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Historia

El pecio de Cabopino apunta al Garigliano, hundido frente a Marbella

El pecio de Cabopino conserva 34 metros de casco, baldosas francesas y 26 barriles que refuerzan la pista del Garigliano hundido en Marbella en 1887

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Garigliano hundido en Marbella

Resumen

  • El pecio de Cabopino suma nuevas pistas que apuntan al Garigliano
  • Los arqueólogos han documentado 34 metros visibles del barco
  • Baldosas francesas y 26 barriles refuerzan la identificación

Las aguas de Marbella guardan desde hace casi 140 años los restos de un mercante que podría tener ya nombre. Una nueva campaña arqueológica en el pecio de Cabopino ha reforzado la hipótesis de que la embarcación hundida frente a la costa malagueña es el Garigliano, una bricbarca italiana que naufragó en 1887 durante un temporal cuando viajaba de Marsella a Buenos Aires.

Los arqueólogos han documentado 34 metros visibles del barco, además de distintos elementos de su estructura y una carga formada por materiales de construcción. Las baldosas francesas, las tejas fabricadas en Marsella y 26 barriles que podrían contener cemento romano encajan con la documentación histórica conocida sobre aquel viaje. La identificación, eso sí, todavía no se considera definitiva.

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Un barco mercante camino de Buenos Aires

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, a través de su Centro de Arqueología Subacuática, ha terminado una campaña de 15 días de trabajos sobre el yacimiento. La Universidad de Granada también ha participado en la intervención.

El objetivo no consistía simplemente en volver a fotografiar unos restos conocidos. Los especialistas han estudiado la arquitectura naval, realizado sondeos y examinado la disposición del cargamento para comprobar hasta qué punto todo coincide con lo que se sabe del Garigliano.

La documentación histórica sitúa a esta embarcación en una ruta que partía de Marsella con destino a Buenos Aires, una de aquellas largas conexiones comerciales que enlazaban los puertos europeos con América durante el último tercio del siglo XIX.

El Garigliano era una bricbarca, un velero mercante de varios palos utilizado habitualmente para travesías de larga distancia. Este tipo de barcos podía rondar los 45 metros de eslora. Que los arqueólogos hayan podido seguir ya 34 metros del pecio es, por tanto, una pieza importante del rompecabezas.

Así quedó el barco tras el naufragio de 1887

La campaña también ha permitido reconstruir mejor los últimos movimientos del buque. Los restos indican que la embarcación embarrancó con la proa orientada hacia la playa y quedó con una fuerte escora a babor. Después, sus costados habrían terminado abriéndose hacia el exterior.

La explicación que manejan los investigadores apunta al propio peso de la mercancía. Una vez perdida la estabilidad, el cargamento habría contribuido a ejercer una fuerte presión sobre una estructura ya comprometida por el naufragio.

No es un detalle menor. La forma en la que un barco queda depositado en el fondo, cómo se rompe y dónde aparecen sus diferentes elementos proporciona información sobre el accidente, pero también sobre su construcción naval y la manera en que llevaba distribuida la mercancía.

Dos sondeos para mirar dentro del pecio

Los arqueólogos practicaron dos sondeos en zonas distintas. Uno se realizó en la proa, alrededor de la carlinga del trinquete, la estructura sobre la que se apoyaba y encajaba uno de los mástiles. El segundo se abrió en el área central, junto a uno de los mamparos que todavía se conservan.

Con ello se busca conocer mejor la compartimentación interior del mercante y su relación con los espacios destinados a almacenar la carga.

También se limpiaron sectores de la banda de estribor y una parte de la zona de mercancías. Allí ha podido comprobarse que existían diferentes niveles de estiba, otra pista útil para reconstruir cómo estaba organizado el barco antes de hundirse.

Baldosas francesas que acercan el pecio al Garigliano

Buena parte de las pistas más interesantes no están en el casco, sino en lo que transportaba. Los trabajos han permitido distinguir cuatro producciones diferentes de baldosas. Tres presentan marcas relacionadas con fabricantes conocidos del sur de Francia.

Entre ellas figuran piezas relacionadas con Pierre Lançon, Roux B. Martin y A. Remuzat, vinculados durante el siglo XIX con centros productores situados en el entorno de Marsella y Aubagne. También se han localizado tejas fabricadas por Pierre Sacoman, productor establecido en Saint-Henri, Marsella.

Aquí es donde la arqueología y los archivos empiezan a encajar con bastante precisión. El barco que buscan los investigadores había salido precisamente de Marsella cargado con materiales destinados al comercio transatlántico. La procedencia francesa de una parte importante de la mercancía refuerza la posible identificación.

No basta, claro, con encontrar una baldosa marsellesa para poner nombre a un naufragio. Pero cuando la ruta, las dimensiones, el periodo histórico y el cargamento apuntan en la misma dirección, la hipótesis gana peso.

Los 26 barriles pueden aportar otra prueba decisiva

Entre los materiales documentados destacan 26 barriles. Algunos parecen conservar todavía parte de su contenido.

Los registros históricos consultados indican que entre las mercancías del Garigliano figuraba cemento romano, por lo que los especialistas han extraído muestras para determinar qué contienen realmente los recipientes recuperados del pecio.

El resultado puede convertirse en otra pieza especialmente valiosa para comparar el yacimiento arqueológico con la documentación histórica de la carga del barco.

También se han tomado muestras de la madera del casco, que permitirán determinar qué especies fueron empleadas en su construcción, y del revestimiento de cobre. Este último material protegía las partes sumergidas de numerosos buques frente al deterioro y los organismos marinos y puede aportar información sobre las técnicas navales empleadas.

Cada prueba estrecha un poco más el margen. Aun así, los responsables del proyecto mantienen la cautela propia de una investigación que todavía no está terminada.

Un modelo en tres dimensiones para estudiar el naufragio

La campaña no se ha limitado a excavar. El pecio ha sido documentado mediante fotogrametría, una técnica que permite generar modelos tridimensionales precisos a partir de numerosas imágenes tomadas desde diferentes posiciones. También se han realizado grabaciones de vídeo en 360 grados.

El resultado permitirá analizar la disposición de los restos incluso fuera del agua, comparar futuras modificaciones del yacimiento y conservar un registro detallado de zonas que pueden ser especialmente frágiles.

En arqueología subacuática hay un problema evidente: el fondo del mar no es precisamente un archivo cómodo. Las corrientes, los sedimentos, la corrosión y la actividad humana pueden alterar progresivamente un yacimiento. Tener una reproducción digital precisa ayuda a estudiar lo que queda sin depender exclusivamente de nuevas inmersiones.

La investigación continuará en 2027

La campaña de este año ha acercado bastante el pecio de Cabopino al nombre del Garigliano, pero los arqueólogos todavía quieren más pruebas.

El Centro de Arqueología Subacuática tiene previsto regresar al yacimiento en 2027 para realizar nuevas inmersiones y continuar la investigación.

De confirmarse definitivamente la identificación, Marbella tendría frente a su costa los restos de un mercante que resume una parte de la economía global del siglo XIX: un barco italiano, mercancías francesas, salida desde Marsella y destino en Buenos Aires.

Un naufragio que empieza a recuperar su identidad

Durante casi siglo y medio fue simplemente un naufragio bajo el Mediterráneo. Las baldosas, los barriles, la madera y esos 34 metros de casco están empezando a contar algo bastante más concreto: la historia del Garigliano y del viaje que nunca llegó a completar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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