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León XIV pide a Putin una tregua en Oleshky y Moscú acepta colaborar
León XIV reclama una pausa humanitaria en Oleshky para socorrer a 1.700 civiles. Rusia respalda la iniciativa, aunque aún no hay tregua formal.
Por el servicio de prensa del Gobierno de Rusia - Premier.gov.ru, CC BY 4.0, Wikimedia Commons
Resumen
- León XIV pide una tregua humanitaria para llevar ayuda a Oleshky
- Putin respalda la iniciativa del Vaticano y acepta cooperar
- Unos 1.700 civiles siguen atrapados en la ciudad ocupada por Rusia
El papa León XIV ha pedido directamente a Vladimir Putin una tregua humanitaria en Oleshky, la ciudad ucraniana ocupada por Rusia en la región de Jersón donde alrededor de 1.700 civiles permanecen atrapados entre la escasez de alimentos, la falta de medicinas y unas rutas de salida convertidas en territorio de minas y drones. La conversación telefónica de este viernes 16 de octubre dejó, además, una respuesta poco habitual: Moscú aseguró que respalda la iniciativa del Vaticano y que está dispuesto a cooperar.
Eso no significa, al menos por el momento, que exista un alto el fuego acordado en Oleshky. No se ha anunciado una tregua formal ni un corredor humanitario operativo. Lo que sí hay es un compromiso público ruso para colaborar con una iniciativa destinada a introducir suministros esenciales y facilitar la evacuación voluntaria y segura de civiles. La diferencia parece semántica desde lejos; sobre el terreno, no lo es en absoluto.
León XIV pide una tregua para llevar comida y medicinas
Durante la llamada, León XIV trasladó a Putin su profunda preocupación por la situación humanitaria de Oleshky y planteó una pausa en los combates que permita introducir alimentos, medicamentos y asistencia básica. La petición contempla también una salida protegida para los civiles que quieran abandonar la localidad.
La Santa Sede reiteró al presidente ruso su disposición a favorecer el diálogo y las iniciativas de paz. El Vaticano lleva tiempo utilizando sus contactos con Moscú para abordar cuestiones humanitarias vinculadas a la guerra de Ucrania, desde los prisioneros hasta los menores desplazados. Esta vez, sin embargo, el planteamiento es muy concreto: lograr que la ayuda entre en una ciudad donde las necesidades más elementales se han convertido en un problema de supervivencia.
No se está negociando un tratado de paz ni una solución general para un frente de cientos de kilómetros. Se habla de comida, medicinas y evacuaciones. De cosas bastante menos solemnes que una cumbre internacional y, para quien lleva meses encerrado en Oleshky, infinitamente más importantes.
Oleshky, una ciudad ocupada al borde de la emergencia
Oleshky se encuentra en la orilla oriental del río Dniéper, en la región ucraniana de Jersón, frente a zonas controladas por Kiev. Las tropas rusas ocuparon la ciudad durante los primeros días de la invasión a gran escala iniciada en febrero de 2022 y desde entonces la localidad ha quedado progresivamente aislada por los combates.
Antes de la guerra vivían allí alrededor de 24.000 personas. Permanecen aproximadamente 1.700, entre ellas 47 menores. Buena parte de quienes no han podido marcharse son personas mayores, enfermos o vecinos con dificultades para desplazarse, precisamente los grupos más vulnerables cuando desaparecen los suministros y los servicios básicos dejan de funcionar con normalidad.
La ciudad arrastra también las consecuencias de la destrucción de la presa de Kajovka en 2023, que provocó enormes inundaciones en esta zona del sur de Ucrania. Barrios, viviendas, carreteras y terrenos agrícolas quedaron dañados. Sobre aquel desastre llegaron después los combates, el aislamiento y una degradación lenta de la vida cotidiana que ha terminado dejando a Oleshky en una situación crítica.
Comida escasa y rutas de evacuación bajo fuego
Los relatos de personas que han conseguido abandonar la zona describen una grave escasez de alimentos. Las entregas regulares prácticamente desaparecieron durante meses y numerosos vecinos han tenido que recurrir a reservas antiguas, conservas, pequeñas cosechas domésticas y cualquier alimento disponible para aguantar.
Fuerzas ucranianas han intentado introducir suministros mediante drones de carga, pero las cantidades resultan insuficientes para mantener de manera estable a toda la población. El problema no termina al conseguir la comida: distribuirla entre las viviendas sin exponer a civiles, voluntarios o equipos humanitarios es otra parte de la ecuación, y probablemente la más peligrosa.
Abandonar Oleshky tampoco es sencillo. Algunas de las carreteras están minadas y vigiladas por drones, mientras los combates convierten determinados trayectos en una ruleta rusa. Hay residentes que han recorrido kilómetros a pie para intentar salir. Otros han resultado heridos o han muerto durante esos desplazamientos.
Con el invierno acercándose, la falta de calefacción, medicamentos, electricidad y alimentos agrava todavía más las condiciones de quienes siguen dentro. La guerra aquí no adopta siempre la forma de una gran ofensiva militar. A veces consiste simplemente en no saber de dónde saldrá la próxima comida.
Putin respalda la iniciativa, pero aún no hay una tregua
Tras la conversación, el Kremlin comunicó que Putin había expresado su apoyo a la iniciativa destinada a crear condiciones seguras para los habitantes de Oleshky y organizar la llegada de suministros esenciales. Moscú indicó también que existe disposición para cooperar con el Vaticano en esta cuestión.
Ese compromiso es el dato político más relevante de la llamada, aunque necesita una lectura prudente. Respaldar una iniciativa humanitaria no equivale a pactar un alto el fuego. Todavía falta concretar cuándo podría comenzar la pausa, cuánto duraría, qué zonas abarcaría y de qué manera se garantizaría que las partes respeten las condiciones.
Rusia reconoce que existen problemas de abastecimiento en la ciudad, pero responsabiliza a Ucrania de obstaculizar las entregas. Kiev acusa a las fuerzas rusas de impedir las evacuaciones y de haber provocado las condiciones que han llevado a la población al límite. La batalla militar tiene, como casi siempre, su propia batalla de versiones.
Para que la propuesta de León XIV pase del comunicado a la realidad será necesario resolver cuestiones muy concretas: rutas de entrada para la ayuda, suspensión de ataques, seguridad de los convoyes y evacuaciones. Ninguna de ellas se arregla únicamente con una llamada telefónica.
El Vaticano mantiene abierto su canal con Moscú
La conversación confirma que la Santa Sede mantiene una vía directa con el Kremlin en un momento especialmente delicado de la guerra. El Vaticano ha insistido durante los últimos años en ofrecer sus contactos diplomáticos para cuestiones humanitarias y para favorecer cualquier posible espacio de negociación entre Rusia y Ucrania.
Buena parte de esa actividad se ha concentrado en terrenos donde resulta algo más factible alcanzar acuerdos limitados: intercambio de prisioneros, retorno de menores, asistencia a civiles y evacuaciones. No son movimientos capaces de detener por sí solos una guerra, pero permiten obtener resultados concretos mientras la negociación política general sigue estancada.
Oleshky encaja precisamente en ese espacio. Una tregua localizada y con finalidad humanitaria resulta, en teoría, más manejable que un cese general de las hostilidades. El reto será comprobar si esa voluntad diplomática consigue atravesar las trincheras y transformarse en unas horas de seguridad real.
León XIV hizo la llamada desde el hospital Gemelli
La conversación tiene además una circunstancia singular. León XIV habló con Putin mientras continúa ingresado en el hospital Gemelli de Roma, donde se recupera de la operación realizada el 13 de octubre para extirpar el lóbulo inferior del pulmón derecho tras detectarse un adenocarcinoma pulmonar.
La evolución del pontífice ha sido favorable durante los últimos días. Continúa con fisioterapia respiratoria, mantiene sus actividades cotidianas y ha retomado progresivamente parte de su agenda de trabajo. Incluso celebró misa junto a miembros del personal sanitario durante su recuperación.
Que una de sus primeras actuaciones diplomáticas de relieve después de la intervención haya girado alrededor de Oleshky muestra hasta qué punto el Vaticano considera prioritaria la situación de los civiles atrapados. Una ciudad pequeña dentro de una guerra gigantesca, sí, pero donde cada retraso se traduce en hambre, enfermedad y más personas incapaces de encontrar una salida segura.
Oleshky pondrá a prueba el compromiso anunciado por Moscú
La siguiente señal relevante no llegará desde Roma ni desde un despacho del Kremlin. Llegará desde la propia Oleshky, cuando pueda comprobarse si el entendimiento expresado durante la llamada se transforma realmente en una pausa verificable de los combates, en alimentos entrando en la ciudad y en civiles pudiendo marcharse sin jugarse la vida.
Putin ha aceptado cooperar con la iniciativa humanitaria planteada por León XIV. Ese es el avance tangible de la conversación. La tregua, sin embargo, todavía necesita fechas, condiciones y garantías para existir sobre el terreno.
En una ciudad donde permanecen apenas 1.700 habitantes de los cerca de 24.000 que vivían allí antes de la invasión, la diferencia entre una declaración y una operación humanitaria no es diplomática. Es mucho más sencilla: que la comida y las medicinas consigan entrar, y que quien quiera salir pueda hacerlo vivo.
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