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Trump exige disculpas a LeBron por calentar durante el himno de EEUU
Trump acusa a LeBron James de faltar al respeto a EEUU tras seguir calentando durante el himno antes del estreno de los Sixers ante los Knicks
Imagen: Richard Giles / Flickr / CC BY-SA 2.0.
Resumen
- Trump acusa a LeBron de faltar al respeto a EEUU durante el himno
- LeBron siguió calentando y simuló un tiro y un swing de golf
- El jugador respondió con ironía tras la victoria de Philadelphia
Donald Trump ha vuelto a cargar contra LeBron James después de que unas imágenes mostraran a la estrella de los Philadelphia 76ers realizando movimientos de calentamiento mientras sonaba el himno de Estados Unidos antes del estreno de la temporada frente a los New York Knicks. El presidente estadounidense interpretó la escena como una falta de respeto al país, calificó al jugador de «vergüenza total» y le exigió que pidiera disculpas.
Lo que hizo LeBron fue bastante concreto. Mientras buena parte de sus compañeros permanecía prácticamente inmóvil durante The Star-Spangled Banner, James continuó estirando y ensayando movimientos sin balón: reprodujo el gesto de un tiro a canasta y, en otro momento, un movimiento parecido a un swing de golf. No se arrodilló, no abandonó la pista y tampoco realizó una protesta política explícita. El vídeo, eso sí, empezó a circular con fuerza y terminó llegando hasta Trump.
Trump convierte el calentamiento de LeBron en una polémica nacional
La escena ocurrió el 20 de octubre en el Madison Square Garden de Nueva York, antes del partido que abrió oficialmente la temporada de Philadelphia. James estaba colocado junto al resto del equipo, pero siguió moviendo brazos y cuerpo mientras se interpretaba el himno. Una imagen pequeña, casi rutinaria en el paisaje previo a un partido, acabó convertida dos días después en materia presidencial. En Estados Unidos, a veces basta un swing imaginario para encender una discusión nacional.
Trump compartió el vídeo en Truth Social y acusó directamente al cuatro veces campeón de la NBA de «faltar al respeto» a Estados Unidos. Fue más allá: aseguró que James debía disculparse con los militares y con quienes murieron defendiendo la bandera estadounidense. Más tarde volvió sobre el episodio durante un acto político en Iowa y lo presentó como un gran escándalo.
La acusación parte, por tanto, de una interpretación política del comportamiento del jugador. Las imágenes muestran a James moviéndose durante el himno, pero no consta que estuviera realizando una protesta ni que hubiera explicado esos gestos como una declaración contra la bandera, las Fuerzas Armadas o el propio país.
LeBron no se arrodilló ni hizo una protesta como Kaepernick
La distinción importa porque el debate estadounidense sobre los deportistas y el himno tiene una larga historia reciente. Colin Kaepernick, entonces quarterback de la NFL, se arrodilló deliberadamente durante el himno para denunciar el racismo y la violencia policial. Aquello era una protesta política reconocida como tal por su protagonista. Lo sucedido con LeBron fue distinto: siguió con parte de su rutina física mientras sonaba la música.
Trump ha utilizado durante años estas controversias como terreno político. Durante su primer mandato atacó con dureza a los jugadores de fútbol americano que se arrodillaban y convirtió el comportamiento durante el himno en una discusión sobre patriotismo, bandera y respeto a las Fuerzas Armadas. Son símbolos poderosos en la política estadounidense y el presidente conoce bien su capacidad para movilizar a sus seguidores.
En el caso de James, además, la pólvora estaba bastante seca. Trump y LeBron llevan años enfrentados públicamente, así que el vídeo no cayó precisamente sobre terreno neutral.
La respuesta de LeBron: «Un día lento de noticias»
LeBron James evitó alimentar demasiado el incendio. Tras la siguiente victoria de Philadelphia, esta vez frente a los Cleveland Cavaliers, los periodistas le preguntaron por las palabras del presidente. Primero sonrió. Después despachó el asunto con sarcasmo: «Debe de haber sido un día lento de noticias en la oficina».
El comentario llegó después de una noche bastante más productiva para él sobre la cancha. Philadelphia remontó una desventaja de 29 puntos para imponerse 114-106 a Cleveland y James terminó con 17 puntos, 10 rebotes y cinco asistencias. El ruido político quedó momentáneamente fuera del pabellón; dentro, los Sixers tenían un partido enorme entre manos.
También hubo un detalle inevitablemente observado con lupa. Antes de ese encuentro, mientras sonaba el himno en Philadelphia, James permaneció prácticamente quieto, con los brazos detrás de la espalda y la cabeza inclinada. No explicó que hubiera cambiado su comportamiento por las críticas de Trump, por lo que atribuirle esa intención supondría ir más lejos de lo que permiten los hechos.
El entrenador de los Sixers, Nick Nurse, rebajó igualmente la temperatura. Metió las declaraciones presidenciales dentro del «ruido externo» que rodea al equipo y dejó claro que su preocupación estaba en los entrenamientos, el vídeo y los partidos. Bastante trabajo tiene un entrenador de la NBA como para añadir la Casa Blanca a la pizarra.
Trump y LeBron arrastran años de enfrentamientos públicos
La bronca no nace de cero. James ha criticado abiertamente a Trump desde su primera presidencia y ha utilizado su enorme plataforma pública para hablar de racismo, igualdad y participación electoral. En 2017 llegó a llamarle «bum», un insulto coloquial difícil de traducir de forma exacta, durante una disputa relacionada con Stephen Curry y la tradicional visita de los campeones de la NBA a la Casa Blanca.
Un año después, cuando la presentadora conservadora Laura Ingraham sugirió que James debía limitarse a jugar al baloncesto con su célebre «shut up and dribble», el jugador respondió que no pensaba callarse ante asuntos sociales que consideraba importantes. Desde entonces se ha consolidado como una de las figuras deportivas estadounidenses más visibles fuera de las canchas.
Trump tampoco ha escondido su antipatía hacia él. De ahí que un episodio relativamente menor haya escalado tan deprisa: no se discuten únicamente unos movimientos durante dos minutos de himno, sino dos personajes que llevan años representando posiciones enfrentadas dentro de la conversación política y cultural de Estados Unidos.
Un vídeo de segundos y una discusión mucho más grande
El contexto ayuda a separar hechos de interpretaciones. El hecho comprobable es sencillo: durante el himno previo al Knicks-Sixers, LeBron hizo estiramientos, un gesto de tiro y un movimiento similar a un swing de golf mientras sus compañeros permanecían mayoritariamente quietos. Trump consideró esa conducta irrespetuosa y pidió una disculpa. James respondió después con ironía.
Lo demás pertenece al terreno de las intenciones. No hay constancia de que James quisiera insultar al himno ni anunció una protesta política vinculada al gesto. Puede considerarse una actitud poco solemne; convertirla automáticamente en un mensaje contra Estados Unidos exige dar un salto que el propio jugador no ha confirmado.
Ahí está, precisamente, la extraña potencia del episodio. Un calentamiento de unos segundos termina mezclando NBA, patriotismo, política y guerra cultural, con una rivalidad personal que atraviesa dos presidencias de Trump y buena parte de la recta final de la carrera de LeBron.
Del Madison Square Garden a la Casa Blanca
Deportivamente, la secuencia casi resulta irónica. James abrió su nueva etapa con Philadelphia ganando 106-100 en Nueva York y continuó con otra victoria, esta vez ante Cleveland, después de una remontada monumental. A sus 41 años y en su 24ª temporada en la NBA, sigue siendo capaz de ocupar simultáneamente la conversación deportiva y la política estadounidense.
Trump, por su parte, encontró en las imágenes un terreno que conoce bien: símbolos nacionales, deporte y batalla cultural. Su mensaje fue inequívoco; la intención de LeBron, mucho menos. Entre ambos extremos queda un vídeo que muestra algo bastante concreto y menos dramático de lo que su posterior recorrido podría sugerir: un jugador que siguió calentando mientras sonaba el himno.
Una vieja rivalidad reavivada por unos segundos de calentamiento
Eso es, en esencia, lo que ocurrió. LeBron James no se arrodilló ni declaró estar protestando: siguió moviéndose, practicó gestos propios del calentamiento y Trump interpretó la escena como una ofensa a Estados Unidos. Después llegaron Truth Social, la exigencia de disculpas, la respuesta sarcástica del jugador y otra ronda de una rivalidad que lleva años desbordando las pistas de baloncesto.
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