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Ciencia

Un telescopio de la NASA cae hacia la Tierra tras fallar su rescate

El telescopio Swift de la NASA afronta una reentrada incontrolada después de que fracasara la misión destinada a elevar su órbita y salvarlo.

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Un telescopio de la NASA

Resumen

  • Swift, de 1,5 toneladas, caerá a la Tierra en una reentrada sin control
  • El rescate orbital de la NASA y Katalyst fracasó por un fallo de LINK
  • España queda fuera del corredor posible por la inclinación de su órbita

El Neil Gehrels Swift Observatory, un telescopio espacial de la NASA de alrededor de 1,5 toneladas, encara los últimos días de su órbita y terminará entrando en la atmósfera terrestre sin un descenso controlado. La estimación disponible sitúa la reentrada alrededor del 4 de noviembre de 2026, aunque con un margen de incertidumbre suficientemente amplio como para que la fecha y la hora todavía puedan variar.

La mayor parte del observatorio debería desintegrarse durante la reentrada por las enormes temperaturas y fuerzas aerodinámicas que sufrirá al penetrar en las capas más densas de la atmósfera. Algunos componentes especialmente resistentes podrían sobrevivir y alcanzar la superficie. Para España hay un dato tranquilizador: el país queda fuera de la franja orbital por la que puede producirse la caída.

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Cuándo caerá el telescopio Swift de la NASA

Determinar con varios días de antelación el instante exacto de una reentrada incontrolada es bastante menos preciso de lo que podría parecer. La densidad de las capas superiores de la atmósfera cambia y pequeñas variaciones pueden modificar sensiblemente el momento en que un objeto pierde de forma definitiva su órbita.

La previsión de The Aerospace Corporation situaba el centro de la ventana en el 4 de noviembre a las 09:30 UTC, con un margen aproximado de 26 horas a cada lado. Ese intervalo se irá estrechando conforme Swift pierda altura y aumente el rozamiento atmosférico. En otras palabras, la fecha está bastante acotada; el punto exacto, todavía no.

Hasta las últimas horas tampoco será posible conocer con precisión sobre qué zona se producirá la desintegración del telescopio. Swift se mueve a velocidad orbital y tarda alrededor de hora y media en completar una vuelta a la Tierra, de modo que una diferencia de pocos minutos puede trasladar el posible punto de reentrada miles de kilómetros.

España queda fuera de la trayectoria posible

Swift fue colocado en una órbita con una inclinación de aproximadamente 20,5 grados al norte y al sur del ecuador. Eso significa que el satélite no sobrevuela latitudes superiores a ese límite. España, incluidas las islas Canarias, queda por tanto fuera del corredor geográfico donde podría iniciarse la reentrada.

La zona potencial se extiende por una amplia franja ecuatorial que atraviesa grandes áreas de los océanos Pacífico, Atlántico e Índico, además de partes de África, América, Asia y Oceanía. La enorme proporción de superficie marina dentro de esa banda hace que el escenario estadísticamente más probable sea que los posibles restos terminen en el océano.

Qué puede sobrevivir a una reentrada de 1,5 toneladas

Que Swift tenga una masa próxima a los 1.500 kilos no significa que todo ese material vaya a impactar contra el suelo. Al penetrar en la atmósfera a varios kilómetros por segundo, el observatorio será sometido a temperaturas extremas y a fuerzas capaces de fragmentar y vaporizar buena parte de su estructura.

La previsión es que la mayor parte del telescopio se queme durante el descenso. Algunos materiales de alta resistencia térmica y determinados componentes internos pueden soportar mejor la reentrada y seguir descendiendo como fragmentos, aunque su trayectoria final resulta prácticamente imposible de anticipar con días de margen.

Eso tampoco convierte la caída en una amenaza general para la población. La posibilidad de que un fragmento alcance una zona habitada es reducida, especialmente porque la trayectoria posible de Swift cruza enormes extensiones de océano y regiones con baja densidad de población.

El seguimiento orbital irá ganando precisión a medida que el telescopio descienda. En este tipo de situaciones, unas pocas horas pueden cambiar de forma notable el mapa de posibles zonas de reentrada, por lo que las estimaciones más útiles serán las que se realicen cuando el observatorio esté ya muy cerca de las capas densas de la atmósfera.

Por qué Swift está perdiendo su órbita

La caída de Swift no comenzó por una avería súbita. El telescopio llevaba años perdiendo lentamente altura debido al rozamiento con la atmósfera, un proceso inevitable para los satélites situados en órbita terrestre baja cuando no disponen de capacidad suficiente para elevar periódicamente su trayectoria.

El descenso se aceleró por la elevada actividad solar. Cuando el Sol atraviesa periodos especialmente activos, calienta y expande las capas exteriores de la atmósfera terrestre. A cientos de kilómetros de altura sigue habiendo muy pocas partículas, pero bastan para aumentar el arrastre sobre un satélite que se desplaza a enorme velocidad.

Swift no contaba con un sistema de propulsión pensado para realizar grandes maniobras de elevación orbital. El resultado fue una pérdida de altura cada vez más rápida. El 20 de octubre, cuando se encontraba por debajo de unos 275 kilómetros, el observatorio dejó de poder mantener con suficiente estabilidad sus objetivos científicos y entró en modo seguro.

La NASA puso entonces fin a sus operaciones y preparó la nave para la reentrada. Su misión principal había sido diseñada inicialmente para durar apenas dos años. Terminó trabajando durante casi 22. Pocos instrumentos espaciales pueden presumir de haber estirado tanto su fecha de caducidad.

La misión enviada para salvar Swift terminó fracasando

La NASA había intentado evitar ese desenlace. En septiembre de 2025 contrató a Katalyst Space Technologies para desarrollar una misión de rescate: enviar otro vehículo hasta Swift, capturarlo mediante un sistema robótico y empujarlo hacia una órbita más alta para prolongar su vida científica.

El vehículo, denominado LINK, despegó el 3 de julio de 2026. La operación era especialmente compleja porque Swift nunca había sido diseñado para recibir mantenimiento en órbita. LINK debía aproximarse, sujetar un satélite de más de una tonelada y modificar su trayectoria sin contar con un puerto específico de acoplamiento.

Los problemas aparecieron durante la puesta en servicio. LINK sufrió una anomalía en su sistema de control de actitud y dos de sus tres ruedas de reacción quedaron inutilizadas por un fallo eléctrico. Los ingenieros consiguieron recuperar parcialmente el control mediante el uso combinado de propulsores y la rueda restante, pero hacerlo consumía combustible a un ritmo demasiado elevado.

NASA y Katalyst concluyeron finalmente que LINK no disponía de combustible suficiente para ejecutar de forma segura la captura y elevación de Swift. El vehículo logró aproximarse a entre 12 y 15 kilómetros del observatorio y completó varias pruebas tecnológicas, pero nunca llegó a agarrarlo.

LINK terminó abandonando también su propia órbita y reentró en la atmósfera el 25 de septiembre. El rescate dejó datos útiles para futuras misiones de servicio en el espacio, aunque no consiguió el objetivo que más urgía: ganar tiempo para Swift.

Un telescopio creado para perseguir explosiones cósmicas

Swift fue lanzado desde Cabo Cañaveral el 20 de noviembre de 2004 con una misión muy concreta: detectar estallidos de rayos gamma, algunos de los fenómenos más violentos y energéticos conocidos en el universo.

Su principal ventaja era la velocidad. Cuando detectaba uno de estos estallidos podía calcular su posición, transmitir rápidamente el aviso a otros observatorios y girar sus propios telescopios en alrededor de un minuto para estudiar el resplandor posterior antes de que se debilitara.

Durante su larga carrera, Swift observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma y estudió más de 1.400 supernovas. También siguió estrellas destruidas por agujeros negros, galaxias activas, asteroides y cometas, además de realizar observaciones en rayos X, ultravioleta y luz visible.

Los datos recogidos por el observatorio han contribuido a unos 7.000 trabajos científicos. Una misión concebida inicialmente para dos años terminó convertida en una de las herramientas de respuesta rápida más longevas de la astrofísica moderna.

Swift desaparecerá, pero su archivo seguirá en uso

La reentrada de Swift marcará el final físico del observatorio, pero su actividad científica terminó unos días antes. El 20 de octubre de 2026 realizó su última observación y los responsables de la misión dieron por concluidas las operaciones cuando el descenso orbital hizo imposible mantener los instrumentos apuntados con la estabilidad necesaria.

Durante los próximos días, el interés se concentrará en precisar cuándo se producirá la reentrada y sobre qué zona de la franja orbital se desintegrará. La ventana continuará ajustándose a medida que el rozamiento atmosférico acelere el descenso y la órbita se vuelva definitivamente insostenible.

El telescopio desaparecerá en cuestión de minutos, pero no el resultado de casi 22 años de observaciones. Su archivo continuará disponible para la comunidad científica y permitirá estudiar durante años fenómenos que Swift registró mucho antes de iniciar su último viaje hacia la Tierra.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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