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EE. UU. prepara un ataque a Irán desde el 4 de noviembre, según NYT

El Pentágono maneja un plan para atacar Irán después de las elecciones de EE. UU., mientras siguen las negociaciones y crece el temor a represalias.

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un plan para atacar Irán

Imagen: Staff Sgt. Jacob Kohrs / U.S. Army Japan / Wikimedia Commons / Dominio público.

EE. UU. prepara un ataque a Irán desde el 4 de noviembre, según NYT

Resumen

  • EE. UU. tiene un plan para atacar Irán desde el 4 de noviembre
  • Trump aún no ha autorizado una ofensiva militar de gran escala
  • Israel pide nuevos ataques e Irán amenaza con represalias regionales

Estados Unidos tiene preparado un plan militar para lanzar nuevos ataques contra Irán inmediatamente después de las elecciones legislativas de este martes 3 de noviembre. La operación podría comenzar el miércoles 4, según ha revelado The New York Times, que cita a funcionarios estadounidenses conocedores de los preparativos del Pentágono. El objetivo sería reanudar una ofensiva de mayor intensidad contra instalaciones estratégicas iraníes, aunque el presidente Donald Trump todavía no ha autorizado su ejecución.

El plan, elaborado por el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), contempla aprovechar una concentración excepcional de fuerzas estadounidenses en Oriente Próximo. Washington espera disponer de tres portaaviones en la región, acompañados de aviones de combate y otras unidades militares. Los responsables de la planificación consideran que las condiciones favorables para una operación de estas características podrían durar poco tiempo.

La posibilidad de una nueva ofensiva llega en un momento especialmente delicado. Estados Unidos e Irán mantienen contactos diplomáticos para intentar poner fin a una guerra iniciada a finales de febrero, pero las diferencias siguen siendo importantes. Al mismo tiempo, Israel presiona para que Washington vuelva a golpear objetivos iraníes y varios países del Golfo se preparan ante una posible respuesta de Teherán.

La situación se ha complicado todavía más después de que Estados Unidos efectuara ataques limitados contra posiciones iraníes en el estrecho de Ormuz durante la víspera electoral. Washington presentó esas operaciones como acciones defensivas, diferenciándolas de la campaña militar mucho más amplia que permanece sobre la mesa.

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El Pentágono contempla una ofensiva desde el miércoles 4

La nueva información sitúa el 4 de noviembre como la primera fecha posible para ejecutar el plan estadounidense. No significa que exista una orden definitiva de ataque ni que las operaciones vayan a comenzar necesariamente ese día.

Los preparativos militares llevan semanas en marcha. A finales de octubre, el diario estadounidense ya había informado de que los ejércitos de Estados Unidos e Israel trabajaban en planes específicos para reanudar los bombardeos una vez celebradas las elecciones de mitad de mandato.

Una de las opciones estudiadas contempla una campaña aérea breve, pero de gran intensidad, que podría prolongarse aproximadamente tres días. Algunos responsables militares estadounidenses consideran que una ofensiva concentrada permitiría debilitar las capacidades iraníes y aumentar la presión sobre su Gobierno para alcanzar un acuerdo.

El principal interrogante sigue estando en la Casa Blanca. Trump ha rechazado anteriormente propuestas para reanudar operaciones militares de gran envergadura, aunque también ha amenazado repetidamente con volver a atacar si Teherán no acepta sus condiciones.

Preparar una operación y ejecutarla son decisiones distintas. Y, por el momento, el presidente estadounidense conserva ambas posibilidades: ordenar los bombardeos o utilizar la amenaza militar para intentar obtener concesiones diplomáticas.

Tres portaaviones y una oportunidad militar limitada

La concentración de fuerzas estadounidenses constituye uno de los elementos más relevantes de los preparativos. El despliegue previsto incluye tres grupos de combate encabezados por portaaviones, miles de militares y un importante número de aeronaves.

Esta acumulación de recursos permitiría desarrollar ataques simultáneos contra distintos objetivos y mantener operaciones aéreas intensivas durante varios días.

Sin embargo, una fuerza de estas dimensiones no puede permanecer indefinidamente en el mismo lugar sin ajustes logísticos. Los buques necesitan mantenimiento, las tripulaciones deben rotar y las unidades desplegadas tienen otros compromisos operativos.

De ahí la importancia de la advertencia recogida en las últimas informaciones: las condiciones consideradas óptimas para lanzar la ofensiva podrían mantenerse durante un periodo reducido.

Esa circunstancia introduce presión sobre los tiempos de decisión, pero no implica que el ataque sea inevitable.

Instalaciones nucleares, misiles y energía entre los objetivos

Los planes que estudian Washington y sus aliados contemplan distintas clases de objetivos estratégicos iraníes.

Entre ellos figuran las instalaciones vinculadas al programa nuclear, los arsenales de misiles y drones y determinadas infraestructuras energéticas. También se ha mencionado la posibilidad de atacar centros de mando de la Guardia Revolucionaria.

Uno de los emplazamientos que aparece en las informaciones es Pickaxe Mountain, conocido en Irán como Kuh-e Kolang, una instalación nuclear subterránea cuya profundidad plantea dificultades especiales para una operación aérea.

No todos los objetivos tienen el mismo significado militar ni económico. Atacar instalaciones de misiles podría reducir la capacidad iraní de responder a una ofensiva, mientras que golpear infraestructura energética supondría una presión directa sobre las finanzas del país.

Esta última opción también entraña riesgos para Estados Unidos. Una interrupción importante de la producción o distribución de petróleo podría provocar nuevas subidas de los precios internacionales, precisamente uno de los efectos que la Administración Trump intenta contener.

Tampoco existe certeza de que una campaña de tres días consiga los resultados políticos perseguidos. Los ataques anteriores y las sanciones económicas no han logrado que Irán acepte las principales exigencias estadounidenses.

Estados Unidos ya ha atacado posiciones iraníes en Ormuz

La amenaza de una nueva ofensiva coincide con operaciones militares que ya se han producido.

Durante la jornada del lunes 2 de noviembre, fuerzas estadounidenses lanzaron ataques limitados contra objetivos iraníes en la isla de Qeshm, situada en una zona estratégica del estrecho de Ormuz.

Los medios iraníes también informaron de explosiones en Hengam y en las proximidades de Bandar Abbas.

Según responsables estadounidenses, los ataques estuvieron dirigidos contra posiciones relacionadas con el empleo de misiles tierra-aire contra sus fuerzas. Washington los ha presentado como actuaciones defensivas, no como el comienzo de una nueva campaña generalizada.

La distinción resulta importante porque Trump había asegurado públicamente que Estados Unidos no atacaría Irán antes de las elecciones del 3 de noviembre.

El estrecho de Ormuz continúa siendo uno de los principales escenarios de la crisis. Esta vía marítima comunica el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una ruta esencial para el transporte internacional de petróleo y gas.

La guerra, el bloqueo naval estadounidense y las restricciones al tráfico marítimo han alterado el comercio energético. Cualquier nueva escalada podría agravar una situación que ya ha tenido consecuencias sobre los precios de los combustibles y la economía mundial.

Trump mantiene las negociaciones mientras Israel presiona

La preparación de nuevos ataques no ha supuesto la suspensión de los contactos diplomáticos.

Representantes iraníes han mantenido conversaciones con mediadores cataríes para explorar una salida al conflicto. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, también ha expresado cierto optimismo sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo negociado.

Las diferencias entre Washington y Teherán, sin embargo, siguen siendo considerables.

Teherán reclama el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, medidas para aliviar las sanciones sobre sus exportaciones de petróleo y garantías de que cesarán las hostilidades. Sus condiciones también incluyen el conflicto en Líbano.

Washington pretende obtener compromisos sobre el programa nuclear iraní y garantizar la navegación por el estrecho de Ormuz.

A estas dificultades se suma la posición del Gobierno israelí. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha defendido la conveniencia de nuevos ataques y, según informaciones conocidas durante el fin de semana, trasladó esa postura directamente a Trump.

Israel considera que la presión militar debe mantenerse sobre las capacidades nucleares y estratégicas iraníes. Sin embargo, la decisión de participar en una nueva operación conjunta depende fundamentalmente del presidente estadounidense.

Irán advierte de represalias contra objetivos regionales

Una ofensiva de gran envergadura podría desencadenar una respuesta que no quedaría limitada al territorio iraní.

Estados Unidos ya ha advertido a varios países de Oriente Próximo de la posibilidad de nuevos ataques y de las represalias que podrían seguirles.

Las autoridades iraníes han amenazado con ampliar sus objetivos militares si se reanudan los bombardeos. Entre los escenarios mencionados figuran instalaciones energéticas de países del Golfo y otras infraestructuras estratégicas.

También se han conocido advertencias relacionadas con centros de datos y cables submarinos de comunicaciones, aunque esas posibles acciones no constituyen ataques confirmados.

El riesgo preocupa especialmente a los países vecinos. Un enfrentamiento inicialmente concebido como una campaña aérea de pocos días podría prolongarse si Irán responde contra instalaciones petroleras, bases militares o infraestructuras críticas de la región.

Por eso, varios gobiernos del Golfo están defendiendo una solución diplomática que impida volver a una fase de enfrentamientos generalizados.

El resultado electoral no resolverá el dilema de Trump

Las elecciones estadounidenses del 3 de noviembre determinarán la composición del Congreso durante los dos últimos años del segundo mandato de Donald Trump.

El conflicto con Irán se ha convertido en un problema político para los republicanos. El encarecimiento de los combustibles, el coste de las operaciones militares y el desgaste provocado por una guerra que se prolonga desde febrero han aumentado la presión sobre la Administración.

Trump afronta así una decisión con consecuencias militares, diplomáticas y económicas.

Una nueva ofensiva podría incrementar la presión sobre Teherán, pero también provocar represalias, encarecer nuevamente la energía y dificultar cualquier acuerdo negociado.

La fecha del 4 de noviembre marca el comienzo de una ventana operativa que los responsables militares estadounidenses consideran favorable. No es, por ahora, una fecha confirmada para iniciar los bombardeos.

Estados Unidos dispone de planes concretos, Israel reclama una actuación más contundente e Irán mantiene sus advertencias de represalia. Mientras tanto, la diplomacia continúa intentando evitar otra escalada.

La decisión corresponde a Trump. Y el desenlace no depende únicamente de cuántos días pueda durar una ofensiva estadounidense, sino también de cómo responda Irán y de si todavía existe margen para terminar la guerra mediante un acuerdo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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