España
Rufián pide al soberanismo gobernar España para «someter al PSOE»
Gabriel Rufián plantea que el soberanismo use su peso en el Congreso para condicionar al PSOE y forzar cambios sociales, fiscales y territoriales.
Imagen: Núria / Flickr / CC BY-SA 2.0.
Resumen
- Rufián quiere al soberanismo implicado en la gobernabilidad del Estado
- Su objetivo es condicionar al PSOE y forzar reformas sociales y territoriales
- El libro llega en plena precampaña para las generales del 29 de noviembre
Gabriel Rufián plantea que las fuerzas soberanistas de Cataluña, País Vasco, Galicia, Comunidad Valenciana y Andalucía dejen de limitar su estrategia a la presión territorial y se impliquen directamente en la gobernabilidad de España. Su objetivo, expresado sin demasiados algodones, es utilizar ese peso político para condicionar a un Ejecutivo socialista y forzar reformas que considera estructurales.
El cabeza de lista de ERC al Congreso desarrolla esta tesis en su nuevo libro, Cómo ganar a los fachas, publicado por Now Books. Allí deja una de las frases destinadas a acompañarle durante la precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre: «Sí. Yo aspiro a someter al PSOE en un Gobierno del PSOE».
La expresión es deliberadamente áspera, muy Rufián. Pero detrás del verbo hay una estrategia política concreta: que las fuerzas soberanistas sean necesarias para sostener mayorías parlamentarias y aprovechen esa posición para imponer parte de su agenda social y territorial. No se trata, en su planteamiento, de esperar a que la izquierda estatal comprenda las demandas periféricas, sino de entrar en el tablero y mover las piezas.
Rufián quiere que el soberanismo deje de esperar al PSOE
La tesis parte de un diagnóstico bastante poco indulgente con la izquierda española. Rufián sostiene que el soberanismo lleva décadas esperando encontrar una izquierda estatal capaz de asumir plenamente sus reivindicaciones nacionales y concluye que esa expectativa no ha dado el resultado esperado.
Su alternativa consiste en transformar a las izquierdas soberanistas en una fuerza con capacidad estatal, capaz de cooperar electoralmente y de participar después en la gobernabilidad. Cataluña sería solo una pieza del dibujo. Rufián incluye expresamente a los soberanismos vasco, gallego, valenciano y andaluz.
Ahí aparece el giro interesante. ERC ha construido tradicionalmente buena parte de su identidad política alrededor del conflicto entre Cataluña y el Estado; Rufián propone utilizar también las instituciones estatales como palanca. Madrid deja de ser únicamente el lugar contra el que se reivindica algo para convertirse en el lugar desde el que intentar conseguirlo.
Qué significa realmente «someter al PSOE»
El verbo elegido tiene pólvora, pero el contenido que Rufián desarrolla es esencialmente parlamentario. Habla de un Gobierno socialista dependiente de fuerzas soberanistas y obligado, por tanto, a negociar medidas que quizá no asumiría con una mayoría más cómoda.
Entre ellas coloca la resolución del conflicto territorial mediante un referéndum de autodeterminación, una consulta sobre monarquía o república y una agenda económica situada claramente a la izquierda del PSOE.
Rufián no dibuja, por tanto, una integración del soberanismo dentro del socialismo español. Más bien al contrario: propone conservar identidades políticas distintas y aprovechar la aritmética parlamentaria para condicionar al partido que ocupe la Moncloa. La lógica es bastante reconocible en una democracia parlamentaria; la novedad está en convertir esa dependencia en estrategia explícita y bautizarla con un verbo tan poco diplomático como «someter».
Un frente de izquierdas adaptado a cada territorio
El libro recupera también una idea que Rufián lleva meses defendiendo: articular una cooperación entre la izquierda soberanista y la izquierda estatal que no tenga necesariamente la misma forma en todas las provincias.
Su propuesta pasa por buscar confluencias allí donde permitan maximizar escaños y compartir algunos ejes programáticos. Vivienda, seguridad, migración, fiscalidad y autodeterminación aparecen entre las materias que, a su juicio, deberían formar ese mínimo común.
No es exactamente un partido nuevo ni una coalición uniforme de norte a sur. Es una arquitectura más flexible, construida circunscripción a circunscripción. Algo menos épico que un gran frente nacional, quizá, pero bastante más atento a una peculiaridad decisiva del sistema electoral español: los votos pierden capacidad de traducirse en escaños cuando se dispersan entre candidaturas competidoras.
La paradoja es evidente. El libro aparece después de que el intento de alcanzar una candidatura unitaria a la izquierda del PSOE para las elecciones del 29-N haya terminado de forma incompleta. Frente Amplio y Podemos no lograron cerrar un acuerdo estatal y concurrirán separados en buena parte del país, aunque sí se han producido entendimientos territoriales.
En Cataluña, ERC ha acordado incorporar candidatos de Podemos a sus listas, mientras los Comuns concurren dentro del Frente Amplio. Justo donde Rufián había defendido con mayor insistencia la unidad electoral, la papeleta común tampoco ha terminado de materializarse.
Vivienda, impuestos y jornada laboral: el programa que propone
Rufián no limita el libro al debate territorial. Dedica una parte relevante a dibujar qué debería hacer, según su criterio, una izquierda que vuelva a actuar como izquierda. Ahí abandona la geometría electoral y entra en el bolsillo: plantea una mayor intervención económica en ámbitos especialmente sensibles para los hogares.
Defiende una mayor regulación de los mercados laboral, inmobiliario y alimentario, incrementar la presión fiscal sobre la riqueza frente al trabajo y aumentar la inversión pública en educación, transporte y sanidad.
También plantea reducir la jornada laboral, avanzar hacia una renta básica universal y endurecer las condiciones de la compra especulativa de vivienda. Entre sus propuestas figura igualmente una fiscalidad más intensa sobre las viviendas vacías y una cesta de una veintena de alimentos esenciales con precios reducidos.
Es un programa situado claramente en el flanco izquierdo del debate económico. Y encaja con la idea general del libro: no esperar a que el PSOE se desplace voluntariamente hacia esas posiciones, sino construir una correlación de fuerzas que le obligue a negociar.
El mensaje de Rufián también apunta contra Junts
La obra reserva munición para el propio independentismo catalán. Rufián critica con especial dureza a Junts y cuestiona una parte de la cultura política que se instaló durante los años más intensos del procés, cuando determinadas posiciones terminaron funcionando como una especie de examen de pureza independentista.
El dirigente de ERC considera que esa dinámica acabó estrechando el movimiento en lugar de ampliarlo. Su crítica conecta con una vieja discusión dentro del soberanismo: ensanchar la base social o reforzar la identidad del núcleo más convencido.
Rufián llega a reivindicar el componente integrador del pujolismo, pese a reconocer su dimensión clasista, y reclama que Junts abandone la competición discursiva con Aliança Catalana. El ataque no es menor: acusa a la formación de acercarse a mensajes que, a su juicio, dificultan representar a una Cataluña socialmente diversa.
Detrás vuelve a aparecer la misma obsesión que atraviesa el libro. Para Rufián, una fuerza política puede tener mucha razón dentro de su propia burbuja y muy poca capacidad para transformar la realidad fuera de ella. Prefiere influencia política frente a pureza. Y en campaña esa diferencia pesa.
Un libro político que llega en plena precampaña del 29-N
Cómo ganar a los fachas tiene 224 páginas y mezcla programa, reflexión política y episodios personales. Rufián relata sus años de precariedad antes de dedicarse a la política, reconoce errores cometidos durante sus primeros pasos en el Congreso y dedica palabras especialmente autocríticas a su relación inicial con Joan Tardà.
También explica una concepción de la política basada abiertamente en el conflicto. No intenta presentarse como un gestor aséptico. Se define, más bien, como alguien dedicado a vender y combatir ideas, convencido de que una política incapaz de convencer y disputar espacios termina siendo irrelevante.
El momento de publicación tampoco es neutral. Las elecciones generales del 29 de noviembre se acercan con la izquierda situada a la izquierda del PSOE fragmentada en distintas candidaturas y con Rufián nuevamente como cabeza de cartel de ERC. El dirigente republicano ha reconocido el fracaso del intento de construir una papeleta común, pero no parece haber abandonado la idea que lo impulsó.
De hecho, el libro convierte ese proyecto en algo más amplio que una negociación electoral concreta. Aunque las siglas no hayan conseguido ponerse de acuerdo esta vez, Rufián sostiene que la cooperación entre distintas izquierdas tendrá que volver a plantearse tarde o temprano.
Gobernar desde la periferia para condicionar el centro
La propuesta de Rufián introduce una tensión interesante en el soberanismo: participar más en España para intentar cambiar la relación con España. Durante años, una parte del independentismo interpretó la política estatal como un escenario secundario respecto al objetivo de ruptura. El dirigente de ERC plantea prácticamente la dirección contraria.
Su apuesta consiste en estar, negociar y resultar imprescindible. Y desde ahí empujar cuestiones sociales, fiscales y territoriales que el PSOE difícilmente asumiría por iniciativa propia. No oculta tampoco el objetivo electoral inmediato: impedir una mayoría alternativa de las derechas y aumentar el peso de las fuerzas situadas a la izquierda.
De ahí la frase que probablemente sobreviva a muchas otras páginas del libro. «Someter al PSOE» suena a choque frontal, incluso a provocación. Traducido a la prosa menos vistosa de la política parlamentaria, significa algo bastante más reconocible: hacer que cada voto necesario tenga un precio político. Rufián quiere que el soberanismo deje de esperar a que Madrid cambie y pruebe, sencillamente, a condicionarlo desde dentro.
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