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Netanyahu abre pactos en Israel, pero exige no apoyar el terrorismo

Tras las elecciones de Israel, Netanyahu busca socios para un Gobierno amplio. Su bloque reúne 53 escaños y necesita ocho más para lograr la mayoría.

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Netanyahu convierte las elecciones de Israel

Imagen: Government Press Office (Israel) / Spokesperson Unit of the President of Israel / CC BY-SA 3.0

Resumen

  • Netanyahu se abre a nuevos pactos para formar un Gobierno amplio
  • Su bloque tiene 53 escaños y necesita ocho más para gobernar
  • La oposición mira a los 19 diputados árabes para romper el bloqueo

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha anunciado su disposición a dialogar con otras formaciones políticas para constituir un Gobierno nacional amplio tras las elecciones del pasado 27 de octubre. Su propuesta contempla mantener a sus actuales socios e incorporar nuevos partidos, aunque establece una condición: no respaldar el terrorismo. El ofrecimiento llega en un momento delicado para el dirigente del Likud, cuyo bloque ha perdido la mayoría absoluta en el Parlamento israelí.

La iniciativa busca desbloquear un escenario político en el que ninguna de las dos grandes alianzas puede gobernar por sí sola. El bloque de Netanyahu ha obtenido 53 de los 120 escaños de la Knéset, mientras que la oposición encabezada por Gadi Eisenkot suma 48. Los otros 19 corresponden a las formaciones árabes, cuya representación ha aumentado considerablemente. Para asegurarse una mayoría absoluta hacen falta 61 diputados. Netanyahu necesita ocho más.

El movimiento supone una nueva apertura política del mandatario conservador, que durante la campaña defendió la continuidad de un Ejecutivo de derechas y rechazó cualquier fórmula que dependiera del respaldo de partidos árabes. Ahora admite la posibilidad de ampliar sus apoyos, aunque sin renunciar a establecer las condiciones políticas de esa incorporación.

La cuestión es si sus adversarios están dispuestos a aceptar la invitación. Porque una cosa es ofrecer diálogo y otra bastante distinta conseguir que quienes han prometido desalojarle del poder terminen respaldando su continuidad al frente de Israel.

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Netanyahu ofrece un Gobierno amplio, pero establece condiciones

La propuesta del primer ministro consiste en construir una coalición que reúna a sus socios tradicionales y a otras fuerzas parlamentarias. Netanyahu se ha mostrado abierto a negociar, pero ha señalado expresamente que no apoyar el terrorismo constituye una condición para cualquier entendimiento.

El planteamiento debe interpretarse dentro de la profunda división política que atraviesa Israel. Netanyahu ha defendido durante meses la necesidad de un Gobierno nacional capaz de afrontar los desafíos de seguridad del país, preservar su capacidad militar y mantener una posición firme frente a sus adversarios regionales.

Sin embargo, su concepto de Gobierno amplio tiene límites. En declaraciones anteriores, el dirigente del Likud dejó claro que pretendía conservar a sus aliados ultraortodoxos y de extrema derecha. También sostuvo que la incorporación de otras formaciones debía estar supeditada a principios políticos compartidos, entre ellos el rechazo a la creación de un Estado palestino.

Por eso, un Gobierno nacional amplio no equivale necesariamente a un Ejecutivo de unidad nacional. El primero podría incorporar nuevos socios sin modificar sustancialmente la orientación de la coalición actual. El segundo exigiría un acuerdo de mayor alcance con fuerzas que, hasta ahora, se han opuesto abiertamente a Netanyahu.

Esa diferencia resulta fundamental para entender las posibilidades reales de la propuesta.

Las elecciones dejan a Netanyahu sin mayoría absoluta

Los comicios celebrados el 27 de octubre han colocado a Israel ante un complicado reparto parlamentario. El Likud continúa siendo el partido más grande, con 27 diputados, pero el conjunto de fuerzas que respaldan a Netanyahu se ha quedado en 53 escaños.

El resultado representa una pérdida de la mayoría de la que disfrutaba su anterior coalición. Aunque el primer ministro ha conseguido resistir electoralmente mejor de lo que anticipaban algunos sondeos, no dispone de los votos necesarios para formar un nuevo Gobierno sin incorporar apoyos adicionales.

La oposición liderada por Gadi Eisenkot tampoco ha conseguido una mayoría propia. Sus 48 diputados resultan insuficientes para impulsar un cambio político sin negociar con otras formaciones.

El panorama deja varias posibilidades abiertas: una coalición encabezada por Netanyahu con nuevos socios, un acuerdo entre fuerzas de la oposición con apoyo árabe o incluso una fórmula de unidad nacional. Todas presentan obstáculos políticos importantes.

Eisenkot y el difícil camino hacia un Gobierno alternativo

El principal rival de Netanyahu, el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, dirige una alianza que pretende poner fin a la etapa del actual primer ministro.

Sus socios han rechazado participar en un Ejecutivo encabezado por Netanyahu, al que responsabilizan políticamente de los fallos de seguridad relacionados con los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y de decisiones que consideran perjudiciales para las instituciones democráticas israelíes.

Un acuerdo entre el bloque de Netanyahu y el partido Yashar de Eisenkot proporcionaría una mayoría parlamentaria holgada. Sin embargo, esa posibilidad exigiría superar compromisos electorales y enfrentamientos que no han desaparecido con el recuento de votos.

La oposición afronta sus propias contradicciones. Aunque sus partidos coinciden en la necesidad de sustituir al primer ministro, no todos aceptan las mismas condiciones para gobernar.

Avigdor Lieberman, dirigente de Israel Beitenu, ha descartado tanto participar en un Gobierno presidido por Netanyahu como hacerlo en uno que dependa de los partidos árabes. Su formación cuenta con siete diputados, suficientes para complicar seriamente las negociaciones de Eisenkot.

Los 19 diputados árabes pueden decidir el próximo Gobierno

Uno de los resultados más relevantes de las elecciones es el avance de la representación política de los ciudadanos árabes de Israel, que constituyen aproximadamente una quinta parte de la población.

Las dos principales candidaturas árabes han conseguido 19 escaños: 11 para la Lista Conjunta y ocho para Ra’am.

Si los 48 parlamentarios del bloque opositor alcanzaran un acuerdo con ambas formaciones, sumarían 67 diputados. La cifra supera la mayoría absoluta, pero no garantiza que todos estén dispuestos a respaldar un mismo Gobierno.

De hecho, si los siete representantes del partido de Lieberman rechazaran esa alianza, la suma quedaría reducida a 60 escaños. La aritmética ofrece posibilidades; los compromisos políticos, muchas menos.

Los dirigentes árabes han manifestado su disposición a colaborar para poner fin al Gobierno de Netanyahu, aunque existen diferencias sobre cómo hacerlo.

La Lista Conjunta contempla apoyar desde el Parlamento a un Ejecutivo alternativo sin incorporarse necesariamente al Consejo de Ministros. Ra’am, que ya participó en la coalición que desplazó a Netanyahu en 2021, mantiene una posición más abierta a integrarse en el Gobierno.

La acusación de apoyar el terrorismo agrava la división política

La condición planteada por Netanyahu adquiere especial importancia por sus reiteradas críticas a las formaciones árabes. El primer ministro y el Likud han acusado a determinados representantes de estas fuerzas de respaldar el terrorismo y de representar una amenaza para el Estado israelí.

Son acusaciones políticas que conviene distinguir de hechos judicialmente acreditados. La identidad árabe de un partido no implica apoyo al terrorismo, del mismo modo que las discrepancias sobre la guerra de Gaza o la política hacia los palestinos no constituyen, por sí mismas, respaldo a organizaciones armadas.

El debate también afecta a Eisenkot, que ha condicionado posibles acuerdos a principios como el reconocimiento de Israel como Estado judío y democrático, la prestación de servicio militar o civil y el reconocimiento de Hamás como organización terrorista.

Algunos representantes árabes han condenado los ataques del 7 de octubre, pero rechazan determinadas exigencias políticas relacionadas con Hamás. Esa discrepancia dificulta las negociaciones.

El problema trasciende la composición del próximo Ejecutivo. También afecta a la participación de la minoría árabe en las instituciones democráticas israelíes y a su capacidad para influir legítimamente en la formación de mayorías parlamentarias.

Herzog inicia las consultas para evitar nuevas elecciones

El presidente de Israel, Isaac Herzog, tendrá un papel decisivo en las próximas semanas. Después de unos comicios sin vencedor parlamentario claro, deberá determinar qué dirigente dispone de mayores posibilidades de conseguir los apoyos necesarios para formar Gobierno.

Herzog tiene previsto iniciar el 4 de noviembre las consultas con los partidos representados en la nueva Knéset. El presidente ha defendido la necesidad de explorar acuerdos y evitar que el país vuelva a quedar atrapado en una sucesión de elecciones anticipadas.

La legislación israelí establece un procedimiento para intentar desbloquear estas situaciones. El dirigente que reciba el encargo presidencial dispondrá inicialmente de 28 días para formar Gobierno, con la posibilidad de obtener una ampliación de 14 días. Si fracasa, podrán abrirse nuevas oportunidades para otros candidatos.

La nueva Knéset tiene previsto constituirse el 10 de noviembre, una fecha importante porque los partidos opositores podrían intentar controlar la presidencia de la Cámara y avanzar iniciativas parlamentarias incluso antes de que exista un nuevo Ejecutivo.

El precedente preocupa a los responsables institucionales. Entre 2019 y 2022, Israel celebró cinco elecciones generales en poco más de tres años, consecuencia de una fragmentación política que dificultó repetidamente la formación de gobiernos estables.

Mientras no se constituya un Ejecutivo alternativo, Netanyahu continuará desempeñando sus funciones al frente del Gobierno saliente.

El futuro de Netanyahu depende de ocho escaños

La oferta de diálogo llega cuando el primer ministro afronta una de las negociaciones más delicadas de su trayectoria política. Su partido sigue siendo el más grande de Israel, pero su bloque ha perdido la capacidad de garantizar por sí solo la continuidad de la coalición.

Netanyahu mantiene una posición relevante en las conversaciones y dispone de distintas opciones para intentar sumar apoyos. También conserva la ventaja política de permanecer al frente del Gobierno mientras se resuelve el proceso.

Pero sus rivales cuentan con una posibilidad que hasta hace poco parecía más difícil: construir una alternativa parlamentaria con la participación, directa o indirecta, de los representantes árabes.

Ninguna de esas fórmulas está acordada. La disposición de Netanyahu a ampliar su Gobierno no significa que haya conseguido nuevos aliados, ni que los partidos de la oposición estén preparados para abandonar sus compromisos electorales.

El presidente Herzog tratará de acercar posiciones en un Parlamento profundamente dividido, con importantes decisiones pendientes sobre seguridad, justicia y política territorial.

Por ahora, el dato decisivo sigue siendo el mismo: Netanyahu necesita ocho diputados adicionales para alcanzar la mayoría absoluta. Su propuesta abre una vía de negociación, pero la continuidad del primer ministro dependerá de que otros partidos estén dispuestos a recorrerla.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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