Historia
La primera huelga registrada estalló en Egipto durante Ramsés III
En Deir el-Medina, los artesanos de Ramsés III dejaron de trabajar por el retraso de sus raciones. Es la primera huelga documentada de la historia.
Por Asavaa - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Los artesanos de Ramsés III pararon al retrasarse sus raciones
- Deir el-Medina conserva la primera huelga documentada de la historia
- El conflicto ocurrió hacia 1155 a. C., hace algo más de 3.100 años
Mucho antes de las fábricas, los sindicatos y los convenios colectivos, un grupo de trabajadores egipcios decidió que no iba a seguir trabajando sin cobrar. Ocurrió en Deir el-Medina, el poblado donde vivían los artesanos encargados de construir y decorar las tumbas reales próximas al Valle de los Reyes, durante el año 29 del reinado de Ramsés III. Es el episodio considerado como la primera huelga laboral documentada de la historia.
El conflicto estalló hacia mediados del siglo XII a. C., aproximadamente en torno a 1155 a. C., cuando comenzaron a retrasarse las raciones que constituían el salario de aquellos trabajadores. Conviene hacer aquí una pequeña corrección a una fórmula muy repetida: hablar de una huelga ocurrida hace 3.300 años redondea demasiado la fecha. El episodio tuvo lugar hace algo más de 3.100 años.
Lo extraordinario no es únicamente su antigüedad. Sabemos bastante sobre lo ocurrido porque quedó escrito. El llamado Papiro de la Huelga conserva el relato de trabajadores que abandonaron sus tareas, atravesaron los puestos de control de la necrópolis y reclamaron los alimentos que se les debían. Tres milenios después, la escena resulta extrañamente familiar.
Un salario que llegaba en sacos de grano
Los trabajadores de Deir el-Medina no eran esclavos arrastrando bloques bajo el sol, esa imagen cinematográfica tan resistente como poco adecuada para explicar cómo funcionaba aquella comunidad. Eran artesanos especializados al servicio del Estado: canteros, dibujantes, pintores y otros profesionales encargados de preparar las tumbas de faraones y miembros de la élite real.
Vivían con sus familias en un asentamiento organizado cerca de las necrópolis tebanas y dependían de la administración faraónica. Su remuneración no llegaba en monedas. Buena parte del pago consistía en raciones de cereal, acompañadas de otros productos necesarios para la vida cotidiana. El grano no era un complemento pintoresco del sueldo: era el sueldo y, sobre todo, la comida.
Cuando ese mecanismo de distribución comenzó a fallar, el problema dejó de ser una cuestión burocrática. En uno de los episodios registrados habían transcurrido 18 días sin recibir las raciones previstas. Los trabajadores abandonaron entonces su lugar de trabajo y trasladaron la protesta fuera de la necrópolis. Su reclamación era elemental: tenían hambre.
Los trabajadores dejaron las herramientas y salieron a protestar
No hubo pancartas, megáfonos ni piquetes en el sentido moderno. Pero la mecánica resulta reconocible: los obreros interrumpieron colectivamente el trabajo, abandonaron el área donde desempeñaban sus tareas y se concentraron en espacios vinculados a los templos funerarios para obligar a las autoridades a escucharles.
Durante las primeras acciones atravesaron los controles de la necrópolis y se situaron detrás del templo funerario de Tutmosis III. En jornadas posteriores se desplazaron hacia otros complejos, incluidos recintos relacionados con Ramsés II y Seti I. No era una queja aislada de un trabajador descontento, sino una acción organizada de una comunidad laboral.
La protesta volvió cuando los pagos volvieron a fallar
Aquello tampoco fue una mañana de brazos cruzados y vuelta a casa después del almuerzo. Los documentos describen varias interrupciones del trabajo y sucesivos intentos de las autoridades por resolver el conflicto. Llegaba una parte del grano, los trabajadores regresaban a sus tareas y, cuando el suministro volvía a fallar, la protesta reaparecía.
Las reclamaciones acabaron desbordando el simple retraso de una partida de cereal. Los trabajadores denunciaron también carencias de ropa, pescado, verduras y ungüentos. El cuadro que emerge es el de un deterioro más amplio de las condiciones materiales de una comunidad que, paradójicamente, trabajaba para una de las instituciones más prestigiosas del Estado faraónico.
Los obreros llegaron a exigir que sus quejas fueran transmitidas a las autoridades superiores. El conflicto había escalado: ya no bastaba con promesas locales ni con solucionar un retraso puntual. Querían que el aparato administrativo que dependía del faraón garantizara el pago que les correspondía.
Ramsés III gobernaba un Egipto sometido a fuertes tensiones
Ramsés III gobernó durante la XX dinastía, en la etapa final del Imperio Nuevo. Su reinado estuvo marcado por campañas militares, enfrentamientos con pueblos procedentes del Mediterráneo oriental y conflictos con grupos libios, además de crecientes problemas internos y dificultades para mantener el complejo aparato estatal egipcio.
No existe una factura antigua que permita afirmar que una guerra concreta vació directamente los almacenes destinados a Deir el-Medina. La realidad es menos limpia. Los impagos encajan en un escenario de tensiones económicas y administrativas, problemas de distribución y debilitamiento progresivo de la capacidad del Estado para garantizar algunos de sus compromisos.
Ahí reside una de las lecturas más interesantes del episodio. El mismo poder capaz de movilizar piedra, pigmentos, artesanos y funcionarios para construir tumbas destinadas a la eternidad empezó a tener dificultades para entregar comida a quienes las levantaban. El faraón podía aspirar a vivir eternamente; sus trabajadores, mientras tanto, necesitaban comer esa semana.
Deir el-Medina dejó escrita una vida que normalmente no vemos
Que podamos reconstruir esta huelga tiene mucho que ver con el lugar donde ocurrió. Deir el-Medina no era un poblado cualquiera. Allí vivía una comunidad profesional con un nivel de alfabetización excepcional para su época y con escribas acostumbrados a dejar constancia de trabajos, entregas, ausencias, disputas y decisiones administrativas.
De ese entorno procede una cantidad extraordinaria de documentación sobre la vida cotidiana del antiguo Egipto. Hay registros de enfermedades, jornadas laborales, problemas familiares, suministros y conflictos. No son las grandes inscripciones donde el faraón aparece derrotando enemigos por docenas; es algo mucho más cercano, casi doméstico: la administración de la vida diaria.
El papiro que conservó la protesta durante tres milenios
El relato de aquellos acontecimientos fue registrado por el escriba Amennakht, también transcrito Amunnakht, mediante escritura hierática, la modalidad cursiva utilizada habitualmente para textos administrativos. El documento terminó convirtiéndose en una pieza excepcional para conocer las relaciones laborales del Egipto faraónico.
El denominado Papiro de la Huelga, identificado como Cat. 1880, se conserva en el Museo Egizio de Turín. Gracias a textos de este tipo no solo conocemos el nombre de faraones y monumentos; también escuchamos, aunque sea a enorme distancia, la voz de quienes trabajaban para ellos.
Fue la primera huelga documentada, no necesariamente la primera
Aquí aparece un matiz fundamental. Presentar el episodio como la primera huelga de la historia funciona como fórmula divulgativa, pero el término más preciso es primera huelga documentada. Nadie puede demostrar que antes de Deir el-Medina ningún grupo de trabajadores hubiese dejado de trabajar para reclamar alimentos, pagos o mejores condiciones.
Lo que sí puede afirmarse es que se trata del testimonio escrito más antiguo conocido de una acción laboral que reúne características reconocibles como una huelga: había trabajadores dependientes del Estado, retrasos en la remuneración, abandono colectivo de las tareas, concentraciones, reclamaciones ante las autoridades y regreso al trabajo cuando llegaban los pagos.
Convertir a aquellos artesanos en sindicalistas modernos sería colocar categorías del siglo XIX más de tres mil años atrás. Tampoco hace falta. Lo que hicieron tiene entidad propia: comprendieron que detener colectivamente el trabajo podía convertirse en una herramienta de presión cuando los cauces administrativos ordinarios habían dejado de resolver el problema.
Una huelga que cambia la imagen del Egipto de los faraones
El episodio desmonta también una imagen demasiado rígida del antiguo Egipto. Pirámides, templos y tumbas producen la sensación de un poder absoluto, vertical y casi inmóvil. Pero detrás de las fachadas monumentales existían funcionarios, almacenes, escribas, trabajadores y conflictos por la distribución de los recursos.
El papiro muestra a obreros que desafían las órdenes de regresar a sus puestos y a una administración obligada a responder porque necesitaba que aquellos hombres siguieran trabajando. Incluso bajo una monarquía sacralizada había retrasos, reclamaciones y negociaciones. Cambian los decorados; algunas tensiones humanas, bastante menos.
La protesta de Deir el-Medina también permite mirar la historia desde otro ángulo. Los faraones ocupan los grandes monumentos y los libros, pero aquel documento preservó algo más humilde: trabajadores reclamando lo que habían ganado. La historia social entra así en una época que solemos observar desde los palacios y las tumbas.
Cuando el silencio de las tumbas se convirtió en protesta
Más de tres milenios después, sabemos lo ocurrido porque alguien decidió anotarlo. Los artesanos de Deir el-Medina dejaron sus herramientas, atravesaron los controles de la necrópolis y se plantaron ante las instituciones que representaban el poder. No pedían un privilegio extraordinario. Reclamaban las raciones que constituían su salario.
El episodio sobrevivió mientras desaparecían dinastías enteras. Y ahí hay una pequeña ironía histórica: Ramsés III quiso perpetuar su memoria mediante monumentos concebidos para desafiar al tiempo, pero uno de los testimonios más humanos de su reinado cuenta otra cosa, la historia de unos trabajadores que estaban hartos de esperar el pago.
La huelga más antigua que conocemos por escrito no nació entre chimeneas industriales ni en una fábrica del siglo XIX. Surgió junto a las tumbas del Valle de los Reyes, cuando unos artesanos del antiguo Egipto descubrieron que incluso frente al poder del faraón había una herramienta sencilla y contundente: dejar de trabajar.
-
EspañaCuatro jóvenes agreden a un conductor del tranvía durante el Pilar
-
TecnologíaMuere Richard ‘Levelord’ Gray, el diseñador detrás de Duke Nukem 3D
-
EconomíaVillajoyosa plantea dos años sin nuevas licencias de pisos turísticos
-
MundoJapón sopesa submarinos de propulsión nuclear con Takaichi al frente
-
EstiloCabello en la menopausia: cuidados, color y tratamientos adecuados
-
CienciaRejuvenecen células de sangre de 80 años y las convierten en neuronas
-
MundoVenezuela retoma el diálogo y negocia una reforma electoral clave
-
MundoMarruecos negocia con Israel misiles LORA de hasta 430 km de alcance
-
TecnologíaLa PS5 con jailbreak emula Xbox, Switch y PS2 y avanza hacia el PC
-
CienciaTres galaxias sin materia oscura refuerzan la idea de que sí existe
-
Historia15 de octubre: efemérides de España y el mundo que hicieron historia
-
HistoriaLa Casa de Oldemburgo une a todos los monarcas hereditarios europeos