España
El Congreso tras el 29N rebaja los requisitos para tener grupo propio
El nuevo Congreso reducirá los umbrales de voto para crear grupo propio, un cambio que puede dar más autonomía y recursos a partidos pequeños
El Congreso tras el 29N rebaja los requisitos para tener grupo propio
Resumen
- El Congreso baja del 5% al 3% el umbral estatal para tener grupo propio
- El mínimo sigue en cinco diputados y el listón territorial cae al 10%
- La reforma dará más autonomía y recursos a partidos minoritarios tras el 29N
El Congreso que salga de las elecciones generales del 29 de noviembre estrenará unas reglas más favorables para los partidos minoritarios que aspiren a disponer de grupo parlamentario propio. La reforma del Reglamento aprobada en julio mantiene el requisito de contar con al menos cinco diputados, pero reduce de forma importante los porcentajes de voto necesarios: el umbral estatal baja del 5% al 3% y el territorial, del 15% al 10%.
No es un simple retoque administrativo. Tener grupo propio cambia la capacidad de un partido para intervenir en el Congreso, presentar su posición con autonomía, participar en los órganos de la Cámara y disponer de recursos económicos y materiales. Para fuerzas que después del 29N queden en esa franja incómoda de entre cinco y catorce diputados, unos pocos puntos porcentuales pueden separar una presencia parlamentaria plena de la integración en el Grupo Mixto.
Qué cambia exactamente después de las elecciones del 29N
La reforma modifica el artículo 23 del Reglamento del Congreso, la norma que establece quién puede constituir un grupo parlamentario. La vía ordinaria permanece intacta: cualquier formación que consiga al menos 15 diputados puede formar su propio grupo.
El cambio está en la segunda puerta, precisamente la que utilizan los partidos con una representación menor. Desde la XVI Legislatura podrán formar grupo quienes sumen al menos cinco escaños y cumplan uno de dos requisitos: alcanzar un 3% de los votos válidos en toda España o lograr una media del 10% en las circunscripciones donde hayan obtenido representación.
Hasta esta reforma, la referencia era más dura: cinco diputados acompañados de un 5% del voto nacional o del 15% correspondiente a las circunscripciones previstas por el Reglamento. El listón baja, por tanto, dos puntos en el cálculo estatal y cinco en el territorial.
Hay otro detalle menos vistoso, pero políticamente relevante. La nueva redacción toma como referencia territorial las circunscripciones donde la formación haya obtenido representación. Es decir, el cambio no se limita a rebajar dos porcentajes impresos en un reglamento: redefine también el terreno sobre el que se calcula una de las vías para conseguir grupo propio.
La reforma intenta acabar con los diputados prestados
El precedente de 2023 explica buena parte del cambio. Tras las elecciones del 23 de julio, ERC y Junts consiguieron siete diputados cada uno, pero no cumplían por sí solos todos los requisitos reglamentarios para constituir sus respectivos grupos.
La salida fue una de esas maniobras parlamentarias perfectamente comprensibles para quien lleve años respirando el aire del Congreso y bastante extravagantes para cualquiera que observe la política desde fuera de la Carrera de San Jerónimo. El PSOE cedió temporalmente cuatro diputados a Junts y Sumar hizo lo propio con dos parlamentarios para ERC. Después regresaron a sus grupos de origen. La Mesa autorizó la operación; el PP la consideró un fraude de ley.
Con las reglas que entrarán en vigor en la XVI Legislatura, situaciones de ese tipo deberían ser menos frecuentes. Una formación que obtenga cinco o más escaños tendrá más margen para superar directamente alguno de los porcentajes exigidos, sin recurrir a ingeniería parlamentaria para alcanzar la condición de grupo.
Eso no significa que cualquier partido con presencia en el Congreso vaya a tener automáticamente grupo propio. Los cinco diputados continúan siendo imprescindibles por esta vía. Una fuerza que consiga uno, dos, tres o cuatro escaños seguirá sin poder acogerse simplemente al nuevo 3% o al 10% territorial y tendrá que encajar su representación conforme al resto de reglas de la Cámara.
Por qué tener grupo propio importa mucho más que el nombre
La diferencia entre contar con grupo propio y quedar integrado en el Mixto no es ornamental. El propio Reglamento vincula la organización en grupos con la capacidad de iniciativa, la presencia en órganos parlamentarios, los tiempos de intervención y las funciones de control al Gobierno.
Un grupo parlamentario dispone de voz diferenciada en los debates y representación en estructuras esenciales de la Cámara. Entre ellas figuran las comisiones, la Junta de Portavoces y la Diputación Permanente, además de una mayor autonomía para ordenar su actividad política y parlamentaria. Los grupos propios tienen también una posición más sólida en las sesiones de control al Ejecutivo.
Parece burocracia hasta que llega una votación ajustada, una comparecencia decisiva o un debate con los minutos contados. Entonces, disponer de portavoz propio, turno propio y capacidad organizativa propia deja de ser una cuestión de despacho. Se convierte en poder político, aunque sea en dosis pequeñas.
También hay una diferencia económica considerable
El Reglamento establece igualmente que el Congreso proporciona a cada grupo locales, medios materiales y subvenciones. Existe una cantidad fija igual para los grupos y otra variable según el número de diputados que los componen.
Las cuantías vigentes en la XV Legislatura, actualizadas por el Congreso en septiembre de 2026, son de 30.346,72 euros mensuales de subvención fija por grupo y 1.746,16 euros mensuales adicionales por cada diputado. Son cifras correspondientes a la Cámara actual y podrán modificarse en la próxima legislatura, pero permiten entender por qué constituir grupo propio tiene un peso que va mucho más allá de colocar un nombre nuevo en el panel del hemiciclo.
Un hipotético grupo de cinco diputados, aplicando únicamente esas cuantías actuales como referencia, superaría los 39.000 euros mensuales entre la parte fija y la variable. No es una previsión sobre la próxima legislatura, sino una fotografía del valor económico que tiene esta figura parlamentaria.
Quién impulsó el cambio y quién votó en contra
La modificación nació de una iniciativa promovida por representantes de ERC, Junts, Podemos, Compromís y BNG, formaciones para las que las condiciones de acceso a un grupo propio no son precisamente una cuestión académica. La reforma fue aprobada definitivamente por el Pleno del Congreso el 23 de julio de 2026 por 178 votos a favor, 169 en contra y una abstención. PP y Vox se opusieron.
La justificación formal de la reforma sostiene que las condiciones anteriores podían producir rigideces poco acordes con la pluralidad surgida de las urnas. El objetivo declarado es dar una representación parlamentaria más efectiva a esa diversidad política y reforzar la coherencia de las reglas internas del Congreso.
El debate político, naturalmente, admite la lectura contraria. Reducir los umbrales beneficia especialmente a partidos pequeños y territoriales, muchos de los cuales han desempeñado un papel decisivo en mayorías parlamentarias recientes. De ahí que una modificación aparentemente técnica termine tocando uno de los nervios de cualquier legislatura fragmentada: cuánto poder institucional corresponde a una minoría electoral.
El 29N decidirá quién puede aprovechar las nuevas reglas
Hasta que se conozcan los resultados de las elecciones generales del 29 de noviembre no será posible determinar qué partidos consiguen reunir las nuevas condiciones. Los porcentajes son más bajos, sí, pero el primer obstáculo permanece: hacen falta cinco escaños como mínimo para utilizar esta vía.
Por eso, la reforma puede adquirir especial importancia para formaciones que concentran su voto en determinados territorios y para candidaturas que se muevan cerca de esa frontera. Conseguir el quinto diputado ya no solo supone sumar otro asiento en el hemiciclo; puede abrir la puerta a una estructura parlamentaria propia siempre que vaya acompañada del 10% territorial o del 3% estatal exigido por la nueva norma.
Tampoco desaparecen todas las restricciones. El Reglamento impide constituir grupos separados a diputados pertenecientes al mismo partido y establece límites para formaciones que concurrieron electoralmente en determinadas condiciones. La Cámara flexibiliza el acceso, pero no convierte el Congreso en una colección ilimitada de pequeños grupos parlamentarios.
Un Congreso más fragmentado tendrá más voces propias
La reforma entrará formalmente en vigor con la XVI Legislatura, la que se constituirá después del 29N. Su consecuencia más visible será sencilla: a igualdad aproximada de resultados, será más fácil que una fuerza minoritaria consiga grupo propio que bajo las reglas utilizadas al comienzo de la legislatura de 2023.
Y eso modifica el paisaje del Congreso. Puede haber más portavoces con turno independiente, más estructuras parlamentarias autónomas y menos necesidad de recurrir al viejo préstamo temporal de diputados. El sistema seguirá premiando a quien tenga más escaños, naturalmente, pero el escalón que separaba a algunas minorías de una voz propia será bastante más bajo.
El verdadero efecto se verá después de abrir las urnas. Antes habrá campaña, encuestas y cálculos. Después llegarán las matemáticas menos vistosas: cinco diputados, un 10% territorial o un 3% nacional. En el Congreso que nazca del 29N, esos números pequeños pueden tener consecuencias bastante grandes.
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