España
Defensa advierte de que un ciberataque es más probable que un misil
El vicealmirante Javier Roca alerta de que un ciberataque es más probable que el impacto de un misil y pide preparar al Ejército para nuevos riesgos.
Resumen
- Defensa ve más probable un ciberataque que el impacto de un misil
- Javier Roca pide adaptar al Ejército a la inteligencia artificial
- Las comunicaciones militares y las infraestructuras críticas están en riesgo
El jefe del Mando Conjunto del Ciberespacio, el vicealmirante Javier Roca, ha advertido este miércoles, 4 de noviembre de 2026, de que las Fuerzas Armadas españolas deben prepararse para el peor escenario posible ante las amenazas digitales. Su diagnóstico es contundente: sufrir un ciberataque constituye un riesgo operativo mucho más probable que recibir el impacto de un misil.
Durante su intervención en la jornada «El Ejército de Tierra y el campo de batalla inteligente», celebrada en Madrid, Roca ha alertado de que la transformación tecnológica avanza más deprisa que la capacidad de adaptación de las estructuras militares. La inteligencia artificial, la dependencia de las redes informáticas y la dificultad para anticipar las amenazas están cambiando las condiciones en las que España debe organizar su defensa.
El mensaje no implica que exista un ataque inminente contra territorio español. El vicealmirante habla de preparación militar, de vulnerabilidades tecnológicas y de una realidad cada vez más difícil de gestionar: un ejército puede disponer de armamento avanzado y, aun así, quedar seriamente comprometido si pierde el acceso a sus comunicaciones o a los sistemas digitales que necesita para operar.
Roca ha resumido esa incertidumbre con una advertencia: «No podemos imaginar cómo ni contra quién combatiremos». La amenaza no siempre llegará desde un frente reconocible. Puede manifestarse mediante una intrusión informática, la interrupción de una red o la alteración de sistemas esenciales para desarrollar una operación.
El Ejército español reconoce que debe adaptarse a otra guerra
El responsable de la ciberdefensa militar española ha planteado una crítica poco habitual por su claridad. Más de una década después de la creación del Mando Conjunto del Ciberespacio, en 2013, considera que las Fuerzas Armadas todavía tienen dificultades para asumir todas las consecuencias de este nuevo ámbito de operaciones.
El problema no reside únicamente en adquirir herramientas más modernas. También exige modificar la organización militar, los procedimientos y la manera de formar a los soldados. La tecnología cambia con una rapidez que los sistemas tradicionales de planificación y enseñanza no siempre pueden seguir.
«Estamos educando a nuestros soldados para un mundo que ya no existe», ha afirmado Roca. Y ha añadido una advertencia sobre las generaciones futuras: «Si dentro de 50 años son como nosotros, los llevaremos al fracaso».
Sus palabras reflejan una preocupación estratégica: preparar a los militares para conflictos diferentes de los actuales, sin dar por sentado que las experiencias del pasado servirán para resolver las amenazas del futuro.
El vicealmirante ha reconocido que el ciberespacio resulta especialmente complejo y exigente. Sin embargo, esa dificultad no permite ignorarlo. Las consecuencias de hacerlo, según ha advertido, pueden comprometer incluso la supervivencia operativa de una fuerza militar.
Por qué un ciberataque puede ser tan peligroso como un arma convencional
El riesgo que describe Javier Roca tiene una explicación práctica. Las operaciones militares modernas dependen de redes digitales que conectan unidades, puestos de mando, sensores y sistemas de información. Sin esas conexiones, la capacidad de coordinar movimientos, transmitir órdenes y conocer la situación sobre el terreno puede deteriorarse considerablemente.
Un ataque informático podría, por ejemplo, interrumpir comunicaciones militares, comprometer información sensible o afectar a los sistemas que permiten coordinar una operación. No sería necesario destruir físicamente una instalación para reducir su capacidad de funcionamiento.
Esta dependencia tecnológica también explica por qué la ciberdefensa ha dejado de ser una actividad exclusivamente informática. Proteger una red militar significa, en determinadas circunstancias, garantizar que una unidad pueda cumplir su misión.
El vicealmirante ha señalado que el Ejército de Tierra depende casi por completo de un acceso seguro, fiable y resistente al ciberespacio. De ahí que considere imprescindible disponer de capacidades de ciberoperación comprobadas en escenarios reales, y no únicamente en condiciones controladas de entrenamiento.
La inteligencia artificial acelera las amenazas
Roca ha dedicado parte de su intervención a la inteligencia artificial, cuya evolución considera especialmente relevante para el futuro de los conflictos armados.
Según el responsable militar, esta tecnología está multiplicando las capacidades y las amenazas a una velocidad superior a la que acompañó otras grandes transformaciones de la guerra, como la aparición de la artillería moderna, los vehículos blindados o la aviación.
La IA puede facilitar el análisis de grandes cantidades de información, la identificación de vulnerabilidades y la automatización de determinadas operaciones informáticas. También puede utilizarse para mejorar la detección de comportamientos sospechosos y acelerar las respuestas defensivas.
El desafío consiste en que atacantes y defensores pueden aprovechar los mismos avances tecnológicos. Una herramienta que permite identificar antes una amenaza también puede ayudar a un adversario a desarrollar ataques más complejos.
Las infraestructuras críticas también preocupan a Defensa
La advertencia tiene implicaciones que van más allá de los cuarteles. Las Fuerzas Armadas utilizan servicios, comunicaciones e infraestructuras que forman parte de un entorno tecnológico compartido con administraciones y empresas civiles.
En una intervención anterior, celebrada el 9 de octubre en San Lorenzo de El Escorial, Roca explicó que un ciberataque puede convertirse en un problema de seguridad nacional cuando afecta a la soberanía del Estado, a las operaciones militares o a la continuidad de las infraestructuras críticas.
Entre los sistemas especialmente sensibles se encuentran los relacionados con el suministro energético, las comunicaciones y el transporte. Su interrupción puede provocar consecuencias en cadena, incluso cuando el incidente inicial afecta a un componente aparentemente secundario.
España ya ha participado en ejercicios que contemplan situaciones de este tipo. En junio, el Mando Conjunto del Ciberespacio intervino en Cyber Europe 2026, un simulacro organizado por la Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad (ENISA).
El ejercicio se centró en el transporte ferroviario y marítimo y planteó incidentes informáticos simulados capaces de alterar la continuidad de servicios esenciales. Los participantes tuvieron que trabajar sobre mecanismos de alerta temprana, análisis técnico y respuesta coordinada.
Satélites y comunicaciones: otra vulnerabilidad estratégica
La protección de los sistemas espaciales constituye otra preocupación para el responsable de la ciberdefensa española.
Durante una conferencia parlamentaria europea celebrada en septiembre en Madrid, Roca advirtió de que los satélites no están aislados de las amenazas informáticas. Su funcionamiento depende también de estaciones terrestres, enlaces de comunicación y equipos de usuario potencialmente vulnerables.
El vicealmirante situó precisamente en las infraestructuras terrestres uno de los principales puntos débiles de los sistemas espaciales.
Esta cuestión resulta especialmente importante porque las comunicaciones por satélite tienen aplicaciones militares y civiles. Su seguridad depende tanto de los dispositivos situados en órbita como de los sistemas que permiten controlarlos y utilizar sus servicios desde la Tierra.
La protección de estas capacidades exige combinar seguridad informática, autonomía tecnológica y cooperación internacional. España participa en ese esfuerzo junto a sus aliados europeos y de la OTAN.
El peor escenario exige prepararse antes de sufrir el ataque
El planteamiento de Javier Roca no consiste en pronosticar una catástrofe concreta. Su advertencia apunta a una dificultad fundamental de la planificación militar: no siempre es posible conocer de antemano quién atacará, qué herramientas utilizará o qué sistemas intentará comprometer.
Por eso, prepararse para el peor escenario supone algo más que instalar mecanismos de protección. Exige entrenar respuestas, identificar dependencias tecnológicas, asegurar comunicaciones alternativas y desarrollar procedimientos que permitan seguir operando cuando determinados sistemas fallen.
El Mando Conjunto del Ciberespacio es el organismo encargado de planificar, dirigir y ejecutar las operaciones militares españolas en este ámbito. Entre sus responsabilidades figura proteger los elementos tecnológicos esenciales para la Defensa y garantizar la libertad de acción de las Fuerzas Armadas.
Una de las dificultades de esta misión es que los riesgos digitales evolucionan continuamente. Las vulnerabilidades cambian, aparecen nuevas herramientas y la capacidad de respuesta depende tanto de la tecnología disponible como de la preparación de las personas que la utilizan.
La seguridad militar depende cada vez más de sus redes
La intervención del vicealmirante deja una advertencia especialmente relevante para la defensa española: la superioridad militar ya no depende exclusivamente del armamento convencional.
Los carros de combate, los sistemas de artillería y los medios aéreos continúan siendo fundamentales. Pero su eficacia puede verse comprometida si fallan las comunicaciones, los sistemas de información o las infraestructuras digitales que permiten utilizarlos de manera coordinada.
El reto de España consiste en integrar esa realidad en el entrenamiento, la planificación y las capacidades operativas de sus Fuerzas Armadas. No basta con incorporar tecnología avanzada. También hay que saber mantenerla protegida y funcionar cuando deja de responder como estaba previsto.
La advertencia de Roca sitúa el problema en su verdadera dimensión: prepararse para un ciberataque es prepararse para un riesgo militar real, aunque sus consecuencias no siempre sean visibles desde el primer momento.
El escenario más peligroso no tiene por qué comenzar con una explosión. Puede empezar cuando una unidad intenta comunicarse, consultar una información esencial o ejecutar una orden y descubre que el sistema del que depende ha dejado de funcionar.
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