Tecnología
Ciberataques a supermercados en cinco países: congeladores a 50 °C
Una oleada de ciberataques ha alterado la refrigeración de supermercados en cinco países europeos, obligando a retirar alimentos y revisar equipos.
Resumen
- Los ciberataques alteran frigoríficos de supermercados en cinco países
- Algunos congeladores alcanzan los 50 °C y obligan a tirar alimentos
- Francia sufrió ataques similares en octubre y aún se desconoce la autoría
Una nueva oleada de ciberataques contra supermercados europeos ha alterado los sistemas de refrigeración de numerosos establecimientos en Bélgica, Suecia, Estonia, Luxemburgo e Irlanda durante la madrugada de este lunes, 2 de noviembre. Los delincuentes han conseguido manipular a distancia los equipos frigoríficos y provocar subidas bruscas de temperatura. En varios supermercados suecos, los congeladores llegaron a alcanzar los 50 grados centígrados, una situación que ha obligado a desechar grandes cantidades de alimentos.
Los incidentes han afectado a cadenas como Delhaize, Carrefour, ICA, Coop, Spar y SuperValu, con decenas de establecimientos perjudicados, cámaras frigoríficas inutilizadas y pérdidas económicas todavía por cuantificar. Algunos comercios han tenido que cerrar temporalmente para gestionar los daños, mientras otros han continuado abiertos con restricciones en la venta de productos frescos y congelados.
La situación resulta especialmente preocupante porque reproduce el procedimiento utilizado el pasado 12 de octubre en Francia, cuando un ataque informático afectó a cientos de supermercados y provocó pérdidas millonarias. Apenas tres semanas después, el mismo tipo de vulnerabilidad vuelve a dejar en evidencia la seguridad de una infraestructura que rara vez ocupa titulares: los sistemas informáticos encargados de conservar los alimentos.
Las autoridades investigan los incidentes, aunque todavía no han identificado a los responsables ni han demostrado que todos los ataques estén coordinados. Tampoco se ha confirmado que los problemas registrados este lunes estén directamente relacionados con los de octubre.
Bélgica y Suecia, entre los países más afectados
En Bélgica, unas 40 tiendas de Delhaize han comunicado problemas en sus instalaciones frigoríficas. Carrefour ha confirmado incidencias en 15 de sus más de 700 establecimientos del país, mientras que cinco supermercados Spar también han resultado afectados. A ellos se suman establecimientos de Intermarché y otros comercios de alimentación.
Los sistemas comenzaron a registrar temperaturas anómalas durante la madrugada del domingo al lunes. En algunas instalaciones belgas, los frigoríficos y congeladores alcanzaron aproximadamente 15 grados, una temperatura suficiente para comprometer la conservación de numerosos productos perecederos.
La empresa belga Sabcobel, especializada en refrigeración comercial, ha identificado una manipulación del funcionamiento de los equipos. Los atacantes habrían activado a distancia el modo de descongelación, provocando que los aparatos dejaran de enfriar y comenzaran a elevar su temperatura.
En Suecia, el problema ha sido todavía más extremo en determinados establecimientos. La cadena ICA ha reconocido incidencias en un número limitado de tiendas, mientras que Coop ha informado de seis locales afectados.
En un supermercado ICA de Estocolmo, una responsable confirmó que los congeladores habían llegado a los 50 °C. La alteración se produjo de madrugada y fue detectada horas después, cuando una parte importante de las existencias ya estaba inutilizada. También se han comunicado daños en un establecimiento de Sjöbo, en el sur del país.
Irlanda, Luxemburgo y Estonia también registran ataques
La oleada se ha extendido a otros tres países europeos, aunque con consecuencias diferentes.
En Irlanda, el grupo Musgrave ha confirmado un incidente informático en los sistemas de refrigeración de 13 supermercados SuperValu. La compañía ha retirado preventivamente de la venta los productos refrigerados y congelados afectados, aunque los establecimientos han podido continuar abiertos.
Musgrave ha precisado que los problemas se limitan a un modelo concreto de equipo frigorífico y que está trabajando con sus proveedores y especialistas en ciberseguridad para restablecer el servicio.
En Luxemburgo, varias tiendas vinculadas a Delhaize también han comunicado alteraciones en sus sistemas de refrigeración. La compañía asegura que sus centros de distribución siguen funcionando normalmente y que el suministro a los establecimientos no se ha interrumpido.
En Estonia, la cadena Selver ha confirmado que uno de sus supermercados sufrió un ataque. Según la empresa tecnológica Kitman Coldtech, los intrusos consiguieron acceder al ordenador que controlaba la refrigeración y modificar la temperatura programada hasta los 50 grados positivos.
En este último caso, la intervención de los técnicos permitió resolver el incidente en pocos minutos, sin daños importantes conocidos. Conviene distinguir entre programar un equipo a 50 grados y que todos los alimentos almacenados lleguen realmente a esa temperatura. No todos los establecimientos afectados han registrado el mismo calentamiento ni las mismas pérdidas.
Cómo pueden los hackers convertir un congelador en una fuente de calor
El procedimiento utilizado resulta relativamente sencillo de comprender, aunque sus consecuencias pueden ser devastadoras para un establecimiento alimentario.
Los supermercados modernos emplean sistemas de refrigeración conectados que permiten controlar temperaturas, configurar alarmas, gestionar el consumo energético y supervisar instalaciones a distancia. Esta tecnología facilita el mantenimiento y permite actuar rápidamente cuando aparece una avería.
El problema comienza cuando esos dispositivos quedan expuestos a internet sin las protecciones adecuadas o funcionan con programas vulnerables.
En varios de los incidentes investigados, los atacantes han conseguido acceder a los controladores de refrigeración y modificar sus parámetros. No necesitan entrar físicamente en el supermercado ni manipular cada congelador por separado.
Una de las técnicas consiste en activar y prolongar artificialmente los ciclos de descongelación. Estos mecanismos, que normalmente se utilizan durante periodos breves para eliminar el hielo acumulado, pueden generar calor. Si permanecen activados demasiado tiempo, la temperatura interior aumenta y los alimentos dejan de conservarse en condiciones seguras.
En Bélgica, técnicos del sector han confirmado que varios equipos pasaron de forma anómala al modo de descongelación. En otros establecimientos, los sistemas de control habían sido reprogramados para alcanzar temperaturas completamente incompatibles con la conservación de alimentos.
Lo inquietante es que no hace falta robar información ni bloquear las cajas registradoras para causar pérdidas considerables. Basta con alterar el funcionamiento de unos equipos de los que depende prácticamente toda la mercancía fresca y congelada.
Francia ya sufrió un ataque masivo el 12 de octubre
Los incidentes de noviembre recuerdan especialmente a los registrados en Francia durante la noche del 11 al 12 de octubre.
En aquella ocasión, los atacantes consiguieron manipular los sistemas de refrigeración de numerosos establecimientos de Intermarché, Carrefour, Coopérative U y otras cadenas. El ministro francés de Economía, Roland Lescure, llegó a cifrar en aproximadamente 700 los supermercados afectados, de un total de unos 10.000 en el país.
Algunas instalaciones alcanzaron temperaturas de 50 grados durante varias horas. Se registraron pérdidas masivas de productos frescos y congelados e incluso incendios relacionados con los equipos afectados.
Intermarché advirtió de que las pérdidas económicas de aquella jornada podían ascender a decenas de millones de euros. La magnitud de los daños llevó al Gobierno francés a movilizar a su agencia nacional de ciberseguridad, la ANSSI.
Las investigaciones identificaron problemas de seguridad en determinados sistemas antiguos de control frigorífico, incluidos equipos de los fabricantes Danfoss y Copeland.
Parte de las instalaciones utilizaban dispositivos que habían dejado de recibir actualizaciones de seguridad. Otras mantenían conexiones accesibles desde internet, una circunstancia que facilitaba posibles intrusiones.
Los fabricantes habían desarrollado correcciones para determinadas vulnerabilidades, pero no todos los equipos instalados estaban actualizados. En algunos modelos antiguos, además, el soporte técnico había finalizado.
No se ha demostrado todavía que exactamente esas mismas vulnerabilidades expliquen todos los ataques del 2 de noviembre. La semejanza en el procedimiento, sin embargo, ha vuelto a poner el foco sobre los sistemas de refrigeración conectados.
Alimentos desperdiciados y pérdidas económicas difíciles de recuperar
La consecuencia más inmediata de estos ataques es la ruptura de la cadena de frío. Los productos que necesitan conservarse a temperaturas controladas pueden dejar de ser aptos para el consumo cuando permanecen demasiado tiempo fuera de los límites de seguridad.
Y recuperar el funcionamiento de un congelador no resuelve automáticamente el problema.
Aunque los alimentos vuelvan a enfriarse, eso no garantiza que hayan mantenido las condiciones necesarias para su conservación. De ahí que numerosos supermercados hayan optado por retirar mercancía de forma preventiva.
En Bélgica, el propietario de la cadena de carnicerías De Laet & Van Haver ha explicado que uno de sus establecimientos perdió aproximadamente 15.000 euros en carne después de que sus instalaciones frigoríficas alcanzaran temperaturas de hasta 18 grados.
En Suecia, varios supermercados han tenido que vaciar completamente sus congeladores. En Irlanda, SuperValu ha retirado productos de 13 establecimientos como medida de seguridad para los consumidores.
Las pérdidas no se limitan al valor de los alimentos desechados. También hay que reparar o revisar instalaciones, contratar asistencia técnica, gestionar residuos, reponer existencias y afrontar posibles interrupciones de actividad.
Por ahora, no existe una cifra global verificada de las pérdidas económicas ni del volumen total de alimentos desperdiciados en esta nueva oleada europea. Las estimaciones millonarias conocidas corresponden principalmente al precedente francés o a valoraciones todavía provisionales.
Tampoco hay indicios de que estos incidentes hayan provocado un desabastecimiento generalizado. Las compañías afectadas están intentando mantener la actividad y recuperar sus sistemas mientras sustituyen las existencias deterioradas.
Europa investiga unos ataques cuyo responsable sigue sin identificarse
El Centro Nacional de Ciberseguridad de Suecia ha confirmado que trabaja en varios incidentes relacionados con establecimientos alimentarios del país.
Sus responsables han advertido de que existen numerosos dispositivos industriales y comerciales conectados que permanecen expuestos a posibles ataques y necesitan actualizaciones o medidas de protección adicionales.
La investigación debe aclarar cómo se produjeron las intrusiones, qué instalaciones comparten vulnerabilidades y si existe algún vínculo entre los ataques registrados en distintos países.
Hasta este 2 de noviembre, ningún grupo ha reivindicado públicamente la autoría de esta oleada y no se han presentado pruebas concluyentes que permitan atribuirla a un Estado, una organización criminal o un mismo conjunto de atacantes.
La repetición de incidentes similares en un intervalo tan corto alimenta las sospechas de que los responsables podrían estar aprovechando una debilidad tecnológica común. Pero compartir un procedimiento no demuestra por sí solo que exista una operación coordinada.
En España no se han confirmado, por el momento, incidentes vinculados a esta nueva oleada del 2 de noviembre. La dimensión europea del problema, no obstante, demuestra que las instalaciones conectadas del sector alimentario merecen una atención especial.
Las recomendaciones de las autoridades francesas tras los ataques de octubre incluían actualizar los programas de control, cambiar contraseñas, proteger las conexiones remotas y evitar que los dispositivos frigoríficos sean directamente accesibles desde internet.
Son medidas conocidas en ciberseguridad, pero su aplicación resulta más complicada cuando una gran cadena depende de cientos de establecimientos, proveedores externos y equipos instalados hace años.
La seguridad informática ya forma parte de la seguridad alimentaria. Los ataques de octubre y noviembre han demostrado que una vulnerabilidad en un sistema aparentemente secundario puede inutilizar toneladas de mercancía, ocasionar pérdidas económicas y alterar el funcionamiento de supermercados en varios países.
El desafío no consiste únicamente en devolver los congeladores a su temperatura habitual. También pasa por impedir que alguien, desde cualquier lugar y sin pisar una tienda, pueda volver a modificarla.
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