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Ciencia

La NASA ve inevitable llegar a Marte tras 378 días de misión simulada

Cuatro voluntarios completan 378 días en una misión simulada de Marte y sostienen que la llegada humana al planeta rojo acabará siendo inevitable.

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inevitable llegar a Marte

Resumen

  • Cuatro voluntarios completaron 378 días en un hábitat que simula Marte
  • La NASA estudió aislamiento, recursos limitados y retrasos de comunicación
  • La tripulación cree inevitable que el ser humano termine llegando a Marte

Los cuatro integrantes de la segunda gran misión simulada de Marte de la NASA han salido del aislamiento después de pasar 378 días viviendo como si estuvieran en el planeta rojo. Su conclusión, después de más de un año sometidos a confinamiento, recursos limitados y comunicaciones demoradas, es rotunda: llevar seres humanos a Marte no solo sería posible, sino también «inevitable».

Ross Elder, comandante de la misión CHAPEA 2, admitió que los riesgos de viajar a Marte siguen siendo enormes. Aun así, defendió que los avances científicos, la preparación técnica y la capacidad de adaptación de las futuras tripulaciones hacen alcanzable un objetivo que hasta hace unas décadas pertenecía casi por completo a la ciencia ficción. Eso sí: la experiencia realizada en Houston no demuestra que un viaje real esté resuelto. Demuestra algo más concreto y esencial: cómo pueden responder cuatro personas cuando se intenta reproducir durante más de un año parte de la vida que tendrían en Marte.

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378 días viviendo como si estuvieran en Marte

La misión comenzó el 19 de octubre de 2025 y terminó el 31 de octubre de 2026. Ross Elder, Ellen Ellis, Matthew Montgomery y James Spicer permanecieron durante 378 días dentro de Mars Dune Alpha, un hábitat impreso en 3D situado en el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston, Texas.

El recinto tiene unos 160 metros cuadrados y está dividido en dormitorios individuales, zonas de trabajo, cocina, espacios para hacer ejercicio, instalaciones médicas y un área dedicada al cultivo de plantas. No es Marte, claro. La gravedad sigue siendo terrestre, tampoco existe una exposición real a la radiación del planeta y basta abrir una puerta para volver a Texas. Pero el experimento está concebido precisamente para estudiar aquello que sí puede reproducirse con bastante fidelidad.

Durante su estancia, los cuatro voluntarios realizaron caminatas marcianas simuladas, operaciones con robots, mantenimiento del hábitat, experimentos científicos, ejercicio físico y cultivo de alimentos. La NASA introdujo también limitaciones de recursos, incidencias con equipos y cargas de trabajo elevadas para observar cómo respondían los participantes bajo presión.

Una misión sin ayuda inmediata desde la Tierra

Uno de los elementos más importantes del experimento fue la comunicación con la Tierra. En una misión real a Marte no habría llamadas instantáneas con un centro de control. Según la posición relativa de ambos planetas, una señal puede tardar varios minutos en recorrer la distancia en un solo sentido.

CHAPEA reprodujo esa circunstancia mediante retrasos de comunicación de hasta unos 22 minutos. En determinados momentos, la tripulación tuvo que tomar decisiones sin recibir instrucciones inmediatas desde el exterior. También atravesó un periodo de pérdida simulada de comunicaciones inspirado en la conjunción solar, cuando Marte queda situado al otro lado del Sol respecto a la Tierra.

Ese detalle cambia bastante las cosas. En la Estación Espacial Internacional, los astronautas mantienen una comunicación relativamente inmediata con los equipos terrestres. En Marte, un problema aparentemente sencillo puede exigir que la tripulación lo resuelva por su cuenta antes siquiera de que el centro de control sepa que existe. La autonomía de los astronautas dejaría de ser una ventaja para convertirse en una necesidad.

Qué quiere aprender realmente la NASA con CHAPEA

CHAPEA son las siglas de Crew Health and Performance Exploration Analog. Su objetivo principal no consiste en demostrar que una nave pueda volar hasta Marte, sino en estudiar la salud y el rendimiento humano durante una misión extremadamente larga y sometida a condiciones de aislamiento.

La NASA quiere saber qué ocurre cuando cuatro personas tienen que convivir durante meses en poco espacio, con una dieta condicionada, actividad física programada, trabajo constante y contacto muy limitado con familiares y amigos. También estudia cuánto espacio necesita una futura tripulación, qué recursos consume y qué sistemas pueden resultar imprescindibles para vivir en Marte.

Los resultados servirán para mejorar desde el diseño de los hábitats hasta los sistemas alimentarios y los protocolos médicos. También permitirán decidir qué equipos merece la pena transportar desde la Tierra y qué recursos pueden reducirse sin comprometer el rendimiento de los astronautas.

El aislamiento, uno de los problemas menos visibles

Llegar a Marte implica mucho más que construir un cohete suficientemente potente. Una expedición tripulada podría mantener a sus integrantes años lejos de la Tierra si se suma el trayecto de ida, la estancia en la superficie y el regreso.

Ahí aparece una dificultad que rara vez protagoniza las imágenes espectaculares de la exploración espacial: convivir con las mismas personas, trabajar bajo presión y mantener la capacidad de tomar decisiones durante meses de aislamiento. La salud física y psicológica de la tripulación será tan importante como la tecnología que la transporte.

Ellen Ellis, oficial médica de CHAPEA 2, destacó tras salir del hábitat la importancia que tendría para una misión real contar con un equipo de apoyo terrestre bien coordinado, desde especialistas en ejercicio y nutrición hasta profesionales de salud conductual y supervisión médica.

La tripulación mantuvo incluso las comunicaciones personales sometidas al retraso característico de una misión marciana. Durante el año de aislamiento, el contacto con familiares y personas cercanas estuvo condicionado por esa falta de inmediatez. Puede parecer un detalle menor. Después de más de doce meses de confinamiento, deja de serlo.

Cultivar alimentos y reparar lo que se rompe

La vida cotidiana dentro de Mars Dune Alpha también permite investigar problemas bastante terrenales. Los integrantes de la misión cultivaron plantas, realizaron tareas de mantenimiento y participaron en experimentos relacionados con materiales, semillas y geología. La autosuficiencia será una de las grandes condiciones de cualquier estancia prolongada en Marte.

Producir parte de los alimentos podría ser especialmente importante. Transportar desde la Tierra todo lo necesario para una expedición de larga duración encarece y complica cualquier misión. La NASA estudia por ello cómo diseñar un sistema alimentario de larga duración que ocupe poco espacio, conserve sus propiedades y contribuya a preservar la salud de los astronautas.

El mismo principio sirve para las reparaciones. Una futura tripulación marciana no podrá esperar que llegue una pieza de recambio desde la Tierra. Herramientas, repuestos y materiales tendrán que seleccionarse cuidadosamente; otros componentes quizá puedan fabricarse sobre el terreno mediante tecnologías de fabricación aditiva.

Por eso el hábitat de CHAPEA está construido mediante impresión 3D. Esta tecnología es una de las posibilidades estudiadas para levantar instalaciones fuera de la Tierra utilizando menos material transportado desde nuestro planeta y aprovechando, en el futuro, recursos disponibles en el lugar de destino.

CHAPEA no significa que la NASA esté a punto de viajar a Marte

El entusiasmo expresado por los participantes no debe confundirse con un calendario cerrado. CHAPEA no prueba los principales sistemas necesarios para efectuar el viaje interplanetario ni reproduce todas las condiciones físicas de Marte que encontrarían los astronautas.

No simula la gravedad marciana, que equivale aproximadamente al 38% de la gravedad terrestre. Tampoco reproduce de manera completa la exposición a radiación de un viaje por el espacio profundo ni resuelve cuestiones fundamentales relacionadas con el transporte, el aterrizaje de grandes cargas en Marte o el regreso seguro a la Tierra.

La misión está centrada fundamentalmente en factores humanos, salud y rendimiento, no en realizar un ensayo completo de una expedición marciana. Es una diferencia importante. Vivir 378 días dentro de un hábitat terrestre permite estudiar muchas variables, pero no convierte en resueltos los enormes desafíos técnicos de un viaje real.

La estrategia de exploración tripulada se desarrolla de forma progresiva, con la Luna como banco de pruebas para tecnologías, operaciones y sistemas que algún día podrían emplearse mucho más lejos. Marte sigue siendo un objetivo de enorme complejidad científica, logística y económica.

De un hábitat en Houston a una misión real

CHAPEA 2 es la segunda experiencia de larga duración de esta serie. La primera comenzó en junio de 2023 y terminó en julio de 2024 después de otros 378 días de aislamiento. Repetir los experimentos permite comparar diferentes tripulaciones y acumular información sobre comportamiento, alimentación, ejercicio, salud y rendimiento.

Los datos recopilados durante esta segunda misión tendrán que analizarse para extraer conclusiones científicas detalladas. Ahí está buena parte del valor del proyecto. No basta con comprobar que cuatro personas pueden encerrarse durante un año y salir por la puerta: interesa saber cómo evolucionaron su rendimiento, estado físico y necesidades durante todo ese tiempo.

Ese conocimiento puede resultar decisivo cuando el aislamiento deje de ser un experimento. En Marte no habrá una puerta hacia Houston al otro lado de la pared, ni ayuda inmediata en caso de avería. La futura tripulación tendrá que estar preparada para trabajar con una autonomía desconocida hasta ahora en las misiones humanas.

Marte sigue lejos, pero el factor humano ya está a prueba

La afirmación de Ross Elder sobre una llegada «inevitable» a Marte refleja la confianza de quienes acaban de pasar más de un año ensayando una pequeña parte de ese futuro. No constituye una fecha ni una garantía científica, pero llega después de 378 días sometidos a condiciones deliberadamente exigentes.

Cuatro personas vivieron con algunas de las restricciones que acompañarían una misión marciana: aislamiento, retrasos de comunicación, recursos limitados, incidencias simuladas, ejercicio obligatorio y una rutina de trabajo exigente. La experiencia no responde a todos los interrogantes, pero permite observar cómo puede comportarse una tripulación humana en una misión prolongada.

La ingeniería tendrá todavía que resolver problemas enormes antes de que seres humanos puedan pisar Marte y regresar con seguridad. CHAPEA trabaja sobre otro igualmente importante: conseguir que, cuando exista una nave capaz de hacer el viaje, las personas que viajen dentro estén preparadas para soportarlo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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