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Hamilton perdió el podio en Singapur tras saltarse una parada clave
Hamilton se pasó la entrada a boxes durante un Virtual Safety Car, decidió seguir en pista y terminó sexto tras degradar los neumáticos blandos.
Por Liauzh - Trabajo propio, CC BY 4.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Ferrari llamó a Hamilton a boxes durante el Virtual Safety Car
- El británico se pasó la entrada y decidió continuar en pista
- Los blandos se agotaron y Hamilton cayó del podio al sexto puesto
Lewis Hamilton tenía el podio del Gran Premio de Singapur al alcance de la mano y terminó sexto. No fue una avería, tampoco una decisión incomprensible del muro de Ferrari. El punto de ruptura fue bastante más concreto: durante un periodo de Virtual Safety Car, Ferrari ordenó parar a sus dos pilotos, Hamilton se pasó la entrada del pit lane y después decidió continuar en pista para intentar llegar hasta el final con una sola parada.
La apuesta salió mal. Muy mal. Los neumáticos blandos de Hamilton llegaron exhaustos a las últimas vueltas y el Ferrari número 44 comenzó a perder posiciones mientras Charles Leclerc, que sí aprovechó la neutralización para cambiar ruedas, terminó segundo. Kimi Antonelli fue tercero, Lando Norris cuarto, Oscar Piastri quinto y Hamilton cruzó la meta sexto. Max Verstappen ganó la carrera desde la pole.
El propio Hamilton asumió después la responsabilidad. Había arrancado tercero con neumáticos medios, fue uno de los primeros pilotos de cabeza en detenerse y montó blandos. Cuando apareció la segunda oportunidad de parar con un coste reducido, la carrera cambió de golpe. Ferrari llamó; Hamilton no entró. Lo que parecía una posibilidad razonable de doble podio terminó convertido en una tarde bastante más amarga.
Ferrari sí llamó a Hamilton a boxes
La secuencia importa porque cambia por completo la lectura de lo sucedido en Marina Bay. En un primer momento podía parecer otra de esas decisiones estratégicas discutibles que Ferrari ha acumulado durante los últimos años, terreno fértil para las bromas de internet y el inevitable catálogo de memes. Esta vez, sin embargo, el muro había tomado la decisión de parar.
Fred Vasseur explicó que Hamilton y Leclerc recibieron la orden de entrar durante el Virtual Safety Car. Leclerc ejecutó la parada. Hamilton se pasó la entrada y, una vez perdida esa oportunidad, optó por permanecer en pista para conservar posición.
No hubo, según el jefe de Ferrari, un problema de comunicación. La indicación había sido clara. La escudería calculaba que una doble parada habría mantenido a sus monoplazas en posiciones de podio, con Leclerc y Hamilton peleando por el segundo y el tercer puesto detrás de Verstappen.
Por qué el Virtual Safety Car era el momento perfecto
El Virtual Safety Car obliga a todos los pilotos a reducir considerablemente el ritmo. Eso hace que una entrada en boxes resulte mucho menos costosa en tiempo que durante una vuelta normal. No es una parada gratis, pero se le parece bastante más.
Para Hamilton era una oportunidad especialmente valiosa. Marina Bay es un circuito urbano estrecho, de curvas enlazadas y adelantamientos complicados. Normalmente, mantener la posición en pista tiene un valor enorme. Pero cuando quienes vienen detrás pueden montar neumáticos frescos perdiendo poco tiempo bajo VSC, esa ventaja empieza a derretirse.
El análisis posterior de la carrera apunta precisamente ahí: parar durante la neutralización ofrecía a Ferrari el momento idóneo para proteger a Hamilton frente a Antonelli y los McLaren. Quedarse fuera significaba pedir a unos blandos ya castigados que resistieran hasta la bandera.
Unos neumáticos blandos llevados demasiado lejos
Hamilton había iniciado el Gran Premio desde la tercera posición con el compuesto medio, una elección distinta que pretendía abrir alternativas estratégicas. El problema apareció pronto: el neumático medio no rindió como Ferrari esperaba y el británico fue el primer piloto del grupo delantero que pasó por boxes para montar blandos.
Durante el segundo stint recuperó ritmo. El Ferrari funcionaba y Hamilton seguía metido en la pelea importante. Ahí está precisamente lo doloroso del resultado: no faltaba velocidad en el coche. Faltó completar la estrategia.
Cuando decidió continuar tras perder la entrada del pit lane, comenzó una carrera contra la degradación. Con cada vuelta, el agarre disminuía. Frenar exigía más cuidado, la tracción a la salida de las curvas empeoraba y la defensa frente a coches con gomas más frescas se hacía cada vez más difícil. El margen se consumía vuelta a vuelta.
Y Singapur no perdona demasiado estas cosas. Bajo las luces de Marina Bay, con el calor pegado al asfalto y los muros a centímetros, un neumático viejo acaba dejando al piloto sin armas. No ocurre de golpe necesariamente, pero llega un momento en que el cronómetro empieza a pasar factura.
De luchar por el podio a terminar sexto
La factura apareció en las últimas vueltas. Hamilton fue perdiendo terreno mientras sus perseguidores se acercaban con más rendimiento disponible. Antonelli, Norris y Piastri acabaron por situarse delante, mientras Leclerc ya había consolidado la segunda posición después de ejecutar la parada que Ferrari había previsto.
El resultado dejó a Verstappen primero, Leclerc segundo y Antonelli tercero. Norris y Piastri completaron las cinco primeras posiciones y Hamilton terminó sexto. El contraste resultó especialmente áspero porque durante buena parte de la prueba el Ferrari número 44 había estado en condiciones de pelear por mucho más.
El fin de semana había demostrado, además, que el SF-26 tenía ritmo en Singapur. En la carrera sprint, Hamilton había sido segundo y Leclerc tercero, también detrás de Verstappen. El domingo apareció otra ocasión real de colocar dos Ferrari en el podio. Se escapó por una mezcla de error de ejecución y apuesta posterior.
No fue, por tanto, una simple mala elección hecha antes de apagarse los semáforos. La oportunidad estuvo ahí, apareció durante la carrera y Ferrari reaccionó. Hamilton no consiguió aprovecharla.
Hamilton asumió el error sin buscar excusas
El siete veces campeón del mundo fue directo después de la carrera. Reconoció que había perdido la entrada a boxes cuando el equipo le llamó y que posteriormente decidió mantenerse en pista para intentar defender la posición hasta el final.
También calificó lo sucedido como una “lección dolorosa” y asumió la responsabilidad por los puntos perdidos. Una admisión poco ambigua en un deporte donde las decisiones estratégicas suelen terminar repartidas entre piloto, ingenieros, simuladores y muro de boxes.
Hamilton explicó igualmente que el compuesto medio utilizado al comienzo de la carrera había funcionado peor de lo previsto y que, pese a recuperar buen ritmo durante su segundo stint, la degradación final de los blandos terminó siendo demasiado elevada.
Después de la prueba se encontró indispuesto, fue atendido por el equipo médico de la FIA y recibió permiso para no comparecer ante los medios en la zona habitual de entrevistas. Ferrari difundió posteriormente sus declaraciones.
Leclerc mostró lo que podía haber ocurrido
La carrera del otro Ferrari funciona casi como una fotografía alternativa de lo que Hamilton pudo conseguir. Cuando apareció el Virtual Safety Car, Leclerc sí entró en boxes, colocó neumáticos más frescos y terminó segundo, detrás de Verstappen.
Antonelli cerró el podio y dejó una imagen bastante clara de la oportunidad que había sobre la mesa. Vasseur fue explícito al considerar que Ferrari tenía encaminado un doble podio antes del error en la entrada a boxes de Hamilton.
Eso tampoco significa que el tercer puesto estuviera matemáticamente garantizado. En Fórmula 1 no abundan las certezas y menos en Singapur. Una mala parada, tráfico, una relanzada complicada o cualquier incidente podían alterar la clasificación. Pero el escenario que ofrecía mejores probabilidades era claramente el de montar neumáticos nuevos durante el VSC.
Seguir en pista exigía lo contrario: pedir un pequeño milagro a unas gomas que ya acumulaban demasiadas vueltas. La apuesta por conservar posición terminó costándole precisamente esa posición.
Un error pequeño con una factura enorme
Singapur dejó una de esas escenas que explican bien la Fórmula 1 moderna. No hizo falta un accidente espectacular, un motor roto ni una estrategia disparatada diseñada desde el muro. Bastaron unos metros: Hamilton pasó de largo la entrada del pit lane cuando Ferrari quería detenerlo.
Después llegó la apuesta. Mantener la posición parecía tentador en un circuito donde adelantar cuesta una barbaridad, pero los neumáticos terminaron dictando sentencia. La pista ofrecía un espejismo: Hamilton seguía delante, sí, aunque cada vuelta valía un poco menos que la anterior.
Ferrari había tenido ritmo para colocar sus dos coches en el podio y únicamente Leclerc llegó hasta allí. Hamilton terminó sexto y pidió disculpas. En una carrera donde las diferencias se miden en décimas, esta vez unos pocos metros separaron el podio de una oportunidad perdida.
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