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Groenlandia aprueba el pacto militar con EEUU tras la presión de Trump

El Parlamento groenlandés aprueba un pacto con EEUU y Dinamarca: prevé dos nuevas áreas militares, respeta la soberanía danesa y espera el aval danés.

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el congreso de Groenlandia en 2026

Imagen: Kenny McFly / Trabajo propio / Wikimedia Commons / Licencia CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Groenlandia aprueba el pacto de defensa con 16 votos a favor
  • EEUU podrá ampliar Pituffik y abrir dos nuevas áreas militares
  • Dinamarca votará el 19 de noviembre antes de su entrada en vigor

El Parlamento de Groenlandia ha aprobado este martes, 3 de noviembre de 2026, el acuerdo de seguridad y defensa con Estados Unidos y Dinamarca, firmado el pasado 22 de septiembre tras meses de tensiones provocadas por las amenazas de Donald Trump de hacerse con el control de la isla. La votación en el Inatsisartut, la Cámara legislativa groenlandesa, se ha saldado con 16 votos a favor, ninguno en contra y siete abstenciones.

El pacto permitirá a Washington ampliar su presencia militar en el Ártico, establecer dos nuevas áreas de defensa, reforzar sus instalaciones actuales y participar en el control de determinadas inversiones extranjeras. Sin embargo, el acuerdo no supone la anexión de Groenlandia ni una transferencia de soberanía a Estados Unidos. Tampoco entra en vigor inmediatamente: todavía necesita la aprobación del Parlamento danés, cuya votación está prevista para el 19 de noviembre.

La decisión representa un avance importante en la resolución de una crisis diplomática que llegó a enfrentar a dos aliados de la OTAN. Trump había insistido en que Estados Unidos necesitaba controlar Groenlandia por razones de seguridad nacional, sin descartar inicialmente el uso de la fuerza. Finalmente, la solución negociada concede mayores posibilidades de actuación al Ejército estadounidense, pero mantiene el territorio bajo soberanía danesa y reconoce el derecho de los groenlandeses a decidir su futuro.

El acuerdo fue firmado en Nueva York, durante la Asamblea General de Naciones Unidas, por el presidente estadounidense, Donald Trump; la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el jefe del Gobierno groenlandés, Jens-Frederik Nielsen. Su aprobación parlamentaria supone un paso decisivo para actualizar el sistema de defensa establecido en 1951, cuando Washington y Copenhague regularon por primera vez la presencia militar estadounidense en la isla en el marco de la OTAN.

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Más bases militares estadounidenses y mayor libertad de movimiento

Una de las principales novedades del acuerdo es la ampliación de las capacidades militares de Estados Unidos en Groenlandia, un territorio estratégico por su posición entre América del Norte, Europa y el océano Ártico.

Washington podrá modernizar y ampliar la base espacial de Pituffik, situada en el noroeste de la isla y utilizada para actividades de vigilancia espacial y alerta temprana. También se contempla la creación de nuevas áreas militares en Narsarsuaq y Mestersvig, aunque sus características y condiciones de funcionamiento deberán concretarse mediante acuerdos entre las partes.

El documento abre igualmente la posibilidad de establecer otras instalaciones de defensa. Estas iniciativas deberán someterse a procedimientos de consulta que incluyan información sobre su ubicación, dimensiones, actividades previstas y posibles medidas de protección ambiental.

Si las autoridades no alcanzan un acuerdo en el comité encargado de coordinar la presencia estadounidense en un plazo de 90 días, las negociaciones podrán elevarse a niveles políticos superiores.

Otro cambio relevante afecta a los movimientos militares. Las aeronaves estadounidenses dispondrán de amplios derechos de sobrevuelo y aterrizaje, mientras que los buques públicos de Estados Unidos podrán acceder a las aguas territoriales groenlandesas, incluido el tránsito submarino, conforme a las condiciones establecidas en el pacto.

El texto también facilita la tramitación de solicitudes para instalar equipamientos militares no tripulados fuera de las áreas de defensa existentes. Aun así, estas disposiciones no equivalen a una autorización ilimitada para construir instalaciones sin consultar a Dinamarca y Groenlandia.

El proyecto antimisiles Golden Dome también entra en escena

El acuerdo menciona expresamente el sistema de defensa antimisiles Golden Dome, impulsado por Trump para proteger el territorio estadounidense frente a posibles ataques.

La ubicación estratégica de Groenlandia resulta especialmente relevante para la vigilancia de amenazas procedentes de las regiones polares. Su posición permitiría integrar determinadas capacidades de detección y defensa dentro de un sistema más amplio de protección de América del Norte.

No obstante, conviene distinguir entre lo acordado y lo que todavía está pendiente. La referencia a Golden Dome aparece en el preámbulo del documento como un interés compartido de las partes. No supone que se haya aprobado su construcción en Groenlandia ni establece un calendario definitivo para desplegarlo.

Estados Unidos tendrá más influencia sobre las inversiones extranjeras

El pacto no se limita a cuestiones estrictamente militares. También introduce mecanismos de control de inversiones extranjeras para impedir que determinados países o inversores adquieran posiciones consideradas peligrosas para la seguridad del territorio.

La medida afecta especialmente a infraestructuras críticas, recursos naturales y actividades estratégicas. Su finalidad es evitar que Estados o inversores ajenos a la OTAN, a sus socios y a la Unión Europea puedan obtener un control significativo o acceder a información sensible cuando ello represente un riesgo para la seguridad nacional o el orden público.

Estas restricciones a la inversión admitirán excepciones acordadas entre las partes y deberán aplicarse mediante los mecanismos legales correspondientes.

Groenlandia cuenta con importantes recursos minerales, incluidos materiales de interés para la industria tecnológica y energética. Por eso, la capacidad de supervisar inversiones extranjeras tiene una dimensión económica que va bastante más allá de la presencia de soldados.

El acuerdo también impide que países ajenos a la OTAN establezcan instalaciones militares o mantengan una presencia militar permanente en Groenlandia sin el consentimiento de las partes.

Washington obtiene así mayor influencia sobre decisiones estratégicas, aunque las competencias institucionales de Dinamarca y Groenlandia no desaparecen.

De las amenazas de Trump al reconocimiento de la soberanía danesa

El contexto político explica buena parte de la trascendencia del pacto.

Durante los primeros meses de 2026, Donald Trump intensificó sus declaraciones sobre la necesidad de incorporar Groenlandia a Estados Unidos. La Casa Blanca llegó a plantear distintas opciones para conseguirlo, incluida la posibilidad de recurrir a medios militares.

Aquella presión provocó una grave controversia diplomática. Dinamarca rechazó cualquier intento de apropiación territorial y varios aliados europeos defendieron el derecho de los groenlandeses a decidir su futuro.

El acuerdo de septiembre modificó sustancialmente el escenario.

Su texto reafirma expresamente la soberanía y la integridad territorial del Reino de Dinamarca, al tiempo que reconoce a los groenlandeses como un pueblo con derecho a la autodeterminación.

Es una diferencia fundamental respecto a las pretensiones iniciales de Trump. Estados Unidos consigue ampliar su acceso militar y reforzar su participación en la seguridad de la isla, pero no adquiere el territorio ni obtiene su soberanía.

El presidente estadounidense presentó el entendimiento como una garantía de control permanente sobre los intereses de seguridad de su país en Groenlandia. La formulación política resulta mucho más ambiciosa que una lectura estricta del documento, que conserva los procedimientos de cooperación y consulta entre los tres gobiernos.

En definitiva, Washington gana capacidad de actuación. Groenlandia no pasa a ser estadounidense. No era exactamente el desenlace que sugerían las amenazas de principios de año.

Un acuerdo sin fecha de caducidad que también afecta a la independencia

Una de las disposiciones más importantes, y menos inmediatas, se refiere a la duración del pacto.

El documento establece que no tendrá fecha de finalización y que únicamente podrá modificarse mediante consentimiento mutuo, de acuerdo con el marco jurídico del tratado de defensa de 1951.

También contempla una situación especialmente delicada: la posibilidad de que Groenlandia se independice de Dinamarca.

En ese supuesto, el texto obliga a Dinamarca y Groenlandia a asegurar que el futuro Estado groenlandés asuma los compromisos de defensa establecidos y continúe vinculado a la OTAN, solicitando su adhesión si fuera necesario.

La independencia, por tanto, no aparece prohibida. El derecho a decidir sigue reconocido. Pero el acuerdo pretende garantizar que un eventual cambio de estatus político no altere las obligaciones militares pactadas con Estados Unidos.

La cuestión no es menor para un territorio donde la independencia forma parte del debate político desde hace décadas.

El pacto incorpora, además, compromisos relativos al medio ambiente y al respeto de las actividades tradicionales de la población, como la pesca y la caza. También establece que los contratos relacionados con las instalaciones militares deberán adjudicarse a empresas groenlandesas en la máxima medida posible, teniendo en cuenta su capacidad para ejecutar los trabajos.

Se trata de una preferencia contractual, no de una garantía de ingresos económicos concretos.

Siete abstenciones y dudas sobre el beneficio económico

Aunque ningún diputado votó contra el acuerdo, las siete abstenciones reflejan que su contenido no despierta el mismo entusiasmo en todas las fuerzas políticas.

El partido independentista Naleraq, situado en la oposición, ha cuestionado especialmente las ventajas económicas que Groenlandia obtendrá a cambio de conceder mayores derechos militares a Estados Unidos.

Su presidente, Pele Broberg, ha criticado que el documento no asegure una compensación económica fija para la población groenlandesa y ha defendido la necesidad de negociar condiciones más favorables de cara a una posible independencia.

La preocupación tiene una base concreta: el acuerdo reconoce amplias posibilidades operativas a Washington, pero no establece una cantidad determinada que Estados Unidos deba pagar por esos derechos.

Las fuerzas favorables al pacto consideran, en cambio, que la protección militar, el reconocimiento político de Groenlandia y las oportunidades asociadas a futuras instalaciones constituyen beneficios relevantes.

El ministro de Asuntos Exteriores groenlandés, Múte Egede, defendió la ratificación como un paso importante y advirtió durante el debate de que la paz y la estabilidad ya no pueden darse por garantizadas.

La discusión refleja dos prioridades que no siempre coinciden: reforzar la seguridad de la isla y conseguir que esa cooperación se traduzca en ventajas tangibles para sus habitantes.

Dinamarca votará el 19 de noviembre antes de su entrada en vigor

La aprobación del Inatsisartut no completa todavía el procedimiento necesario para aplicar el acuerdo.

El Folketing, el Parlamento de Dinamarca, tiene previsto celebrar su primer debate el 12 de noviembre y someter el texto a una segunda lectura y votación el día 19 de noviembre.

Si obtiene el respaldo necesario, el acuerdo entrará en vigor cuando Dinamarca, junto con Groenlandia, comunique formalmente a Estados Unidos que se han completado los procedimientos parlamentarios exigidos.

No requiere una votación de ratificación del Senado estadounidense, puesto que Washington lo tramita como un acuerdo ejecutivo vinculado al marco de defensa ya existente.

A partir de entonces comenzará la aplicación de las nuevas disposiciones, aunque las instalaciones adicionales, los mecanismos de supervisión de inversiones y otras actuaciones necesitarán sus correspondientes decisiones técnicas y administrativas.

El resultado de la negociación deja un equilibrio político distinto al que Trump planteó inicialmente. Estados Unidos obtiene mayores derechos militares y una influencia más amplia en la seguridad de Groenlandia, mientras Dinamarca conserva su soberanía y los groenlandeses mantienen reconocido su derecho a la autodeterminación.

La crisis territorial se ha reconducido mediante un acuerdo de defensa. Queda por comprobar cómo se aplicará, cuánto beneficiará a la población y qué margen de decisión conservará Groenlandia en las cuestiones estratégicas que afecten a su futuro.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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