Economía
Big Tech devuelve menos caja al accionista por su gasto récord en IA
La gran tecnología genera más caja que nunca, pero destina una parte creciente a IA y centros de datos mientras reduce drásticamente las recompras.
Resumen
- Big Tech destina más caja que nunca a la carrera por la inteligencia artificial
- Las recompras de acciones se hunden mientras crece el gasto en centros de datos
- Wall Street exige más rentabilidad y menos promesas ante el coste de la IA
Las grandes tecnológicas estadounidenses están generando más dinero que nunca, pero una parte cada vez menor acaba en manos de sus accionistas. Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Oracle produjeron 542.900 millones de dólares de flujo de caja operativo durante los nueve primeros meses de 2026, un récord, mientras su gasto de capital se disparó hasta 556.900 millones.
El resultado cambia una costumbre que Wall Street llevaba años dando casi por sentada. Esas cinco compañías devolvieron mediante dividendos y recompras apenas el 9,3% del efectivo generado, frente al 27,4% de un año antes. Es la proporción más baja registrada en al menos 15 años. La inteligencia artificial está absorbiendo la caja a una velocidad poco habitual incluso para empresas acostumbradas a manejar presupuestos gigantescos.
El gasto en inteligencia artificial ya supera la caja generada
La magnitud del cambio se entiende mejor mirando debajo de los beneficios contables. El flujo de caja operativo combinado aumentó un 29% interanual, hasta esos 542.900 millones de dólares. El problema —o la apuesta, según se mire— está en lo que ocurre después.
El gasto de capital ligado en buena medida a centros de datos, chips, servidores y capacidad de computación para inteligencia artificial se duplicó hasta 556.900 millones. Por primera vez desde al menos 2011, estas cinco grandes tecnológicas gastaron en inversiones más dinero del que generaron sus operaciones.
Eso transformó un excedente de flujo de caja libre de 143.500 millones de dólares registrado un año antes en un déficit conjunto de 14.000 millones. No significa que las compañías estén al borde de quedarse sin dinero, ni mucho menos. Significa algo bastante más interesante para el mercado: financiar la carrera por la IA empieza a competir directamente con el efectivo que tradicionalmente se destinaba al accionista.
Y Wall Street ha empezado a hacer cuentas. Después de varios años premiando prácticamente cualquier aumento del gasto asociado a la inteligencia artificial, los inversores quieren saber cuánto dinero real queda después de pagar las nuevas infraestructuras.
Las recompras de acciones son las primeras sacrificadas
El ajuste se ve con especial claridad en las recompras. Las cinco compañías redujeron la adquisición de sus propias acciones un 83%, desde 81.800 millones de dólares hasta apenas 13.600 millones durante los nueve primeros meses del año.
Los dividendos, mucho más difíciles de recortar sin enviar una señal incómoda al mercado, resistieron mejor: aumentaron desde 33.900 millones hasta 37.000 millones de dólares. Las recompras, en cambio, prácticamente desaparecieron en algunos casos.
Alphabet y Meta no habían recomprado acciones en 2026 después de gastar conjuntamente 66.500 millones durante el mismo periodo del ejercicio anterior. Amazon, que no paga dividendo, lleva sin efectuar recompras desde 2022. Microsoft concentra buena parte de las que quedan.
Por qué importa tanto una recompra
Una recompra no es únicamente una forma de devolver dinero al accionista. Cuando una empresa adquiere y amortiza sus propias acciones, el mismo beneficio queda repartido entre un número menor de títulos. Eso eleva automáticamente el beneficio por acción, una de las métricas que más pesan en las valoraciones bursátiles.
Alphabet redujo el número de acciones en circulación alrededor de un 9,5% entre finales de 2020 y 2025. Ese mecanismo aportó por sí solo cerca de dos puntos porcentuales anuales al crecimiento del beneficio por acción, incluso sin necesidad de incrementar el beneficio total en la misma proporción.
Si las recompras desaparecen, ese pequeño motor financiero también desaparece. El crecimiento tendrá que venir de los beneficios reales del negocio. Y, al mismo tiempo, las nuevas instalaciones de inteligencia artificial comenzarán a generar mayores gastos de amortización. Menos ingeniería financiera, más examen económico.
Google y Amazon muestran el coste más visible de la carrera
Alphabet se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de este cambio. La matriz de Google registró 9.070 millones de dólares de flujo de caja libre negativo en el tercer trimestre, después de haber entrado ya en terreno negativo en el trimestre anterior por primera vez en sus 22 años como empresa cotizada.
La compañía dedicó durante el trimestre el equivalente al 121,4% de su flujo de caja operativo a inversiones de capital. Cuando ese porcentaje supera el 100%, las operaciones ordinarias ya no bastan para financiar toda la inversión: hay que recurrir a reservas, deuda u otras fuentes de capital.
Alphabet prevé un gasto de capital de hasta 205.000 millones de dólares en 2026 y ya ha avisado de que la cifra crecerá significativamente en 2027. La paradoja es evidente. Google Cloud está creciendo con enorme rapidez —sus ingresos más que se duplicaron hasta 30.710 millones en el último trimestre— precisamente gracias a esa infraestructura, pero el desembolso necesario para construirla está presionando la caja.
Amazon vive una situación parecida. AWS registró su mayor crecimiento de ingresos en casi cinco años, pero el mercado miró también la factura. La empresa espera dedicar alrededor de 220.000 millones de dólares a inversiones de capital este año, y Andy Jassy ha advertido de que el gasto será significativamente mayor en 2027.
Durante los doce meses terminados el 30 de septiembre, Amazon consumió 42.400 millones de dólares de caja. La compañía sostiene que la demanda de inteligencia artificial está creciendo a ritmos de tres dígitos y que estas inversiones acabarán construyendo un negocio mucho mayor y generador de efectivo. Esa es precisamente la apuesta que los inversores tienen que valorar.
Microsoft demuestra que no todas las Big Tech están igual
Microsoft ofrece, por ahora, la comparación más favorable. La compañía obtuvo 18.600 millones de dólares de flujo de caja libre en su primer trimestre fiscal pese a invertir 45.200 millones en ampliar su infraestructura informática.
Azure aumentó sus ingresos un 48%, por encima de lo esperado, mientras Microsoft mantiene una posición privilegiada en servicios de inteligencia artificial y computación empresarial. La compañía también está recurriendo a financiación, pero su capacidad para seguir generando efectivo la diferencia de buena parte de sus rivales.
La diferencia parece pequeña cuando todo se mide en decenas de miles de millones, pero es crucial: Microsoft todavía consigue financiar una parte mucho mayor de su expansión con el dinero que genera el propio negocio.
Por eso Wall Street empieza a separar dos cuestiones que durante buena parte del auge de la IA se mezclaban. Una cosa es cuánto invierte una compañía. Otra, bastante distinta, es cuánto negocio rentable consigue producir con esa inversión.
Meta ha añadido otra señal de advertencia. S&P Global Ratings cambió a negativa desde estable la perspectiva de su calificación crediticia, citando la incertidumbre sobre el gasto de capital y la generación de caja.
La compañía prevé entre 135.000 y 145.000 millones de dólares de capex anual después de registrar un déficit de flujo de caja libre de 2.120 millones en el tercer trimestre. S&P calcula que su flujo de caja operativo libre podría cerrar con déficits de 39.000 millones en 2026 y 71.000 millones en 2027.
Meta discrepa de esa valoración y sostiene que la IA abre oportunidades importantes tanto para sus productos como para su negocio. Pero la discusión ya no se limita al potencial tecnológico. Ha llegado a los balances y las agencias de calificación.
Wall Street cambia las reglas para la inteligencia artificial
Durante la primera fase del boom, gastar más en inteligencia artificial era casi una virtud bursátil. Comprar más GPU, levantar más centros de datos y ampliar la capacidad de computación equivalía a demostrar que una compañía no quería quedarse atrás. Ese cheque en blanco parece haberse terminado.
El Nasdaq 100 cayó más de un 5,8% durante octubre, una corrección que supuso una pérdida superior a dos billones de dólares de capitalización, mientras los resultados empresariales aumentaban las dudas sobre la rentabilidad del gigantesco esfuerzo inversor.
Alphabet sufrió su mayor caída porcentual diaria registrada tras sus cuentas, con un desplome superior al 12% que borró alrededor de 500.000 millones de dólares de valor bursátil. Amazon también fue castigada después de presentar resultados y nuevas previsiones de gasto.
No es que los inversores hayan dejado de creer en la inteligencia artificial. La demanda de servicios en la nube continúa creciendo con fuerza y las propias compañías aseguran que todavía tienen más clientes que capacidad disponible en algunos segmentos.
Lo que ha cambiado es la exigencia económica. Ya no basta con demostrar que existe demanda. Hay que probar que esa demanda puede pagar la próxima ronda de centros de datos sin consumir indefinidamente caja, emitir nuevas acciones o aumentar la deuda.
La gran apuesta de Big Tech entra en su fase más cara
La carrera de la inteligencia artificial está dejando de ser únicamente una historia de modelos cada vez mejores. Se está convirtiendo también en una historia de balances, electricidad, chips, deuda y depreciaciones, con miles de millones inmovilizados en infraestructuras cuya rentabilidad deberá demostrarse durante años.
Para Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Oracle, el dinero sigue entrando a una escala formidable. Lo novedoso es dónde termina. Una proporción creciente se queda dentro de las compañías para financiar una infraestructura tecnológica gigantesca que deberá producir beneficios durante mucho tiempo.
Los accionistas reciben mientras tanto una parte menor de la caja y muchas menos recompras. Es una especie de contrato nuevo: menos dinero devuelto en el presente a cambio de una rentabilidad futura de la inteligencia artificial que todavía debe demostrarse.
Y ahí está el verdadero examen. Big Tech tiene capital, tecnología y clientes para seguir adelante. Lo que Wall Street ya no parece dispuesto a conceder gratis es tiempo ilimitado.
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