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Eisenkot acusa a Netanyahu de provocar una crisis electoral en Israel

Eisenkot acusa a Netanyahu de alimentar una crisis constitucional tras las elecciones en Israel, mientras el Likud denuncia fraude y busca apoyos.

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Varias banderas de Israel

Resumen

  • Eisenkot acusa a Netanyahu de cuestionar los resultados electorales
  • El bloque del primer ministro obtiene 53 escaños, lejos de los 61 necesarios
  • La oposición negocia un Gobierno mientras se investigan posibles irregularidades

El líder opositor israelí Gadi Eisenkot ha acusado al primer ministro, Benjamín Netanyahu, de empujar a Israel hacia una crisis constitucional al cuestionar los resultados de las elecciones legislativas del 27 de octubre mediante denuncias de fraude electoral. El enfrentamiento se ha intensificado después de que el Likud, el partido de Netanyahu, afirmara que los comicios habían sido manipulados, una acusación que las autoridades electorales no consideran acreditada de forma generalizada.

La polémica llega en un momento especialmente delicado: Netanyahu ha perdido la mayoría parlamentaria, pero sus adversarios todavía no han conseguido reunir los apoyos necesarios para formar un Gobierno alternativo. Mientras el primer ministro insiste en sus sospechas sobre el voto de los partidos árabes, Eisenkot sostiene que existe una campaña organizada para desacreditar las elecciones y dificultar el relevo político.

La Comisión Electoral Central de Israel ha defendido la legalidad del proceso y ha asegurado que las investigaciones abiertas sobre posibles irregularidades no invalidan los resultados. Su presidente, el magistrado Noam Sohlberg, ha respaldado públicamente la integridad de las votaciones, aunque las pesquisas sobre eventuales delitos continúan abiertas.

El conflicto ya no gira únicamente en torno al recuento. También afecta al funcionamiento de las instituciones, al reconocimiento de los resultados y a la capacidad del país para constituir un nuevo Ejecutivo sin desembocar en otra convocatoria electoral.

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Eisenkot acusa a Netanyahu de intentar deslegitimar las elecciones

El antiguo jefe del Estado Mayor israelí y dirigente del partido Yashar considera que Netanyahu está utilizando las sospechas de fraude electoral para mantener abierto un conflicto político que debería resolverse mediante los procedimientos institucionales.

Eisenkot ha denunciado una campaña coordinada del Likud contra los resultados electorales y contra la propia Comisión Electoral Central. Según su interpretación, el partido gobernante pretende sembrar dudas sobre la legitimidad de la nueva Knéset, el Parlamento israelí, después de perder los apoyos suficientes para conservar su mayoría.

El dirigente opositor también ha advertido del deterioro de la confianza pública en las instituciones y ha exigido que ninguna investigación pendiente se utilice para retrasar el funcionamiento del nuevo Parlamento.

Sus críticas no implican que rechace investigar posibles irregularidades. Al contrario, Eisenkot ha defendido una investigación rigurosa, independiente y rápida sobre cualquier intento de interferencia extranjera. Su discrepancia con Netanyahu está en las consecuencias políticas que el Likud pretende extraer de unas sospechas que todavía no se han esclarecido.

La diferencia resulta fundamental: investigar un posible fraude no equivale a demostrar que unas elecciones han sido robadas. Y mucho menos autoriza automáticamente a desconocer sus resultados.

Qué hay detrás de las denuncias de fraude electoral en Israel

Las acusaciones del Likud se centran principalmente en el extraordinario avance de los partidos árabes en las elecciones del 27 de octubre.

La formación de Netanyahu sostiene que podrían haberse producido prácticas ilegales destinadas a aumentar la participación electoral en comunidades árabes, entre ellas presuntos pagos a votantes y operaciones financiadas desde el extranjero.

Una de las investigaciones examina posibles entregas de dinero vinculadas al partido árabe Ra’am. Otra analiza sospechas sobre financiación exterior dirigida a influir en el proceso electoral.

En informaciones difundidas por medios israelíes aparece Qatar como posible origen de determinados fondos. El Gobierno catarí ha rechazado las acusaciones de injerencia, mientras las autoridades israelíes mantienen abiertas las diligencias correspondientes.

La Comisión Electoral rechaza que exista un fraude generalizado acreditado

La Comisión Electoral Central ha dejado claro que las sospechas investigadas no permiten concluir que se haya producido una manipulación general de las votaciones.

El Shin Bet, servicio de seguridad interior israelí, también ha precisado que su investigación tiene un alcance limitado y que no debe interpretarse como una acusación colectiva contra los ciudadanos árabes que participaron legalmente en las elecciones.

El presidente israelí, Isaac Herzog, ha reclamado que se investiguen los posibles delitos, pero también ha advertido contra la estigmatización de toda una comunidad.

Hasta el momento, no se han presentado públicamente pruebas que permitan sostener la anulación general de los resultados electorales. La legislación israelí contempla mecanismos judiciales para impugnar irregularidades, pero exige que estas tengan entidad suficiente para afectar al resultado.

Por tanto, las investigaciones pueden continuar sin paralizar necesariamente la constitución de la nueva Knéset ni el procedimiento para formar Gobierno.

Netanyahu pierde la mayoría y los partidos árabes ganan peso

Los resultados de las elecciones explican buena parte de la tensión política que atraviesa Israel.

El bloque encabezado por Netanyahu ha obtenido 53 escaños, lejos de los 61 necesarios para controlar la mayoría absoluta de los 120 diputados de la Knéset.

Las formaciones opositoras agrupadas alrededor de Eisenkot suman 48 escaños. Por su parte, los partidos árabes han conseguido una representación histórica de 19 diputados.

La suma de la oposición y las formaciones árabes alcanza los 67 escaños, suficientes para superar la mayoría absoluta. Sin embargo, esa posibilidad aritmética no se ha traducido en un acuerdo político.

El Likud continúa siendo el partido individual más votado, con 27 diputados, mientras Yashar, la formación de Eisenkot, ha conseguido 21. Pero en Israel la primera fuerza parlamentaria no tiene garantizado el Gobierno: necesita reunir una mayoría que permita sostenerlo.

Los buenos resultados de las candidaturas árabes han convertido su participación en un elemento decisivo para el futuro Ejecutivo. También han situado sus votos en el centro de las acusaciones formuladas por el entorno de Netanyahu.

La oposición acuerda apoyar a Eisenkot para formar Gobierno

La disputa electoral coincide con los primeros movimientos para sustituir al actual primer ministro.

Este martes, 3 de noviembre, los dirigentes de los principales partidos opositores se han reunido en Herzliya para coordinar una estrategia común. Tras el encuentro, han acordado recomendar al presidente Isaac Herzog que encargue a Eisenkot la formación del próximo Gobierno.

En las conversaciones han participado representantes de las formaciones encabezadas por Naftali Bennett, Avigdor Lieberman y Yair Golan, además del propio Eisenkot y Yair Lapid.

La intención del bloque es constituir un Gobierno de emergencia nacional y evitar que el bloqueo parlamentario obligue a convocar nuevas elecciones.

Sin embargo, persisten diferencias importantes. Lieberman rechaza formar un Ejecutivo que dependa de los partidos árabes, mientras Golan mantiene una posición más abierta a esa cooperación. También se estudian posibles acuerdos con formaciones ultraortodoxas, tradicionalmente vinculadas al entorno político de Netanyahu.

Este desacuerdo impide dar por hecho el relevo en el poder. Eisenkot cuenta con el respaldo de sus principales aliados para recibir el encargo presidencial, pero todavía debe encontrar una fórmula que garantice la estabilidad parlamentaria del futuro Gobierno.

El propio dirigente ha descartado integrarse en un Ejecutivo presidido por Netanyahu.

El calendario institucional abre una nueva batalla política

La crisis entra ahora en una fase decisiva. Está previsto que los resultados oficiales se presenten al presidente el 4 de noviembre, mientras la constitución de la nueva Knéset está programada para el día 10.

Herzog comenzará las consultas con los partidos para determinar qué candidato dispone de mayores posibilidades de formar Gobierno. El presidente no está obligado a elegir al dirigente de la formación más votada, sino que debe valorar los apoyos parlamentarios disponibles.

La oposición también prepara movimientos legislativos para los primeros días de actividad de la Cámara. Entre sus objetivos figura sustituir al actual presidente del Parlamento, Amir Ohana, miembro del Likud, y promover la derogación de leyes que considera perjudiciales para la democracia israelí.

Eisenkot ha anunciado igualmente su intención de impulsar una legislación sobre el servicio militar y una comisión estatal de investigación de los ataques del 7 de octubre de 2023, uno de los asuntos más controvertidos de la etapa de Netanyahu.

La oposición podría disponer de votos suficientes para impulsar algunas iniciativas parlamentarias incluso antes de alcanzar un acuerdo para gobernar. Esa posibilidad añade presión sobre un primer ministro que permanece en funciones mientras se resuelve la formación del nuevo Ejecutivo.

La legitimidad de las elecciones, en el centro del conflicto

Israel afronta una situación en la que el resultado de las urnas y la formación del Gobierno plantean problemas distintos. El recuento ha dejado a Netanyahu sin mayoría, pero todavía no ha producido una alternativa de gobierno respaldada por una coalición estable.

Las denuncias de fraude introducen una dificultad adicional. Si las investigaciones descubren delitos, deberán determinar sus responsables y consecuencias legales. Mientras tanto, las autoridades electorales mantienen que el proceso debe continuar conforme a los resultados obtenidos.

La advertencia de Eisenkot sobre una posible crisis constitucional se sitúa precisamente en ese terreno: el peligro de que una disputa por el poder termine enfrentando la voluntad expresada en las urnas con el reconocimiento de las instituciones encargadas de garantizarla.

El siguiente paso corresponde a Herzog y a los partidos representados en la nueva Knéset. La investigación sobre las presuntas irregularidades seguirá su curso, pero la cuestión política inmediata es otra: quién puede reunir 61 diputados para gobernar Israel y cómo se desarrollará la transición mientras Netanyahu continúa al frente del Ejecutivo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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