España
El 90 % de las madres solas sin empleo llega con apuros a fin de mes
Un informe de la Fundación Adecco revela que el 90 % de madres solas desempleadas llega a fin de mes con dificultades y el 76,2 % recibe ayudas.
Resumen
- El 90 % de las madres solas en paro llega con dificultad a fin de mes
- El 76,2 % recibe ayudas y el 16 % las necesita, pero no las obtiene
- El 73,2 % ha rechazado trabajos por problemas de conciliación
El 90 % de las madres que crían solas a sus hijos y se encuentran desempleadas tiene dificultades para llegar a fin de mes en España. El 76,2 % necesita ayudas económicas o materiales de familiares, administraciones públicas o entidades sociales para cubrir sus necesidades básicas. Son las principales conclusiones del informe Monoparentalidad y Empleo 2026, presentado el 3 de noviembre por la Fundación Adecco.
El estudio, elaborado por el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo a partir de una encuesta a 210 mujeres desempleadas con responsabilidades familiares no compartidas, revela una situación especialmente delicada: el 43 % llega a fin de mes con mucha dificultad, el 33 % con dificultad y otro 14 % con cierta dificultad. Apenas una de cada diez afirma no tener esos problemas.
Los porcentajes describen la situación de las madres en solitario desempleadas que participaron en la investigación, no la de todas las familias monoparentales españolas. La distinción importa porque el desempleo es precisamente uno de los factores que agravan su vulnerabilidad económica.
El problema tampoco termina cuando aparece una oportunidad de trabajo. El 73,2 % de las entrevistadas ha rechazado alguna oferta laboral o abandonado un proceso de selección por no poder compaginar las condiciones del puesto con el cuidado de sus hijos. La falta de ingresos dificulta mantener el hogar, mientras que las responsabilidades familiares limitan las posibilidades de conseguir esos ingresos.
El 76 % depende de ayudas, pero no todas son públicas
La dependencia económica constituye una de las principales conclusiones del informe. El 76,2 % de las madres encuestadas recibe habitualmente algún apoyo económico o material para cubrir gastos esenciales. No se trata exclusivamente de prestaciones públicas: también intervienen familiares y organizaciones sociales.
Entre las mujeres que reciben estos apoyos, el 51 % depende principalmente de ayudas o prestaciones públicas, el 19 % del respaldo familiar y el 12 % de entidades sociales. Otro 18 % combina diferentes recursos para mantener su economía doméstica.
Existe, además, una situación especialmente preocupante: el 16 % necesita ayuda, pero no la recibe. Son mujeres que reconocen no disponer de recursos suficientes para afrontar sus necesidades y que tampoco cuentan con una red de apoyo efectiva.
La incertidumbre afecta incluso a quienes reciben asistencia. El 62,9 % tiene poca o ninguna seguridad de poder mantener esas ayudas durante los próximos doce meses. Esta inestabilidad dificulta planificar gastos, asumir compromisos económicos o afrontar situaciones inesperadas.
Begoña Bravo, directora de Inclusión de la Fundación Adecco, advierte de que los apoyos familiares, institucionales y sociales permiten atender necesidades urgentes, pero no siempre ofrecen la continuidad necesaria para alcanzar la autonomía económica.
Educación, vivienda y alimentación: los gastos más difíciles
La educación de los hijos encabeza las preocupaciones económicas de las madres encuestadas. El 54 % identifica los gastos educativos como una de las partidas más difíciles de afrontar, por delante de la vivienda, mencionada por el 44 %, y la alimentación, señalada por el 42,5 %.
Los gastos escolares no se limitan a libros y material de clase. El comedor, el transporte, los dispositivos electrónicos, las actividades extraescolares o las clases de refuerzo también forman parte del presupuesto familiar. Cuando los ingresos escasean, algunos de estos desembolsos pueden aplazarse o eliminarse, con consecuencias para las oportunidades educativas de los menores.
La vivienda representa otro problema importante. En los hogares con un único adulto responsable, el alquiler o la hipoteca, los suministros y los gastos cotidianos dependen de unos ingresos que pueden ser insuficientes o irregulares.
Según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida recogidos en el informe, el 56 % de las familias monoparentales considera que los gastos de vivienda constituyen una carga pesada. Cerca del 24 % ha acumulado retrasos en pagos relacionados con su residencia habitual.
La presión se extiende a necesidades aparentemente más sencillas. El 35,4 % de las encuestadas identifica la ropa y el calzado entre los gastos difíciles de cubrir. El presupuesto doméstico acaba convertido en una elección constante entre necesidades que no deberían competir entre sí.
Siete de cada diez no pueden afrontar un imprevisto de 600 euros
La falta de capacidad de ahorro agrava la situación. El 73,5 % de las madres desempleadas encuestadas no podría afrontar un gasto imprevisto de 600 euros con sus propios recursos sin solicitar ayuda o recurrir al crédito.
Una avería de la lavadora, una reparación doméstica o un gasto médico extraordinario pueden desestabilizar una economía familiar que apenas dispone de margen para los imprevistos.
El informe indica también que otro 20,6 % podría asumir ese desembolso, aunque con mucha dificultad. Según el desglose presentado por la Fundación Adecco, solamente una pequeña minoría tendría capacidad suficiente para afrontarlo sin grandes problemas.
La cuestión no es únicamente cuánto dinero entra en casa, sino cuánta seguridad económica conserva la familia después de pagar lo imprescindible. Sin un pequeño colchón de ahorro, cualquier contratiempo puede traducirse en nuevas deudas, retrasos o dependencia de terceros.
La maternidad en solitario dificulta el acceso al empleo
El estudio identifica las dificultades de conciliación como uno de los mayores obstáculos para que las madres desempleadas puedan reincorporarse al mercado laboral.
El 73,2 % ha tenido que rechazar una oferta de empleo o abandonar un proceso de selección debido a condiciones incompatibles con sus responsabilidades familiares. Los horarios, la jornada laboral y la falta de flexibilidad son algunas de las barreras señaladas.
No se trata necesariamente de que falten oportunidades profesionales. En determinados casos, el puesto existe y la candidata dispone de las competencias necesarias, pero aceptar el trabajo resulta inviable si no tiene con quién dejar a sus hijos.
A ello se suma la percepción de discriminación. El 56 % de las entrevistadas considera que mencionar su condición de madre en solitario reduce sus posibilidades de contratación. Es una percepción declarada por las encuestadas, no una medición directa de decisiones discriminatorias de las empresas, pero refleja la desconfianza que muchas experimentan durante la búsqueda de empleo.
La urgencia por conseguir ingresos también puede favorecer la aceptación de condiciones laborales precarias. Según la investigación, cerca de la mitad de las participantes estaría dispuesta a trabajar sin estar dada de alta en la Seguridad Social.
Un empleo irregular puede proporcionar ingresos inmediatos, pero deja a la trabajadora sin las garantías laborales y de protección social asociadas a una contratación legal. La necesidad económica termina así reduciendo la capacidad de rechazar ofertas que comprometen su seguridad futura.
Más de la mitad de los hogares monoparentales, en riesgo de pobreza
Los resultados de la Fundación Adecco encajan con una vulnerabilidad económica más amplia, identificada también por las estadísticas oficiales.
Según la Encuesta de Condiciones de Vida de 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 50,6 % de las personas que viven en hogares formados por un adulto y uno o varios menores dependientes se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. La cifra ha aumentado desde el 50,3 % registrado el año anterior.
En el conjunto de la población española, la tasa equivalente se sitúa en el 25,7 %. La diferencia es considerable: el riesgo de pobreza o exclusión social en estos hogares prácticamente duplica la media nacional.
El indicador utilizado, conocido como AROPE, combina distintas situaciones de vulnerabilidad, entre ellas los ingresos por debajo del umbral de pobreza, la carencia material y social severa y la baja intensidad laboral. No significa que todas las familias afectadas carezcan de ingresos, sino que cumplen al menos una de esas condiciones.
La monoparentalidad, además, tiene un marcado componente femenino. La última Encuesta Continua de Hogares del INE, correspondiente a 2020, contabilizaba 1.944.800 hogares monoparentales, de los cuales el 81,4 % estaba encabezado por mujeres. Se trata de una referencia histórica utilizada en el informe de 2026, no de un recuento actualizado de hogares para ese año.
Esta distribución ayuda a entender por qué los problemas de conciliación, las dificultades económicas y las desigualdades laborales tienen una incidencia especialmente significativa entre las madres que asumen solas la crianza.
Un empleo estable y compatible con los cuidados, la principal salida
La investigación también recoge qué condiciones consideran necesarias las propias mujeres para reducir su dependencia económica.
El 78,1 % cree que dejaría de necesitar total o parcialmente ayudas familiares, públicas o sociales si consiguiera un empleo estable, suficientemente remunerado y compatible con sus responsabilidades de cuidado.
La estabilidad laboral aparece, por tanto, como un elemento decisivo, aunque no basta por sí sola. Un contrato con horarios imposibles de conciliar o un salario insuficiente puede dejar sin resolver una parte importante del problema.
La Fundación Adecco insiste en la necesidad de impulsar oportunidades laborales formales, con derechos, salarios adecuados y medidas de flexibilidad que permitan compatibilizar el trabajo con la crianza. El acceso a servicios de cuidado también puede resultar determinante para que una oferta de empleo se convierta en una incorporación real.
Los datos muestran una situación que va más allá de la falta de trabajo. Sin ingresos suficientes resulta difícil sostener una familia; sin alternativas para atender a los hijos, también puede resultar imposible aceptar un empleo.
Para las madres en solitario, la autonomía económica depende de que ambas necesidades puedan resolverse al mismo tiempo. Las ayudas permiten afrontar situaciones urgentes, pero un trabajo estable y una organización de los cuidados compatible con la vida laboral son condiciones fundamentales para reducir esa dependencia de manera duradera.
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