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Georgia se distancia de Trump ante unas legislativas decisivas en 2026

Georgia llega a las legislativas con Ossoff por delante, Trump bajo en aprobación y la gobernación prácticamente empatada a dos días de votar.

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Una calle en Georgia

Imagen: Aude, CC BY-SA 2.5.

Resumen

  • Ossoff llega por delante de Collins en la carrera al Senado por Georgia
  • Trump obtiene un 42 % de aprobación y un 55 % de rechazo en el estado
  • La gobernación sigue muy ajustada entre Bottoms y el republicano Jackson

Georgia vuelve a situarse en el centro de la política estadounidense. El estado que Donald Trump recuperó para los republicanos en las presidenciales de 2024 llega a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre con un escenario bastante menos cómodo para la Casa Blanca: el demócrata Jon Ossoff parte con ventaja en la carrera al Senado y la aprobación del presidente permanece claramente en terreno negativo.

Eso no significa que Georgia se haya convertido de repente en un estado demócrata. Ni mucho menos. La elección para gobernador continúa extraordinariamente ajustada y el mapa político sigue partido en dos. Pero el cambio respecto a 2024 resulta difícil de ignorar: Trump ganó Georgia hace apenas dos años y su partido afronta allí una de las pruebas más delicadas de estas legislativas.

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Jon Ossoff llega con ventaja en la carrera al Senado

La elección que mejor refleja el momento político de Georgia es la del Senado. El demócrata Jon Ossoff busca la reelección frente al republicano Mike Collins y ha encabezado de forma consistente los sondeos realizados durante las últimas semanas de campaña.

Los últimos estudios demoscópicos han colocado a Ossoff con ventajas apreciables. Un promedio de encuestas publicado en la recta final le situaba alrededor del 53 % frente al 44 % de Collins, mientras distintos sondeos individuales han concedido al senador demócrata márgenes de entre siete y quince puntos. Son encuestas, naturalmente, no papeletas depositadas en una urna, pero el patrón es bastante estable.

Ossoff era considerado uno de los senadores demócratas que merecía mayor atención en 2026 porque representa un estado que Trump ganó en las últimas presidenciales. Retener ese escaño es fundamental para las aspiraciones demócratas de disputar el control del Senado, donde el partido necesita defender sus posiciones y conquistar además territorios actualmente republicanos.

Trump ganó Georgia en 2024, pero su aprobación cae al 42 %

Hay otro dato que explica la inquietud republicana. Una encuesta realizada en octubre entre votantes probables de Georgia situó la aprobación de Trump en el 42 %, frente a un 55 % que desaprueba su gestión. Entre los independientes, precisamente el grupo que ambos partidos necesitan atraer en una elección tan competida, el rechazo es todavía mayor.

La comparación con 2024 resulta especialmente significativa. Trump obtuvo entonces 2.663.117 votos frente a los 2.548.017 de Kamala Harris, una diferencia de algo más de 115.000 sufragios. Cuatro años antes, Joe Biden había ganado Georgia por apenas unas 12.000 papeletas. Aquí las mayorías suelen durar poco y la tranquilidad electoral, todavía menos.

Trump ha regresado al estado durante la recta final para intentar movilizar a su electorado y evitar un retroceso republicano en el Congreso. Los demócratas han respondido desplegando a figuras de primer nivel como Barack Obama y Kamala Harris, una señal bastante clara de la importancia concedida a Georgia dentro del tablero nacional.

El coste de la vida pesa sobre la campaña republicana

La economía atraviesa buena parte de la campaña. El precio de los alimentos y de la gasolina se encuentra entre las principales preocupaciones de los votantes, especialmente en los suburbios del área metropolitana de Atlanta, donde se libra una parte decisiva de la batalla electoral.

Trump ha intentado contrarrestar ese malestar poniendo el foco en la inversión y el empleo. Durante una de sus últimas visitas anunció una inversión multimillonaria de Audi para levantar una planta y defendió los resultados de su política económica. El problema para los republicanos es que la percepción cotidiana del coste de la vida pesa mucho más que cualquier gráfico cuando toca pasar por caja.

Georgia dejó de ser un bastión republicano seguro

Durante décadas, Georgia podía colocarse con bastante tranquilidad en la columna republicana. Esa certeza se ha evaporado. El crecimiento de Atlanta y sus suburbios, unido a los cambios demográficos y económicos de las últimas décadas, ha reducido las antiguas ventajas conservadoras y convertido al estado en uno de los territorios más competitivos de Estados Unidos.

El área metropolitana de Atlanta concentra gran parte del voto demócrata, mientras que numerosas zonas rurales continúan inclinándose con claridad hacia los republicanos. Entre ambos espacios se decide buena parte del estado. Georgia puede respaldar a Trump en unas presidenciales y, dos años después, mantener a un senador demócrata como favorito. El voto dividido sigue perfectamente vivo.

El voto afroamericano vuelve a ser decisivo

La movilización de la población afroamericana es otra pieza esencial. Más del 30 % de los habitantes de Georgia son afroamericanos, un porcentaje muy superior a la media nacional y con un peso electoral especialmente importante en Atlanta y otros grandes núcleos urbanos.

Ese electorado fue fundamental en la victoria de Biden en 2020 y en los posteriores triunfos demócratas al Senado. Obama eligió Atlanta para uno de sus grandes actos de esta recta final, mientras las campañas intentan asegurar hasta el último voto en un estado donde unos pocos miles de papeletas pueden separar una victoria de una derrota.

La gobernación demuestra que Georgia sigue dividida

La carrera para sustituir al gobernador republicano Brian Kemp ofrece una fotografía bastante distinta a la del Senado. La demócrata Keisha Lance Bottoms, exalcaldesa de Atlanta, se enfrenta al empresario republicano Rick Jackson en una elección que los sondeos mantienen prácticamente empatada.

Los últimos estudios han situado a ambos candidatos separados por apenas unos puntos, con encuestas que conceden pequeñas ventajas alternativamente a Bottoms o Jackson. Es decir, no existe un favorito claro. La fotografía electoral de Georgia sigue siendo mucho más compleja que un supuesto vuelco general hacia los demócratas.

Una victoria de Bottoms tendría, además, un componente histórico: se convertiría en la primera mujer y la primera persona afroamericana en gobernar Georgia. Jackson, por su parte, intenta prolongar el dominio republicano en la gobernación tras los ocho años de Brian Kemp.

Más de 2,3 millones de personas han votado por adelantado

La movilización está siendo extraordinariamente elevada. Más de 2,3 millones de personas han emitido ya su voto anticipado, una cifra que supera el récord registrado en las elecciones legislativas de 2022 y confirma el enorme interés que despiertan estos comicios.

La participación anticipada, por sí sola, no permite anticipar el resultado. Una elevada afluencia en Atlanta y otros núcleos urbanos puede favorecer a los demócratas, mientras los republicanos mantienen una poderosa estructura electoral en las áreas rurales y confían tradicionalmente en una fuerte participación durante la propia jornada electoral. Importa cuánto se vota, pero también dónde.

Georgia vuelve a medir el alcance político de Trump

Las urnas del martes 3 de noviembre decidirán mucho más que un senador y un gobernador. Georgia servirá como uno de los grandes termómetros del desgaste de Trump después de recuperar la Casa Blanca en 2024 y permitirá comprobar hasta dónde pueden avanzar los demócratas en estados que siguen estando al alcance de los dos grandes partidos.

Una victoria holgada de Ossoff tendría una evidente lectura nacional porque se produciría en un estado conquistado por Trump hace solo dos años. Si Bottoms ganara también la gobernación, el golpe político sería todavía más profundo. Si Jackson se impone, en cambio, quedaría demostrado que el rechazo a Trump no se traslada automáticamente a todos los candidatos republicanos.

Ahí está precisamente lo que convierte a Georgia en una de las grandes batallas electorales de Estados Unidos. No es territorio seguro para ninguno de los dos partidos. Trump lo recuperó en 2024; dos años después, llega a las legislativas con una popularidad negativa y con el candidato republicano al Senado por detrás en las encuestas. Las urnas dirán si es una advertencia pasajera o un nuevo movimiento del péndulo político que lleva años transformando el estado.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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