España
El CIS, cuestionado por un sesgo que favorece al PSOE frente al PP
El barómetro del CIS abre una fuerte polémica: el PSOE aventaja al PP en 11,8 puntos, mientras varios expertos cuestionan la muestra utilizada
Por Luis García, CC BY-SA 3.0 ES, Wikimedia Commons
El CIS, cuestionado por un sesgo que favorece al PSOE frente al PP
Resumen
- El CIS sitúa al PSOE 11,8 puntos por delante del PP
- El recuerdo de voto muestra una fuerte sobrerrepresentación socialista
- Varios expertos creen que el sesgo de la muestra altera la estimación final
El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha abierto una brecha difícil de ignorar en plena precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre. El organismo público sitúa al PSOE en el 34% de estimación de voto, muy por delante del PP, que cae al 22,2%, mientras Vox alcanza el 17,1%. La distancia entre socialistas y populares es de 11,8 puntos. El problema no está solo en que el resultado sea llamativo, sino en que se aleja de forma extraordinaria de las encuestas privadas publicadas durante las mismas fechas.
La discusión ha pasado rápidamente de los porcentajes a algo más incómodo: la composición de la muestra. Varios sociólogos y especialistas en demoscopia consideran que el barómetro contiene una sobrerrepresentación de electores de izquierdas, especialmente del PSOE, y una presencia mucho menor de votantes del PP de la que debería encontrarse en una muestra equilibrada. El CIS rechaza esa interpretación y sostiene que sus muestras son aleatorias y representativas. Ahí está, en esencia, el choque.
El recuerdo de voto que ha encendido todas las alarmas
Hay un dato especialmente difícil de pasar por alto. Cuando el CIS pregunta a los entrevistados qué votaron en las elecciones generales de 2023, el 38,2% responde PSOE y apenas el 19,5% afirma haber votado al PP. En las urnas ocurrió algo radicalmente distinto: el PSOE obtuvo alrededor del 31,6% de los votos y el PP, aproximadamente el 33%.
Es decir, si aquella muestra fuese una fotografía de las elecciones de 2023, el PSOE habría ganado al PP por casi veinte puntos. En realidad perdió por algo más de uno. La distancia no es pequeña, ni una de esas oscilaciones estadísticas con las que los encuestadores conviven todos los días. Es un socavón.
El recuerdo de voto nunca reproduce perfectamente unas elecciones. Hay personas que olvidan, otras que prefieren no contestar y algunas que, consciente o inconscientemente, recuerdan haber votado al ganador, al partido que gobierna o simplemente a una opción diferente de la que escogieron. Todo eso forma parte del oficio demoscópico desde hace décadas.
Lo excepcional del último CIS es la magnitud del desequilibrio. Para varios expertos, esa desviación indica que han respondido proporcionalmente muchos más votantes socialistas que populares. Y una encuesta puede tener miles de entrevistas —este barómetro supera las 5.000— y seguir arrastrando un problema grave si quienes contestan no representan adecuadamente al conjunto del electorado. El tamaño de la muestra no corrige por sí solo un sesgo. Una balanza enorme también pesa mal si está torcida.
Qué significa realmente que una muestra esté sesgada
El concepto parece más oscuro de lo que es. Una encuesta intenta construir una España en miniatura: edades, territorios, sexos, niveles educativos y distintos perfiles políticos deben guardar una relación razonable con la población real. La dificultad aparece cuando determinados grupos tienen una probabilidad distinta de participar.
Si los votantes de un partido responden al teléfono con mucha más frecuencia que los de otro, la muestra puede quedar inclinada aunque la selección inicial haya sido aleatoria. Esa hipótesis es precisamente la que manejan varios especialistas tras conocerse el barómetro. El politólogo Pablo Simón ha señalado un posible sesgo de origen muestral y ha explicado que los estudios del CIS presentan una presencia mayor de votantes de izquierdas que de derechas.
Una posible causa sería la negativa de una parte del electorado conservador a participar cuando sabe que la llamada procede del organismo público. No es una explicación extravagante. La llamada no respuesta diferencial constituye uno de los problemas clásicos de las encuestas modernas. El teléfono puede elegir aleatoriamente a diez ciudadanos; si cuatro cuelgan y esos cuatro comparten una orientación política parecida, la aleatoriedad inicial sirve de bastante poco.
Una anomalía que va más allá de PSOE y PP
El recuerdo electoral no es el único dato extraño. En la escala ideológica utilizada por el CIS, donde el 1 representa la extrema izquierda y el 10 la extrema derecha, un 18,9% de los entrevistados se coloca en el 1, frente al 22% que se sitúa en el centro de la escala.
La proporción ha llamado la atención de especialistas porque dibuja una sociedad extraordinariamente escorada hacia uno de los extremos y muy distinta de la que muestran otros estudios de opinión. Si la muestra parte de un desequilibrio ideológico, ese efecto tampoco se queda encerrado en la pregunta electoral: puede trasladarse a la valoración de los líderes, las principales preocupaciones del país o la percepción de determinadas políticas públicas.
Ahí reside una de las cuestiones más relevantes. Un sesgo muestral no significa únicamente que el PSOE aparezca demasiado alto o el PP demasiado bajo. Puede alterar el paisaje completo que ofrece la encuesta y condicionar la interpretación política que se haga de ella.
El CIS defiende su método y niega una muestra deformada
El propio Centro de Investigaciones Sociológicas rechaza que sus entrevistados constituyan una muestra políticamente sesgada. El organismo sostiene que la selección es aleatoria y representativa, que las respuestas se registran tal como las ofrecen los ciudadanos y que existe desde hace mucho tiempo un fenómeno de voto oculto entre electores del PP.
El CIS también afirma que el recuerdo de voto se pondera dentro de su modelo de estimación final. Esta precisión importa porque buena parte de la controversia gira precisamente alrededor de cuánto se corrigen los desequilibrios encontrados durante el trabajo de campo.
La discusión, por tanto, no puede reducirse seriamente a que alguien haya introducido números en una hoja de cálculo para obtener el resultado deseado. Eso sería una acusación distinta y exigiría pruebas distintas. Lo que cuestionan numerosos demoscópicos es otra cosa: que el método empleado para transformar las respuestas obtenidas en una estimación electoral no estaría compensando suficientemente los desequilibrios de la muestra.
En jerga demoscópica se habla de la cocina electoral. La palabra tiene mala fama porque parece sugerir una olla donde cada encuestador añade los ingredientes que le convienen. En realidad, cocinar una encuesta consiste en corregir problemas conocidos: indecisos, abstención, recuerdo de voto defectuoso, participación probable y composición de la muestra, entre otros elementos.
El abismo entre el CIS y las encuestas privadas
La controversia adquiere otra dimensión cuando se compara el barómetro público con los estudios realizados durante los últimos días. Una encuesta de 40dB. publicada antes del CIS situaba al PP en el 31,9%, al PSOE en el 28,1% y a Vox alrededor del 18,9%.
No hablamos de pequeñas diferencias entre casas demoscópicas. El CIS coloca al PSOE casi doce puntos por encima del PP; 40dB. sitúa al PP cerca de cuatro puntos por delante. Otros sondeos recientes de Sigma Dos y GAD3 también han proyectado una victoria popular y una mayoría parlamentaria del bloque formado por PP y Vox. La distancia entre modelos es, esta vez, demasiado grande para pasar inadvertida.
Eso no convierte automáticamente en correcta a la mayoría. Las encuestas no funcionan mediante votación: diez sondeos pueden equivocarse juntos y uno solo acertar. Ocurre. Pero cuando un estudio se aparta persistentemente del resto, el método utilizado merece un examen especialmente cuidadoso.
El periodista de datos Kiko Llaneras ha llevado esa crítica más lejos al señalar que, durante la etapa de José Félix Tezanos al frente del organismo, las estimaciones del CIS habrían sobrevalorado a la suma de las izquierdas respecto al resultado final en 44 de 45 procesos electorales analizados. Es una acusación metodológica severa: no porque una encuesta falle —todas fallan—, sino porque el error tendería a repetirse en la misma dirección.
Una encuesta no es una urna anticipada
Hay, con todo, una cautela elemental que se pierde con facilidad cuando empieza la batalla de porcentajes. Las elecciones generales se celebrarán el 29 de noviembre y todavía queda campaña, debates, movilización, decisiones de última hora y una bolsa de votantes que no tiene cerrado su voto.
Una encuesta mide un momento y lo hace con herramientas imperfectas. Ni el CIS certifica que Pedro Sánchez vaya a ganar por doce puntos ni los sondeos privados garantizan una mayoría de PP y Vox. Son estimaciones construidas sobre entrevistas, modelos y supuestos estadísticos, no urnas adelantadas unas semanas.
El propio barómetro contiene elementos que invitan a tratar sus cifras electorales con prudencia. Según el análisis de sus tablas internas, solo alrededor del 64% de quienes dicen haber votado al PSOE en 2023 afirma que repetiría, mientras existen transferencias hacia otras fuerzas. Varios expertos consideran difícil encajar esa fidelidad con una estimación final del 34% para los socialistas.
Por eso, quizá resulte más útil observar las tendencias que venerar el decimal. El PSOE parece haber recuperado movilización respecto a algunos meses anteriores; Vox conserva un peso electoral notable; el PP sigue disputando el liderazgo nacional y la fragmentación a la izquierda del PSOE continúa siendo determinante. Sobre cuánto vale exactamente cada movimiento, ahí empieza la niebla demoscópica.
La credibilidad del CIS se juega también en el método
El debate sobre este barómetro trasciende la ventaja de Sánchez o la caída de Feijóo. El CIS es una institución pública, financia investigación social, produce series históricas de enorme valor y dispone de medios que muchas empresas privadas no pueden permitirse. Precisamente por eso, su credibilidad metodológica tiene un valor institucional propio.
Que una encuesta pública arroje un resultado diferente al resto no debería ser un problema por sí mismo. Al contrario: podría estar detectando algo que los demás no ven. Pero cuanto mayor es la diferencia, más importante resulta poder explicar con claridad cómo se corrige la muestra, qué peso recibe el recuerdo de voto y qué efecto tienen esas decisiones sobre la estimación final.
La polémica de octubre deja una certeza bastante menos espectacular que los 11,8 puntos, pero probablemente más importante: el dato bruto no basta. Una muestra de miles de personas puede ofrecer una imagen deformada si determinados electores participan mucho más que otros, y ninguna cocina estadística convierte automáticamente una encuesta en verdad revelada.
El CIS sostiene que su sistema corrige esos problemas. Una parte relevante de la profesión demoscópica cree que no los corrige lo suficiente. Entre ambos argumentos queda una prueba bastante sencilla, aunque implacable: el 29 de noviembre habrá urnas. Y esas, a diferencia de las encuestas, no admiten ponderaciones.
-
EspañaCuatro jóvenes agreden a un conductor del tranvía durante el Pilar
-
TecnologíaMuere Richard ‘Levelord’ Gray, el diseñador detrás de Duke Nukem 3D
-
EconomíaVillajoyosa plantea dos años sin nuevas licencias de pisos turísticos
-
MundoJapón sopesa submarinos de propulsión nuclear con Takaichi al frente
-
SaludNavarra registra 305 casos de salmonelosis y alerta por las tortillas
-
EstiloCabello en la menopausia: cuidados, color y tratamientos adecuados
-
CienciaRejuvenecen células de sangre de 80 años y las convierten en neuronas
-
EspañaUna lista única puede arrebatar al PP el control del Senado el 29-N
-
MundoMarruecos negocia con Israel misiles LORA de hasta 430 km de alcance
-
MundoVenezuela retoma el diálogo y negocia una reforma electoral clave
-
TecnologíaLa PS5 con jailbreak emula Xbox, Switch y PS2 y avanza hacia el PC
-
CienciaTres galaxias sin materia oscura refuerzan la idea de que sí existe