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Cumbre iberoamericana: solo 10 líderes, sin Lula, Sheinbaum ni Delcy

Madrid acoge la XXX Cumbre Iberoamericana con solo 10 de los 22 máximos dirigentes. Lula, Sheinbaum y Delcy Rodríguez figuran entre las ausencias.

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cumbre iberoamericana de Madrid

Foto: FF MM / Wikimedia Commons (obra propia, licencia CC BY-SA 3.0).

Resumen

  • La cumbre de Madrid reunirá a 10 de los 22 máximos dirigentes
  • Lula, Sheinbaum y Delcy Rodríguez no asistirán al encuentro
  • La agenda incluye inteligencia artificial, educación y desastres

La XXX Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Madrid los días 4 y 5 de noviembre de 2026, contará con la participación de solo 10 de los 22 máximos dirigentes de los países que integran la comunidad. Entre las ausencias más destacadas figuran el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.

Las tres bajas suponen un contratiempo diplomático para España, anfitriona de una reunión que aspiraba a recuperar el protagonismo político de las cumbres iberoamericanas. La ausencia de Brasil y México, las dos mayores economías latinoamericanas, reduce el peso de una cita en la que el Gobierno español había depositado importantes expectativas.

La reunión, presidida por Felipe VI y organizada conjuntamente por el Gobierno de España y la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), reunirá a representantes de los 22 países miembros. Conviene distinguir ambas cuestiones: que un presidente no viaje a Madrid no significa necesariamente que su país quede fuera de las negociaciones.

El encuentro llega, además, en un contexto político especialmente complicado. Las diferencias ideológicas entre gobiernos, las tensiones diplomáticas y las dificultades para alcanzar consensos vuelven a poner a prueba una organización que nació en 1991 con la intención de estrechar los vínculos entre España, Portugal y América Latina.

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Lula, Sheinbaum y Delcy Rodríguez, las grandes ausencias

La decisión de Lula da Silva resulta especialmente significativa. El presidente brasileño, recientemente reelegido para un nuevo mandato, había figurado entre los dirigentes cuya presencia se consideraba importante para reforzar el alcance internacional de la cumbre.

Los motivos de las ausencias y la representación de cada país

Desde Brasil se habían señalado problemas de agenda para justificar su ausencia. La representación del país quedará en manos de su estructura diplomática, con el ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, como principal responsable previsto.

Tampoco viajará Claudia Sheinbaum, pese a los contactos diplomáticos mantenidos para facilitar su asistencia. La presidenta mexicana había dejado abierta esa posibilidad y su Gobierno llevaba semanas evaluando los compromisos internacionales de noviembre, entre ellos la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), prevista en China.

Su ausencia tiene una importancia que trasciende lo protocolario. México es uno de los principales socios de España en América Latina y las relaciones bilaterales han atravesado momentos de tensión por el debate histórico sobre la conquista española.

El caso de Delcy Rodríguez presenta otras particularidades. La presidenta encargada de Venezuela había sido invitada oficialmente por España, pero finalmente tampoco acudirá a Madrid.

Sobre Rodríguez siguen pesando sanciones de la Unión Europea que restringen sus desplazamientos al territorio comunitario. La normativa europea contempla determinadas excepciones para reuniones internacionales, aunque no consta que esas restricciones sean la causa concreta de su ausencia.

Venezuela podrá estar representada diplomáticamente. De hecho, una delegación venezolana ya había participado en los preparativos de la reunión.

Quiénes asistirán a la Cumbre Iberoamericana de Madrid

Aunque las ausencias concentran buena parte de la atención, la cumbre contará con presidentes de distintas tendencias políticas.

Entre los mandatarios cuya presencia se ha anunciado destacan Javier Milei, presidente de Argentina; José Antonio Kast, de Chile; Rodrigo Paz, de Bolivia; Laura Fernández, de Costa Rica; Bernardo Arévalo, de Guatemala; Santiago Peña, de Paraguay, y Luis Abinader, de República Dominicana.

También está prevista la participación del presidente hondureño, Nasry Asfura, cuyo país asumirá la organización de la próxima cumbre iberoamericana, prevista para 2028.

La presidenta costarricense, Laura Fernández, fue una de las primeras dirigentes en llegar a Madrid, mientras que las delegaciones de Bolivia y Chile también comenzaron a desplazarse a España antes de la inauguración oficial.

La asistencia de Javier Milei introduce un elemento político particularmente delicado. El mandatario argentino mantiene una relación abiertamente enfrentada con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, al que ha dirigido duras descalificaciones públicas.

Su presencia obliga a compartir espacio institucional a dirigentes con posiciones políticas muy alejadas. Nada extraordinario en diplomacia, aunque las relaciones entre Buenos Aires y Madrid llevan tiempo demostrando que incluso las formalidades pueden resultar complicadas.

Otros países han optado por enviar representantes de menor rango. Colombia estará representada por su vicepresidente, José Manuel Restrepo, mientras que El Salvador contará con el vicepresidente Félix Ulloa ante la ausencia de Nayib Bukele.

Tampoco se espera la presencia del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, ni del cubano Miguel Díaz-Canel. La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, anunció que permanecerá en su país para atender la emergencia provocada por el fenómeno climático de El Niño.

Madrid acoge una cumbre marcada por las diferencias políticas

La trigésima edición de la Cumbre Iberoamericana representa una oportunidad para que España refuerce su papel diplomático entre Europa y América Latina.

La ceremonia de inauguración está prevista para el miércoles 4 de noviembre en el Teatro Real. Posteriormente, los reyes Felipe VI y Letizia ofrecerán una cena oficial en el Palacio Real.

La jornada principal se desarrollará el jueves 5 de noviembre en la Galería de las Colecciones Reales, donde los representantes de los países participantes abordarán los principales asuntos de la agenda.

La presencia del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, y del presidente del Consejo Europeo, António Costa, también aporta una dimensión internacional al encuentro.

Sin embargo, la asistencia de solo diez máximos dirigentes queda por debajo de las expectativas expresadas durante los preparativos. El secretario general iberoamericano, Andrés Allamand, había planteado a finales de octubre la posibilidad de superar los catorce mandatarios.

La realidad ha terminado siendo menos favorable. Y eso obliga a distinguir entre el éxito de convocatoria y los resultados que puedan alcanzarse.

Inteligencia artificial, educación y desastres naturales

Más allá de las ausencias presidenciales, la cumbre tiene una agenda de cooperación con propuestas concretas que afectan a millones de ciudadanos.

Uno de los principales objetivos consiste en impulsar una Alianza Iberoamericana de Inteligencia Artificial, orientada a favorecer el desarrollo tecnológico, proteger los derechos digitales y reducir las desigualdades en el acceso a las nuevas tecnologías.

La protección de menores en internet, la privacidad y la seguridad digital también forman parte de las prioridades.

Otro de los proyectos relevantes es la creación de una Red Iberoamericana de Reducción del Riesgo de Desastres, destinada a mejorar la cooperación entre países ante inundaciones, sequías y otros fenómenos naturales.

La propuesta busca facilitar el intercambio de información, reforzar los sistemas de alerta temprana y mejorar la capacidad de respuesta conjunta ante emergencias.

En materia educativa, los países trabajarán sobre la Carta Iberoamericana de Movilidad Académica, aprobada durante las reuniones ministeriales preparatorias.

El objetivo es facilitar los intercambios universitarios, el reconocimiento de estudios y la movilidad de estudiantes entre los países miembros. La iniciativa aspira a avanzar hacia un sistema de cooperación académica comparable, en determinados aspectos, al programa Erasmus europeo.

La agenda incluye asimismo el reconocimiento del trabajo de cuidados, la cooperación económica y la lucha contra el crimen organizado transnacional.

Estas iniciativas permiten entender por qué la cumbre sigue siendo relevante pese a las ausencias. Su actividad no depende exclusivamente de las reuniones entre presidentes: una parte importante de los acuerdos se negocia previamente entre ministerios, especialistas y representantes diplomáticos.

El precedente de Ecuador y el desafío de alcanzar acuerdos

La cumbre de Madrid llega después de una edición especialmente complicada celebrada en Cuenca, Ecuador, en noviembre de 2024.

Aquella reunión registró una participación presidencial extraordinariamente baja. Solo acudieron cuatro jefes de Estado o de Gobierno, incluido el anfitrión ecuatoriano, Daniel Noboa, y el rey Felipe VI.

El encuentro terminó, además, sin una declaración final consensuada por todos los participantes, debido a las diferencias políticas entre las delegaciones. Pese a ello, se aprobaron documentos de cooperación y compromisos sectoriales.

España asumió entonces la responsabilidad de organizar la siguiente edición, con el propósito de recuperar la capacidad de convocatoria y fortalecer el diálogo iberoamericano.

La reunión de 2026 presenta una asistencia de máximos dirigentes superior a la registrada en Ecuador, pero las ausencias de Lula, Sheinbaum y Rodríguez evidencian que las dificultades no han desaparecido.

Uno de los principales obstáculos sigue siendo la búsqueda de posiciones comunes sobre asuntos internacionales especialmente sensibles.

Las divergencias entre gobiernos afectan a cuestiones como el orden multilateral, las relaciones con Estados Unidos y los pronunciamientos diplomáticos sobre conflictos regionales.

No obstante, el funcionamiento de la comunidad iberoamericana permite mantener proyectos de cooperación incluso cuando los gobiernos discrepan en política exterior.

Madrid tendrá que demostrar que la cumbre sirve para algo más que reunir presidentes

La ausencia de doce máximos dirigentes constituye un dato políticamente relevante. Pero el número de asistentes no determina por sí solo el resultado de una cumbre internacional.

Los acuerdos que puedan alcanzarse sobre inteligencia artificial, movilidad universitaria, protección ante desastres y cooperación económica tendrán consecuencias más duraderas que las fotografías institucionales.

España afronta así un doble desafío: mantener su capacidad de interlocución con gobiernos ideológicamente enfrentados y conseguir que los compromisos adoptados en Madrid se traduzcan en actuaciones concretas.

La comunidad iberoamericana reúne a 22 países con sistemas políticos, prioridades económicas e intereses internacionales muy diferentes. Pretender unanimidad en todas las cuestiones sería poco realista. Renunciar al diálogo por esas diferencias también lo sería.

La cumbre comenzará con ausencias importantes y con buena parte de sus expectativas diplomáticas rebajadas. Su verdadero balance dependerá de lo que ocurra durante las negociaciones y, sobre todo, de los acuerdos que sobrevivan a la reunión.

Porque una cosa es conseguir que los presidentes se sienten a la misma mesa. Otra, bastante más difícil, es lograr que sus gobiernos trabajen juntos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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