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Protestas contra el FMI y el Banco Mundial dejan choques en Bangkok
Bangkok concentra la protesta contra el FMI y el Banco Mundial, con unos 200 manifestantes y forcejeos policiales junto al centro de convenciones.
Por Supanut Arunoprayote - Trabajo propio, CC BY 4.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Unos 200 manifestantes protestaron contra el FMI y el Banco Mundial
- Hubo forcejeos con la Policía junto al centro de convenciones
- Las reuniones reúnen en Bangkok a miles de responsables económicos
Alrededor de 200 manifestantes se concentraron en Bangkok contra las políticas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, coincidiendo con las reuniones anuales que ambas instituciones celebran en la capital tailandesa. La marcha fue contenida por un fuerte dispositivo policial cuando trataba de avanzar hacia el Queen Sirikit National Convention Center, donde se reúnen responsables económicos, banqueros centrales y representantes de gobiernos de todo el mundo.
La protesta derivó en un breve forcejeo con la Policía cuando algunos participantes intentaron colocar pancartas en una pasarela peatonal. Los agentes, desplegados con porras y barreras en los accesos al recinto, bloquearon el avance por Ratchadaphisek Road. Parte de la vía quedó cerrada al tráfico hasta que los organizadores negociaron con las autoridades y aceptaron desplazarse a una zona habilitada en las inmediaciones. No se ha informado de incidentes graves.
La protesta llega hasta las puertas de las reuniones del FMI
La movilización fue convocada por la Red Popular contra el Banco Mundial y el FMI, una plataforma en la que participan colectivos sociales, trabajadores, agricultores y activistas. Su intención era llevar el descontento prácticamente hasta la puerta del centro de convenciones, convertido estos días en una pequeña fortaleza financiera rodeada de controles policiales.
La marcha partió de la zona de Khlong Toei, uno de los barrios populares más conocidos de Bangkok. Entre pancartas y disfraces satíricos, algunos participantes llevaron máscaras de dirigentes internacionales y una figura de un gran cerdo rosa con símbolos del dólar en los ojos. Una puesta en escena deliberadamente estridente para un mensaje bastante menos pintoresco: denuncian el aumento de la pobreza, el endeudamiento de los hogares, la degradación ambiental y unas políticas económicas que, según sostienen, cargan una parte desproporcionada del ajuste sobre quienes tienen menos.
Supaporn Malailoy, representante de la protesta, señaló que los manifestantes pretendían permanecer en la zona mientras continuaran los encuentros. La tensión, al menos durante las primeras horas, quedó contenida y no derivó en disturbios de mayor gravedad.
Deuda, pobreza y clima detrás de las pancartas
La concentración no surge en el vacío. Tailandia atraviesa, como otros países asiáticos, un escenario marcado por el alto endeudamiento de las familias, el encarecimiento de la energía y las consecuencias económicas de episodios climáticos cada vez más severos. Los manifestantes han convertido precisamente esas cuestiones en el centro de sus críticas.
Bangkok ofrece, además, una postal incómoda para una reunión consagrada a discutir el crecimiento mundial. Hoteles de lujo, modernos centros comerciales y torres acristaladas conviven a pocos kilómetros con barrios de renta baja y bolsas persistentes de precariedad. Esa desigualdad económica, visible incluso sin abrir una hoja de cálculo, es uno de los argumentos utilizados por las organizaciones que cuestionan las recetas tradicionales del FMI y el Banco Mundial.
Bangkok reúne a miles de responsables económicos
Las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial convierten durante estos días a Bangkok en uno de los grandes centros de la economía internacional. Ministros de Finanzas, gobernadores de bancos centrales, economistas, representantes empresariales y delegaciones de numerosos países participan en sesiones centradas en el crecimiento, la deuda y las perspectivas financieras mundiales.
La cita devuelve a Tailandia al escaparate de las grandes instituciones financieras internacionales décadas después de haber acogido anteriormente este tipo de encuentros. La diferencia es evidente: Asia ocupa ahora un espacio mucho mayor en la economía mundial, aunque también soporta nuevas vulnerabilidades, desde la deuda hasta la desaceleración comercial.
El calendario incluye reuniones ministeriales, sesiones económicas y encuentros multilaterales. Sobre la mesa aparecen asuntos que hace unos años podían estudiarse por separado y que ahora llegan mezclados: deuda pública, inflación, energía, guerras, comercio y crecimiento. Un nudo económico que cada crisis aprieta un poco más.
El crecimiento asiático pierde impulso
La reunión coincide con una etapa de desaceleración económica en Asia. El aumento de los costes energéticos, unas condiciones financieras más exigentes y las tensiones comerciales y geopolíticas añaden presión sobre economías que durante años crecieron a ritmos muy superiores a los de Europa o Norteamérica.
La deuda completa el cuadro. El FMI lleva tiempo alertando de que el endeudamiento público mundial se aproxima a niveles históricamente elevados y de que el aumento de los tipos de interés y de la rentabilidad de los bonos golpea con especial dureza a los países con menos margen presupuestario.
Las economías en desarrollo afrontan costes de financiación más altos precisamente cuando necesitan recursos para combatir la pobreza, financiar infraestructuras o afrontar fenómenos climáticos extremos. Ahí aparece la contradicción que alimenta las protestas de Bangkok: dentro del centro de convenciones se debate cómo proteger a los más vulnerables mientras fuera algunos de esos ciudadanos sostienen que determinadas políticas de ajuste terminan perjudicándolos.
El viejo debate sobre las recetas del FMI vuelve a la calle
Las críticas al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial tienen décadas de historia. Sus programas de préstamos han resultado decisivos para evitar colapsos financieros en distintos países, pero las condiciones vinculadas a algunos rescates —reducción del déficit, reformas fiscales o recortes del gasto— también han generado fuertes controversias sociales.
Ese debate ha recuperado intensidad porque muchas economías emergentes llegan a 2026 con menos margen para endeudarse y con mayores pagos de intereses. Los países en desarrollo afrontan importantes vencimientos frente a acreedores externos, mientras una proporción creciente de sus ingresos públicos acaba destinada al servicio de la deuda.
El propio FMI defiende que las ayudas públicas deben concentrarse en los hogares más vulnerables y evitar subvenciones generales demasiado costosas. Sobre el papel suena quirúrgico. En la calle, sin embargo, los ajustes adquieren una textura bastante menos académica: facturas, alquileres, alimentos y salarios que no siempre siguen el ritmo de los precios.
Una protesta pequeña ante una reunión gigantesca
Por número de participantes, la movilización de Bangkok está lejos de las grandes protestas contra la globalización que acompañaron algunas cumbres financieras de finales de los años noventa y comienzos de este siglo. Unos 200 manifestantes frente a miles de delegados no alteran por sí solos una reunión de semejante magnitud.
Pero la imagen tiene carga política. A un lado de las barreras, quienes administran préstamos, deuda y previsiones de crecimiento; al otro, ciudadanos que convierten esos conceptos abstractos en problemas cotidianos. Entre ambos, policías, vallas y una avenida parcialmente cerrada.
Bangkok se convierte así durante unos días en escenario de las dos caras de la economía global: la que calcula riesgos dentro de las salas y la que protesta por sus consecuencias fuera.
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