Ciencia
Hallan en China un hongo gigante de un linaje de 65 millones de años
El hallazgo de Dianjunus rex en China revela un hongo gigante y un linaje desconocido cuyo origen se remonta a unos 65 millones de años atrás.
Resumen
- El hongo Dianjunus rex alcanza 50 centímetros y hasta 2,2 kilos
- Su familia evolutiva surgió hace unos 65 millones de años
- El hallazgo en Yunnan amplía el mapa conocido de los hongos
Un hongo de proporciones insólitas descubierto en los bosques de Yunnan, en el suroeste de China, ha resultado ser algo bastante más extraordinario que una rareza de gran tamaño. La nueva especie, bautizada como Dianjunus rex, puede formar estructuras de hasta 50 centímetros de altura y 2,2 kilos de peso y pertenece a un linaje desconocido hasta ahora cuya aparición se remonta aproximadamente a 65 millones de años.
Ese detalle temporal es el que convierte el hallazgo en una pequeña ventana abierta al pasado profundo de la Tierra. Los análisis genéticos sitúan el origen de su familia, Dianjunaceae, a comienzos del Paleoceno, muy cerca de la gran extinción del límite Cretácico-Paleógeno que acabó con los dinosaurios no avianos y transformó los ecosistemas del planeta. No significa, claro, que el ejemplar encontrado tenga 65 millones de años: esa antigüedad corresponde al linaje evolutivo, no al organismo que crece actualmente en China.
Un gigante escondido bajo los bosques de Yunnan
Los primeros ejemplares fueron recogidos durante campañas de campo realizadas entre 2024 y 2025 en distintos puntos de la provincia china de Yunnan. Los investigadores localizaron estas enormes estructuras en zonas de bosque templado y también en ambientes tropicales, entre ellas Damaidi, Yipinglang y Nanbang. Algunos ejemplares aparecían asociados a las raíces del roble de corcho chino, Quercus variabilis.
A simple vista, Dianjunus rex tampoco responde exactamente a la imagen popular de una seta con pie y sombrero. Lo que emerge del suelo son estromas, masas compactas de tejido fúngico donde se desarrollan las estructuras reproductoras. Pueden ser cilíndricas, ramificadas o ensanchadas, con una apariencia que a ratos recuerda a enormes dedos pálidos surgiendo entre hojas, raíces y madera.
Aquí conviene hacer una precisión. Cuando se habla de un “hongo gigante”, esos 50 centímetros y 2,2 kilos corresponden a sus estructuras visibles de fructificación. Como ocurre con muchos hongos, buena parte del organismo permanece fuera de la vista, extendido por el suelo o relacionado con tejidos vegetales. La parte que asoma es, por decirlo de manera sencilla, el aparato reproductor de una maquinaria mucho más discreta.
Una especie nueva, un género nuevo y también una familia nueva
El tamaño llamó la atención; el ADN terminó de cambiar la historia. Los investigadores estudiaron la morfología de los ejemplares, cultivaron sus esporas y realizaron análisis genéticos de varios marcadores, además de secuenciar material genómico. El resultado fue contundente: no estaban ante una especie ya conocida que simplemente hubiera desarrollado dimensiones excepcionales.
Dianjunus rex representa una especie nueva y un género nuevo, pero la diferencia evolutiva era tan profunda que los científicos tuvieron que crear también una familia completa para encajarlo en el árbol de los hongos: Dianjunaceae. Se encuentra dentro del orden Xylariales y su pariente conocido más próximo pertenece a Graphostromataceae.
El nombre tampoco se eligió con demasiada timidez. “Rex”, rey en latín, alude a sus dimensiones y aspecto; “Dian” recuerda al antiguo reino de Dian, ligado históricamente a la actual región de Yunnan. Un rey de los hongos, al menos por tamaño, pero con una genealogía bastante más interesante que el apodo.
El mayor cuerpo fructífero conocido de su grupo
El descubrimiento establece además un récord dentro de Ascomycota, el enorme grupo de hongos al que pertenece. Los estromas de Dianjunus rex son las mayores fructificaciones documentadas entre los ascomicetos.
Hasta ahora, los ejemplos más grandes conocidos dentro de este tipo de hongos se quedaban bastante por debajo. Que una estructura reproductora alcance medio metro supone un coste energético considerable. La evolución, que suele cobrar cada extravagancia, difícilmente mantendría semejante inversión si no ofreciera alguna ventaja.
Los investigadores manejan una explicación plausible: elevar la zona reproductora por encima de la vegetación y de los restos acumulados en el suelo podría facilitar que las esporas fueran transportadas por el viento a mayor distancia en bosques densos. Es una hipótesis, no una respuesta cerrada. Queda por conocer mejor qué ventajas concretas permitieron conservar este gigantismo.
Su historia empezó tras una catástrofe planetaria
La parte más sugestiva del trabajo procede del llamado reloj molecular, una herramienta que permite estimar cuándo se separaron evolutivamente distintos grupos comparando cambios acumulados en su material genético.
Los cálculos sitúan la divergencia de Dianjunaceae hace unos 65 millones de años, con un margen amplio de estimación, entre aproximadamente 50 y 80 millones. Es decir, alrededor del comienzo del Paleoceno y poco después de la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno, ocurrida hace unos 66 millones de años.
Aquel episodio eliminó cerca del 75% de las especies de plantas y animales y provocó una reorganización brutal de los ecosistemas. Los dinosaurios no avianos desaparecieron, numerosos grupos quedaron diezmados y los bosques atravesaron cambios profundos. Hubo destrucción, pero también nichos ecológicos vacíos. Y ahí entran los hongos.
Bosques muertos, madera y nuevas oportunidades
Los Xylariales incluyen numerosos organismos capaces de vivir asociados a plantas o de descomponer madera y tejidos vegetales. Esa función los convierte en piezas esenciales del reciclaje de nutrientes y del carbono en los bosques.
Los investigadores plantean que la enorme cantidad de materia vegetal muerta y la transformación de los bosques tras la extinción pudieron abrir oportunidades para hongos especializados en aprovechar ese material. El origen de Dianjunaceae en ese periodo encaja con esa posibilidad, aunque no demuestra por sí solo una relación directa de causa y efecto.
La imagen resulta poderosa: mientras desaparecían animales gigantes y se rehacían lentamente los bosques, algunos linajes microscópicos o casi invisibles encontraban sitio entre madera rota, raíces y materia orgánica. La catástrofe que cerró una era también abrió otras historias evolutivas.
Por qué un hongo tan grande pudo pasar inadvertido
Hay algo casi irónico en encontrar en 2026 una estructura de medio metro perteneciente a una familia desconocida para la ciencia. Pero los hongos son especialistas en esconderse a plena vista.
Sus cuerpos fructíferos pueden aparecer solo durante determinados periodos del año y desaparecer después. El resto del organismo permanece integrado en el suelo, en raíces o en madera. A eso se añade que algunas áreas subtropicales de China combinan una biodiversidad enorme con terrenos difíciles de explorar de forma sistemática.
Yunnan es uno de esos territorios. Su variedad de altitudes, temperaturas y tipos de bosque genera multitud de hábitats en relativamente poco espacio. Los investigadores consideran que la diversidad fúngica del este de Asia sigue estando infravalorada, en parte porque durante décadas el esfuerzo científico se concentró en especies de interés agrícola, médico o comercial.
El caso de Dianjunus rex muestra lo que puede quedar fuera del inventario: no solo especies nuevas, sino ramas completas del árbol evolutivo.
Un superviviente que amplía el mapa de los hongos
El hallazgo no consiste simplemente en añadir otro nombre latino a un catálogo. Amplía los límites conocidos sobre el tamaño que pueden alcanzar los cuerpos fructíferos de los ascomicetos y revela una familia evolutiva independiente que habría atravesado decenas de millones de años de cambios climáticos, transformaciones forestales y reorganizaciones ecológicas.
Todavía quedan incógnitas sobre su modo de vida, su distribución real y las razones exactas de su gigantismo. Tampoco se sabe hasta qué punto Dianjunaceae contiene otras especies aún no reconocidas. Encontrar más poblaciones permitirá saber si Dianjunus rex es una excepción extraordinariamente aislada o la primera pieza visible de un grupo mucho más amplio.
Por ahora, el bosque de Yunnan ha entregado una de esas rarezas que corrigen discretamente los libros: medio metro de hongo visible y unos 65 millones de años de historia evolutiva detrás. Los dinosaurios desaparecieron. Este linaje, de una forma u otra, siguió ahí.
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