Historia
Ramsés II fue enterrado con pimienta de India hace más de 3.000 años
La momia de Ramsés II conservaba pimienta negra de India, una prueba excepcional de contactos comerciales a enorme distancia hace más de 3.000 años.
Imagen: G. Elliot Smith / Wikimedia Commons / Dominio público.
Resumen
- Ramsés II fue momificado con pimienta negra llegada desde India
- Los granos aparecieron en las fosas nasales y también en el abdomen
- El hallazgo revela contactos comerciales a gran distancia hace 3.000 años
La momia de Ramsés II, uno de los faraones más poderosos del Antiguo Egipto, conservaba un detalle tan pequeño como desconcertante: granos identificados como pimienta negra procedente del sur de Asia en sus fosas nasales. El rey murió a finales del siglo XIII a.C., de modo que aquella especia había recorrido miles de kilómetros desde la región donde crecía hasta llegar al valle del Nilo hace más de 3.000 años.
No es un descubrimiento producido en una excavación reciente, sino uno de los resultados más extraordinarios de los estudios modernos realizados sobre el cuerpo del faraón. Y tiene una importancia que va bastante más allá de la anécdota —por pintoresca que resulte imaginar a uno de los grandes reyes de Egipto con pimienta en la nariz—: constituye una evidencia material excepcional de contactos entre Asia meridional y Egipto mucho antes de que el comercio romano con India convirtiera las especias orientales en un negocio gigantesco.
La pimienta estaba dentro de la momia de Ramsés II
Ramsés II gobernó Egipto durante unos 67 años en la XIX Dinastía. Su nombre quedó asociado a monumentos como Abu Simbel, al Ramesseum y a la batalla de Qadesh contra los hititas. Fue enterrado originalmente en la tumba KV7 del Valle de los Reyes, aunque su cuerpo terminó trasladado en la Antigüedad a un escondite funerario de Deir el-Bahari para protegerlo de los saqueadores. Allí fue localizado en 1881.
La sorpresa de la pimienta llegó mucho después. Cuando el estado de conservación de la momia obligó a trasladarla a Francia en 1976, especialistas sometieron el cuerpo a estudios médicos y radiológicos. Las imágenes mostraron que las cavidades nasales contenían un material granuloso cuyos elementos medían aproximadamente entre 1,5 y 3 milímetros.
Los investigadores realizaron pruebas con distintos materiales para reproducir el aspecto observado en las radiografías. Los análisis atribuyeron aquel relleno a pimienta negra, Piper nigrum, aunque también se consideró la posibilidad de una pequeña mezcla con semillas de mostaza. Las exploraciones internas localizaron igualmente dos granos en la cavidad abdominal de la momia.
Era una minucia botánica escondida bajo capas de lino, resinas y tres milenios de historia. Pero una minucia con pasaporte internacional: aquel producto había tenido que recorrer una distancia extraordinaria para la época antes de terminar en el cuerpo embalsamado de un faraón.
Una especia que no podía proceder de Egipto
La importancia del hallazgo está en la geografía. La pimienta negra no era una planta egipcia. Piper nigrum tiene su origen en el sur de Asia y su historia está especialmente vinculada al suroeste de India, incluida la costa de Malabar. Encontrarla en un contexto funerario egipcio del siglo XIII a.C. obliga, como mínimo, a aceptar que determinados productos asiáticos podían desplazarse a enormes distancias en plena Edad del Bronce.
Ramsés II murió alrededor de 1213 a.C. Para entonces faltaban más de mil años para el espectacular desarrollo del comercio marítimo entre el Egipto romano y los puertos indios, una red mucho mejor documentada por las fuentes históricas y la arqueología.
Ahí reside lo fascinante. No estamos ante una bolsa de especias caída de una galera romana cuando el Mediterráneo y el océano Índico mantenían rutas comerciales regulares. Estamos en una época bastante anterior, cuando reconstruir el camino seguido por un diminuto grano de pimienta desde India hasta Egipto resulta bastante más complicado.
Lo que los granos prueban y lo que todavía no sabemos
El hallazgo indica que pimienta asiática llegó a Egipto. No demuestra, sin embargo, que existiera una ruta marítima directa entre ambos territorios ni que barcos egipcios viajaran regularmente hasta las costas de India. Esa diferencia importa: una cosa es demostrar que un objeto viajó miles de kilómetros y otra reconstruir quién lo transportó y por dónde.
Es perfectamente posible —y bastante más prudente históricamente— que la mercancía pasara por muchas manos. Arabia, el golfo Pérsico, Mesopotamia, las costas del mar Rojo y distintos intermediarios pudieron formar parte de una cadena comercial de enorme alcance, en la que un producto recorría medio mundo sin que su comprador final hubiese visto jamás el lugar donde se cultivaba.
La arqueología ha ido encontrando otras pistas de esos intercambios tempranos. Estudios sobre materiales hallados en el Mediterráneo oriental han identificado productos aromáticos cuyo origen apunta hacia el sur o el sudeste de Asia. Son indicios que han llevado a revisar la idea de unas sociedades antiguas casi aisladas y a considerar la existencia de redes de intercambio mucho más extensas de lo que durante décadas se supuso.
No era todavía la globalización con contenedores, códigos de barras y barcos del tamaño de barrios. Pero la lógica básica estaba allí: determinados lugares producían bienes extraordinariamente apreciados y había comerciantes dispuestos a moverlos durante miles de kilómetros a cambio de riqueza.
Por qué los embalsamadores pusieron pimienta en el faraón
Aquí el terreno se vuelve menos firme. Que hubiera pimienta dentro de la momia está respaldado por los estudios realizados sobre Ramsés II; determinar por qué se utilizó exactamente exige más cautela. No existe una explicación definitiva que permita asegurar una única función.
Los especialistas que examinaron el cuerpo plantearon la posibilidad de que sus propiedades ayudaran a la conservación. También encaja en un proceso de momificación en el que podían emplearse numerosas sustancias vegetales y aromáticas. Mirra, resinas, aceites y otros productos formaban parte de una verdadera tecnología funeraria cuyo objetivo era frenar la degradación del cadáver y preservar su aspecto.
La pimienta pudo cumplir una función práctica, ritual o incluso ambas. Conviene no convertir una hipótesis en certeza. Lo seguro es que fue considerada suficientemente valiosa o útil para acabar integrada en el tratamiento funerario del faraón.
Y no de cualquiera. Ramsés II representó el poder egipcio durante más de seis décadas y desplegó su imagen por templos y estatuas con una intensidad que haría parecer discreto a más de un departamento moderno de comunicación. Que un producto llegado desde miles de kilómetros aparezca asociado a su momificación permite imaginar también el nivel de recursos movilizados por la élite real.
Del Valle de los Reyes a París y de París a El Cairo
La historia posterior del cadáver es casi tan viajera como la de aquellos granos. Ramsés II había sido sepultado inicialmente en KV7, en el Valle de los Reyes, pero los sacerdotes egipcios trasladaron posteriormente su momia a Deir el-Bahari para mantenerla a salvo de los saqueos que castigaban las tumbas reales.
Tras su hallazgo moderno en 1881, el deterioro del cuerpo terminó provocando el célebre viaje a Francia de 1976 para someterlo a estudios y trabajos de conservación. Fue durante aquella campaña científica cuando técnicas médicas y radiológicas comenzaron a extraer del faraón información que los jeroglíficos, por sí solos, jamás habrían podido proporcionar.
Actualmente, la momia de Ramsés II forma parte de la colección del Museo Nacional de la Civilización Egipcia, en El Cairo, junto a otros soberanos del antiguo país del Nilo. Allí el visitante contempla a un rey convertido, tres milenios después de su muerte, en documento histórico: huesos, tejidos, técnicas funerarias y hasta restos vegetales sirven para reconstruir un mundo desaparecido.
La pimienta revela un mundo antiguo mucho más conectado
Siglos después de Ramsés II, las pruebas del comercio de pimienta se vuelven mucho más abundantes. En el puerto egipcio de Berenice, en el mar Rojo, los arqueólogos han recuperado miles de granos de Piper nigrum. En uno de los hallazgos más llamativos apareció un depósito con varios kilos de pimienta negra, perteneciente ya a época romana. Para entonces, el transporte de mercancías entre India, Arabia y Egipto había adquirido otra dimensión.
La momia de Ramsés II pertenece a un capítulo mucho anterior y bastante más nebuloso. Precisamente por eso tiene tanta fuerza. Unos pocos granos no permiten dibujar una línea continua sobre un mapa desde la costa india hasta Tebas, pero sí desmontan una imagen demasiado cómoda del mundo antiguo como un mosaico de civilizaciones encerradas en sí mismas.
Había mercancías que viajaban. Ideas también. Aromas, tejidos, piedras, metales, plantas. Algunas iban cambiando de propietario durante el trayecto hasta que su origen terminaba siendo casi legendario para quien las compraba al otro extremo de la ruta. La pimienta de Ramsés II funciona así como una diminuta ventana hacia un Mediterráneo conectado con territorios remotos mucho antes de las grandes rutas comerciales documentadas en época romana.
Unos granos diminutos y miles de kilómetros de historia
La pimienta encontrada en Ramsés II no resulta extraordinaria únicamente porque estuviera dentro de una momia. Lo verdaderamente revelador es todo lo que tuvo que ocurrir antes de que llegara hasta allí: cultivo, transporte, intercambios sucesivos y, finalmente, su utilización en el tratamiento funerario de uno de los hombres más poderosos de su tiempo.
Una planta cultivada a miles de kilómetros del Nilo fue recolectada, transportada, intercambiada y terminó incorporada a la momificación de un faraón. El itinerario exacto sigue perdido entre puertos desaparecidos, comerciantes sin nombre y rutas antiguas de las que apenas quedan huellas.
Tres mil años después permanecen unos pocos granos. Poca cosa a simple vista. Pero constituyen una pista formidable sobre las conexiones del mundo antiguo: incluso en la Edad del Bronce, una especia nacida muy lejos de Egipto podía atravesar una cadena de intercambios gigantesca y terminar acompañando a Ramsés II hacia la eternidad.
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