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Ciencia

La NASA apaga el telescopio Swift tras 22 años y prevé su reentrada

La NASA pone fin a la misión del telescopio Swift tras casi 22 años. El observatorio reentrará en la atmósfera terrestre en las próximas semanas.

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La NASA apaga el telescopio Swift

Imagen: NASA / Sophia Roberts (Dominio público).

Resumen

  • La NASA concluye la misión de Swift tras casi 22 años de observaciones
  • El telescopio reentrará en la atmósfera terrestre en las próximas semanas
  • Un intento de rescate fallido no logró detener su descenso orbital

La NASA ha dado por concluida la misión del telescopio espacial Swift, uno de sus observatorios más veteranos, después de casi 22 años estudiando algunas de las explosiones más violentas del universo. El satélite realizó su última observación científica el 20 de octubre de 2026 y se espera que reentre en la atmósfera terrestre durante las próximas semanas, según confirmó la agencia espacial estadounidense el pasado 23 de octubre.

El final llega después de que Swift descendiera hasta los 275 kilómetros de altitud, donde la resistencia atmosférica comenzó a impedir que sus instrumentos mantuvieran una orientación estable hacia los objetos astronómicos. El observatorio entró en modo seguro y los responsables de la misión, desde la Universidad Estatal de Pensilvania, enviaron la orden que puso fin a sus operaciones.

No ha sido un desenlace inesperado. La NASA llevaba meses intentando prolongar la vida útil del satélite, cuya órbita se estaba deteriorando a mayor velocidad por el incremento de la actividad solar. Incluso organizó una operación de rescate mediante una nave robótica que debía elevarlo a una órbita más segura. El intento fracasó durante el verano.

Swift fue lanzado el 20 de noviembre de 2004 con una vida útil inicialmente prevista de dos años. Ha trabajado más de diez veces ese periodo, ha observado miles de fenómenos cósmicos y ha contribuido a transformar la astronomía de alta energía. Su pérdida supone también la desaparición de una capacidad especialmente valiosa: detectar una explosión distante y orientar sus telescopios hacia ella en aproximadamente un minuto.

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Por qué la NASA ha tenido que apagar el telescopio Swift

El principal problema de Swift no ha sido un fallo repentino de sus instrumentos científicos, sino la pérdida progresiva de altura. Como cualquier satélite situado en una órbita terrestre baja, estaba sometido al rozamiento con las partículas de la atmósfera, extremadamente tenue a esas altitudes, pero suficiente para frenar lentamente su movimiento.

La actividad solar agravó el problema. Cuando aumenta la energía procedente del Sol, las capas superiores de la atmósfera se calientan y se expanden. Esa expansión incrementa la densidad del aire que encuentran determinados satélites, intensifica el rozamiento y acelera su descenso orbital.

En el caso de Swift, el efecto terminó siendo decisivo. Durante meses, los ingenieros modificaron la orientación del observatorio y limitaron sus actividades científicas para reducir la resistencia atmosférica. Se trataba de ganar tiempo mientras se preparaba una operación capaz de elevarlo de nuevo.

La situación cambió definitivamente el 20 de octubre, cuando el satélite alcanzó los 275 kilómetros. A esa altura, las condiciones ya no permitían mantener de forma estable las observaciones astronómicas. El equipo de control ordenó entonces el final de la misión.

La decisión llegó después de un último periodo de actividad. Tras comenzar a reactivar sus instrumentos a finales de agosto, Swift pudo examinar cientos de objetivos adicionales, desde restos de explosiones estelares hasta agujeros negros supermasivos y cometas del sistema solar. Aquellas observaciones también contribuyeron a incrementar nuevamente el rozamiento orbital.

El intento fallido de rescate que pudo prolongar su vida útil

La NASA había preparado una operación extraordinaria para evitar este desenlace. En septiembre de 2025 contrató a la empresa estadounidense Katalyst Space para desarrollar una nave de servicio robótica capaz de alcanzar Swift, sujetarlo y elevar su órbita.

El vehículo, denominado LINK, despegó el 3 de julio de 2026 a bordo de un cohete Pegasus XL. Su misión consistía en demostrar que era posible intervenir sobre un satélite que no había sido diseñado originalmente para recibir ese tipo de mantenimiento.

La operación tenía dificultades considerables. LINK debía aproximarse al observatorio, controlar con precisión su posición y utilizar sus mecanismos robóticos para realizar una maniobra de elevación orbital. Todo ello con un calendario ajustado por el rápido descenso de Swift.

Sin embargo, después del lanzamiento aparecieron problemas de comunicación y de control de orientación en la nave de rescate. El 19 de agosto, la NASA y Katalyst confirmaron que no intentarían capturar ni elevar Swift. El riesgo de ejecutar la maniobra en esas condiciones resultaba demasiado elevado.

LINK continuó realizando pruebas tecnológicas, pero nunca llegó a rescatar el telescopio. La propia nave robótica reentró en la atmósfera terrestre el 25 de septiembre.

El resultado dejó a Swift sin una alternativa viable para detener su descenso. También puso de manifiesto una dificultad importante de la exploración espacial: prolongar la vida de un satélite mediante mantenimiento orbital exige tecnologías complejas, especialmente cuando el vehículo original no fue concebido para recibirlas.

Cuándo caerá Swift a la Tierra y qué ocurrirá durante su reentrada

La NASA calcula que el observatorio reentrará en la atmósfera durante las próximas semanas, aunque no ha anunciado una fecha exacta ni un lugar concreto.

La previsión depende de la evolución de su órbita y de las condiciones atmosféricas. El nivel de actividad solar puede modificar el rozamiento que experimenta el satélite y, por tanto, adelantar o retrasar su descenso definitivo.

El riesgo de que los restos lleguen a la superficie

Durante la reentrada, Swift se encontrará con capas progresivamente más densas de la atmósfera. El intenso calentamiento asociado a ese proceso provocará la destrucción de buena parte de su estructura.

Como ocurre con otros satélites, no puede descartarse que algunos componentes especialmente resistentes sobrevivan y alcancen la superficie terrestre. Sin embargo, las reentradas de objetos espaciales suelen representar un riesgo reducido para la población, principalmente porque la mayor parte de la superficie del planeta está cubierta por agua y amplias zonas terrestres están escasamente habitadas.

Por ahora, la NASA no ha comunicado una trayectoria definitiva de reentrada ni un punto de impacto. Tampoco existe una confirmación de que Swift haya regresado ya a la atmósfera. La previsión oficial continúa situando ese acontecimiento en las próximas semanas.

Conviene distinguir ambos momentos: la misión científica ya ha terminado, pero la desaparición física del observatorio todavía está pendiente.

Qué descubrió Swift durante casi 22 años en el espacio

El observatorio Neil Gehrels Swift fue concebido principalmente para estudiar los estallidos de rayos gamma, fenómenos extraordinariamente energéticos que pueden producirse cuando colapsan estrellas masivas o se fusionan objetos compactos, como las estrellas de neutrones.

Estas explosiones pueden durar desde fracciones de segundo hasta varios minutos. Su observación resulta especialmente complicada porque aparecen sin previo aviso y su emisión inicial desaparece rápidamente.

Swift resolvió una parte fundamental de ese problema mediante tres instrumentos complementarios: un detector de estallidos de rayos gamma, un telescopio de rayos X y otro de luz ultravioleta y visible.

Cuando detectaba una explosión, podía calcular su posición, avisar a otros observatorios y orientar automáticamente sus propios instrumentos hacia el fenómeno. Todo el proceso solía requerir alrededor de un minuto.

Más de 2.000 estallidos de rayos gamma y 1.400 supernovas

Las cifras de su actividad ilustran la dimensión del proyecto. Durante su trayectoria, Swift observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma y estudió más de 1.400 explosiones de supernovas.

También siguió estrellas destruidas por agujeros negros, examinó galaxias activas y realizó observaciones de asteroides y cometas. Sus datos han contribuido a la elaboración de aproximadamente 7.000 publicaciones científicas.

Uno de sus primeros resultados importantes llegó en mayo de 2005, cuando permitió detectar el resplandor residual de un estallido corto de rayos gamma, identificado como GRB 050509B, cuya emisión inicial duró apenas 0,03 segundos.

El hallazgo ayudó a respaldar los modelos que relacionan estos fenómenos con las fusiones de estrellas de neutrones. Era una demostración de la principal ventaja de Swift: no bastaba con detectar una explosión, también había que observar lo que sucedía inmediatamente después.

El observatorio permitió seguir procesos astronómicos que cambian en cuestión de segundos y ofreció información que los grandes telescopios, por sí solos, no siempre podían obtener a tiempo. Su rapidez de respuesta terminó convirtiéndose en una de las capacidades más importantes de la misión.

En 2018, la NASA rebautizó oficialmente la misión como Observatorio Neil Gehrels Swift, en homenaje a su primer investigador principal, fallecido el año anterior.

El legado científico de Swift seguirá disponible durante décadas

Aunque sus instrumentos ya no pueden continuar trabajando, Swift deja un archivo científico de enormes dimensiones. La NASA conserva aproximadamente 12 terabytes de información, incluidas mediciones de brillo, espectros obtenidos en distintas longitudes de onda y más de 1,5 millones de imágenes procedentes de su telescopio ultravioleta y óptico.

Este material permanece disponible para la comunidad investigadora y podrá utilizarse para revisar acontecimientos ya observados, comparar fenómenos astronómicos y desarrollar nuevos estudios. En astronomía, los datos antiguos adquieren con frecuencia un valor renovado cuando aparecen instrumentos o métodos de análisis más avanzados.

La agencia estadounidense estudia ahora cómo compensar la pérdida de la capacidad de respuesta rápida que ofrecía Swift. Entre las posibilidades se encuentran aprovechar otros telescopios espaciales existentes y desarrollar nuevas misiones, incluidas soluciones comerciales capaces de llegar a la órbita en plazos más cortos.

Ninguna de esas alternativas constituye, de momento, un sustituto directo anunciado para el observatorio.

Swift desaparecerá de la órbita terrestre después de haber superado ampliamente su vida útil prevista. Sus instrumentos dejarán de registrar nuevas explosiones, pero casi 22 años de observaciones continuarán proporcionando información sobre algunos de los acontecimientos más extremos del universo.

Su misión termina por un límite físico que ni siquiera una operación de rescate consiguió superar. El conocimiento acumulado, en cambio, seguirá a disposición de los astrónomos mucho después de que el satélite haya reentrado en la atmósfera.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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