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Cultura

36.000 personas despiden a La Fúmiga en dos noches en el Roig Arena

La Fúmiga se despide en el Roig Arena de València con dos conciertos agotados ante 36.000 personas y en plena polémica por la música en valenciano.

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La Fúmiga dice adiós

Foto: Gina Boix / Wikimedia Commons (obra propia, licencia CC BY-SA 4.0).

Resumen

  • La Fúmiga reunió a cerca de 36.000 personas en dos noches en València
  • El concierto final repasó sus éxitos y homenajeó la música tradicional
  • Su retirada reaviva el debate sobre la música en valenciano en actos públicos

La Fúmiga se ha despedido definitivamente de los escenarios ante cerca de 36.000 personas en dos conciertos multitudinarios celebrados los días 30 y 31 de octubre de 2026 en el Roig Arena de València. La banda de Alzira ha puesto fin a su trayectoria musical con dos llenos absolutos, un repertorio que recorrió sus grandes éxitos y un homenaje a la cultura popular valenciana.

El adiós llega, además, en medio de una controversia política. El éxito de La Fúmiga contrasta con su ausencia de determinadas programaciones públicas de administraciones gobernadas por el PP y Vox, una situación que la propia formación y distintas organizaciones musicales han denunciado en los últimos años. Mientras sus canciones congregaban a miles de seguidores en un recinto privado, la presencia de artistas que cantan en valenciano seguía siendo motivo de enfrentamiento en la política cultural autonómica y municipal.

La despedida, bajo el nombre de Tot s’acaba («Todo se acaba»), culmina una trayectoria que comenzó en las calles de Alzira y terminó llenando algunos de los principales escenarios musicales del país. No ha sido una retirada provocada por la falta de público. Todo lo contrario: La Fúmiga abandona la música en directo en uno de sus momentos de mayor popularidad.

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Dos conciertos multitudinarios para despedirse de València

El Roig Arena reunió a unos 18.000 espectadores por noche durante los dos últimos conciertos de La Fúmiga. Las entradas estaban agotadas desde hacía meses y ambas actuaciones superaron las dos horas de duración.

El viernes 30 de octubre comenzó la despedida con Mediterrània, una de las canciones más reconocibles de la formación. Después llegaron Principis y Addictes a viure, antes de recorrer un repertorio que incluyó Què tia!, No sé ballar, Karrasketon, La ferida, Rebobinar y Ja dormiré.

La música festiva se alternó con los momentos más emotivos. Sobre el escenario participaron artistas que han compartido trayectoria con el grupo, entre ellos Pep Gimeno ‘Botifarra’, Samantha, Esther y músicos vinculados a formaciones como Aspencat. También hubo espacio para las nuevas voces de la escena valenciana, con actuaciones de Naina, Abril, La Xica y Drasen en el espectáculo previo.

De las canciones más conocidas a la tradición musical valenciana

Uno de los momentos destacados llegó cuando La Fúmiga recuperó sus raíces musicales. Sonaron piezas tradicionales como La Malaguenya, La Muixeranga y Amparito Roca, junto con las albaes valencianas.

La elección no fue casual. Antes de convertirse en una banda de referencia, sus integrantes tocaban música de calle. En la despedida, la dolçaina, los instrumentos de viento y las melodías populares compartieron protagonismo con la producción de un gran espectáculo contemporáneo.

El sábado 31 de octubre, último concierto de su historia, la formación volvió a completar el aforo del recinto. El repertorio culminó con canciones como Finals, Gràcies per tant y Llavors, que cerró definitivamente su última actuación.

De una charanga de Alzira a llenar grandes recintos

La Fúmiga nació en Alzira en 2012, vinculada a un grupo de amigos procedentes de la tradición de las bandas de música. Sus primeras actuaciones tenían el carácter de una charanga, con versiones de otros grupos y una propuesta pensada para las fiestas populares.

Con el tiempo, aquella formación fue incorporando composiciones propias y desarrollando un sonido reconocible, en el que conviven pop, ritmos festivos, instrumentos de viento y letras en valenciano.

Su crecimiento estuvo ligado a una escena musical que ya contaba con referentes como Obrint Pas, La Gossa Sorda, Aspencat o Txarango. La Fúmiga recogió parte de esa herencia, pero logró conectar también con un público familiar y con oyentes que no estaban necesariamente vinculados a la música reivindicativa.

La gira de despedida dejó otra muestra de esa capacidad de convocatoria: antes de llegar a València, el grupo había agotado las entradas de tres conciertos en el Sant Jordi Club de Barcelona, celebrados los días 16, 17 y 18 de octubre.

El resultado es significativo. Una formación que comenzó interpretando canciones en fiestas locales ha terminado reuniendo a decenas de miles de personas para despedirse. Y lo ha conseguido manteniendo el valenciano como lengua principal de su repertorio.

La polémica con PP y Vox por la música en valenciano

El éxito de los conciertos ha reavivado el debate sobre la presencia de la música en valenciano en las programaciones culturales financiadas con dinero público.

La Fúmiga ha denunciado dificultades para actuar en municipios gobernados por Vox y ha mantenido enfrentamientos políticos con representantes del Partido Popular. Las discrepancias no son recientes y tienen antecedentes concretos.

En 2022, el Ayuntamiento de València, entonces gobernado por Compromís y el PSPV-PSOE, contrató una actuación del grupo vinculada a la preselección de las falleras mayores. Posteriormente, el PP llevó esa contratación a la Agencia Valenciana Antifraude, cuestionando el procedimiento y la diferencia entre el importe abonado a la empresa contratista y el dinero recibido por los músicos.

Según los importes difundidos entonces, el contrato ascendió a 14.520 euros, mientras que la banda percibió alrededor de 6.000. La denuncia del PP se refería a las condiciones de la contratación, por lo que ese episodio no debe confundirse con una resolución que declarase irregular la actuación del grupo.

Los Conciertos de Viveros, en el centro de las críticas

La controversia adquirió una nueva dimensión con la programación de los Conciertos de Viveros de 2026, organizados por el Ayuntamiento de València.

Entre los 34 artistas y grupos anunciados para las 18 noches de conciertos no figuraba ninguna formación que cantase en valenciano. Solo tres de los participantes eran valencianos y aparecían como teloneros.

La Federación Valenciana de la Industria Musical y el Col·lectiu Ovidi Montllor criticaron la escasa presencia de músicos del territorio, especialmente de aquellos que utilizan la lengua cooficial.

La Concejalía de Fiestas y Tradiciones, dirigida por Vox, rechazó las acusaciones y defendió que la selección respondía a criterios artísticos, técnicos y de viabilidad, dentro de un procedimiento abierto a las propuestas de los promotores.

Esa diferencia entre las explicaciones institucionales y las denuncias del sector sigue sin resolverse. La ausencia de un artista en un cartel no demuestra, por sí misma, la existencia de un veto formal. Sin embargo, la reiteración de programaciones sin música en valenciano ha alimentado las críticas sobre las prioridades culturales de las administraciones.

Los 36.000 asistentes a la despedida de La Fúmiga aportan un dato difícil de discutir: existe una demanda considerable de música en valenciano, capaz de llenar grandes recintos. Otra cuestión, naturalmente, es cómo deciden las administraciones repartir sus presupuestos culturales.

Una despedida con mensajes políticos y referencias a la dana

Los conciertos tampoco estuvieron al margen de la actualidad política valenciana. Durante la interpretación de Monstres i gegants, las pantallas del Roig Arena proyectaron imágenes del expresidente de la Generalitat Carlos Mazón y del rey emérito Juan Carlos I.

Las imágenes provocaron pitidos y muestras de rechazo entre parte de los asistentes. El espectáculo también incluyó referencias a las protestas sociales y a la gestión de la dana del 29 de octubre de 2024, cuando acababan de cumplirse dos años de aquella tragedia.

La presencia de estos contenidos fue coherente con la dimensión reivindicativa que La Fúmiga ha incorporado a sus actuaciones durante su trayectoria. También generó críticas por la introducción de mensajes políticos en un concierto multitudinario.

El debate va más allá de una banda concreta. La libertad de expresión artística ampara las posiciones políticas de los músicos, aunque eso no obliga al público a compartirlas. Del mismo modo, la autonomía de las instituciones para diseñar sus programaciones no elimina la obligación de justificar con transparencia cómo se emplean los recursos públicos.

La Fúmiga se retira en pleno éxito y sin nuevos proyectos anunciados

La decisión de terminar no responde a una ruptura entre los integrantes. El trompetista Asier Escrivà explicó el 2 de noviembre que los músicos mantienen una buena relación y que, después de tantos años de actividad, necesitan recuperar tiempo para sus familias y su vida personal.

El músico reconoció que resulta extraño despedirse precisamente cuando el grupo atraviesa uno de sus mejores momentos. También descartó, por ahora, iniciar nuevos proyectos musicales de manera inmediata.

Por tanto, no hay anunciada una nueva gira ni una fecha de regreso. La despedida del 31 de octubre fue presentada como el final definitivo de la formación, aunque sus integrantes continuarán vinculados por la amistad y la experiencia compartida.

La Fúmiga deja tras de sí una trayectoria singular dentro de la música valenciana reciente. Sus canciones han pasado de las calles y las fiestas populares a recintos con miles de espectadores sin abandonar sus referencias culturales ni su lengua.

Y hay un último dato que trasciende la despedida: mientras continúa la discusión sobre el espacio que merece la música en valenciano en las instituciones, 36.000 personas han acudido a escucharla en directo durante dos noches consecutivas. La banda se va. El público que ha reunido, no.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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