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El voto latino se aleja de Trump y los demócratas amplían su ventaja
Los demócratas aventajan a los republicanos entre los latinos mientras Trump pierde apoyo y la economía domina sus preocupaciones electorales.
Imagen: Voice of America / Dominio público.
Resumen
- El 51 % del voto latino se inclina por candidatos demócratas al Congreso
- El 74 % desaprueba a Trump y solo el 24 % respalda su gestión
- La economía pesa más que la inmigración entre sus preocupaciones
El giro del voto latino vuelve a sacudir la política estadounidense a pocas semanas de las elecciones legislativas. El 51 % de los votantes latinos registrados afirma que apoyaría al candidato demócrata de su distrito a la Cámara de Representantes, frente al 24 % que se inclina por el republicano. Una ventaja de 27 puntos que llega acompañada de otro dato todavía más incómodo para la Casa Blanca: el 74 % desaprueba la gestión de Donald Trump.
La fotografía supone un cambio relevante respecto al terreno que los republicanos habían ganado entre los hispanos durante las últimas elecciones presidenciales. Trump logró en 2024 acercarse a la mitad del voto latino, una transformación que alimentó la idea de que una parte importante de esta comunidad estaba dejando atrás su tradicional inclinación demócrata. Dos años después, aquella conquista parece bastante menos sólida. No ha desaparecido, pero tiene grietas. Y algunas son profundas.
Los demócratas recuperan terreno entre los votantes latinos
La encuesta sitúa a los candidatos demócratas al Congreso con un 51 % de intención de voto entre los latinos registrados, mientras los republicanos quedan en el 24 %. Un 18 % todavía no sabe a quién apoyará y otro 7 % se decanta por candidatos diferentes a los dos grandes partidos.
La distancia no significa que el electorado latino haya regresado de golpe a una fidelidad política automática. Esa lectura sería demasiado cómoda. Durante los últimos años, los republicanos consiguieron avances reales, especialmente entre hombres latinos, trabajadores sin estudios universitarios y ciudadanos preocupados por la inflación, la seguridad fronteriza o el coste de la vivienda. El problema para el partido de Trump es otro: buena parte de ese voto parece haber sido más prestado que conquistado.
En las legislativas de 2022, los demócratas ya aventajaron a los republicanos entre los votantes latinos, aunque por 21 puntos. En 2018 la diferencia había alcanzado los 47. La evolución revela un electorado mucho menos previsible que hace una década, capaz de desplazarse entre partidos cuando cambia su percepción de la economía o de la gestión presidencial.
Trump pesa directamente en la papeleta del Congreso
El desgaste del presidente no queda limitado a su índice de aprobación. El 55 % de los votantes latinos asegura que contempla su voto al Congreso como una forma de votar contra Trump. Solo un 14 % lo interpreta como un voto de respaldo al presidente y para el 30 % Trump no es un factor especialmente relevante.
Entre quienes piensan apoyar a candidatos demócratas, esa dimensión plebiscitaria resulta todavía más acusada: el 84 % considera su voto una expresión de rechazo al presidente. Las elecciones de mitad de mandato, que formalmente sirven para renovar la Cámara de Representantes y parte del Senado, adquieren así otro tono. Trump no figura en la papeleta, pero su nombre está, políticamente hablando, escrito con tinta invisible.
Y eso complica el panorama republicano en una campaña en la que el control del Congreso está en juego y varios distritos competitivos cuentan con una presencia latina considerable.
La aprobación de Trump cae hasta el 24 % entre los latinos
Solo el 24 % de los votantes latinos registrados aprueba actualmente la labor de Trump como presidente. En febrero de 2025, al comienzo de su segundo mandato, lo hacía el 38 %. Son 14 puntos menos.
Más significativa resulta la evolución entre quienes realmente votaron por él en 2024. Entonces, al inicio de su nuevo mandato, el 93 % de esos electores latinos aprobaba su gestión. Ahora lo hace el 57 %. Sigue siendo mayoría, pero la caída alcanza los 36 puntos.
No todos esos desencantados se han convertido en demócratas. Ahí está uno de los matices importantes. Entre los latinos que votaron a Trump en 2024, el 65 % todavía respalda al candidato republicano de su distrito para la Cámara; un 11 % se ha pasado al candidato demócrata, mientras el resto duda o contempla otras opciones.
Es decir, existe desgaste sin una transferencia completa de votos. En unas elecciones donde unos pocos distritos pueden decidir quién controla la Cámara de Representantes, esa diferencia no es precisamente académica.
Siete de cada diez creen que sus políticas perjudican a los hispanos
El rechazo también alcanza a la percepción de las políticas de la Administración. El 70 % considera que las decisiones de Trump perjudican a los hispanos, frente a un 12 % que cree que les benefician y un 16 % que no aprecia un efecto significativo.
A la vez, el 61 % piensa que la situación de los latinos en Estados Unidos es peor que hace un año. Solo el 11 % cree que ha mejorado.
La división partidista, como era previsible, sigue siendo enorme. Entre los latinos que respaldan a candidatos republicanos, las opiniones sobre Trump están bastante más repartidas. Entre los demócratas, en cambio, el rechazo es abrumador. El electorado latino existe como categoría estadística; políticamente es mucho más heterogéneo de lo que a menudo sugieren las etiquetas.
La economía pesa más que la inmigración
Hay un dato que desmonta uno de los clichés habituales sobre el voto hispano estadounidense: la economía es su principal preocupación electoral, por delante de la inmigración.
El 86 % de los votantes latinos considera la economía muy importante para decidir su voto al Congreso. Le siguen la sanidad, citada por el 80 %; la educación, por el 75 %; el futuro de la democracia, por el 69 %, y la inmigración, por el 64 %.
El bolsillo manda. Y bastante.
Solo el 19 % considera buenas o excelentes las condiciones económicas de Estados Unidos, mientras que el 74 % cree que las políticas económicas de Trump han empeorado la situación. Un año antes esa opinión alcanzaba al 61 %, de modo que el deterioro de la percepción es visible.
Las preocupaciones son muy concretas, nada abstractas: el precio de la energía y la gasolina preocupa mucho al 80 % de los latinos consultados; el coste de la vivienda, también al 80 %; los alimentos y otros bienes de consumo, al 78 %, y la atención sanitaria, al 77 %. El desempleo inquieta mucho al 59 %, frente al 47 % registrado en septiembre de 2025.
Ahí se encuentra probablemente una de las explicaciones más poderosas del cambio político. Trump hizo avances entre los latinos en 2024 presentándose como el candidato capaz de mejorar la economía y contener los precios. Cuando esa expectativa se deteriora, también se resiente una coalición electoral construida alrededor del coste de la vida.
Las deportaciones abren otra fractura
La política migratoria continúa siendo una cuestión central, aunque no encabece las prioridades económicas. El 62 % de los votantes latinos considera que la Administración Trump está haciendo demasiado a la hora de deportar a inmigrantes que viven irregularmente en Estados Unidos. Un 22 % cree que aplica una intensidad adecuada y el 14 % piensa que debería ir todavía más lejos.
Aquí reaparece, otra vez, la división interna del electorado hispano. Entre los votantes latinos que apoyan a candidatos republicanos, el 47 % considera adecuada la política de deportaciones y un 33 % cree que debería endurecerse. Solo el 19 % opina que la Administración se está excediendo.
Entre quienes respaldan a los demócratas sucede prácticamente lo contrario: el 86 % considera excesivas las deportaciones.
Estos datos ayudan a entender por qué hablar del «voto latino» como si se tratara de un bloque uniforme puede resultar engañoso. Un ciudadano cubano de Florida, un mexicano-estadounidense de Texas, un puertorriqueño de Pensilvania o un joven de origen centroamericano en Nevada pueden compartir una clasificación censal y, al mismo tiempo, mirar la economía, la inmigración o a Trump desde posiciones muy distintas.
Los demócratas tienen ventaja, pero necesitan que se convierta en votos
Hay otra señal favorable para el Partido Demócrata: sus simpatizantes latinos parecen más movilizados que en 2022. Entre quienes apoyan a un candidato demócrata, el 77 % considera realmente importante quién controle el Congreso, frente al 58 % cuatro años atrás. El 53 % dice estar extremadamente motivado para votar, frente al 41 % en las anteriores elecciones de mitad de mandato.
También aumenta la atención prestada a la campaña. El 45 % asegura haber pensado mucho en estas elecciones, casi el doble del 24 % registrado en 2022.
Ese detalle importa porque las encuestas miden preferencias, pero las urnas cuentan personas. Históricamente, la participación electoral ha explicado parte de las oscilaciones del voto latino: no siempre se trata de millones de electores cambiando directamente de partido, sino de quién decide acudir a votar y quién se queda en casa.
El sondeo se realizó entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre de 2026 entre 5.062 adultos estadounidenses, incluidos 774 votantes hispanos registrados, entrevistados en inglés y español. Es una fotografía nacional, no una predicción distrito por distrito. Y las elecciones al Congreso se deciden precisamente así, distrito a distrito, estado a estado.
El voto latino vuelve a ser una frontera abierta
Los datos rompen, al menos por ahora, la idea de una incorporación irreversible de los latinos a la coalición republicana. Trump consiguió avances históricos en 2024, pero dos años de gobierno han erosionado parte de aquel apoyo y los demócratas llegan a las legislativas con una ventaja considerable entre este electorado.
La economía parece ser el motor principal del desencanto; las deportaciones y la percepción de que las políticas presidenciales perjudican a la comunidad hispana añaden combustible. Entretanto, Trump continúa conservando una base latina republicana importante. No hay vuelta automática al pasado ni un bloque electoral que cambie de color de una pieza.
Precisamente por eso el dato resulta políticamente relevante. Los latinos no parecen haberse convertido definitivamente en republicanos ni haber regresado dócilmente al redil demócrata. Están votando de manera más volátil, competitiva y vinculada a resultados concretos. Para Trump, que hace dos años celebraba haber roto uno de los muros electorales más resistentes del país, esa nueva incertidumbre puede ser bastante más incómoda que cualquier eslogan de campaña.
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