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Ucrania habría agotado sus misiles Patriot frente a los ataques rusos
Ucrania habría agotado sus interceptores Patriot en plena ofensiva rusa, una carencia crítica que deja más expuestas sus ciudades e infraestructuras.
Por 94th Airlift Wing y MEADS International, Inc. - DVIDS, Dominio público, Wikimedia Commons
Resumen
- Ucrania habría agotado sus interceptores para los sistemas Patriot
- La escasez golpea su defensa frente a los misiles balísticos rusos
- Kiev llevaba meses reclamando más munición a Estados Unidos y Europa
Ucrania habría agotado sus existencias de misiles interceptores Patriot, una de las piezas más importantes de su defensa frente a los ataques balísticos de Rusia. La información apunta a un salto especialmente delicado en una crisis de munición que Kiev llevaba meses advirtiendo y deja sus ciudades más expuestas precisamente cuando Moscú mantiene la presión sobre infraestructuras energéticas y núcleos urbanos.
El problema no es que los lanzadores Patriot hayan desaparecido ni que Ucrania se haya quedado de repente sin defensa aérea. Lo que escasea, hasta el agotamiento según la información conocida este 15 de octubre, son los interceptores que dispara el sistema, una munición sofisticada y difícil de sustituir cuando el objetivo que llega desde el cielo es un misil balístico. Ahí está el verdadero agujero.
Ucrania lleva meses advirtiendo de la falta de misiles Patriot
La situación no ha surgido de la noche a la mañana. Volodímir Zelenski llevaba meses reclamando a Estados Unidos y a sus aliados europeos más interceptores Patriot, mientras Rusia incrementaba la frecuencia y complejidad de sus ataques con misiles balísticos.
En agosto, el presidente ucraniano reconoció que su país estaba recibiendo muchos menos interceptores de los que necesitaba. Llegó a pedir que Washington vendiera a Kiev una parte de las reservas estadounidenses y sostuvo que obtener aproximadamente un 5% permitiría atravesar el invierno con una protección mucho mayor. Un 10%, aseguró entonces, cambiaría sustancialmente la capacidad ucraniana para resistir la ofensiva balística rusa.
Aquellas advertencias dejaron de ser una discusión sobre escenarios futuros. La escasez de munición habría llegado al límite después de semanas en las que responsables ucranianos venían alertando de que algunos sistemas Patriot estaban condicionados por la falta de proyectiles disponibles.
La OTAN tampoco ocultaba el problema. A finales de septiembre, su secretario general, Mark Rutte, admitió públicamente una falta crítica de interceptores y pidió a los países aliados que conservaran existencias disponibles que entregaran a Ucrania todo lo posible. No era una apelación retórica: estos misiles tardan en fabricarse y las reservas occidentales tampoco son infinitas.
Por qué quedarse sin Patriot cambia la defensa de Ucrania
Los Patriot forman parte de una defensa aérea escalonada en la que Ucrania emplea sistemas diferentes según el tipo de amenaza. Un dron lento no se combate necesariamente con la misma arma que un misil de crucero; gastar un interceptor de varios millones contra cada aparato barato sería una manera bastante eficaz de perder una guerra económica aunque se ganaran algunas noches en el cielo.
El problema aparece con los misiles balísticos, mucho más rápidos y difíciles de interceptar. Sistemas como el Patriot, especialmente con interceptores de la familia PAC-3, están concebidos para enfrentarse a ese tipo de amenaza. Su funcionamiento se basa en detectar y seguir el objetivo mediante radar y lanzar un interceptor capaz de destruirlo durante la fase final de su trayectoria.
El peligro de los ataques balísticos rusos
Rusia utiliza misiles balísticos para golpear objetivos militares, ciudades e infraestructuras críticas ucranianas. La velocidad y la trayectoria de estas armas reducen drásticamente el tiempo disponible para reaccionar. Cuando se detecta el lanzamiento pueden quedar apenas minutos antes del impacto.
Para Ucrania, perder temporalmente una cantidad suficiente de PAC-3 y otros interceptores compatibles con Patriot significa tener que reservar las pocas unidades disponibles para los objetivos considerados prioritarios: Kiev, instalaciones militares, centrales eléctricas o centros de mando. No todo puede cubrirse a la vez.
La consecuencia es incómodamente sencilla: un lanzador sin misiles es un aparato extremadamente sofisticado mirando al cielo.
Rusia aumenta la presión sobre ciudades e infraestructuras
El agotamiento de los interceptores llega en un momento especialmente malo. Rusia continúa empleando ataques combinados en los que mezcla drones, misiles de crucero y armas balísticas para saturar la defensa ucraniana. Esa combinación obliga a los operadores a distinguir amenazas, administrar munición y decidir qué objetivos justifican utilizar los proyectiles más escasos.
El 13 de octubre, un nuevo ataque con misiles balísticos sobre Kiev dejó dos muertos y 21 heridos, además de daños en un edificio residencial y en infraestructura energética. Zelenski alertó entonces de que los servicios ucranianos esperaban nuevos lanzamientos rusos.
La presión tampoco procede únicamente de los misiles. Rusia está ampliando sus capacidades de ataque con drones de largo alcance, incluidos modelos cada vez más veloces. Cuantas más amenazas entren simultáneamente en el espacio aéreo ucraniano, más difícil resulta reservar las armas capaces de detener aquello que ningún sistema más barato puede interceptar con garantías.
Ahí aparece una de las paradojas de esta guerra: Ucrania ha desarrollado una formidable red de drones, sensores y soluciones improvisadas contra los Shahed rusos, pero la física de un misil balístico deja mucho menos espacio para la improvisación. Una ametralladora sobre una camioneta puede derribar un dron. Contra un misil que cae a enorme velocidad, la escena cambia por completo.
La escasez de Patriot ya es un problema internacional
La dificultad de Kiev para conseguir nuevos interceptores no responde únicamente a las decisiones políticas de Washington. Existe también un cuello de botella industrial. La demanda mundial de misiles Patriot ha crecido con mucha más rapidez que la capacidad para fabricarlos.
Estados Unidos, varios países europeos, Japón, Corea del Sur y otros aliados utilizan el sistema. Al mismo tiempo, las guerras de Ucrania y Oriente Próximo han consumido grandes cantidades de munición antiaérea. Los interceptores que salen de una fábrica tienen, literalmente, varios posibles destinos compitiendo por ellos.
En octubre, Polonia reconoció que las entregas previstas de algunos sistemas estadounidenses, incluidos interceptores PAC-3 MSE, sufrirían retrasos por el desgaste de las reservas norteamericanas derivado de otras necesidades militares. La señal es bastante clara: ya no se trata únicamente de encontrar dinero para comprar misiles. Hay que encontrarlos.
Los fabricantes han comenzado a ampliar la producción y Europa trabaja para incrementar su propia capacidad industrial, incluida la fabricación relacionada con Patriot en Alemania. Pero una nueva línea de producción no aparece al pulsar un interruptor. Requiere instalaciones, componentes, personal especializado, certificaciones y tiempo. Mucho tiempo para una guerra que consume munición cada noche.
Zelenski busca una solución que no dependa siempre de Washington
Kiev intenta desde hace meses reducir esa dependencia. Zelenski ha defendido la posibilidad de que Ucrania participe en la producción de misiles Patriot y ha negociado acuerdos tecnológicos que permitan fabricar componentes o interceptores con participación de su propia industria de defensa.
El objetivo es comprensible. Durante más de cuatro años de guerra, Ucrania ha multiplicado su capacidad para producir drones, munición y determinados sistemas propios, pero los interceptores antibalísticos continúan dependiendo en gran medida de una cadena industrial occidental muy restringida.
Reino Unido anunció en septiembre un paquete adicional de defensa aérea para Ucrania que incluía financiación destinada también a misiles Patriot. Otros aliados europeos han recurrido a fórmulas similares: comprar material estadounidense para transferirlo después a Kiev o entregar unidades procedentes de sus propios arsenales.
El problema es que esos arsenales también tienen un suelo. Los gobiernos europeos pueden ceder parte de sus reservas, pero deben mantener suficiente munición para su propia defensa. La solidaridad estratégica tropieza aquí con las matemáticas del almacén.
Un invierno con la defensa aérea al límite
La información sobre el agotamiento de los Patriot no ha sido acompañada de un inventario oficial ucraniano, un dato que Kiev difícilmente haría público en plena guerra. Conviene, por tanto, distinguir entre el agotamiento comunicado por fuentes conocedoras de la situación y una confirmación detallada de las Fuerzas Armadas ucranianas.
Pero el cuadro general apenas ofrece dudas. Ucrania llevaba meses reconociendo una escasez extrema de interceptores, la OTAN había advertido del mismo problema y los últimos ataques rusos han vuelto a demostrar hasta qué punto la defensa frente a misiles balísticos depende de una munición occidental que se fabrica mucho más despacio de lo que se consume.
Para Kiev, la cuestión ya no consiste únicamente en conseguir más baterías Patriot. Tiene lanzadores, radares y operadores entrenados. Lo urgente son los misiles interceptores que deben ir dentro.
Y en una guerra donde Rusia puede escoger cuándo lanza sus armas balísticas, un sistema antiaéreo vacío vale mucho menos que su precio.
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