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Drones rusos incendian dos buques cisterna frente a costas de Rumanía

Dos buques cisterna arden en aguas de Rumanía tras incursiones de drones rusos. Cinco marineros han sido rescatados y siete siguen desaparecidos.

Publicado

el

Militar ruso mira planes para drones

Por Ssu.gov.ua, CC BY 4.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Dos buques cisterna arden frente a Rumanía tras incursiones de drones rusos
  • Cinco marineros fueron rescatados y siete continúan desaparecidos
  • F-18 españoles y F-16 rumanos despegaron durante la alerta aérea

Dos buques cisterna han sufrido sendos incendios en aguas territoriales de Rumanía, en el mar Negro, durante una noche marcada por nuevas incursiones de drones vinculadas a la guerra de Ucrania. El presidente rumano, Nicușor Dan, atribuyó los incidentes a drones rusos que penetraron en el espacio aéreo del país, una acusación especialmente delicada porque los barcos se encontraban dentro de aguas de un Estado miembro de la OTAN.

La situación más grave afecta al Wine Trader, un buque cisterna de productos químicos con bandera de San Marino. Viajaban 12 personas a bordo. Las primeras comunicaciones oficiales hablaban de cuatro tripulantes a salvo y ocho desaparecidos, pero el balance fue actualizado posteriormente: cinco marineros han sido rescatados y siete siguen desaparecidos. Horas antes también se había incendiado el Yara J, con bandera de Comoras; en ese caso, toda la tripulación pudo ponerse a salvo.

El Wine Trader lanzó una alerta cerca de la desembocadura del Danubio

La emergencia del Wine Trader comenzó alrededor de las 7.00 de la mañana del jueves 15 de octubre. El barco se encontraba aproximadamente a 13 millas náuticas al sureste de Sulina, unos 24 kilómetros, cuando comunicó un incendio en la superestructura.

La Autoridad Naval Rumana activó una operación de búsqueda y salvamento con medios marítimos y aéreos. Una embarcación especializada fue enviada hacia el buque y se movilizaron helicópteros para rastrear la zona. Las condiciones del mar han complicado una operación en la que cada hora cuenta, aunque el barco, según las informaciones disponibles, no transportaba carga en el momento del siniestro.

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La quinta persona rescatada permitió reducir de ocho a siete el número de desaparecidos. Es un detalle relevante porque las primeras informaciones internacionales todavía reflejaban el balance provisional comunicado durante las primeras horas de la emergencia.

Otro incendio había afectado horas antes al Yara J

El segundo barco implicado es el Yara J, un cisterna para productos químicos y petrolíferos con bandera de Comoras que estaba fondeado también cerca de Sulina, a unas ocho o diez millas náuticas de la costa.

Su capitán comunicó durante la noche que la parte superior del barco había sido alcanzada y que se había declarado un incendio. La tripulación consiguió controlar las llamas y sus integrantes fueron puestos a salvo, por lo que en este caso no se comunicaron desaparecidos.

Aquí aparece una diferencia relevante entre las declaraciones políticas y las conclusiones técnicas conocidas en las primeras horas. El ministro rumano de Defensa, Radu Miruță, había advertido inicialmente de que la investigación todavía debía determinar si el Yara J había recibido efectivamente el impacto de un dron. Los radares militares no habían registrado en ese momento un aparato dirigiéndose directamente hacia el barco.

Horas más tarde, sin embargo, el presidente Nicușor Dan vinculó los dos buques incendiados con drones rusos que habían penetrado en el espacio aéreo rumano. La investigación deberá reconstruir ahora las trayectorias y determinar con precisión qué ocurrió sobre cada embarcación.

Drones en el espacio aéreo rumano y cazas españoles en alerta

La noche fue cualquier cosa menos tranquila en el extremo oriental de Rumanía. Los sistemas de vigilancia detectaron varios objetivos aéreos en las proximidades de la isla de las Serpientes, frente al delta del Danubio.

Dos F-18 del Ejército del Aire y del Espacio español, desplegados en Rumanía dentro de la misión de Policía Aérea Reforzada de la OTAN, despegaron desde la base de Mihail Kogălniceanu. A la 1.34, un dron fue detectado durante aproximadamente un minuto dentro del espacio aéreo nacional, al sureste de Sulina y sobre aguas territoriales rumanas, antes de desaparecer del radar.

Más tarde despegaron también dos F-16 rumanos después de que aparecieran otros objetivos aéreos unos 77 kilómetros al este de la isla de las Serpientes. Las autoridades emitieron mensajes de alerta para la población de zonas de Tulcea y el dispositivo terminó a las 5.46.

Ni siquiera era el primer episodio del día. Durante el miércoles se habían registrado otras incursiones. En uno de los incidentes, dos objetivos penetraron en el espacio aéreo rumano; se perdió el contacto por radar con uno sobre el mar y el otro continuó hacia Ucrania antes de ser destruido por la defensa antiaérea ucraniana cerca de Reni.

El mar Negro entra en una fase mucho más peligrosa

Lo ocurrido frente a Sulina no aparece en un vacío. En los últimos días, varios mercantes han sufrido incidentes relacionados con drones cerca de las costas de Rumanía y Bulgaria, dos países de la OTAN. El tráfico civil navega así junto a una zona donde se cruzan rutas comerciales y operaciones militares, una combinación cada vez más incómoda.

La diferencia esta vez es geográfica y política. El Wine Trader y el Yara J estaban fondeados en aguas territoriales rumanas, junto a una de las puertas marítimas del Danubio. La guerra, que durante años ha dejado restos de drones y alertas junto a esta frontera, se acerca así todavía más a las rutas comerciales protegidas por países de la Alianza Atlántica.

La OTAN vigila una frontera que se acerca cada vez más al frente

Eso no significa que un incidente de estas características active automáticamente el artículo 5 de la OTAN. La defensa colectiva requiere determinar si se ha producido un ataque armado contra un aliado y cada episodio se evalúa según sus circunstancias. Tampoco los buques afectados son barcos militares rumanos: uno navega bajo bandera de San Marino y el otro bajo bandera de Comoras.

La entrada reiterada de drones en el espacio aéreo de Rumanía sí eleva, en cambio, la presión sobre Bucarest y sobre la propia Alianza. Nicușor Dan ya había acordado con Bulgaria reclamar medidas antidrones más fuertes dentro de la Unión Europea y de la OTAN. El mensaje político es bastante transparente: el mar Negro ha dejado de poder tratarse únicamente como el escenario marítimo de la guerra ruso-ucraniana.

Sulina, una ruta comercial atrapada junto al frente

La posición de los dos barcos explica buena parte de la gravedad del episodio. El canal de Sulina, que conecta el Danubio con el mar Negro, se ha convertido en una arteria esencial para el comercio ucraniano desde que los ataques contra los puertos marítimos obligaron a Kiev a depender mucho más de sus instalaciones fluviales.

Decenas de barcos pueden permanecer fondeados frente a la desembocadura esperando autorización para entrar, especialmente cuando coinciden mal tiempo, tráfico elevado o retrasos operativos. El resultado es una concentración de mercantes civiles en un espacio situado peligrosamente cerca de las rutas que recorren los drones militares.

Rusia y Ucrania son, además, dos grandes exportadores agrícolas. Cualquier deterioro serio de la seguridad marítima en esta zona no se limita al tablero militar: puede afectar a cereales, fletes, seguros marítimos y cadenas de suministro. Un dron relativamente barato puede terminar provocando una factura económica a miles de kilómetros. La guerra moderna tiene esas ironías desagradables.

Una frontera de la OTAN cada vez menos teórica

Rumanía comparte más de 600 kilómetros de frontera con Ucrania, buena parte de ellos siguiendo el Danubio. Desde el inicio de la invasión rusa ha registrado repetidas entradas de drones, restos de aparatos y amenazas marítimas, incluidas minas a la deriva.

Lo sucedido con el Wine Trader y el Yara J añade otro escalón. Hay siete tripulantes todavía desaparecidos, una operación de búsqueda abierta, dos barcos incendiados y una sucesión de incursiones aéreas sobre aguas rumanas. Al mismo tiempo, Bucarest sostiene políticamente que detrás de los incendios están drones rusos, mientras las investigaciones técnicas deben completar la reconstrucción de los hechos.

El delta del Danubio era una frontera de la guerra sobre el mapa. Cada vez lo parece menos. Entre cargueros esperando turno, cazas españoles despegando de madrugada y drones que aparecen y desaparecen de los radares, el mar Negro se ha convertido en uno de los lugares donde la distancia entre el conflicto ucraniano y el territorio de la OTAN se mide ya en minutos de vuelo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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