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Bulgaria apunta a Rusia tras hundirse un carguero y quedar otro dañado
Dos cargueros fueron atacados con drones frente a Bulgaria: uno se hundió y otro quedó dañado. Sofía apunta a Rusia mientras investiga el origen.
Resumen
- Un carguero se hundió y otro quedó dañado tras ataques con drones
- Los 15 tripulantes del Chelsea 3 fueron evacuados; cinco recibieron atención
- Bulgaria apunta a Rusia, aunque admite que aún no tiene pruebas concluyentes
Dos cargueros han sido alcanzados por drones en el mar Negro, a escasa distancia de la costa de Bulgaria, en un nuevo episodio que acerca todavía más la guerra de Ucrania a las grandes rutas de navegación comercial. Uno de los buques se hundió y el otro, el Chelsea 3, recibió varios impactos y quedó dañado.
El Gobierno de Bulgaria considera que los indicios apuntan hacia Rusia, aunque ha dejado claro que por el momento no dispone de pruebas concluyentes que permitan atribuir formalmente los ataques. La diferencia no es menor: Sofía eleva el tono político, pero mantiene abierta la investigación sobre el origen de los drones.
Los incidentes se produjeron durante la madrugada del 13 de octubre, apenas una semana después de otros ataques contra barcos mercantes en la zona económica exclusiva búlgara. Esta vez, los impactos ocurrieron todavía más cerca de tierra, a unas 17 y 18 millas náuticas de la costa, aproximadamente una treintena de kilómetros.
Dos ataques con drones a pocas millas de Bulgaria
El primer aviso llegó alrededor de la 1.30 de la madrugada. El Chelsea 3, carguero de bandera maltesa, pidió auxilio cuando navegaba frente a Byala. Según la información comunicada por su tripulación, el barco había sido alcanzado por tres drones aéreos que golpearon la cubierta y el casco.
El buque, de unos 136 metros de eslora, realizaba una travesía desde el puerto turco de Giresun hacia Giurgiulești, en Moldavia. Pese a los daños, consiguió mantenerse a flote y posteriormente quedó sin tripulación mientras las autoridades marítimas aseguraban la zona.
Los 15 tripulantes del Chelsea 3 fueron rescatados
Los 15 marineros que viajaban a bordo del Chelsea 3 fueron evacuados. La tripulación estaba formada por siete ciudadanos ucranianos y ocho azerbaiyanos. Cinco necesitaron atención médica por heridas de carácter leve y ninguno se encontraba, según la información inicial, en peligro vital.
El balance pudo haber sido bastante peor. Tres drones contra un mercante, de madrugada y a pocas decenas de kilómetros de la costa de un país miembro de la OTAN convierten un incidente marítimo en algo bastante más delicado: una señal de que la navegación civil del mar Negro sigue quedando atrapada dentro del radio de acción de la guerra.
El Azov Concord se hundió frente a Krapets
Mientras se desarrollaba la respuesta al ataque contra el Chelsea 3, las autoridades recibieron información sobre un segundo incidente aproximadamente a 17 millas náuticas de Krapets, en la costa septentrional búlgara y cerca de la frontera con Rumanía.
El segundo carguero fue identificado como el Azov Concord. El barco terminó hundiéndose y, en las primeras horas posteriores al ataque, las autoridades confirmaron el rescate de al menos un miembro de su tripulación. La situación del resto de las personas que viajaban a bordo no había quedado aclarada inicialmente.
El Azov Concord tenía, además, un pasado vinculado a la propia guerra. En junio de 2022 se convirtió en el primer buque mercante extranjero que salió del puerto de Mariúpol después de que Rusia tomara el control de la ciudad. Es un antecedente llamativo, aunque por sí solo no demuestra quién lanzó los drones que acabaron hundiéndolo.
Bulgaria apunta a Rusia, pero reconoce que faltan pruebas
El primer ministro búlgaro, Rumen Radev, ha evitado presentar la responsabilidad rusa como un hecho demostrado. Bulgaria no asegura haber identificado de manera definitiva el origen de los aparatos y todavía no ha presentado evidencias técnicas capaces de cerrar la atribución.
Radev sí ha señalado que la lógica de los ataques apunta hacia la Federación Rusa. El Gobierno búlgaro ha decidido convocar a la embajadora rusa en Sofía, Eleonora Mitrofanova, y trasladar la situación a sus socios de la OTAN y de la Unión Europea.
La posición búlgara camina, por tanto, sobre una línea estrecha: sospecha política clara, pero prudencia en la atribución militar. Rusia no había asumido la responsabilidad de los ataques en las primeras horas posteriores a los incidentes.
Bulgaria también busca apoyo técnico para determinar de dónde procedían los drones mediante el análisis de restos, datos de vigilancia y registros marítimos. En ataques de este tipo, identificar el aparato, su trayectoria y sus componentes resulta esencial antes de convertir una sospecha en una acusación formal.
Es el segundo episodio similar en apenas una semana
La preocupación de Sofía no nace de una única noche. El 6 de octubre, otros dos mercantes fueron atacados con drones dentro de la zona económica exclusiva de Bulgaria, mucho más lejos de la costa. Uno de aquellos barcos terminó hundido y el otro sufrió graves daños.
Solo siete días después, los nuevos impactos se han registrado mucho más cerca del litoral búlgaro. Ahí está uno de los elementos que más inquietan a las autoridades: la violencia marítima vinculada a la guerra ya no se concentra únicamente alrededor de puertos rusos y ucranianos.
Bulgaria ocupa una posición estratégica en el flanco oriental de la OTAN y comparte el mar Negro con Turquía y Rumanía, además de Rusia, Ucrania y Georgia. Cada ataque contra tráfico comercial en esta zona multiplica la presión para reforzar radares, patrullas navales, vigilancia aérea y sistemas antidrones.
Los ataques ocurrieron fuera de las aguas territoriales búlgaras
Existe una precisión jurídica importante. Los dos episodios se produjeron fuera del límite de las 12 millas náuticas que marcan las aguas territoriales de Bulgaria. No consta, por tanto, que los drones atacaran dentro de territorio soberano búlgaro en sentido estricto.
Los barcos sí navegaban dentro o muy cerca de espacios marítimos en los que Bulgaria tiene importantes intereses económicos y responsabilidades de seguridad. Para un mercante, la frontera jurídica puede estar dibujada con precisión en una carta náutica; para un dron que explota a menos de 35 kilómetros de la costa, la sensación es bastante menos académica.
Por eso Sofía no ha convertido automáticamente los ataques en una cuestión de respuesta militar colectiva. Su prioridad inmediata pasa por identificar el origen de los aparatos, proteger el tráfico civil y coordinarse con sus aliados.
La amenaza alcanza también al comercio del mar Negro
Los efectos de estos ataques no terminan cuando se apaga un incendio o se completa un rescate. La inseguridad está elevando el riesgo para las navieras, los propietarios de cargamentos y las compañías aseguradoras que operan en el mar Negro.
Una ruta donde aparecen drones, minas o ataques contra mercantes acaba encareciéndose. Suben las primas de los seguros, se modifican trayectos y determinados armadores pueden decidir evitar las zonas consideradas más peligrosas. El impacto termina viajando dentro de la bodega: cereales, combustibles, fertilizantes y materias primas dependen de estos corredores marítimos.
El mar Negro es una pieza esencial para las exportaciones agrícolas de la región y para numerosos intercambios entre Europa oriental, el Cáucaso y Turquía. Cada nuevo ataque obliga a calcular distancias, riesgos y costes. La guerra también funciona así: no siempre hace falta bloquear un puerto para alterar el comercio; a veces basta con que navegar hacia él deje de parecer seguro.
El mar Negro entra en una fase todavía más delicada
Los ataques dejan un carguero hundido, otro dañado, varios marineros atendidos y una investigación abierta sobre quién lanzó los drones. Bulgaria mira hacia Rusia, pero mantiene la cautela mientras busca pruebas capaces de sostener esa acusación.
El elemento más inquietante está en el mapa. Primero llegaron ataques ligados directamente a las aguas próximas al frente ruso-ucraniano; después aparecieron incidentes en la zona económica exclusiva búlgara y, una semana más tarde, dos mercantes han sido alcanzados a menos de 20 millas de la costa.
La guerra no necesita cruzar formalmente una frontera para empezar a sentirse al otro lado. En el mar Negro, esa distancia vuelve a encogerse, y cada nuevo dron sobre una ruta comercial deja un margen algo menor entre el conflicto y los países que hasta ahora lo observaban desde la orilla.
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