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Salud

La cocaína multiplica por 25 el riesgo de infarto en la primera hora

El consumo de cocaína eleva bruscamente el riesgo de infarto en la primera hora y puede causar arritmias, ictus, dependencia y daños en tejidos.

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La cocaína eleva 25 veces el riesgo de infarto

Resumen

  • La cocaína eleva unas 25 veces el riesgo de infarto en la primera hora
  • Puede provocar arritmias, ictus y daños en el cerebro y los tejidos
  • Mezclarla con alcohol agrava el peligro; ante dolor torácico, llama al 112

Consumir cocaína multiplica aproximadamente por 25 el riesgo de sufrir un infarto durante la primera hora posterior a su consumo, incluso en personas jóvenes que no presentan enfermedades cardíacas conocidas. Es una de las consecuencias más graves de esta droga, cuyos efectos van mucho más allá de la euforia pasajera: puede provocar arritmias, accidentes cerebrovasculares, lesiones irreversibles en distintos tejidos y una fuerte dependencia.

El presidente de la Sociedad Española de Cardiología, Ignacio Fernández, ha advertido de este peligro al explicar cómo actúa la cocaína sobre el sistema cardiovascular. La sustancia acelera el corazón, eleva la presión arterial y contrae los vasos sanguíneos, una combinación que puede desencadenar un infarto o una muerte súbita. No hace falta consumirla durante años para sufrir una complicación grave. Una sola exposición puede resultar suficiente.

Los datos científicos respaldan esta advertencia. Una investigación publicada en la revista médica Circulation calculó que el riesgo de infarto aumentaba 23,7 veces durante los primeros 60 minutos después de consumir cocaína. La cifra, habitualmente redondeada a 24 o 25 veces, describe un aumento del riesgo relativo, no significa que una de cada 25 personas vaya a sufrir un ataque cardíaco.

El problema tampoco termina cuando desaparecen los efectos estimulantes. El consumo repetido puede alterar los mecanismos de recompensa del cerebro, deteriorar la función cardíaca y dañar tejidos que reciben menos oxígeno por la contracción de los vasos sanguíneos. Los especialistas advierten de que algunas consecuencias pueden ser duraderas y otras aparecen sin apenas señales previas.

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Qué ocurre en el corazón durante la primera hora

La cocaína actúa sobre el sistema nervioso simpático, encargado de preparar al organismo para reaccionar ante situaciones de esfuerzo o peligro. Lo hace, entre otros mecanismos, impidiendo que determinadas sustancias, como la noradrenalina, sean retiradas normalmente de las conexiones entre las neuronas.

El resultado es una estimulación intensa del organismo. Aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, mientras que las arterias coronarias pueden estrecharse. El corazón necesita más oxígeno para funcionar, pero los vasos sanguíneos pueden suministrarle menos.

Esta contradicción explica buena parte del peligro. La cocaína también favorece la formación de trombos y puede alterar la conducción eléctrica del corazón. Así, una persona puede sufrir una reducción brusca del riego sanguíneo, una arritmia potencialmente mortal o un infarto.

La Sociedad Europea de Cardiología recordó en junio de 2026 que la exposición continuada a esta sustancia puede provocar inflamación del músculo cardíaco, fibrosis y miocardiopatía dilatada, una enfermedad que dificulta que el corazón bombee la sangre correctamente.

Por qué un infarto puede aparecer en personas jóvenes

La ausencia de antecedentes cardíacos no garantiza protección frente a los efectos de la cocaína. Incluso una persona sin enfermedades cardiovasculares diagnosticadas puede experimentar una complicación cardíaca aguda después de consumirla.

El estudio de Circulation, publicado en 1999, examinó a 3.946 pacientes que habían sufrido un infarto. De ellos, 38 reconocieron haber consumido cocaína durante el año anterior y nueve la habían tomado en la hora previa al inicio de los síntomas.

Los investigadores observaron un incremento muy acusado del riesgo inmediatamente después del consumo, aunque la estimación tenía un margen de incertidumbre amplio debido al reducido número de pacientes expuestos en ese intervalo.

El riesgo disminuía rápidamente después de la primera hora, pero eso no convierte las horas posteriores en un periodo seguro. Los efectos cardiovasculares pueden persistir y un consumo repetido añade nuevas agresiones al organismo.

La investigación también encontró que los pacientes que habían consumido cocaína eran considerablemente más jóvenes que el conjunto de personas atendidas por infarto. Su edad media era de 44 años, frente a los 61 del resto de participantes.

El cerebro también sufre: dopamina, ictus y dependencia

El sistema cardiovascular no es el único afectado. La cocaína modifica directamente el funcionamiento de las conexiones neuronales y de los mecanismos que regulan el placer, la motivación y el aprendizaje.

El neurólogo José Manuel Moltó, miembro de la Sociedad Española de Neurología, explica que la sustancia dificulta la eliminación normal de dopamina de los espacios entre las neuronas. Como consecuencia, este neurotransmisor permanece activo durante más tiempo y provoca una estimulación anormal.

La dopamina desempeña un papel importante en el circuito cerebral de recompensa. Cuando una experiencia resulta gratificante, el cerebro tiende a favorecer su repetición. La cocaína aprovecha ese mecanismo y puede generar una asociación especialmente intensa entre el consumo y la sensación de recompensa.

Con el tiempo aparecen cambios en la actividad de determinados circuitos neuronales. La necesidad de volver a consumir puede activarse incluso sin presencia de la droga, simplemente al encontrarse con situaciones, lugares o estímulos asociados a experiencias anteriores.

Es lo que se conoce como craving, un deseo intenso de consumo que constituye una de las principales dificultades durante el tratamiento de las adicciones.

Las consecuencias neurológicas no se limitan a la dependencia. La cocaína puede aumentar el riesgo de convulsiones y de ictus isquémicos o hemorrágicos. Los primeros se producen cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una región cerebral; los segundos, cuando se rompe un vaso sanguíneo y aparece una hemorragia.

También pueden presentarse problemas de atención, memoria y control de impulsos, así como dificultades para regular las emociones, especialmente cuando el consumo se mantiene en el tiempo.

En el ámbito psiquiátrico, la droga puede desencadenar episodios de ansiedad intensa, paranoia o síntomas psicóticos, como alucinaciones y creencias delirantes. Algunas personas son especialmente vulnerables y no siempre es posible anticipar quién desarrollará estas complicaciones.

Los daños de la cocaína en la nariz y otros tejidos

Uno de los efectos más conocidos del consumo de cocaína por vía nasal es la perforación del tabique. Sin embargo, las lesiones pueden alcanzar otras estructuras y resultar mucho más graves.

El mecanismo principal vuelve a ser la vasoconstricción, que reduce la llegada de sangre a los tejidos. Cuando el suministro de oxígeno disminuye de forma intensa o prolongada, algunas células pueden morir y producirse necrosis.

En la nariz, este proceso puede provocar inflamación persistente, costras, obstrucción respiratoria y destrucción progresiva de la mucosa y del cartílago.

Alfonso del Cuvillo Bernal, especialista de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, advierte de que las lesiones más graves pueden extenderse hacia estructuras óseas próximas. No son complicaciones que afecten a todas las personas consumidoras, pero su existencia demuestra que el daño no se limita al tabique nasal.

En determinados casos, el deterioro de los tejidos continúa hasta afectar a zonas profundas de la cavidad nasal.

Los problemas circulatorios tampoco se restringen al corazón y al cerebro. La cocaína puede comprometer el riego sanguíneo de otros órganos, incluidos los riñones, y producir lesiones cuya gravedad depende de la zona afectada y de la duración de la falta de oxígeno.

Mezclar cocaína con alcohol aumenta todavía más el peligro

La combinación de cocaína y bebidas alcohólicas plantea un riesgo adicional que suele pasar inadvertido.

Cuando ambas sustancias coinciden en el organismo, el hígado puede producir cocaetileno, un compuesto que prolonga algunos efectos tóxicos y aumenta la carga sobre el sistema cardiovascular.

La Sociedad Europea de Cardiología señala que esta combinación se asocia con una mayor toxicidad cardíaca y un incremento del riesgo de alteraciones graves del ritmo del corazón.

A este problema se añade la composición variable de la cocaína comercializada ilegalmente. Su pureza no está garantizada y puede contener sustancias adulterantes cuyos efectos son difíciles de anticipar.

Una de ellas es el levamisol, un antiparasitario de uso veterinario que puede desencadenar alteraciones inmunológicas y lesiones vasculares. En algunas personas se han descrito procesos inflamatorios que dañan la piel y otros tejidos.

El riesgo depende de distintos factores, entre ellos la cantidad consumida, la vía de administración, las condiciones de salud y la presencia de otras sustancias. Pero conviene despejar un equívoco: no existe una cantidad de cocaína que garantice la ausencia de complicaciones cardiovasculares.

Los síntomas que obligan a pedir ayuda médica urgente

El dolor torácico después de consumir cocaína debe considerarse una señal de alarma. Puede indicar un problema cardiovascular grave, aunque también existan otras posibles causas.

La sensación de presión en el pecho, especialmente si se acompaña de dificultad respiratoria, sudoración fría o mareo, o de dolor que se extiende hacia los brazos, la espalda o la mandíbula, requiere valoración médica inmediata.

También deben alertar las palpitaciones intensas acompañadas de malestar, la pérdida de conocimiento, las convulsiones o la aparición repentina de problemas para hablar, pérdida de fuerza en un lado del cuerpo o alteraciones de la visión.

Ante síntomas compatibles con un infarto o un ictus, hay que llamar al 112. No conviene esperar a que desaparezcan ni conducir por cuenta propia hasta el hospital.

Es importante comunicar a los profesionales sanitarios qué sustancia se ha consumido y cuándo. Esa información puede ser determinante para orientar las pruebas y elegir el tratamiento más adecuado.

Tampoco debe interpretarse la desaparición de los efectos euforizantes como una prueba de que el organismo se ha recuperado. Algunas complicaciones cardiovasculares y neurológicas pueden manifestarse cuando la persona ya no percibe la estimulación inicial.

España mantiene un consumo elevado pese a los riesgos conocidos

Las consecuencias sanitarias de la cocaína adquieren especial importancia por la extensión de su consumo en España.

La Encuesta sobre Alcohol y Otras Drogas en España (EDADES) de 2024, la última edición disponible, recoge que el 13,3 % de la población de entre 15 y 64 años había consumido cocaína, en polvo o en forma de base, alguna vez en su vida.

El 2,5 % reconocía haberla utilizado durante los doce meses anteriores a la encuesta. Entre los hombres, la prevalencia anual alcanzaba el 3,7 %, frente al 1,3 % de las mujeres.

En el caso específico de la cocaína en polvo, la edad media de inicio se situaba en los 21,4 años.

Estos datos no significan que todos los consumidores desarrollen una enfermedad grave, pero sí reflejan la dimensión de una exposición que puede tener consecuencias inmediatas y acumulativas.

El tratamiento de la dependencia constituye otra parte del problema sanitario. Las intervenciones psicológicas estructuradas, entre ellas la terapia cognitivo-conductual y los programas de refuerzo de conductas saludables, cuentan con respaldo científico. La atención especializada permite abordar tanto el consumo como sus posibles consecuencias físicas y mentales.

Algunas alteraciones cardíacas relacionadas con el consumo prolongado pueden mejorar después de abandonar la cocaína, aunque la recuperación depende del daño existente y no siempre es completa.

La advertencia médica tiene una implicación especialmente importante: el peligro de la cocaína no empieza cuando aparece la adicción. Puede comenzar durante los primeros minutos de consumo, incluso en personas que se consideran sanas y que nunca antes han experimentado un problema cardiovascular.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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