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Netanyahu gana las elecciones en Israel, pero no puede gobernar solo
Likud vuelve a ser la fuerza más votada, pero Netanyahu suma 53 escaños con sus aliados y necesita nuevos apoyos para formar Gobierno en Israel.
Por Avi Ohayon / Oficina de Prensa del Gobierno de Israel, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Likud gana con 27 escaños, pero el bloque de Netanyahu se queda en 53
- La mayoría absoluta está en 61 y ningún bloque la alcanza por sí solo
- Los partidos árabes suman 19 escaños y pueden decidir el próximo Gobierno
Benjamin Netanyahu ha vuelto a quedar primero en las elecciones de Israel, pero la victoria no le entrega una mayoría para gobernar. El Likud ha conseguido 27 escaños y vuelve a ser la mayor fuerza de la Knesset, mientras que el bloque que respalda al primer ministro suma 53 diputados, ocho menos de los 61 necesarios para controlar la cámara.
El resultado deja a Israel ante una negociación política especialmente complicada. El bloque contrario a Netanyahu reúne 48 escaños y los partidos árabes alcanzan otros 19, una cifra histórica que puede convertirlos en decisivos para determinar quién termina formando Gobierno. Netanyahu sigue al frente del Ejecutivo mientras se abre una negociación sin una mayoría clara.
La fotografía electoral es bastante nítida, aunque políticamente incómoda: Netanyahu gana la carrera entre partidos, pero pierde algo fundamental en un sistema parlamentario, la mayoría de su bloque. La aritmética obliga ahora a buscar aliados fuera del esquema de gobierno que le permitió dominar la legislatura anterior.
Likud gana las elecciones, pero el bloque de Netanyahu retrocede
Los resultados definitivos de las elecciones celebradas el 27 de octubre de 2026 sitúan al Likud con 27 diputados. Por detrás aparece Yashar, la formación encabezada por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, con 21 escaños. B’Yachad, de Naftali Bennett, consigue 12.
La composición de la nueva Knesset muestra hasta qué punto se ha fragmentado el Parlamento. La Lista Conjunta logra 11 diputados; Los Demócratas, 8; Ra’am, otros 8; Yisrael Beytenu, 7; Judaísmo Unido de la Torá, 7; Otzma Yehudit, 7; Shas, 6; y Sionismo Religioso, otros 6.
El bloque favorable a Netanyahu, formado por Likud, Shas, Judaísmo Unido de la Torá, Otzma Yehudit y Sionismo Religioso, alcanza así los 53 diputados. En la Knesset saliente disponía de 68. La caída es considerable: conserva la primera posición, pero pierde la mayoría construida con sus aliados tradicionales.
La participación alcanzó el 77,9% del electorado, con más de 5,7 millones de votos emitidos. Es una movilización elevada para unas elecciones que han terminado, paradójicamente, sin despejar quién podrá gobernar.
Los 19 escaños árabes cambian las cuentas para formar Gobierno
Una de las grandes novedades del resultado está en el avance de las fuerzas árabes. La Lista Conjunta obtiene 11 diputados y Ra’am otros ocho. Entre ambas suman 19 escaños, prácticamente el doble de su representación anterior y un máximo histórico conjunto.
Esos diputados pueden resultar decisivos. El bloque encabezado por Eisenkot suma 48 representantes y, sobre el papel, una combinación con los 19 parlamentarios árabes llegaría a 67 escaños, seis por encima de la mayoría absoluta.
Una mayoría posible en números, mucho más difícil en política
La suma existe. Convertirla en un Gobierno estable es otra cuestión. Varias fuerzas del bloque contrario a Netanyahu han rechazado durante la campaña gobernar junto a formaciones árabes, por lo que un acuerdo de este tipo obligaría a revisar compromisos electorales importantes.
Otra fórmula sería que los partidos árabes no entrasen formalmente en el Ejecutivo pero facilitaran desde fuera una coalición minoritaria. La posibilidad está dentro de la aritmética parlamentaria, aunque sería políticamente delicada para varios de los partidos implicados.
La participación de fuerzas árabes en gobiernos israelíes sigue siendo excepcional. Ra’am ya formó parte de la heterogénea coalición que desalojó temporalmente a Netanyahu del poder en 2021, un precedente que vuelve a adquirir relevancia tras el nuevo reparto de escaños.
Netanyahu necesita aliados nuevos para seguir gobernando
El problema del primer ministro no es haber perdido las elecciones. Likud ha sido el partido ganador. El problema es que los partidos con los que ha gobernado hasta ahora ya no bastan para reunir los 61 diputados necesarios.
Con 53 escaños en su bloque, Netanyahu necesita incorporar al menos otros ocho apoyos. Eso obliga a mirar hacia formaciones que han competido contra él y cuyos dirigentes mantienen diferencias políticas importantes con el actual primer ministro.
Entre los nombres relevantes aparecen Naftali Bennett y Avigdor Lieberman, ambos procedentes de la derecha israelí pero enfrentados en distintos momentos a Netanyahu. Las diferencias entre estas fuerzas y los partidos ultraortodoxos, especialmente alrededor del servicio militar, complican cualquier pacto sencillo.
Netanyahu podría intentar atraer a partidos enteros, negociar acuerdos parciales o buscar apoyos individuales. Ninguna opción parece fácil. Y, como suele ocurrir en la política israelí, lo dicho durante una campaña puede encontrarse después con una realidad parlamentaria bastante menos cómoda.
Una gran coalición también aparece entre los escenarios posibles
Otra salida sería algún tipo de Gobierno de unidad entre el Likud y sectores del bloque encabezado por Eisenkot. Numéricamente permitiría superar con holgura los 61 diputados y reducir la dependencia de algunos de los socios más difíciles de encajar.
El obstáculo es político. Eisenkot y varios de sus aliados han construido su campaña alrededor de la necesidad de sustituir a Netanyahu y han criticado su gestión, su responsabilidad política tras los fallos de seguridad del 7 de octubre de 2023 y el proceso judicial por corrupción que afronta.
Una alianza entre ambos obligaría, por tanto, a asumir un coste político considerable. Pero la alternativa puede ser un bloqueo prolongado y, en el peor de los casos, otra convocatoria electoral.
Qué ocurre ahora tras las elecciones de Israel
El reparto de escaños no produce automáticamente un nuevo Gobierno. Los resultados serán presentados oficialmente al presidente israelí, Isaac Herzog, el 4 de noviembre, tras las comprobaciones correspondientes. A partir de ahí comenzarán las consultas con los partidos.
Herzog deberá decidir qué dirigente tiene más posibilidades de reunir una mayoría parlamentaria y encargarle la formación del próximo Ejecutivo. No existe una obligación automática de entregar esa misión al líder del partido con más escaños. Lo determinante será quién pueda demostrar más apoyos en la Knesset.
La nueva cámara tiene previsto constituirse el 10 de noviembre, aunque para entonces podría no existir todavía un acuerdo de Gobierno. La elección del presidente del Parlamento y el control inicial de la agenda legislativa pueden convertirse también en parte de la negociación.
Mientras duren esas conversaciones, Netanyahu permanece como primer ministro. El resultado electoral no supone su salida inmediata del cargo, aunque sí abre la posibilidad real de que la mayoría parlamentaria termine articulándose alrededor de otro dirigente.
El riesgo de volver otra vez a las urnas
Existe otro escenario que Israel conoce demasiado bien: que ningún candidato consiga formar Gobierno. Si fracasan las sucesivas negociaciones y nadie logra reunir una mayoría viable, el país podría enfrentarse a nuevas elecciones en 2027.
No sería precisamente territorio desconocido. Entre 2019 y 2022 Israel atravesó una prolongada etapa de bloqueo político que llevó al país a celebrar cinco elecciones en tres años y medio. La dificultad para construir coaliciones a favor o en contra de Netanyahu convirtió cada votación en el comienzo de una nueva ronda de pactos.
El resultado de 2026 amenaza con recuperar parte de aquella dinámica. Hay más diputados fuera del bloque de Netanyahu que dentro, pero esos escaños pertenecen a partidos con diferencias profundas entre sí. Tener una mayoría potencial no equivale necesariamente a ser capaz de construirla.
La victoria de Netanyahu abre una batalla mucho más difícil
Las elecciones dejan una realidad clara: Netanyahu sigue encabezando la principal fuerza política de Israel, pero ya no dispone de una mayoría parlamentaria formada por sus aliados habituales. Likud consigue 27 escaños, su bloque se queda en 53, la oposición reúne 48 y las fuerzas árabes alcanzan 19.
La victoria electoral, por tanto, no decide quién gobernará. Netanyahu necesita ampliar su bloque; Eisenkot tendría que encontrar apoyos entre fuerzas que mantienen fuertes diferencias entre sí; y los partidos árabes disponen de una representación suficiente para inclinar la balanza si alguna de las grandes fuerzas decide contar con ellos.
Netanyahu ha ganado la primera batalla, la de las urnas. La segunda será mucho más complicada: reunir los 61 diputados que convierten una victoria electoral en un Gobierno.
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