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Naturaleza

El Niño llega a Colombia: menos lluvias y riesgo energético hasta 2027

Colombia confirma la llegada de El Niño, con menos lluvias, más calor y presión sobre embalses, cultivos y suministro eléctrico durante 2027.

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El Niño llega a Colombia

Resumen

  • Colombia confirma la llegada oficial de El Niño
  • Habrá menos lluvias, más calor y presión sobre los embalses
  • El episodio puede prolongarse hasta mediados de 2027

Colombia ha declarado oficialmente la llegada del fenómeno de El Niño, un episodio climático que se perfila como fuerte o muy fuerte y que puede prolongar sus efectos durante buena parte de 2027. La consecuencia más inmediata será una reducción de las lluvias en amplias zonas del país, con especial atención sobre las regiones Andina, Pacífica y Caribe, donde el agua, la agricultura y el sistema eléctrico entran en una fase delicada.

El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, el Ideam, considera que las condiciones técnicas ya están cumplidas y sitúa en un 83 % la probabilidad de que El Niño se mantenga al menos hasta marzo de 2027. No significa que vaya a dejar de llover —conviene subrayarlo—, sino que las precipitaciones tenderán a quedar por debajo de lo habitual, sobre todo a medida que avance el final de 2026. El Gobierno colombiano ha comenzado a mover ficha para evitar que esa menor disponibilidad de agua termine afectando al suministro eléctrico.

Un fenómeno fuerte que llega en plena temporada de lluvias

La fotografía meteorológica tiene algo de paradoja. Colombia atraviesa precisamente su segunda temporada lluviosa del año, con octubre y noviembre entre los meses tradicionalmente más húmedos en muchas áreas del país. Y, aun así, El Niño ya está alterando el patrón de precipitaciones.

El Ideam insiste en una idea que puede resultar contraintuitiva: El Niño no funciona como un grifo que se cierra de golpe. Puede seguir lloviendo, incluso de manera intensa en jornadas concretas, mientras el balance acumulado de semanas o meses termina siendo inferior a la media. Eso es lo relevante. Menos agua acumulada al final del periodo, aunque durante una tarde caiga un aguacero de los que convierten una avenida en un río.

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Las previsiones apuntan a precipitaciones inferiores a las normales durante octubre y noviembre y a un déficit más acusado en diciembre. El episodio, además, tiene margen para endurecerse. El organismo meteorológico colombiano considera que su intensidad más probable será fuerte o muy fuerte durante los próximos meses.

Andina, Caribe y Pacífica, bajo mayor vigilancia

Los efectos no serán uniformes, porque Colombia tiene una geografía donde unos cientos de kilómetros pueden separar un valle seco de una selva empapada. Altitud, relieve, proximidad al mar y época del año cambian mucho el comportamiento de las lluvias.

Aun así, las regiones Andina, Caribe y Pacífica aparecen entre las zonas donde el descenso de las precipitaciones merece mayor seguimiento. En áreas dependientes de pequeños sistemas de abastecimiento o de cuencas sometidas a fuerte presión, unas semanas de déficit sostenido pueden notarse pronto en embalses, cultivos y reservas locales.

El calor también forma parte del cuadro. Los episodios de El Niño suelen favorecer temperaturas por encima de lo normal en distintos territorios colombianos, con un efecto en cadena: aumenta la evaporación, el suelo pierde humedad con mayor rapidez y la vegetación seca eleva el peligro de incendios. Agua que entra menos; agua que se pierde antes. Mala combinación.

El temor a los embalses vuelve a poner la energía en primer plano

La preocupación no es solo meteorológica. Colombia obtiene una parte esencial de su electricidad de la generación hidroeléctrica, de modo que una caída prolongada de las lluvias puede reducir las reservas de los embalses y obligar al sistema a apoyarse más en centrales térmicas.

Por eso el Gobierno ha anunciado un plan de choque para disminuir el riesgo de desabastecimiento eléctrico. La estrategia contempla medidas de ahorro, mayor disponibilidad de combustibles y gas, utilización de la capacidad térmica y gestión de la generación existente para conservar agua embalsada durante los meses más sensibles.

No hay un apagón decretado ni inevitable. Hay, eso sí, un riesgo energético que las autoridades quieren contener antes de que las reservas desciendan demasiado. La diferencia no es menor. Después de experiencias anteriores de tensión energética asociadas a sequías, el margen para improvisar es escaso.

Incentivos al ahorro y más apoyo de las centrales térmicas

Entre las medidas anunciadas figura la posibilidad de incentivar a los usuarios que reduzcan su consumo eléctrico más de un 10 % respecto a los objetivos establecidos. También se facilitará el abastecimiento de las centrales térmicas mediante distintos proveedores en situaciones que puedan comprometer la fiabilidad del sistema.

El objetivo oficial es llegar al final de 2026 con las herramientas necesarias para evitar que una reducción prolongada de las lluvias se convierta en un problema de suministro. Dicho de manera menos burocrática: guardar agua en los embalses mientras todavía la hay y tener preparadas otras fuentes de generación por si hace falta.

El agua será el otro gran frente de El Niño

La electricidad ocupa titulares, pero el abastecimiento de agua puede convertirse en una preocupación igual o mayor en determinadas zonas. El Gobierno ha dado de plazo hasta el 30 de noviembre a alcaldías y gobernaciones para actualizar sus planes de contingencia, localizar fuentes alternativas y coordinar los recursos disponibles ante posibles emergencias.

Esto afecta especialmente a municipios con reservas limitadas, sistemas de captación vulnerables o una demanda elevada durante los meses secos. Cuando el caudal de una fuente desciende, el problema rara vez llega con fanfarria: primero baja la presión, después aparecen restricciones puntuales y solo entonces la sequía deja de ser una cifra meteorológica para entrar en las cocinas.

La gestión del agua también condicionará la agricultura. Menor humedad en el suelo, mayor necesidad de riego y temperaturas elevadas pueden reducir rendimientos y encarecer determinadas producciones. El impacto final dependerá mucho del cultivo, la región y la duración real del episodio.

Los incendios forestales ganan terreno cuando se seca el paisaje

Con menos lluvia y más calor aumenta asimismo el riesgo de incendios forestales, especialmente cuando se acumulan varios días secos y la vegetación pierde humedad. El Ministerio de Ambiente prevé reforzar la protección de fuentes hídricas, ecosistemas y zonas expuestas al fuego.

La amenaza no se limita a los bosques. Los incendios deterioran suelos, contaminan el aire, afectan a reservas naturales y pueden dañar precisamente aquellas cuencas de las que dependen ciudades y explotaciones agrícolas. El Niño tiene esa desagradable costumbre de conectar problemas que, sobre el papel, parecen distintos.

Hasta cuándo puede durar El Niño en Colombia

Las previsiones actuales mantienen una elevada probabilidad de persistencia durante los primeros meses de 2027. El Ideam sitúa en un 83 % la posibilidad de que continúe al menos hasta marzo, mientras las autoridades contemplan un horizonte de efectos que podría extenderse hacia mediados de año. Como ocurre con cualquier pronóstico estacional, el calendario puede cambiar a medida que evolucionan el océano Pacífico y la atmósfera.

Meses atrás, los modelos ya advertían de un episodio excepcionalmente intenso. En julio, el propio Ideam calculaba una probabilidad cercana al 81 % de que alcanzara la categoría de muy fuerte durante el tramo final de 2026, con posibilidad de situarse entre los eventos más intensos registrados desde mediados del siglo XX. La declaración oficial de octubre confirma que aquella señal no se ha desinflado precisamente.

Que llueva en octubre no contradice la llegada de El Niño

Uno de los equívocos más frecuentes será mirar por la ventana, ver llover y concluir que el fenómeno no existe. El clima no funciona a golpe de impresión diaria. El Niño se mide por patrones oceánicos y atmosféricos sostenidos, no por lo que ocurra una mañana concreta en Bogotá, Medellín o Barranquilla.

Colombia puede registrar tormentas fuertes y, al mismo tiempo, terminar un mes con menos agua de la habitual. De hecho, el país permanece en plena temporada lluviosa mientras ya se observan condiciones de El Niño consolidadas. Ambas cosas pueden suceder simultáneamente.

Un 2027 marcado por el agua, el calor y la energía

La declaración oficial cambia el escenario porque convierte una amenaza prevista desde hace meses en un fenómeno plenamente establecido. A partir de aquí, la cuestión no es si El Niño llegará, sino cuánto durará, qué intensidad alcanzará y hasta qué punto reducirá las precipitaciones en cada región.

Colombia afronta los próximos meses con tres frentes estrechamente unidos: reservas de agua, estabilidad del sistema eléctrico y protección de ecosistemas y cultivos. El país todavía está a tiempo de amortiguar parte del golpe, pero la meteorología ha dejado de enviar avisos discretos. El Niño ya está aquí, y todo indica que su huella puede alargarse bien entrado 2027.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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