar a sus integrantes para identificarlos; otra, la resolución administrativa o judicial aplicable a cada persona. En inmigración, como casi siempre que el debate político alcanza temperatura de sartén, la realidad jurídica resulta bastante menos instantánea que el eslogan.
Ceuta entra en una segunda fase de la crisis migratoria
El operativo llega más de dos meses después de la entrada masiva registrada los días 30 y 31 de julio, que desbordó durante semanas la capacidad ordinaria de acogida de la ciudad autónoma y obligó a habilitar recursos excepcionales. Desde entonces se han sucedido campamentos improvisados, dispositivos policiales, identificaciones, expedientes y retornos a Marruecos.
El Ministerio del Interior daba el viernes 16 de octubre por superada la primera fase del dispositivo extraordinario y cifraba en alrededor de 12.000 los retornos voluntarios a Marruecos desde agosto. Interior aseguró también que se habían reforzado los medios administrativos hasta poder tramitar alrededor de un centenar de expedientes diarios.
Unos días antes, los datos oficiales situaban en 4.432 los adultos que habían completado el triaje y en 3.019 los menores filiados. Las cifras han ido cambiando rápidamente porque continúan tanto los retornos como las identificaciones y los procedimientos de acogida.
El Gobierno había ido desmontando previamente los principales asentamientos establecidos en las playas y otros espacios públicos. En El Guano, por ejemplo, el operativo movilizó a unas 600 personas; 348 optaron por volver voluntariamente a Marruecos y 178 menores fueron derivados a un recurso gestionado por la Ciudad Autónoma, según los datos facilitados por la Delegación del Gobierno.
El Príncipe y otros barrios siguen en el radar policial
Que desaparezca el gran asentamiento del Tarajal no significa que desaparezca la presencia de migrantes fuera de los recursos oficiales. Las autoridades saben que todavía hay personas alojadas o pernoctando en El Príncipe, el Sarchal y otras zonas periféricas, además de pequeños grupos que han buscado refugio en áreas de monte.
Precisamente esa dispersión por las barriadas explica la nueva estrategia. Hasta hace pocas semanas era relativamente sencillo localizar grandes concentraciones en playas como Benítez o El Trampolín. Una vez levantados esos campamentos, parte de sus ocupantes se desplazó hacia puntos más difíciles de controlar. El problema dejó de tener la apariencia de una hilera de tiendas sobre la arena y pasó a esconderse entre calles, garajes, casas, descampados y laderas.
La Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos había trasladado a la Delegación del Gobierno las quejas de diversas barriadas. De la Encina respondió anunciando intervenciones policiales coordinadas barrio a barrio y descartando, al menos entonces, la existencia de grandes concentraciones estables en los montes, que estaban siendo vigilados mediante patrullas y cámaras térmicas.
Eso permite entender el alcance real de la intervención. Los Rosales no es simplemente otro desalojo: representa una fase en la que la Policía pretende localizar a quienes quedaron fuera de los grandes asentamientos y devolver la gestión migratoria al circuito administrativo ordinario. La intención oficial es sencilla de expresar y bastante más trabajosa de ejecutar: evitar que las personas permanezcan indefinidamente fuera del sistema de identificación y acogida.
Del campamento visible a una crisis más dispersa
Ceuta tiene menos grandes asentamientos que hace unas semanas, pero eso no convierte automáticamente la crisis en asunto liquidado. El desmantelamiento del Tarajal elimina uno de sus símbolos más visibles; las barriadas, los menores y los expedientes pendientes muestran la parte que todavía permanece abierta.
A media mañana de este domingo no se había comunicado un balance definitivo de personas trasladadas durante el conjunto del operativo en Los Rosales y el Tarajal. Sí estaba confirmado el traslado de varios grupos al CATE y la continuación de la intervención policial en el entorno fronterizo.
La ciudad ha pasado, en apenas unas semanas, de grandes campamentos fácilmente identificables a una realidad más fragmentada. Hay menos tiendas sobre la playa y más expedientes sobre las mesas; menos imágenes multitudinarias y más intervenciones concretas en barrios determinados. Es un progreso en términos de control del espacio público, pero no una solución completa. Ceuta sigue gestionando las consecuencias de la entrada masiva de julio, solo que el escenario ha cambiado. Y mucho.
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