Salud
El virus del Nilo bate récords en Europa con 1.715 casos y 130 muertos
El virus del Nilo Occidental alcanza máximos en la UE/EEE: 1.715 casos, 130 muertos y una expansión geográfica que ya afecta al norte europeo.
Por James Gathany / CDC, CC BY 2.5, Wikimedia Commons
Resumen
- El virus del Nilo deja 1.715 casos y 130 muertos en la UE/EEE
- Italia y Grecia concentran la mayor parte de los casos y fallecimientos
- España suma 139 casos y seis muertes mientras el virus avanza al norte
Europa atraviesa la temporada de virus del Nilo Occidental más intensa registrada hasta ahora. Los países de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo habían comunicado hasta el 7 de octubre 1.715 infecciones autóctonas y 130 fallecimientos, unas cifras que sitúan 2026 por encima de cualquier año anterior desde que existe la actual vigilancia epidemiológica. Italia concentra el mayor número de afectados, mientras que España suma 139 casos y seis muertes.
El récord, sin embargo, no significa que el virus se haya vuelto repentinamente más letal. Al contrario: los indicadores de gravedad están por debajo de la media de la última década. Lo excepcional es la cantidad de casos y la extensión territorial. La infección se ha detectado en 187 regiones de 13 países de la UE/EEE y ha avanzado hacia zonas del norte europeo donde hasta hace poco apenas figuraba en los mapas epidemiológicos. Bélgica, por ejemplo, ha confirmado sus primeros contagios humanos adquiridos dentro del país.
Europa registra más del doble de casos que su media reciente
Los 1.715 casos notificados hasta principios de octubre superan ampliamente los 693 que, de media, se registraban a estas alturas del año durante la última década. No es una pequeña oscilación estadística ni uno de esos récords fabricados comparando periodos distintos: 2026 se ha convertido en la temporada con más infecciones humanas comunicadas en la UE/EEE desde que existen registros comparables.
Si se amplía la fotografía más allá de la UE y del Espacio Económico Europeo para incorporar los países candidatos incluidos en la vigilancia continental, el balance sube a 1.855 casos autóctonos y 141 fallecidos. Macedonia del Norte ha comunicado 70 infecciones y diez muertes; Serbia, 57 casos; Kosovo, ocho casos y un fallecimiento; Albania, cuatro, y Moldavia, uno. De ahí una distinción importante: los 130 muertos que encabezan la alerta europea corresponden al área UE/EEE, no a todo el perímetro continental utilizado en algunas estadísticas.
La expansión tampoco se reduce a los humanos. El virus circula entre aves y mosquitos y puede infectar también a los caballos, de modo que la vigilancia veterinaria funciona como una especie de radar adelantado. La temporada de 2026 ha dejado una dispersión excepcional tanto de casos humanos como de brotes en aves y équidos, una señal de que el patógeno ha encontrado condiciones favorables en una franja geográfica mucho mayor.
Italia y Grecia soportan el mayor impacto
Italia vuelve a ocupar el centro del mapa. Ha comunicado 748 infecciones humanas y 56 fallecimientos, casi el 44 % de todos los casos registrados en la UE/EEE. Grecia aparece inmediatamente después, con 445 contagios y 46 muertes. Entre ambos países concentran más de dos tercios de la mortalidad contabilizada hasta el 7 de octubre.
Francia ha alcanzado asimismo su máximo histórico, con 144 casos y tres fallecidos. Rumanía registra 117 infecciones y siete muertes. Más llamativo por su posición geográfica resulta el comportamiento de Países Bajos: 59 casos y diez fallecimientos durante una temporada que confirma que la circulación del virus ya no puede describirse únicamente como un problema mediterráneo.
Bélgica ha notificado 15 infecciones, las primeras adquiridas localmente de las que tiene constancia el país. Hay también casos en Croacia, Chipre, Austria, Hungría, Alemania y Bulgaria. El mosquito, como era previsible, ha mostrado poco respeto por las fronteras administrativas.
España alcanza los 139 casos y registra seis muertes
España es el cuarto país de la UE/EEE con más infecciones notificadas, por detrás de Italia, Grecia y Francia. El balance europeo atribuye al país 139 casos autóctonos y seis fallecimientos en 2026.
Una parte importante de la circulación se ha concentrado de nuevo en el sur peninsular. Andalucía confirmó a comienzos de octubre su quinto fallecimiento de la temporada, un hombre de 75 años residente en Aznalcázar, Sevilla, que había desarrollado un cuadro neuroinvasivo y permanecía hospitalizado desde agosto. La comunidad había contabilizado entonces 74 casos humanos y mantenía distintos municipios bajo medidas reforzadas de vigilancia.
La vigilancia española no se limita a esperar la aparición de enfermos. Combina casos humanos, detecciones en mosquitos, aves y caballos y mapas de riesgo ambiental, precisamente porque cuando aparece una persona con enfermedad neurológica el virus lleva normalmente algún tiempo circulando en el ecosistema.
El virus avanza hacia el norte de Europa
Ese desplazamiento geográfico es probablemente el elemento más relevante de la temporada. Bélgica y Países Bajos han registrado circulación humana y animal en múltiples regiones, y la tendencia apunta a que el virus puede seguir asentándose en áreas situadas más al norte. No se trata de que el Nilo Occidental haya aparecido de la nada en Europa. Lleva décadas circulando. Ha cambiado, sobre todo, el mapa de las zonas donde encuentra condiciones adecuadas para mantenerse y transmitirse.
El mecanismo es relativamente sencillo. Las aves son el principal reservorio y determinados mosquitos del género Culex, especialmente Culex pipiens, adquieren el virus al alimentarse de ellas. Después pueden transmitirlo a personas y caballos. Los humanos no desempeñan un papel relevante en la continuidad natural del ciclo porque desarrollan una cantidad de virus en sangre demasiado baja para que un mosquito vuelva a infectarse normalmente a partir de ellos.
Temperatura, disponibilidad de agua, humedales, rutas de aves migratorias y presencia previa del virus influyen en la transmisión. Los veranos anormalmente cálidos pueden favorecer tanto la actividad del mosquito como la velocidad con la que el virus se desarrolla en su interior. Eso no permite atribuir un año récord a una sola causa —la epidemiología rara vez concede explicaciones tan cómodas—, pero sí ayuda a entender cómo unas condiciones ambientales favorables pueden ampliar la temporada y abrir nuevas áreas de circulación.
Hay otra confusión frecuente. El principal vector europeo del Nilo Occidental no es necesariamente uno de esos mosquitos invasores que han ocupado titulares durante los últimos años. Culex pipiens es nativo y está ampliamente distribuido por Europa. El virus aprovecha una infraestructura biológica que, por decirlo de algún modo, ya estaba instalada.
La actividad suele concentrarse entre primavera y otoño, con el grueso de los casos humanos durante julio, agosto y septiembre. En 2026, la curva europea alcanzó su máximo a finales de agosto y comenzó después a descender. Aun así, pueden seguir apareciendo diagnósticos mientras persistan condiciones adecuadas para los mosquitos y se terminen de consolidar casos con síntomas iniciados semanas antes.
La mayoría de las infecciones no provoca síntomas
El volumen de casos registrados tampoco equivale al número real de personas infectadas. Aproximadamente ocho de cada diez infecciones son asintomáticas, por lo que nunca llegan a diagnosticarse. Alrededor del 20 % provoca la denominada fiebre del Nilo Occidental, que puede producir fiebre, dolor de cabeza, cansancio, dolores musculares, vómitos, erupciones cutáneas o molestias oculares.
La complicación que preocupa a los médicos aparece en menos del 1 % de los infectados: la enfermedad neuroinvasiva, que puede presentarse como meningitis, encefalitis o parálisis flácida aguda. La edad avanzada y determinadas patologías previas elevan el riesgo. Entre los enfermos que desarrollan esta forma grave, la mortalidad puede ser mucho mayor que entre el conjunto de personas infectadas.
Los propios datos de 2026 contienen una aparente paradoja. El 77 % de los casos notificados fue hospitalizado y un 57 % presentó síntomas neurológicos. Las cifras parecen enormes porque los sistemas de vigilancia detectan preferentemente a quienes enferman con mayor intensidad; muchas infecciones sin síntomas jamás entran en esas estadísticas. Incluso así, ambos porcentajes están por debajo de sus respectivas medias de la última década, del 84 % y el 62 %.
La letalidad entre los casos comunicados ronda el 8 %, frente a una media de aproximadamente el 10 % durante los diez años anteriores. Es decir, hay más casos detectados, pero no señales de que la enfermedad sea más grave individualmente. Esa diferencia importa. Una epidemia puede causar más daño simplemente porque alcanza a más personas, aunque el riesgo de cada infección no haya aumentado.
No hay vacuna humana ni tratamiento específico
Contra el virus del Nilo Occidental no existe actualmente una vacuna autorizada para humanos ni un tratamiento antiviral específico. En los pacientes que desarrollan cuadros graves, la asistencia consiste esencialmente en tratamiento de soporte y manejo de las complicaciones.
La prevención sigue descansando, por tanto, en reducir las picaduras y controlar las poblaciones de mosquitos. Culex suele tener mayor actividad desde el atardecer hasta el amanecer. Repelentes adecuados, ropa que cubra brazos y piernas, mosquiteras y la eliminación de pequeños depósitos de agua estancada alrededor de viviendas y jardines reducen la exposición. No es tecnología espacial, desde luego, pero frente a un virus que necesita obligatoriamente al mosquito para completar su ciclo natural, quitarle lugares de cría sirve más que cualquier remedio pintoresco de sobremesa.
La infección no se transmite por el contacto cotidiano entre personas. Existen vías excepcionales documentadas mediante transfusiones de sangre, trasplantes o determinadas exposiciones médicas, razón por la que las zonas con circulación activa aplican medidas específicas de seguridad sobre las donaciones. En la UE pueden utilizarse aplazamientos temporales de donantes o pruebas de detección del virus cuando existe exposición en áreas afectadas.
El mapa europeo del mosquito ya es otro
La temporada de 2026 deja una advertencia bastante más importante que el récord aislado de un año: el virus del Nilo Occidental está ocupando más territorio europeo. Los casos han alcanzado un máximo histórico, Italia y Grecia soportan una carga extraordinaria, España figura entre los países más afectados y la transmisión autóctona aparece ya en zonas septentrionales donde hace pocos años resultaba excepcional.
La buena noticia —conviene no perderla entre las cifras— es que no existen indicios de una mayor virulencia. La mala es menos espectacular y probablemente más importante: para causar un problema sanitario mayor, el virus no necesita hacerse más agresivo. Le basta con circular durante más tiempo, encontrar mosquitos adecuados y extenderse por más regiones.
A principios de octubre la transmisión ya había descendido desde el pico de agosto y septiembre, pero la temporada aún no estaba epidemiológicamente terminada. Europa entra así en una fase distinta frente al Nilo Occidental: no ante un patógeno nuevo ni ante una emergencia desconocida, sino ante una enfermedad establecida cuyo espacio geográfico se ensancha. Y eso obliga a mirar el mapa con otros ojos.
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